Mostrando entradas con la etiqueta /7) ARTE VISIGODO Y PRERROMÁNICO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta /7) ARTE VISIGODO Y PRERROMÁNICO. Mostrar todas las entradas

19 enero 2011

ARTE PRERROMÁNICO ASTURIANO

MONARQUÍA, IGLESIAS Y PALACIOS

En un elevado número de Comunidades Autónomas los temarios de Historia del Arte de Bachillerato han eliminado los contenidos relacionados con el arte prerrománico. Sin embargo, bajo esta denominación tan amplia se incluye un diferenciado número de manifestaciones artísticas, a algunas de las cuales ya hemos prestado atención en ENSEÑ-ARTE.

En esta ocasión subo al blog una PPT relacionada con el denominado arte asturiano, desarrollado en dicha zona geográfica, fundamentalmente a lo largo del  siglo IX y las primeras décadas del siguiente, al amparo de la consolidación de la monarquía asturiana que necesitaba afianzar su presencia (también mediante el recurso a manifestaciones artísticas) frente al poder islámico que dominaba en el resto de la península. Como podréis ver en la presentación, hemos seleccionado los cuatro ejemplos más destacados de la arquitectura asturiana, que comparten diversas características comunes: se trata de edificios realizados en piedra, en los que se emplean bóvedas de medio cañón, sostenidas por pilastras (sobre las que se elevan arcos de medio punto) y con abundantes contrafuertes en el exterior.

Tres de estos  cuatro edificios son templos, mientras que el otro se destinó probablemente a palacio o residencia real. Todo ello da cuenta de algunas características básicas de esta sociedad cristiana del norte peninsular que, frente al gigantesco enemigo que tenía al sur, fue capaz de crear unas atractivas formas artísticas de mucha personalidad. Así que las realizaciones del arte románico  estaban ya a la vuelta de la esquina.

View more presentations from JUAN DIEGO .

06 enero 2010

ARQUITECTURA MOZÁRABE

LA IGLESIA DE SAN CEBRIÁN DE MAZOTE

En primera instancia, definir el arte mozárabe parece bien sencillo. Englobaría cualquier tipo de manifestación artística realizada por miembros de esa minoría étnico-religiosa, la de los cristianos que se mantuvieron fieles a su religión en los territorios del Al-Andalus islámico. Sin embargo, no debemos olvidar que muchos de aquellos mozárabes acabaron por abandonar las tierras de la España musulmana, sobre todo a partir de fines del siglo IX, obligados por diversas circunstancias, ya fueran de índole religiosa o económica (fenómenos de intolerancia mutua, episodios de profunda crisis de subsistencias, etc.). Fue así como muchas comunidades mozárabes acabaron instalándose en distintas zonas del valle del Duero, hacia donde tendía a expandirse el cristiano reino astur-leonés mediante sucesivos procesos de repoblación. Precisamente por ello, algunos autores prefieren emplear el concepto de "arte de repoblación" para referirse a lo mozárabe, mientras que otros lo caracterizan como "arte de frontera", no faltando quienes mantienen la denominación más genérica de "arte prerrománico".
Recapitulo todas estas ideas mientras me desvío de mi ruta para dirigirme a la pequeña villa de San Cebrián de Mazote, al oeste de la provincia de Valladolid, donde se ha conservado (¡milagros de la Historia!) el templo de mayores dimensiones de toda la arquitectura mozárabe, la iglesia de San Cipriano. Un edificio de planta basilical dividido en tres naves mediante columnas cuyos capiteles sostienen arcos de herradura. Un documento conservado en la Biblioteca Nacional da cuenta de cómo en este lugar existía, ya en el año 916, una comunidad monacal cuyos miembros, probablemente, habían abandonado Córdoba, tal vez huyendo de la gran crisis económica que en aquellas fechas asoló Al-Andalus.
Como no se explica la existencia de una comunidad religiosa sin la preceptiva presencia de un templo, cabe pensar que fueron estos monjes cordobeses del primero cuarto del siglo X quienes levantaron esta iglesia de generosas dimensiones: 30 metros de largo por 16 de ancho en el transepto. Aunque el templo posee sendas puertas a ambos extremos del crucero, accedo a él por otra entrada lateral abierta en los pies, con lo que tengo ante mi, de un solo golpe de vista, todo el conjunto arquitectónico. No hay nadie en la iglesia, así que puedo recorrerla sin prisas, avanzando lentamente hacia su cabecera, mientras me voy sorprendiendo una y otra vez de las soluciones arquitectónicas empleadas, que muestran a las claras las diversas influencias recibidas por estos monjes venidos del sur. Hay aquí huellas de la arquitectura visigótica (y de sus precedentes romanos), de la propia del prerrománico asturiano y, obviamente, de la islámica cordobesa; pero todo se funde de manera armoniosa y proporciona al edificio una elevada singularidad.
La misma planta del templo es del máximo interés. Las tres naves de la basílica se abren a un transepto que remata sus extremos en semicículo y, más allá, se dispone una cabecera triconque (símbolo evidente de la idea de la Trinidad) cerrada al exterior con testeros planos, mientras que la capilla central muestra al interior forma absidada. Frente a ella, en el otro extremo de la iglesia, a los pies, se ha dispuesto un contraábside de grandes dimensiones, también de testero plano por su cara externa, que se asocia a usos funerarios. Una solución para la que se encuentran algunos, pocos, precedentes en la arquitectura hispánica y en la norteafricana.

