


La Historia del Arte para todos
Sin embargo Sanmartino nos dejó una obra extraña, original en el planteamiento y novedosa en el tema representado. Se trata del Cristo velado, esa escultura hecha en mármol que nos muestra a un Jesús yacente y que se encuentra en la capilla de Sansevero, un pequeño recinto funerario situado en medio de un jardín de un palacio en la ciudad de Nápoles. El cadáver reposa sobre un catafalco y dos cojines sostienen la cabeza de Cristo, cuyo cuerpo aparece enteramente cubierto por un velo, la famosa Sindone o Sábana Santa, desde la cabeza a los pies, junto a los cuales encontramos la corona de espinas y los clavos, para cuya extracción se han empleado unas tenazas que también figuran esculpidas.
Sanmartino, que contaba 33 años cuando esculpió esta escultura tan asombrosa, se inspiró en un modelo anterior hecho en terracota por otro autor italiano. El contrato por el que se encargaba la obra exigía al escultor que la finura de la capa de mármol que representase velo fuese tal que pudiese apreciarse de manera completa el semblante de Cristo. Así que el artista se pone a la tarea y emplea par ello, en un momento determinado un velo que le sirva de orientación en el delicado encargo que ha recibido. Lo resuelve de forma magistral, con esa tércnica que
recuerda tan de cerca los paños mojados de Fidias y confiere a la estatua un acentuado dramatismo: la cabeza caída hacia el laldo derecho, el cuerpo exánime, las piernas ligeramente arquedas y ese rostro sin vida que el velo transparente deja ver, pese a su consistencia marmórea. La muerte humana, en definitiva, extraordinariamente representada de la mano de una artista a los que nuestros apresurados temarios no permiten prestar atención.
La capilla de Sansevero, hoy museo, dispone de su propia página web (en italiano e inglés) en la que encontraréis una descripción de esta escultura. Sobre su autor, tenéis una breve biografía en la Wikipedia italiana.
Jean-Antoine Houdon "La friolera" (1783) Montpellier. ............... "El invierno" (1793) París.
Regreso a casa e indago un poco sobre el autor y sobre el tema aquí comentado. Resulta que Houdon pareció sentir una cierta predilección por el desnudo femenino y que, entre otros ejemplos, realizó también una escultura en mármol (en este caso, de 1783), prácticamente idéntica a la que comentamos, conservada en el Museo de Montpellier y que sirvió de evidente modelo a la del Metropolitan. Pero aún hay más. Unos años después, el artista retoma el tema y esculpe, esta vez en una terracota de pequeño tamaño, el mismo motivo con algunas variaciones. En fin, Houdon pasa por ser un claro ejemplo de la escultura neoclasicista, pero en esta ocasión la actitud del personaje femenino y su movimiento (que delata claramente el frío que la embarga), ese intimismo que irradian, sitúan a estas obras más cerca de los postulados del primer romanticismo que de la pura lógica del neoclásico. En arte, como casi siempre, dos y dos nunca suman cuatro. Así pasa también en la vida: cuando esta "friolera" atrajo mi atención, en Nueva York hacía un calor insoportable.
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