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05 noviembre 2010

HISTORIA DE UNA FAMILIA

RETRATOS DE UNA VIDA

El tema que hoy narramos tiene mucho que ver con el Arte, como siempre en este blog, pero también con la vida en sí misma y en cómo ésta se desarrollaba en una sociedad de la época del Antiguo Régimen, los Países Bajos de mediados del siglo XVII, hace ya algo más de 350 años. Es una historia de éxitos personales, de pura supervivencia familiar en un periodo de enfermedades y epidemias casi siempre presentes y, también, es un ejemplo de la importancia que a veces adquiere la casualidad en el desarrollo de los hechos históricos y, cómo no, de los de carácter artístico. Así que, a grandes rasgos, resumamos esta historia para el lector.

Superior. Izquierda: Paulus Lesire: "Retrato de Willem Craeyvanger" (hacia 1651). Derecha: Caspar Netscher: "Retrato de Christine van der Wart" (hacia 1655).

A fines de 1639 dos jóvenes holandeses con edades cercanas a los 22 años contraen matrimonio en la ciudad de Arhem, al sudeste de Ámsterdam. Una edad adecuada o incluso algo tardía para el casorio, según lo habitual en la época, con una esperanza de vida significativamente baja. El novio, Willem Craeyvanger, pertenecía a la burguesía de la ciudad. Al parecer, se dedicaba al comercio de tejidos y ocupaba un papel de cierta importancia entre los síndicos del gremio local  de pañeros. De su esposa, Christine van der Wart, no poseemos muchos datos, aunque cabe pensar que también pertenecía a las clases burguesas de aquella ciudad holandesa de provincias.

Superior. Gerard ter  Borch. Izquierda: "Retrato de Jan Craeyvanger" (hacia 1658). Derecha: "Retrato de Willem Craeyvanger, hijo" (hacia 1658).
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Con el paso del tiempo los Craeyvanger se vieron bendecidos con una extensa prole. Hasta nueve hijos logró traer al mundo Christine, algo nada inhabitual entonces. Sin embargo, y de forma  asombrosa para la época, ocho de aquellos niños lograron sobrevivir al propio nacimiento. Casi podríamos decir que éste triunfo familiar viene a coincidir, en el tiempo, con el de las mismas Provincias Unidas que, en torno a  1650, habían logrado consolidar definitivamente su independencia respecto a la Corona de Castilla, tras muchas décadas de conflicto.

Gerard ter Borch. Izquierda: "Retrato de Reijnder Craeyvanger (hacia 1658). Derecha: "Retrato de Engel Craeyvanger" (hacia  1658).

Es por entonces, en 1651, cuando el matrimonio protagonista de nuestra historia adopta una interesante decisión, que se irá materializando poco a poco. En ese año, y durante una visita a La Haya, Willem se hace retratar por uno de los pintores locales de segunda fila, de nombre Paulus Lesire, y cuatro años más tarde encarga a otro artista, Caspar Netscher, el correspodientre retrato de su esposa. Hasta aquí, todo parece normal; nada extraordinario en la Holanda de la época, en la que la burguesía entendió bien pronto que una de las mejores maneras de mostrar a los demás el éxito en este mundo era, precisamente, dejar el retrato de uno mismo para la posteridad.

Caspar Netscher: "Retrato de Peter Craeyvanger" (hacia 1658).

Pero los Craeyvanger fueron varios pasos más allá. En torno a 1658 resolvieron encargar retratos individuales de sus ocho hijos supervivientes, tarea en la que participaron tanto el ya citado Netscher como otro pintor algo más conocido en los ambientes artísticos de la época, Gerard ter Borch, El Joven, probablemente además maestro del primero. No llama tanto la atención el interés de querer dejar para la posteridad verídicos retratos de los hijos, sino que, en vez de optar por una escena de grupo, en la que todos apareciesen reunidos, se opte  por llevar sus imágenes a lienzos individuales. 
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Derecha: Caspar Netscher: "Retrato de Gerrit Craeyvanger" (hacia 1658).

En fin. Nuestra historia va concluyendo. En 1666 los negocios de Willem acabaron en la bancarrota y una gran parte de las pertenencias  familiares terminó siendo subastada. No ocurrió así con este excepcional conjunto de los diez retratos de la familia, que se mantuvo en manos de diversos descendientes hasta época muy reciente, cuando se ha producido la adquisición del lote completo  por un coleccionista, en una puja organizada por una conocida casa de subastas.
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Inferior. Caspar Netscher: Izquierda: "Retrato de Lijsbeth Craeyvanger" (hacia 1658). Derecha: "Retrato de Naleke Craeyvanger" (hacia 1658).

