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18 junio 2014

ROMANOS EN EXTREMADURA: EL ARCO DE CÁPARRA

La Vía de la plata a su paso por Cáparra
En la Hispania romana los distintos núcleos poblacionales estaban conectados por calzadas de diversa índole e importancia. Muchas de estas vías de comunicación que vertebraban la Península Ibérica eran verdaderas autopistas en el Mundo Antiguo. Hacia el oeste, la conocida como Vía de la Plata -cuyo nombre nada tiene que ver con el comercio argénteo- unía el norte con el sur, Astorga con Mérida, trazando un recorrido jalonado por poblaciones de cierta entidad. 

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Vista aérea del yacimiento de Cáparra
Hoy en día, alguna de esas ciudades o pueblos romanos, como Salmantica (Salamanca) son localidades destacadas en nuestra geografía.  Sin embargo, el devenir histórico tenía reservado un destino mucho más tímido a ciertos lugares que en la actualidad no son más que yacimientos rescatados del abandono al que un día fueron condenados. Es el caso de Cáparra -a pocos kilómetros de Plasencia-,  una ciudad romana situada en la provincia de la Lusitania con un posible pasado prerromano que adquirió el estatus de municipio de derecho latino durante el mandato de la dinastía Flavia (69-96 dC).

Pero antes de caer en el olvido en torno al siglo IX, Cáparra fue una ciudad que gozó de buena salud en gran parte debido a su condición de paso obligado. Su origen etimológico, que parece hacer referencia a un lugar de intercambio, nos da pistas de la importancia del municipio en transacciones comerciales en el contexto de la Vía de la Plata. Pero desde luego, lo que nos deja claro que Cáparra fue una ciudad notoria en tiempos romanos son sus espléndidas ruinas que ya empezaron a despertar el interés de eruditos locales y estudiosos nacionales hacia el siglo XVII.

Tetrapylum. Se observan en primer plano los
pedestales para esculturas.
De entre todos los restos localizados hasta el momento en la ciudad destaca por su magnificencia y singularidad el tetrapylum, un arco de cuatro caras situado probablemente en la unión del cardo y el decumano, las dos calles principales de la urbe romana. Los pilares de este monumento sustentan cuatro arcos de medio punto enfrentados dos a dos formando una bóveda de arista en su intersección. Los arcos están decorados por una moldura en el trasdós. Por su parte, los pilares se asientan sobre unos basamentos rematados por una cornisa. En las puertas norte y sur del tetrapylum, las que coincidirían con el decumano,  se encuentran pedestales de esculturas, hoy desaparecidas, que muy posiblemente debido al tamaño de estos podios fueran de carácter ecuestre. Toda esta sección de la construcción está formada por sillares bien tallados que encajan a la perfección entre sí.

La parte superior del arco, con la que se estima que alcanzaría trece metros de altura, cinco más que en la actualidad, ha desaparecido. Tan sólo se conserva un núcleo de opus caementicium que hoy en día corona en el monumento. Los arqueólogos suponen que ese tramo del edificio estuvo compuesto por  un arquitrabe, un friso con cornisa y quizás un ático. 

Gracias a las inscripciones epigráficas que se conservan en el arco sabemos que quien mandó erigir el monumento, Fidius Macer, cumplía los deseos testamentarios de sus progenitores, Marcus Fidius Macer, un destacado ciudano del municipio, y Bolosea. La inscripción rezaba lo siguiente:

BOLOSEA(E) FIDI(O)
PELLI F. MA(CRI. F)
M. FIDIVS MACE(R EX)
TESTAMENTO F (C)

"Marco Fidio Macer, erigió este monumento, según testamento, en honor de Bolosea, hija de Pellio y de Fidio, hijo de Macer"

Miliario hallado en Cáparra

Otros elementos arquitectónicos que nos ayudan a revelar la importancia pretérita de Cáparra son sus termas públicas, un edificio de planta cuadrada compuesto por varias dependencias. Asimismo, en el centro de la  ciudad, que estaba totalmente amurallada, se encuentra el foro al que se accedía a través de tres puertas y donde se encontraba la basílica, la curia y tres templos. También es posible que el municipio contara con un anfiteatro y un acueducto. Además en una campaña arqueológica se halló un miliario de época de Nerón que indica la distancia desde el lugar hasta Emérita Augusta. 

Cáparra comenzó a perder importancia a fines del Imperio romano, pero el tránsito de la Antigüedad a la Edad Media y los cambios poblacionales que se produjeron en este contexto asestaron el golpe definitivo a esta ciudad y  con él se inició la larga agonía que finalizaría antes de la llegada de los musulmanes a ese área de la Península. No obstante, posiblemente, el abandono del otrora destacado municipio romano ha permitido la conservación de su monumento más destacado, el arco cuadrifronte, único de esta tipología en España.