Igualmente me sorprendo si dirijo mi vista hacia lo alto. En cada lado de la nave central, sobre los arcos de herradura, una fila de cuatro ventanas abocinadas proporciona luz al interior, elevando la cubierta hasta once metros del suelo. Esta techumbre se resuelve con una artesa de madera a dos aguas, mientras que es a una  sola en las laterales, con seis metros del altura. Sin embargo, se ha recurrido a soluciones abovedadas en los restantes espacios: bóvedas de aristas en las capillas laterales de la cabecera y gallonadas en la capilla central y en los extremos de la nave del crucero, sistema también empleado en la restauración del cimborrio.

Todo en esta iglesia resulta sorprendente y atractivo. Su gran antigüedad y su excelente estado de conservación; esos arcos que recuerdan (hasta en el tratamiento de las dovelas) a los que encontramos en la Córdoba musulmana; la cuidadosa labra de los capiteles; la presencia de algunos fustes sogeados; el armonioso ritmo de las arquerías de herradura. Incluso es de agradecer la escasez de obras artísticas de época posterior que pudieran distraer al visitante de la belleza del contenedor arquitectónico. Hallé no obstante, en una hornacina lateral, una pequeña piedad gótica policromada, obra anónima del siglo XV que me pareció particularmente interesante. Debo reconocer que me costó  trabajo salir de esta iglesia en cuyo interior se respiraba un verdadero ambiente de silencio, sosiego y paz. Probablemente la misma paz que buscaban esos monjes que la levantaron, mampuesto a mampuesto y sillar a sillar, hace ahora casi mil años.

En esta página sobre arte prerrománico hay una excelente y completa ficha sobre la iglesia de San Cipriano (o San Cebrián, que es lo mismo) de Mazote. Un breve texto y algunas fotos están también disponibles en esta otra Web. Finalmente, tal vez os resulte interesante y curioso leer (en PDF) el informe redactado por Lampérez en 1916, en el que solicitaba la declaración del templo como monumento nacional, bien merecida.

28 diciembre 2009

BEATOS

ILUMINANDO EL APOCALIPSIS


A comienzos del último cuarto del siglo VIII existía en la comarca de la Liébana (Cantabria), enclavada en los Picos de Europa, un monasterio (más tarde llamado de Santo Toribio) acogido a la regla benedictina, basada en el principio de ora et labora.  Dándole aplicación, uno de los monjes allí residentes, de nombre Beato, abordó una tarea que, desde el punto de vista de la liturgia cristiana, poseía una gran importancia: la de efectuar unos amplios comentarios al Apocalipsis, el último de los libros del Nuevo Testamento; una obra que incluso para los propios monjes suponía un considerable esfuerzo de entendimiento e interpretación, dada su abundancia en pasajes oscuros o de tipo metafórico.