Así que ahora tengo ante mi estos diez retratos de hace tres siglos y medio. Esta familia al completo pintada según los gustos claroscuristas de la época y con la típica austeridad en el vestuario que caracterizaba a los habitantes de aquellas Provincias Unidas  que mostraron al mundo cómo, tras el comercio, podía haber también grandes niveles de riqueza y bienestar. Veo a ese padre de mirada serena que lleva a su corazón su mano izquierda, queriendo mostrar la nobleza de sus actos. Veo a esa madre que posa asida a una silla, símbolo de la propia estabilidad familiar que ella misma controla. Pero, sobre todo, veo a esas ocho criaturas de diversas edades, todas ellas asumiendo la gravedad de la circunstancia, como si fuesen conscientes de que este instante los inmortaliza para un futuro que ellos mismos no  atisban ahora. Lo contenido de los gestos, la gama de grises empleada en los ropajes, la sencillez y escasez de los elementos complementarios: los amplios sombreros de los hijos de mayor edad, los  guantes de los otros o la presencia de unas  flores en los dos retratos femeninos. Sólo la hija pequeña parece salirse del papel prefijado y dibuja una tímida sonrisa en sus labios. Ella es la última, pero quizás ya sabe que sus padres lograron algo que pocas veces consigue una familia: permanecer unida a lo largo de los siglos. Aunque sea pintados uno a uno.

Hay más información sobre esta completísima familia del siglo XVII en la Web de la citada casa de subastas, así como en la página del Museo Mauritshuis de La Haya, que ha organizado una exposición sobre estos diez interesantes retratos.

16 marzo 2009

LOS SÍNDICOS DE LOS PAÑEROS

... Y UN EJEMPLO DE TOLERANCIA

Veinte años habían pasado desde que Rembrandt pintara esa obra maestra que es la "ronda de noche"; ese magnífico retrato de grupo con el que el genio del artista quedó evidenciado, aun a costa de que su obra acabase por no convencer del todo a los retratados. ¡Veinte años! Estamos ahora en 1662 y Rembrandt, que tiene ya 56 años, se encuentra no sólo en los últimos años de su vida, sino probablemente en los más tristes: la soledad, los problemas económicos y la muerte de algunos de sus seres más queridos presiden este último periodo. Pero el pintor continúa con sus facultades intactas. Aunque en estos años pintará menos cuadros, las obras que realiza dejan bien claro lo elevado de sus capacidades.
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Rembrandt: "Los síndicos del gremio de los pañeros" (1662). Amsterdam.

Ahora, en 1662, los miembros de una corporación municipal de Amsterdam se dirigen a Rembrandt para encargarle un retrato de grupo. Se trata de los síndicos del gremio de los pañeros, cuya función era la de actuar como jueces garantes de la calidad de los tejidos elaborados por los miembros de la asociación. Quieren que el cuadro, cuando el maestro acabe su trabajo, cuelgue en la sede gremial, que Rembrandt debe conocer.

Cada vez que me pongo delante de este cuadro en el Risjkmuseum y me detengo a contemplar esos rostros que en su mayoría parecen haberse dado cuenta de mi presencia allí, no puedo menos que admirarme de cómo esos seis hombres, cuyas indumentarias son por completo uniformes, representan el ambiente de tolerancia existente en la Amsterdam de la época: al menos dos de ellos son católicos, otro es mennonita y uno más está vinculado por familia a las iglesias reformadas. ¡Qué diferencia con lo que ocurría en otras muchas partes de Europa, en las que se perseguía a las minorías religiosas! Conocemos los nombres de estos seis individuos que anuncian una idea del mundo contemporáneo: el respeto a las ideas ajenas, a la diversidad en definitiva.

Seis hombres retratados en grupo, sin saber que acaban de pasar a la inmortalidad, sorprendidos por nosotros en esa sala en la que, pese a tratarse de un interior, todos llevan amplios sombreros, conforme a la moda de la época, excepto el personaje que aparece en el centro en un plano más retrasado. No es exactamente un criado, sino un empleado del gremio, actividad que compagina con su dedicación a los tintes de los tejidos. Me llama la atención la perspectiva que ha elegido Rembrandt para mostrarnos al grupo. Un plano de abajo hacia arriba en el que la mesa, cubierta por ese rico tapete rojo tan llamativo, ocupa todo el frente derecho. El pintor debía saber que este cuadro iba a colocarse en una posición bastante elevada; de ahí su opción por un plano tan bajo y la colocación del foco de luz de la obra en la posición superior, arriba a la izquierda, para jugar con suaves claroscuros conseguidos con una pincelada completamente libre.

Me recreo viendo esos rostros a los que siempre encuentro cierto parecido con alguien que conozco. Trato de imaginar sus pensamientos, según se desprende de sus propias imágenes; tan serios, tan graves, tan conscientes de su responsabilidad ante el gremio y ante el arte. ¿Qué estarán haciendo? No parecen mirar telas, como hubiese sido lo esperable, porque en la mesa hay un libro de gran tamaño que quizás concentra su atención. ¿Llevarán en él la contabilidad? ¿Recogerán en sus páginas las actas de las reuniones? Yo jamás sabré de qué trata ese libro, porque el plano por el que ha optado Rembrandt, otra vez el plano bajo, me impide acercarme a su contenido. Así que vuelvo a sus gestos, a sus posturas. A esas indumentarias en la que todo es negro con la excepción de los cuellos blancos; una cierta austeridad que entronca con el carácter puritano, aunque haya aquí dos católicos. ¡Qué sobriedad! ¡Qué elegancia en las actitudes! ¡Qué diferencia en la posición de cada uno de ellos! De ninguno podemos ver ambas manos completas, pero las que están presentes muestran gestos y posturas diversas. En una de ellas atisbo a ver un pequeño anillo de oro.