Las ruinas de Cáparra bien merecen una visita.  Cerca del yacimiento hay un centro de interpretación. En esta web encontraréis muy buenas fotos sobre de los restos arqueológicos y en este video podéis haceros una idea de cómo era el arco en época romana.

  

15 noviembre 2010

EL MOSAICO DEL PLANETARIO

UN HEBDOMADARIO ROMANO EN ITÁLICA

Estos Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora,

campos de soledad, mustio collado,

fueron un tiempo Itálica famosa.

Con el recuerdo de la famosa Canción a las ruínas de Itálica del poeta barroco sevillano Rodrigo Caro y su acertada idea de que este conjunto arqueológico es (tal vez como todos los demás) una "fábula del tiempo", aprovecho la oportunidad que se me brinda de dar un paseo nocturno por este  "mustio collado" de las ruinas de Itálica, la primera ciudad romana fundada en España, todavía a fines del siglo III a.C.

Izquierda: detalle de la representación del dies mercurii (día del dios Mercurio) o miércoles.

Sin embargo, estos restos arqueológicos que ahora recorro en la penumbra de una débil y acertada iluminación, acompañado de una noche fresca y silenciosa, repleta de aromas, son muy posteriores a aquella época. Pertenecen ya al siglo II d.C. cuando, en época de Adriano, se planificó aquí una Nova Urbs como homenaje a Trajano, quien había nacido en la ciudad.

Llego de este modo hasta la Casa del Planetario, una amplia mansión cercana a los 1600 metros cuadrados de superficie en la que en 1972 se excavó, junto a un amplio patio, una habitación cuyo pavimento de mosaico da nombre al conjunto de la vivienda: el Mosaico del Planetario, que viene a demostrarnos el gusto del propietario de esta domus por las cuestiones asociadas al calendario y, al mismo tiempo, por las divinidades astrales que representan los distintos días de la semana.

Mosaico del Planetario. Vista de conjunto. Primera mitad del siglo II d.C.

El mosaico policromo del Planetario  es de grandes dimensiones. Se trata de una pieza rectangular de 4,8 por 6,7 metros. En sus zonas más externas se sitúan motivos geométricos de distinto tipo que rodean a una gran círculo con cenefa el cual alberga a su vez a otros siete círculos enmarcados en exágonos. En cada uno de tales círculos se encuentra representado el busto de la divinidad que se identifica con el correspondiente día de la semana. Cada una de ellas tiene además, obviamente, un claro carácter astral, ya que simboliza al mismo tiempo a uno de los astros observables a simple vista desde la Tierra.

En este caso, el musivario optó por situar en el círculo central a la representación de la diosa Venus (dies veneris), que para los romanos era el último día de la semana. Desde su izquierda y hacia nuestra derecha podemos  seguir el  curso de los restantes días de la semana: el dios Saturno (dies saturni, o sábado), el Sol (dies solis, o domingo), la Luna (dies lunae, o lunes), el dios Marte (dies marti, o martes), el dios Mercurio (dies mercurii, o miércoles) y, finalmente, el dios Júpiter (dies iovis, o jueves).

Izquierda: detalle de la representación del dies iovis (día del dios Júpiter) o jueves.

Prácticamente todas las figuras tienen algún elemento iconográfico que las singulariza. Ocurre así por ejemplo, en el caso del casco con el que cubre su cabeza el dios Marte, divinidad de la guerra, con los rayos que brotan de la cabeza del Sol o con el cuarto de luna que figura a los lados de la representación correspondiente. Por otra parte, en todos los casos el artista ha procurado realzar la singularidad y veracidad de la figura introduciendo las teselas policromadas allí donde resultaban más convenientes, para contrastar este uso del color con el fondo blanco sobre el que se inscriben los siete bustos.

En fin, hace ya casi dos mil años un musivario romano, empleando sus cajitas de teselas de colores y sus bocetos previos, fue capaz de dejarnos, en una lujosa habitación de Itálica,  una representación el concepto de semana, que se iba abriendo paso por entonces en el mundo romano frente a la división tradicional del calendario que siglos atrás se había establecido como característico de aquella sociedad. Aquí tenemos ya un hebdomadario completo, en el que cada día de la semana se asocia a un astro del firmamento. Hemos de reconocer que en este caso, el tiempo no ha pasado.

Derecha: representación del dies solis (domingo), del dies lunae (lunes) y del dies marti (martes).

Conozco muy poca información en Internet sobre este mosaico. El lector podrá  ver que la ficha que le dedica el Conjunto Arqueológico de Itálica, donde se encuentra (por cierto, expuesto a las inclemencias meteorológicas) es muy escueta.