Izquierda. Magius: "Beato Morgan" (hacia 945): el ángel entrega el libro a San Juan y la iglesia de Esmirna.

Estos Comentarios al Apocalipsis, redactados por Beato de Liébana tuvieron una amplia difusión en la iglesia cristiana hispánica durante los siglos centrales de la Edad Media, ya que ofrecían al oficiante de la misa un abundante material en el que basarse para la predicación acerca de los contenidos del Apocalipsis, uno de los libros de lectura obligatoria en los templos durante un cierto periodo del año litúrgico, el tiempo pascual. En consecuencia, los Comentarios fueron copiados numerosas veces y no debieron ser pocos los monasterios que disponían, al menos, de un ejemplar de la obra.

Magius: "Beato Morgan" (hacia 945). Izquierda: Pantocrator entre nubes. Derecha: adoración del cordero.

Tales copias han pasado a la historia con la denominación genérica de Beatos y, dejando aparte sus valores de índole religiosa o paleográfica, resultan de una enorme relevancia para la Historia del Arte, ya que muchos de ellos fueron ilustrados con exquisitas miniaturas. Hasta el momento se conocen más de dos docenas de estos códices, realizados en distintos monasterios durante un amplio periodo de tiempo que se extiende entre los siglos X y XIII. Obras realizadas por monjes que, en la soledad y aislamiento del scriptorium, se aplicaron no sólo a copiar los comentarios de Beato y el propio Apocalipsis, sino a ilustrar el contenido de esta obra que anunciaba el fin del mundo, a hacer bien visible cómo sucedería la segunda venida de Cristo a la tierra.

Izquierda. Magius: "Beato Morgan" (hacia 945): La bestia y los falsos profetas.

Desde el punto de vista estilístico, y dada el amplio espacio temporal en el que se realizaron estas obras, son diversas las tendencias que podemos observar en sus ilustraciones. Incluso en algunas de ellas puede comprobarse como los mismos miniaturistas efectuaron sus viñetas aplicando modelos estéticos diferentes, resultados de influencias diversas. Así, en los más antiguos, del siglo X, hallamos numerosos ejemplos de lo que se denomina "miniatura mozárabe", que nos presenta figuras silueteadas y muy planas, de escasa expresividad y situadas sobre fondos de colores también planos. Sin embargo, a fines del mismo siglo se aprecian influencias procedentes del arte carolingio, constatables en el intento de poner mayor énfasis en el naturalismo de las figuras y las escenas que componen. Finalmente, y ya entrado el siglo XI, las ilustraciones muestran ya elementos propios de la plástica de la pintura románica: las formas de las figuras están más trabajadas, su movimiento se incrementa y hay algo más de naturalismo en las composiciones. En todo caso, estas diferencias lo son respecto al estilo de las miniaturas, y no en cuanto a su iconografía, que se mantuvo inalterable durante la extensa etapa en que los Beatos fueron copiados. En este hecho se basa la hipótesis de que todas estas obras deben basarse en otra anterior, hoy perdida, quizás de finales de la época visigótica, en la que el Apocalipsis se hubiese copiado ya acompañado de ilustraciones.

Magius: "Beato Morgan" (hacia 945). La bestia encadenada.

Lamentablemente, para poder contemplar uno de los más antiguos de estos códices tendríamos que desplazarnos a la ciudad de Nueva York. Allí, en la Biblioteca Morgan se conserva el Beato de San Miguel, que debió efectuarse hacia el año 945. En este caso, conocemos el nombre del autor de las miniaturas, el monje Magius o Maio, que dejó anotado en el colofón del códice su nombre, indicando también que realizó su trabajo por encargo del abad Víctor, del monasterio dedicado a San Miguel (aunque se supone que pudo trabajar no en ese cenobio, sino en el de San Salvador de Tábara, en León). Su obra muestra las diversas influencias recibidas: la tradición visigoda y mozárabe, el arte islámico o las aportaciones carolingias. Si vemos las miniaturas de Magius, con las que he ilustrado este texto, podremos apreciar inmediatamente como este artista de hace más de mil años desconocía las reglas de la perspectiva, de modo que sus figuras carecen, obviamente de tercera dimensión. Pero no creo que al él estos problemas le importasen en absoluto. A fin de cuentas, lo que trataba de ilustrar no era de este mundo. Probablemente, él creía que a este mundo le quedaba ya poco tiempo. El fin del mundo.