Nunca quiero irme de este cuadro. Dos veces lo firmó el artista: una en el tapete y otra en la pared. Rembrandt lo hizo. Pero las datas son distintas. En el tapete de la mesa alcanzamos a ver 1662 y en la pared figura un año menos. No sé resolver este enigma cuando ya otro me atrapa: esa especie de pintura que aparece a la derecha, sobre el zócalo de madera que envuelve la pared de la estancia. Alcanzo a ver una especie de faro con hogueras ardiendo. Viene a simbolizar la idea de la precaución, dando a entender cómo un buen síndico ha de estar siempre alerta y ser cuidadoso en sus decisiones. Todo esto es un retrato de grupo. Como en la lección de anatomía. Este bien podría llamarse la lección de psicología.
Imprescindible visitar la excelente ficha que sobre esta obra genial se contiene en la Web del Risjkmuseum.

26 diciembre 2008

AUTORRETRATOS DE REMBRANDT

CLAROSCUROS DE UNA VIDA

Pocos artistas han mostrado tanto interés por pintarse a sí mismos como Rembrandt (1606-1669). Se conocen de él casi noventa autorretratos, entre óleos, grabados y dibujos. Esta cifra supera con creces a la alcanzada por otros grandes pintores que también cultivaron en abundancia el mismo género (como Van Gogh o Picasso). Pero, ¿cuáles fueron las razones que llevaron al pintor holandés a iniciar esta tendencia cuando contaba sólo veinte años de edad y a no abandonarla ya hasta el año de su muerte?

Rembrandt van Rijn: "Autorretrato con atuendo oriental" (1631). París.

La respuesta a esa pregunta no es sencilla y probablemente, tras esta abundancia de autorretratos, se encuentren razones diversas, que el propio artista nunca reveló. De una parte, tendríamos que considerar la importancia que el género del retrato de personajes tenía en la época barroca y, más aún, en la Holanda del siglo XVII. En este sentido, es posible que el pintor practicase sobre sí mismo un tipo de obra que luego la clientela demandaba con frecuencia, contando con que en este caso el modelo le salía completamente gratis. Todo ello, sin que olvidemos que retratarse en aquella época era un signo evidente de éxito social. Quizás el propio Rembrandt quisiese con estas obras mostrar a los demás sus propios triunfos.

Pero, de otra parte, se ha considerado la posibilidad de que el artista holandés emplease el autorretrato como un medio para ir dejando sobre él una especie de diario personal, en este caso de carácter visual, que diese cuenta de su evolución como individuo y que, al mismo tiempo y desde un punto de vista psicológico, le facilitase una seria reflexión sobre su propia personalidad. Desde este punto de vista, estas obras de Rembrandt serían su respuesta a la pregunta ¿quién soy yo? Desde luego, el interés por lo psicológico está bien presente en estas obras magistrales, aunque esta afirmación podría extenderse al conjunto de la obra de Rembrandt.

Rembrandt van Rijn: "Autorretrato" (1641). Pasadena.

En fin, tras estas obras del genio holandés puede haber razones diversas, pero el caso el que el pjntor nos presenta en ellas los clarosocuros de su propia vida: desde el joven altanero y exquisito de sus primeros años como artista hasta el anciano al que el tiempo atrapa, tras atravesar numerosas adversidades en su vida personal y familiar; pasando por el artista maduro que muestra una gran seguridad en sí mismo. Una de las más conocidas obras de Rembrandt es la "lección de anatomía". En éstas obras, en cambio, nos dio numerosas lecciones sobre él mismo. Lección de vida.
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Rembrandt van Rijn: "Autorretrato" (1645).

Sobre los autorretratos de Rembrandt podéis leer (en inglés) la amplia información que se presenta en Rembrandt by himself. También en inglés hay datos interesantes e imágenes en esta web. Además, en esta página dedicada por completo al pintor de Leiden disponéis de fichas e imágenes de un buen número de autorretratos. De algunos de ellos hay en español, en esta página, interesantes descripciones pormenorizadas. Para concluir, os dejo esta presentación con una amplia selección de este Rembrandt "visto por sí mismo". La música de fondo es de la orquesta Baobab. Una interesante combinación.

23 marzo 2008

RETRATO DE JAN SIX

UNA OBRA GENIAL DE REMBRANDT

He aprovechado parte de los días de vacaciones para poner orden en mi archivo fotográfico de los últimos meses y me encuentro con una foto tomada a hurtadillas de una genial obra de arte que tuvimos ocasión de ver en el Mauritshuis en el contexto de la exposición sobre el retrato en los Países Bajos que allí tenía lugar. Una rareza, porque el cuadro se encuentra en una colección particular y muy en contadas ocasiones se expone al público. Se trata del retrato de Jan Six, que Rembrandt pintó en 1654.

Rembrandt: "Retrato de Jan Six" (1654). Ámsterdam.