03 noviembre 2007

POWER POINT DE ARTE ROMANO

INTRODUCCIÓN AL ARTE ROMANO

Esta presentación plantea una introdución al estudio del arte romano, mediante el manejo de la cronología básica de esta civilizacion y el recurso a diversos mapas históricos, entre los cuales dedicamos dos a la peninsula ibérica.

02 noviembre 2006

TEMA 4.- EL ARTE ROMANO

¡ESTÁN LOCOS ESTOS ROMANOS, ASTERIX!

Calle y puerta de la ciudad de Timgad. Siglo II d.C. Argelia.

Mosaico con escenas de luchas de gladiadores.
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Aunque los personajes de Asterix y Obelix nos recuerden tiempos pasados (o quizás no tanto) y nos caigan en extremo simpáticos, en esta caso no podemos darles la razón: los romanos no estaban locos...ni mucho menos.

Según la leyenda, a mediados del siglo VIII a.C, los hermanos Rómulo y Remo, ¡que habían sido amamantados por una loba!, fundaron la ciudad de Roma. Comienza en ese momento, en las brumas de la mitología, la larga historia de una aldea del centro de Italia que acabaría convirtiéndose en ciudad y, con el paso del tiempo, en capital del mundo occidental.
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La historia de Roma puede dividirse desde el punto de vista político en tres grandes etapas: la Monarquía (siglos VIII-VI a.C.), la República (siglos VI-I a.C.) y el Imperio (siglos I a.C.-V d.C.), auque nosotros vamos a fijar nuestra atención en el periodo comprendido entre los dos siglos finales de la República y los dos primeros del Imperio.
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(AMPLIAR). Columna Trajana (detalle). Hacia 113 d.C. Roma.
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La razón de esta elección es muy sencilla: en esa etapa ve la luz la mayor parte de los rasgos característicos de lo que conocemos como cultura o civilización romanas. También entonces Roma inicia una expansión territorial que la llevará a dominar todos los territorios en torno al Mar Mediterráneo, que los romanos llamaban, con razón, Mare Nostrum. Dicha expansión supuso una enorme difusión de los patrones culturales romanos, de manera que las distintas zonas del Imperio alcanzaron, de alguna manera aunque en diferente grado, unos ciertos niveles de romanización. La región donde vivimos, la antigua Bética, es un buen ejemplo, si no el mejor, de ello.
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Pero ningún imperio se consolida gratuitamente y Roma no es la excepción: sus provincias hubieron de ser conquistadas por las legiones y las poblaciones indígenas sometidas al nuevo poder, cuando no convertidas en mano de obra esclava. Y esta es otra característica del mundo romano: la consolidación del esclavismo como forma habitual de trabajo en multitud de ámbitos productivos. Por ello, detrás de muchas de las piedras de las que aquí vamos a hablar, ya sean como parte de edificios o como soportes de esculturas, está la mano de un esclavo cuyo nombre jamás conoceremos.
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Maison Carrée. 16 a.C. Nimes (Francia).
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Conectamos así con el arte romano, en muchas cosas heredero del arte griego, pero con rasgos claramente diferenciadores. Entre ellos, llama poderosamente la atención el enorme sentido práctico de las soluciones artísticas romanas: donde hay un problema o una necesidad, el arte romano ofrece una solución distintiva, muchas veces novedosa. Si es necesario construir una ciudad, entonces se planifica el conjunto y se le dota de los edificios necesarios para que la vida urbana se desarrolle de manera satisfactoria. Si hay que levantar esculturas, se harán a los dioses, pero también servirán para dejar noticia de los hechos históricos o para darnos un vivo retrato del personaje representado.
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Mosaico de la Casa del Planetario. Siglo II. Itálica (Santiponce, Sevilla).
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Por último, debo recordaros que los imperios no son eternos (ni siquiera éste que ahora parece querer dominarnos a todos, aunque sea de otra manera). A mediados del siglo III d.C., el mundo romano inició una crisis de la que ya no pudo salir: auque el Imperio se dividió en dos grandes sectores (Occidente y Oriente, más o menos como ahora) la crisis estaba consolidada y en el último cuarto del siglo V el denominado Imperio Romano de Occidente acabó desapareciendo. Quedaba el de Oriente (Bizancio), que aún lograría mantenerse casi mil años más. Pero eso es otra historia y hoy no debe ser contada.
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En esta página inglesa disponéis de una completísima (y entretenida) información sobre la historia del mundo romano. Por otra parte, podéis encontrar un excelente repertorio de imágenes de arte romano en el portal del profesor Witcombe, ya citado en otro artículo anterior. También podéis hacer una visita al Museo Nacional de Arte Romano de Mérida en su página web. Y para acabar, aquí tenéis un variado portal sobre las vías romanas.
 

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