Magius: "Beato Morgan" (hacia 945).  Izquierda: Adoración del cordero por las multitudes. Derecha: Cristo con los resucitados.

Sobre las miniaturas medievales españolas podéis consultar la amplia y bien organizada información de esta Web en español, titulada "descripción de manuscritos perrrománicos". Como ejemplo de análisis de uno de estos beatos, en esta página se ofrece información sobre el de San Millán de la Cogolla. Para concluir, podéis ver todas las ilustraciones del Beato de San Miguel, o Beato Morgan, con comentarios, en la Web de esta biblioteca neoyorquina, escribiendo en su buscador "Maius" y buscando en el apartado "medieval images only".

15 octubre 2008

SAN FRUCTUOSO DE MONTELIOS

UN TEMPLO VISIGODO AL NORTE DE PORTUGAL

Tras algunos despistes con el coche, llegué a San Fructuoso de Montelios, cerca de Braga, en un calurosísimo día de verano y en plena hora de la siesta. Nadie más había tenido la misma idea, de manera que pude visitar el templo sin prisas y sin ruidos. Un somnoliento guarda nos indicó el camino hacia el oratorio, mientras quedaba dormitando al frescor de la sombra.

San Fructuoso (656-665). San Jerónimo de Real, Braga, (Portugal). Vistas exteriores y planta original del edificio.
La pequeña capilla se encuentra hoy adosada al lateral de un convento franciscano rehecho durante el siglo XVI, que debió alterar su estructura primitiva. A ello contribuyó también la restauración desproporcionada efectuada en el templo a comienzos de los años 30 del siglo pasado.

Mandado construir para emplearlo como enterramiento propio por San Fructuoso, obispo de Braga entre los años 656 (en que tomó posesión de la sede) y 665 (en que falleció), el templo es un claro ejemplo de mausoleo de planta centrada, que sigue los modelos bizantinos. Al exterior muestra los típicos caracteres de la arquitectura visigótica, realizada con bloques de piedra puestos en seco y de las medidas habituales en aquella época. Vemos pues un edificio bastante compacto, con cimborrio central y escasos vanos, que presenta cuatro brazos iguales, todos ellos de planta cuadrada y por uno de los cuales se accede al pequeño templo.

Sin embargo, el interior nos reserva algunas sorpresas. El brazo de entrada mantiene la forma cuadrada, sirviendo como ámbito introductorio al espacio religioso. En cambio, en los otros tres apreciamos un engrosamiento de los muros, de forma que ahora presentan forma ultrasemicircular, actuando como capillas independientes que debieron tener originariamente una rotonda de columnas, a modo de diminuto deambulatorio. Se considera que este hecho pudo ser una transformación de la planta original, realizada en el transcurso del siglo X. Por otra parte, los cuatros brazos se separan del crucero mediante un arco de herradura en el que se inscribe una triple arcada menor, con arcos del mismo tipo, siendo el central más grande que los laterales.