La historia del propio cuadro es ya bien interesante: Rembrandt retrató en él a uno de los más importantes personajes de la Ámsterdam de la época, miembro de una rica familia, poeta y abogado, acaudalado comerciante, perteneciente a la corporación de la ciudad y casado con Margareth Tulp, hija del famoso doctor que el artista había retratado en 1632 en "la lección de anatomía" y amigo además del pintor. Desde entonces el cuadro ha permanecido en manos de la misma familia y hoy disfruta de él, en su casa, un descendiente que tiene el mismo nombre y apellido que el retratado.

Pero ahora vayamos al análisis de la representación: haciendo un uso extremo de su claroscuro, Rembrandt nos muestra en un retrato de medio cuerpo a Jan Six sobre un fondo negro del que emerge su figura ataviada con un traje gris sobre el que destaca, colgada al hombro, una casaca de color rojo. El personaje va tocado con un sombrero que apenas vemos y se encuentra en actitud de quitarse un guante, habiéndose desprendido ya del otro (¡que interesante contraste entre la mano desnuda y la que aún está cubierta!). El retratado no posa; más bien parece que acaba de llegar y va a saludar a alguien, tal vez el mismo pintor. Por eso aparece levemente girado y su mirada no deja de dirigirse casi de reojo al espectador. Podría decirse que la figura emerge literalmente de la oscuridad que lo envuelve.

Ha utilizado aquí Rembrandt, con su proverbial maestría, una pincelada absolutamente suelta, como podemos apreciar en la botonadura del traje, en las dos borlas que penden del cuello y en los elementos dorados de la casaca. Pero ello no le impide mostrarnos los rasgos de la personalidad de Six a través de su rostro, en una actitud diríase introspectiva, muy acorde con su carácter, que Rembrandt conocía a la perfección.

Pero la pincelada suelta alcanza su máximo nivel en la zona triangular que casi en la base del cuadro componen las manos, los puños de la camisa y los guantes del retratado que en algunas partes son verdaderas manchas sin forma definida. Además, el eje de este sector del cuadro, girado hacia la izquierda del espectador, contrasta con el de la cabeza, que muestra un giro hacia nuestra derecha.
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En todo ello se ha querido ver un juego de contrastes que alcanza el valor de lo simbólico: las partes desnudas de la obra (el rostro, la mano derecha) vendrían a hacer referencia a lo efímero de la vida humana. Pero yo creo que no hay que andar buscando significados ocultos en este cuadro de Rembrandt. Más bien hay que detenerse en apreciar cómo el artista puso lo mejor de sí en retratar a un amigo al que apreciaba y cómo, para ello, se atrevió a emplear esa pincelada que evoca la de Velázquez. Dos genios de la pintura. Y un cuadro que ha permanecido más de 350 años en manos (nunca mejor dicho) de la misma familia. Casi nada. Tener un Rembrandt en el salón de tu casa. ¡Como para ponerse a fumar!
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Más información sobre el cuadro en esta página holandesa (en inglés) y en el Artchive. Rembrandt hizo también un grabado de Jan Six, cuyo comentario podéis leer en esta página.

04 marzo 2008

HENDRICK AVERCAMP, PINTOR DE PAISAJES HELADOS

EL CRONISTA DE LA "PEQUEÑA EDAD DE HIELO" HOLANDESA

Durante nuestra reciente visita a la ciudad de la Haya, dentro de ese pequeño e impresionante museo que constituye el Mauritshuis, pudimos contemplar una pequeña obra de un paisaje helado, en el que diversos pesonajes aparecían retratados en distintas actitudes. Incluso uno de vosotros mostró epecial interés por el cuadro, lo fotografió (aún no sé cómo) y se trajo para casa una postal. La obra en cuestión, un pequeño óleo sobre panel, fue realizada por Hendrick Avercamp hacia 1610 y nos muestra uno de esos típicos canales holandeses completamente helado, circunstancia que aprovechan los personajes para muy diversas cuestiones, desde patinar o jugar al hockey hasta pasear, trabajar o, simplemente, contemplar lo que hacen los demás.

Hendrick Avercamp: "Escena en el hielo" (Hacia 1610). La Haya.

Recuerdo que expliqué a vuestro compañero algunas cuestiones sobre el autor del cuadro, que ahora recojo aquí para todos. Hendrick Avercamp (1585-1634) nació en Ámsterdam y vivió prácticamente toda su vida en los Países Bajos. Su pintura, que podríamos considerar insertada dentro del primer barroco paisajista holandés, muestra sin embargo claras influencias de los autores flamencos. Ello es así porque algunos de esos artistas acabaron exiliados por motivos religiosos en las tierras de sus vecinos del norte y allí transmitieron la técnica paisajista que tan hondamente estaba enraizada en Flandes, desde los tiempos del Bosco y de los miembros de la familia Brueghel. Pero no sólo enseñaron el interés por el paisaje, sino también por la representación en el mismo de figuras humanas en actitudes diversas; un muestrario, podríamos decir, de la vida cotidiana. Fue éste el caso de autores como Davis Vinckboons (1576-1632) y Gillis van Coninxloo (1544-1607) y es de ellos de donde obtiene sus formación Avercamp, aunque su maestro fue un artista de origen danés, afincado en Ámsterdam

El autor de la obra del Mauritshuis era mudo (en verdad, era sordo de nacimiento y por eso no aprendió a hablar), pero su trabajo pictórico le permitió adquirir bastante fama como pintor de un género en el que parece especializarse y que podríamos denominar como paisaje de invierno o, mejor aún, paisaje helado. Sus obras, como esa bellísima del Mauritshuis, muestran a menudo ambientes urbanos o periurbanos, con canales helados en los que la gente hace cosas muy distintas. En algunos casos, casi una auténtica muchedumbre que aprovecha esa situación excepcional que el frío invernal trae aparejado.
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Hendrick Avercamp: "Paisaje de invierno con patinadores" Budapest.
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Pero, ¿era en realidad tan excepcional ese fenómeno consistente en que los canales holandeses se helaran? Por las obras e Avercamp parecería una cuestión casi cotidiana, muy familiar para las gentes de la época. Y es que, en verdad, nuestro artista vivió dentro de esa etapa que los climatólogos denominan como "pequeña edad de hielo", un periodo de unos quinientos años (1350-1850) en el que la temperatura media del planeta descendió algo más de un grado; lo suficiente para que los canales holandeses se helaran con bastante regularidad durante los meses invernales. Y de ello nos da cumplida cuenta Avercamp, un pintor pasajista, pero al que bien podríamos considerar como el cronista de la pequeña edad del hielo en Holanda. ¡Qué frío! Pero que bonito.

Podéis seguir la obra de Avercamp en este enlace de la Artcyclopedia y no dejéis de leer el excelente análisis que la web del Rijksmuseum hace de su obra "paisaje de invierno". Por otro lado, si queréis dar un repaso global a sus obras de paisajes helados, abrid esta presentación, en la que he recogido sus cuadros más conocidos. De fondo, la acompaña la canción "Snow on High Ground", de Nightnoise, muy apropiada para la ocasión.

26 diciembre 2007

PPT VERMEER DE DELFT

TODOS LOS CUADROS DE UN PINTOR MUY ESPECIAL

Por estas fechas, el año pasado escribí en el blog un artículo acerca de la obra de Vermeer de Delft. En unos días tendremos la ocasión de ver "en directo" los cuadros que de este artista tan singular se conservan en los dos principales museos holandeses. El Rijksmuseum de Amsterdam y el Mauritshuis de la Haya. Se conocen de este artista un total de 37 cuadros. De siete de esas obras podremos disfrutar en nuestro recorrido por ambas pinacotecas. No está nada mal, teniendo en cuenta que entre ellas se hallan la hermosísima joven de la perla o las vistas de Delft o del callejón de la misma ciudad.
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Para ir preparando la aproximación a un artista tan singular, subo al blog una presentación en la que se recoge la totalidad de las pinturas de Vermeer, esas 37 obras maestras que, cada día, aumentan su consideración. Puro placer para la vista, al ritmo sosegado de Nightnoise. De ilustración del comentario, un detalle de uno de esos cuadros: un mapa de Europa, según la visión geográfica de la época, hacia 1663.

25 diciembre 2007

LA LECCIÓN DE ANATOMÍA

UN RETRATO DE GRUPO DE UN JOVEN REMBRANDT
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Rembrandt: "La lección de anatomía del doctor Nicolaes Tulp" (1632). La Haya.

El prestigioso doctor Nicolaes Tulp ha llegado a la sala. Ocupa el importante cargo de Praelector Anatomiae del gremio de cirujanos de Amsterdam. Es por tanto el primer anatomista de la ciudad. Va vestido de manera sobria y elegante al mismo tiempo y cubre su cabeza con un amplio sombrero. Ante un público diverso y que ha pagado su entrada, va a impartir una lección de anatomía sobre el funcionamiento de la musculatura del brazo y la mano, empleando para ello el cadáver de un peligroso criminal que ha sido ahorcado unas horas antes por sus delitos. Existe una costumbre en Amsterdam: los cadáveres de los delincuentes pueden ser aprovechados para estos menesteres y la ocasión no se da todos los días.

El anatomista se ha encontrado ya el cuerpo diseccionado por el antebrazo, de manera que sólo debe emplear unas pìnzas para impartir su lección. Asisten a ella, prestos a ver lo que hace el doctor Tulp, siete personas, cuyos nombres nos son conocidos porque figuran en el papel que muestra el personaje que aparece en el lado superior derecho. Ninguno de ellos lleva sombrero, lo que parece demostrar su menor importancia frente a la maestría de quien aparece retratado con esta prenda.

Mientras Tulp imparte su lección, la mirada de los espectadores van en una y otra dirección. El propio doctor, que está sentado, parece concentrar su vista hacia algo alejado, al tiempo que su mano izquierda reproduce los movimientos que con las pinzas consigue que efectuén los músculos del cadáver. En primer plano a la derecha hallamos un enorme libro abierto; quizás se trata del famoso tratado de Vesalio, De humani corporis fabrica. También hacia la derecha, pero en la pared del fondo encontramos un pequeño texto: Rembrandt F. 1632.