El frescor del interior de la pequeña iglesia, en plena canícula, invitaba a seguir admirando los detalles de su arquitectura: los desnudos sillares, la potencia de la cúpula sostenida por pechinas que cierra el cimborrio, o la rústica labra de los capiteles y de las altas impostas, con sus casi irreconocibles hojas de acanto. Pero finalmente había que volver al exterior y adaptarse al tremendo calor. Dirigiéndonos ya al coche volví la vista hacia la iglesia, y me detuve a contemplar la apariencia del poderoso cimborrio que cubría su espacio central, con el detalle de esas pequeñas arquerías ciegas en su parte superior, alternando semicírculos con triángulos, que se repite también en el resto de los muros.
.
Tomaba la última fotografía cuando me sorprendí preguntándome de qué manera un modelo de templo que tiene una raíz claramente bizantina habría llegado hasta aquí, a un remoto confín de Portugal. Sabemos que quien encargó la construcción, San Fructuoso, monje antes que obispo, no había viajado a Italia, donde se encuentran los paralelos más cercanos. Quizás la pericia estaba en la cuadrilla de albañiles que levantó el pequeño oratorio. Tal vez éstos tomaron como referencia edificios más próximos. Es posible que siguiesen una tendencia presente en la arquitectura visigoda que valoraba la construcción de espacios centralizados. Nunca sabremos todo esto con absoluta certeza. Pero ahí seguiría esta pequeña joya, con calor o con frío, acogiendo a otros viajeros dispuestos a disfrutarla. El sabor de lo pequeño.

Leed la ficha sobre el edificio que nos presenta el IPPAR, con buenas fotografías. Más información y relación con otras construcciones visigodas en esta web. Por último, aquí hay una breve síntesis de algunos edificios visigodos del siglo VII, incluyendo este de Braga.

05 enero 2008

SANTA LUCÍA DEL TRAMPAL

UN TEMPLO ¿VISIGODO? EN EXTREMADURA

He llegado a la iglesia de Santa Lucía, en Alcuéscar (Cáceres) en un día frío y lluvioso. Excelente ocasión para visitar esta joya en soledad y silencio absolutos. Desde mis visitas anteriores, hace ya mucho tiempo, las cosas han cambiado bastante por aquí. Hay ahora un centro de interpretación recién inaugurado (que atiende un amable guarda), se ha excavado y restaurado el templo y se han publicado nuevos estudios sobre el edificio y la zona en la que se enclava. Pero esos estudios han planteado nuevas hipótesis, dando lugar a lo que ya podríamos considerar como "la cuestión de El Trampal", por el nombre de la zona, en la cual se han hallado también numerosos restos de época romana que evidencian el culto a la diosa Ataecina.

Para acercarnos a esa polémica, debemos comenzar señalando que nos encontramos ante un edificio levantado a base de sillares de piedra puestos en seco y de mampuestos, que presenta una compleja planta basilical en la que sin embargo son perfectamente distinguibles una cabecera con tres ábsides de testero plano y un crucero y que, a partir de éste, el espacio se compartimenta en tres naves muy estrechas, a las que se adosan unos porches y otras dependencias laterales, hoy perdidas. Están presentes aquí los arcos de herradura y las cubiertas originarias debieron ser cimborrios sobre los ábsides y bóvedas en las naves.

Desde su hallazgo para la ciencia en 1980 el templo se ha considerado de época visigótica, probablemente realizado en la segunda mitad del siglo VII, y se ha creido que constituía el elemento más significativo de un conjunto monacal, explicándose su triple cabecera como una clara alusión a las tres personas de la Trinidad cristiana. Sin embargo, los estudios posteriores señalan una fecha de construcción algo más tardía, en torno al año 700 y catalogan al templo como de "arquitectura prerrománica", asignando algunas de las novedades a una cierta influencia islámica. Se trataría, en definitiva, de un edificio encuadrable dentro de lo que conocemos como arquitectura mozárabe, aunque ésta sea una denominación en la que se incluyen cosas bien diferentes.
.
.
.
Bien, la polémica seguirá probablemente, dada la imposibilidad de datar con absoluta certeza edificios de época tan temprana. Pero yo prefiero seguir considerando que santa Lucía fue un templo visigodo (su cabecera es semejante a la que en su momento debió tener San Juan de Baños, en Palencia) y que sufrió luego sucesivas modificaciones, hasta llegar a la gran reforma gótica que atestiguan los arcos apuntados de las naves. Tal vez nunca resolveremos el enigma definitivamente, pero aquí queda el edificio como hermoso símbolo de las capacidades artísticas de los siglos altomedievales en la península. Esa triple cabecera con sus ábsides separados en el exterior que deja abosorto a quien la contempla. Allí, en medio de los campos extremeños.