Este es el tema del impresionante cuadro que, dentro de unos días podremos contemplar en el Museo Mauritshuis, de La Haya. El primero de los grandes retratos de grupo pintados por Rembrandt, en este caso cuando sólo tenía 26 años de edad. Una obra de amplias dimensiones (1,6 por 2,16 metros) y sobre la cual existen (y, quizás existirán siempre) numerosos interrogantes. Por ejemplo: ¿son cirujanos todos los que aparecen como observadores de la lección?, ¿cuál es el título del libro que figura en el cuadro? ¿colocó Rembrandt el cadáver en la posición correcta o, por el contrario, forzó la postura? ¿por qué la disección comienza por el brazo y no por la cabeza o el tórax, como sería habitual? No importan todas estas preguntas sin respuesta. No cabe duda de que nos hallamos ante una de las más grandes obras de la pintura de todos los tiempos, como acreditan la composición piramidal de la escena, el interesante juego de claroscuros, los cruces de las miradas, la maestría en la pincelada o la enorme capacidad del pintor para lograr retratos que reflejen la psicología de los personajes.

El gremio de cirujanos de Amsterdam encargó este cuadro a un joven artista, recién llegado a la ciudad desde su Leiden natal. A partir de la realización de esta obra su nombre se haría ampliamente conocido: Rembrandt Harmenszoon van Rijn, el máximo representante de la pintura holandesa de todos los tiempos. El artista que representando una lección de anatomía nos dio a todos una lección más profunda aún sobre cómo reflejar en un cuadro no sólo un retrato de grupo, sino también como, basándose en el método científico, la Medicina avanzaba en la Holanda del siglo XVII.

Existen numerosas fuentes en Internet para acercarse a esta impresionante obra. Comencemos señalando lo que de ella se afirma en la web del Museo que la alberga (en inglés). En español, podéis leer la información de esta página y de esta otra. Finalmente, de nuevo en inglés, es interesante también esta opinión de un médico sobre el cuadro.

03 junio 2007

LOS PROFESORES (Y LA ENSEÑANZA) EN LA HISTORIA DEL ARTE

SOBRE EL ARTE DE ENSEÑAR EN TIEMPOS (CADA VEZ MÁS) DIFÍCILES

Jan Steen: "La escuela del pueblo" (1670). Edimburgo.

Asistí estupefacto hace unos días a una conversación en la que la madre de una alumna reprochaba a un profesor que, al haber suspendido a su hija, privaba a toda la familia de vacaciones, mostrando más interés por el veraneo que por las causas del fracaso de su hija, sobre el cual, por cierto, no había mostrado interés alguno a lo largo de todo el curso.

Este hecho, así como situaciones semejantes, en las que la sociedad hace responsables a la escuela y a los centros docentes de todos sus problemas, me da pie para rendir un homenaje a todos aquellos compañeros que desde sus aulas se esfuerzan, día a día, en mejorar las cualidades humanas e intelectuales de sus alumnos, en un clima social que cada vez resulta menos propicio y donde la mediocridad y la ignorancia supinas amenazan con sustituir al esfuerzo, al mérito y al trabajo constante. En definitiva, en una sociedad cada vez más hedonista, en la que cualquier frustración genera ansiedades desproporcionadas, hago aquí hincapié en la importancia del trabajo que nosotros, los profesores, desarrollamos en nuestros centros. Desde luego, ningún trabajo es más importante que otros, pero una sociedad que no mima a su escuela está condenada a embrutecerse sin remedio.

Claude Lefebvre: "El profesor y su alumno" (2ª mitad del siglo XVII). París.

En relación con lo anterior, me parece adecuado mostrar aquí algunos ejemplos de cómo el Arte se ha hecho eco de la importancia de la institución escolar. Recurro para ello a dos pintores barrocos poco conocidos. El primero es el holandés Jan Steen (1625-1679), que con su tendencia al cuadro de costumbres nos ha dejado un hermoso ejemplo de cómo era una escuela rural en su época. El segundo es Claude Lefebvre (1637-1679), un pintor francés que nos muestra en esta obra la proximidad de la relación entre un profesor y su discípulo.
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De la algarabía de una escuela sorprendida en un momento de recreo (aún dentro del aula) a la solemnidad del trabajo docente, con esa mano que marca camino y genera inquietudes intelectuales. Así es el trabajo de los profesores, y así seguirá siendo, aunque sea cada vez más diificultoso. A los que de verdad nos gusta esta profesión esas dificultades no van a detenernos.
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Ved más obras de Steen en la Olga´s Gallery y consultad otros enlaces sobre Lefebvre en la Artcyclopedia.

17 marzo 2007

PPT PINTURA BARROCA HOLANDESA

POWER POINTS DE ARTE BARROCO (V)

Como ya sabéis, alguien se ha empeñado en que a la hora de estudiar la pintura barroca holandesa no nos detengamos en la obra de ese insólito artista que fue Vermeer de Delf, al que ya le hemos dedicado aquí un comentario anterior. En esta presentación se pasa revista a las principales obras de Rembrandt y a las de Vermeer, como exponentes máximos de lo que fue la pintura barroca en los Países Bajos, uno de los más espectaculares momentos de la historia de la pintura de todas las épocas.

LA RONDA DE NOCHE

NI DE NOCHE, NI DE RONDA


Rembrandt: "La ronda de noche" (1642). Amsterdam.

Ya lo sabéis, porque hemos tenido la ocasión de ver este excepcional cuadro en Amsterdam: lo llamamos "La ronda de noche", aunque su denominación oficial debería ser la de "La compañía del capitán Frans Banning Cocq y el teniente Willem van Ruytemburch". Pero eso no es todo: sobre este cuadro se han ido concertando una serie de errores y anécdotas a lo largo del tiempo de forma que en torno a él se ha tejido una maraña de ideas confusas, aunque ya formen parte de la intrahistoria de la obra.

En primer lugar, no es de noche en el cuadro; es de día, pero la compañía de arcabuceros que aparece retratada está saliendo de su cuartel, que queda en la penumbra (ya se sabe, el claroscuro de Rembrandt). Por lo tanto, tampoco están de ronda. Más bien Rembrandt pinta a sus personajes en el momento previo a la tarea, cuando el tambor llama a los miembros del grupo a formar, antes de iniciar la ronda propiamente dicha. En eso consiste la genialidad de Rembrandt: no espera que el grupo esté formado, sorprende a los personajes y los retrata en diferentes ademanes, obviamente descolocados. Eso provocó las protestas de algunos de los miembros de la compañía, que no se vieron reflejados en la obra como ellos hubiesen deseado, tras haber pagado al pintor. Se olvidaron (o no sabían) que el artista era un genio y los genios crean el artea su manera, sin convencionalismos.

En segundo lugar, ¿qué hace una niña en medio de una formación militar?. Recordad las patas de gallo que aparecen en su falda. Esa es la clave, junto a la copa que lleva en su mano. Así que la niña es una especie de mascota de la compañía. Pero hay más claves en la obra: el escudo de la ciudad de Amsterdam está en la luminosa chaqueta del teniente Ruytemburch: tres aspas dispuestas en vertical. Y hay otras claves que están clarísimas, aunque apenas se vean: los nombres de los 18 personajes están colgados en el escudo que aparece sobre la puerta.

Y, en tercer lugar, el tamaño del cuadro: ahora mide 361 x 437 cm. pero originariamente era más grande aún. Como ha cambiado tres veces de localización, en una de ellas se decidió reducir sus extremos, porque no cabía por las puertas de su nuevo alojamiento. Podríamos seguir, pero ya os lo conté en Amsterdam, así que invoco a vuestras capacidades de evocación. En cualquier caso, y como afirman los estudiosos de La Ronda, Rembrandt logró captar "un momento en el tiempo". Nada menos. Ese momento en el tiempo que la mano de capitán Banning Cocq parece mecer.

Leed (en inglés) toda la historia de este cuadro y sus características en esta excelente aportación del Rijksmuseum de Amsterdam.

16 marzo 2007

REMBRANDT: UN PINTOR EXCEPCIONAL

LA "EDAD DE ORO" DE LA PINTURA HOLANDESA

Rembrandt: "Autorretratos" (1629, 1634 y 1658)



Cuando Rembrandt Harmenszoon Van Rijn (1606-1669) vino al mundo, las Provincias Unidas (actuales Países Bajos) aún no habían conseguido liberarse de la tutela de los reyes de la Casa de Austria, situación que no alcanzaron hasta 1648, cuando consiguieron crear una répública independiente bastante peculiar. Rembrandt vivió, por lo tanto, en una época llena de cambios para los holandeses; en un momento histórico que les permitió afirmar su identidad, basada en la tolerancia religiosa y en un sistema político que favorecía los intereses de la burguesía.

Rembrandt: "Autorretratos" (1660, 1661 y 1669).
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En efecto, la época de Rembrandt es el momento en que Holanda se afirma como potencia económica y sus barcos navegan por todos los océanos, llevando hasta los puertos del Mar del Norte riquezas y mercancías de todo el mundo. Es el periodo de apogeo y esplendor que allí denominan la "Edad de Oro", en el que se fraguaron muchas de las características que todavía hoy definen a Holanda como país y a los holandeses como pueblo.
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Rembrandt: "Los síndicos del gremio de los pañeros" (1662): Amsterdam.

En ese contexto social y cultural, Rembrandt mostró desde niño unas enormes cualidades para la pintura. Hacia 1630 está ya establecido en Amsterdam y comienzan a llegarle encargos que van consolidando su fama de excelente pintor. El resultado es una obra amplia (aunque no tanto como la de Rubens) en la que el artista muestra su maestría en el manejo del color, componiendo los claroscuros que tanto le atraían y empleando una pincelada muy característica, firme y sólida. Su estilo fue evolucionando al compás de su azarosa vida: perdió a tres de sus hijos, asistió a la muerte de su esposa en 1642, mantuvo relaciones amorosas con su ama de llaves y acabó, finalmente, en la bancarrota. Todo eso, no me cabe la menor duda, lo hizo más cada vez más humano y su pintura da buena fe de ello.

Rembrandt: "Retrato de Andries de Graeff (1639). Kassel.