Sobre la polémica de El Trampal podéis consultar las interesantes opiniones que se plantean en esta web dedicada a estudiar todo el conjunto del arte prerrománico español. Otro punto de vista diferente es el que se sostiene en esta otra página, que lleva por nombre el de la propia iglesia que comentamos. Más texto y buenas fotos aquí. Para concluir, las opiniones que se recogen en "senderos de Extremadura".

22 julio 2007

SAN PEDRO DE LA NAVE

A LA BÚSQUEDA DE LOS VISIGODOS

Los visigodos. Los creadores del primer reino cristiano en la península tras la desaparición del Imperio Romano de Occidente. Un pueblo germánico borrado de la faz de la Historia por el empuje de la religión islámica, a comienzos del siglo VIII. La crónica de una monarquía nunca consolidada, pero de la cual los alumnos de hace muchos años teníamos que aprendernos, uno a uno, los sonoros nombres de sus reyes: Sisenando, Teudis, Atanagildo, Suintila. Quizás de aquella infancia de monarcas visigodos me viene mi especial devoción por este pueblo. Probablemente, sabemos de ellos hoy más que lo que ellos mismos conocían de sí. Y sin embargo, es muy poco en realidad lo que sabemos. Y esto mismo puede decirse también de su arquitectura.

De época visigótica se nos han conservado en la península unas cuantas iglesias que constituyen, junto con algunas interesantes muestras de orfebrería, la mejor manifestación del arte de este pueblo. Mi particular interés me ha llevado a recorrer la península buscando esas iglesias, a veces puras ruinas, en otros casos con muchos añadidos y reconstrucciones posteriores. Pero todas igualmente interesantes. No hay muchas y están bien dispersas por nuestra geografía, pero verlas sin prisas merece la pena: es retrotraerse a otro tiempo, a una dinámica de la vida bien distinta de la nuestra, literalmente a la Alta Edad Media.

Llegué a El Campillo (en Zamora) a eso de las seis de la tarde. Pleno mes de julio en un pueblo de muy escasos habitantes. La carretera lo cruza y te saca de él casi sin darte tiempo para decidir hacia dónde ir. Pero antes de entrar al pueblo ya se divisa la iglesia, en las afueras, casi al final. He llegado a San Pedro de la Nave, edificio paradigmático de la arquitectura visigótica, trasladado aquí hace ya casi ochenta años, para salvarlo de las aguas de un pantano en construcción.

Una iglesia de planta compleja: combina la cruz griega con la estructura basilical. Tiene un crucero y una capilla mayor, de testero plano, así que semeja también una cruz latina. Sobre las razones de esta organización del espacio no hay acuerdo entre los especialistas. Para unos, se trataría de un error durante la construcción, que obligó a un replanteo de la edificación; para otros, la extraña planta obedece a los distintos usuarios del templo: de un lado, los miembros de una comunidad monacal, que ocuparían la zona más próxima a la cabecera; de otro, los fieles de la zona, que acudirían a las misas y demás ceremonias religiosas.