Pero si hay un Rembrandt que supera cualquiera de las otras facetas del pintor ese es el Rembrandt retratista. Una amplia parte de su producción está dedicada al retrato, ya sea en grupo o individual, y en toda esta obra el pintor nos dejó evidenciada su rara capacidad para captar no sólo la apariencia de sus personajes, sino también su alma, de modo que puede estudiarse a la perfección la sociedad holandesa del siglo XVII a través de las imágenes que de ella nos ha dejado Rembrandt. Y, para colmo de bienes, él mismo mostró una acusada tendencia a autorretratarse, con lo cual podemos acercarnos a conocer su evolución personal analizando las casi cien obras en las que dio cuenta de si mismo.

Un pintor que emociona a los amantes del arte y a los entusiastas de la Historia, que no deja indiferente, que cautiva en cualquiera de sus cuadros. Un pintor que actuó, desde su peculiar punto de vista, como notario de unos Países bajos que entonces salían a la luz de su propia independencia. Un pintor que quiso y consiguió sobradamente reflejar en su pintura "el mejor y más natural de los movimientos". Ese fue Rembrandt, el genio, el artista sin trampa, el más destacado representante de la Edad de Oro de la pintura holandesa.

Holanda celebró en 1606 el 400 aniversario del nacimiento del artista, con un "año Rembrandt" para el cual el Risjkmuseum preparó un apartado especial en su página Web, que se mantiene actualizado . En esta página, de visita imprescindible, se presenta on line todo el catálogo de la obra de Rembrandt, su biografía y muchas cosas más. Daos también una vuelta por la web de la Rembradthuis, la casa natal del pintor. Finalmente, nuestra Biblioteca Nacional organizó en 2006 una exposición, "Rembrandt, la luz y la sombra" y dejó colgado en Internet un buen resumen.

04 enero 2007

VERMEER DE DELFT

O LA PINTURA POR PLACER

Vermeer: "La muchacha de la perla". (1665). ................................................................."La lechera". (1658).

Sé que todavía queda tiempo para que lleguemos a la pintura barroca, pero como tenemos el viaje a Amsterdam a la vuelta de la esquina, me ocupo ahora de uno de los casos más notables (y curiosos, al mismo tiempo) de la historia de la pintura. Me refiero a la obra de Johannes Vermeer de Delft (1631-1675), un artista que pasó completamente desapercibido en su tiempo...tal vez porque nunca se dedicó a la pintura de una manera profesional. Se cree que mantenía a su numerosa familia (¡nada menos que once hijos!) ocupándose de la dirección de un hostal de su ciudad, Delf, que probablemente jamás abandonó. Sin embargo, Vermeer se dedicaba a la pintura en sus ratos libres y es probable que también ejerciese como marchante de obras de arte.
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Vermeer: "Vista de Delft". (1659)
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Fruto de su dedicación a la pintura es un tipo de obras que, con el tiempo, ha ido adquiriendo cada vez más importancia, hasta ser considerado en la actualidad el mejor pintor del barroco holandés, tras Rembrandt. Sus cuadros (de los que se conservan algo más de una treintena) suelen ser de pequeño tamaño, presentándonos una paleta de escasos colores, pero muy brillantes y claros, con los que consigue reflejar como nadie la luz sobre los objetos. Por lo demás, su temática es también enormemente interesante: le atraía representar sobre todo interiores, en los que aparecen frecuentemente personajes femeninos. Muchas veces estas mujeres de los cuadros de Vermeer están solas o, mejor dicho, acompañadas de la luiz que entra por una ventana (siempre a la izquierda) y las sitúa en el cuadro, captándolas en relación con la tarea en la que se ocupan.

Vermeer: "Callejón de Delft". (1657).

Por si fuera poco, Vermeer es también un maestro de la perspectiva, siempre tan meticulosa que se ha llegado a considerar la posibilidad de que el pintor emplease una cámara oscura, un instrumento (en el que también se ha basado la fotografía tradicional) mediante el que se pueden proyectar imágenes sobre una superficie plana, tal como debe hacerse también en un cuadro. Pero si eso fuese así, ¿cómo hubiese podido Vermeer pintar esa obra de exterior, tan asombrosa, que es su "vista de Delft"? No sé la respuesta, pero siempre que voy a Holanda hay una obra de este autor que se me viene insistentemente a la memoria: "Callejón de Delft". La veremos en el Rijksmuseum y por eso no la comento ahora. Pero dejo aquí una imagen y me sigo preguntando, como tantas veces: ¿qué hacen los personajes? ¿Qué ambiente ha captado el autor? La quietud, el sosiego. No consigo responder nada más.
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Como mejor referencia en la Web, un pintor llamado Jonathan Janson nos presenta la página "esencial Vermeer", que recoge un completo catálogo de sus 36 obras, además de muchísimas otras cosas: la cronología de la vida del artista, su técnica, la escuela holandesa de pintura... en fin, una página (en inglés) esencial para aproximarnos a la obra de este autor tan misterioso y tan admirado. Por otro lado, en abril de este año va a abrirse un "Centro Vermeer" en Delft, coincidiendo con que recientemente se ha encontrado el lugar que se asegura (según sus descubridores) que fue el estudio que ocupó el pintor.
 

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