No importa, a fin de cuentas. Aquí están visibles el maravilloso uso de los sillares colocados en seco, el empleo de un módulo constante (la vara o grado, de 80 cm.), el hermoso arco de herradura, esas naves anteriores al crucero y esos espacios que lo continúan y que han sido tan debatidos (¿son celdas para los monjes?, ¿son sacristías?). Y puedo ver también esas ventanitas tríforas, precedentes directos de las del arte prerrománico, mientras los turistas entran y salen con prisas, dedicando a la iglesia una media de cinco minutos. No reparan apenas en los cimacios, en los capiteles con esas escenas impresionantes del sacrificio de Isaac y de Daniel en el foso de los leones. No ven los frisos decorados, con roleos, con motivos vegetales; el caballero con su perro, esas aves que simbolizan a los bienaventurados, los apóstoles que pecaron en alguna forma contra Cristo y fueron perdonados (Pedro, Pablo, Felipe y Tomás). El mimo ingenuo del tallador de relieves, que no supo representarnos unos fieros leones y los coloca mansamente bebiendo.
.
Son más de las ocho de la tarde cuando salgo del templo. Lo hago convencido de que llegar hasta aquì ha merecido la pena, como sucede siempre que se visitan estos monumentos "únicos" que son las iglesias visigodas. Esta de San Pedro de la Nave es del final del siglo VII, tal vez de comienzos del VIII, cuando ya era inminente la llegada de los musulmanes, si es que no se había producido ya.
.
Me marcho, pero sé que otra iglesia visigoda me está esperando. es ya la última que me queda por ver... a no ser que se descubra otra nueva. Con los visigodos, nunca se sabe.

He aquí una interesante descripción de la iglesia y de su proceso constructivo, con buenas fotografías. Del mismo tenor son esta página sobre el románico zamorano y esta otra, sobre el arte prerrománico. Y, como siempre, desde la página de románico aragonés, se ofrecen interesantes fotografías y una correcta descripción del templo. Por último, en esta revista electrónica se analiza el programa iconográfico de la iglesia. Y como contribución personal, esta presentación que sintetiza en imágenes esta maravilla arquitectónica.


19 noviembre 2006

EL ARTE VISIGODO

LA PRIMERA ARQUITECTURA HISPÁNICA

No sé a qué genio de elevada inteligencia se le ha ocurrido que en segundo de bachillerato no se estudie el arte visigodo. Siempre me ha parecido una decisión errónea y, por esto mismo, no me resisto a conformarme, de manera que os dejo aquí un breve resumen acerca de ello.

Iglesia de San Fructuoso. (Braga, Portugal).

Los visigodos fueron uno de los pueblos que acabaron asentándose dentro de los confines del imperio romano de occidente. Su entrada en Hispania se produjo en el siglo V, creando un reino que, a duras penas y con bastante conflictividad interna, logró mantenerse hasta la invasión musulmana de comienzos del siglo VIII. Su época de mayor apogeo se produce durante el reinado de Leovigildo (572-586), aunque quizás sea la época de Recesvinto (653-672) el momento que tiene mayor interés desde el punto de vista cultural y artístico.
.
Además de algunas interesantes muestras de orfebrería, la aportación más importante del arte visigodo se encuentra en la arquitectura y está constituida por una serie de pequeñas iglesias de características diferentes, pero de enorme atractivo y acusada personalidad, que tiene en el arco de herradura su elemento más característico. Todas ellas pueden ser consideradas como la primera arquitectura cristiana en la península (dado que, de lasv etapas anteriores, todo de lo que disponemos se trata de elementos arqueológicos). Estas iglesias han llegado hasta nuestros días casi de casualidad. Enclavadas por lo general en entornos rurales de gran belleza, son, desde hace muchos años, objeto de mi especial interés. casi podría decir que las colecciono. Me dedico a visitarlas una por una, sin prisas, tratando de evocar el lejano pasado en el que fueron usadas probablemente como exponentes más rotundos de la comunidad que en ellas se dedicaba a la oración. Este verano he podido añadir a mi colección (gracias, B., por tu paciencia) la iglesia de San Fructuoso, en Braga (Portugal).
.
¿Tenéis un fin de semana disponible? En Alcuéscar, al sur de Cáceres, se encuentra la iglesia de Santa Lucía, una joya de triple cabecera que hace veinticinco años era una pura ruina, usada muchas veces como aprisco para el ganado. Visitadla o recorred esta página que os ofrece la información básica sobre el monumento. Y si he logrado interesaros, ojead la presentación que os dejo abajo: tenéis en ella un breve recorrido por el conjunto del arte visigodo. Un arte que alguien quiso que ignorásemos en el bachillerato, pero al que aquí rindo un encendido homenaje.


 

ENSEÑ-ARTE Copyright © 2011 -- Template created by Enseñ-arte -- Powered by Blogger