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15 septiembre 2010

LA FIGURA HUMANA EN EL ARTE RUPESTRE

RAZONES DE UNA AUSENCIA

Cuando repasamos, aunque sea someramente, el catálogo de las pinturas y grabados rupestres realizados durante el Paleolítico Superior, dentro del llamado arte franco-cantábrico, una característica llama rápidamente nuestra atención: la práctica ausencia de representaciones humanas de cualquier tipo, con unas cuantas excepciones aisladas que no vendrían sino a confirmar esta regla.
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Hechicero danzante de la cueva de Les Trois Fréres. Derecha: calco de Henry Breuil. Izquierda: estado actual. Hacia 15.000 a.C.
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Aunque nunca podremos saber con certeza absoluta las razones de este hecho, se han formulado al respecto diversas hipótesis. Así, una teoría asocia la ausencia de representaciones humanas a la existencia de una norma de carácter sociocultural que prohibía, por alguna razón desconocida, llevarlas a cabo. Sería algo semejante a lo que ocurre en la actualidad en la cultura musulmana respecto a las representaciones de la divinidad y su profeta. Por otra parte, no falta quien afirma que para el hombre paleolítico su propia existencia era, desde todo punto de vista, insignificante y en consecuencia indigna de ser llevada a las representaciones rupestres, como ocurrió también con animales como los reptiles, los roedores o los insectos.

Por otra parte, una última teoría relaciona todo el arte rupestre con prácticas características del chamanismo  y considera las pinturas y grabados de las cuevas como el resultado de la entrada en trances alucinatorios, motivados por el consumo de ciertas drogas, por la práctica de diversos ritos y ritmos de danza o por todo ello al mismo tiempo. Algunas de esas alucinaciones conducirían a determinadas visiones, parte de la cuales quedarían representadas en las paredes y techos de las cuevas. Tales visiones tendrían habitualmente relación con las especies que encontramos en ellas, a veces formando sorprendentes conjuntos.

Escena del pozo de la cueva de Lascaux (Francia). Hacia 18.000 años a.C.

Sin embargo, existen unas pocas muestras de figuras humanas en el arte paleolítico. Sin intentar hacer de ellas ningún tipo de catálogo, podríamos señalar la famosa escena del pozo de Lascaux, en la que un ser humano con cabeza de pájaro se muestra caído ante un bisonte cuyas tripas aparecen reventadas por una lanza, mientras en las inmediaciones encontramos un tótem rematado también por una figura de pájaro. O los diversos ejemplos de hombres asesinados localizados en varias cuevas francesas, (como la de Cougnac) en la que un individuo aparece atravesado por varias flechas. así como las manos pintadas que figuran  en las paredes de numrosas cuevas.

Izquierda y derecha: "Hombres asesinados". Cueva de Cougnac (Francia). Hacia 15.000 a.C.

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Izquierda: calco del panel de la cueva de Les Trois-Frères en el que figura un hechicero. Derecha: detalle.
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 Pero tal vez sean los dos famosos hechiceros de la cueva de Les Trois-Frères las figuras humanas más conocidas del arte paleolítico. Uno de ellos parece tañer un instrumento musical, mientras el otro está representado con una acumulación de rasgos diversos: presenta ojos circulares de búho y barba larga y puntiaguda, y su cabeza se remata con una cornamenta de ciervo. Su cuerpo parece ser el de un caballo, así como la cola, mientras que las extremidades son inequívocamente humanas. Por la actitud de las piernas podemos adivinar que el individuo está danzando o saltando, mientras parece volver la vista hacia nosotros, que acabamos de sorprenderlo en ese baile iniciático. No puede cabernos duda de que se trata de un hechicero o chamán en el momento de realizar uno de esos trances mágicos. En conclusión, resulta llamativo el hecho de que las escasas muestras de representaciones humanas en el arte parietal vengan a corresponderse con escenas de violencia en el seno de la misma especie o con hechiceros y brujos que danzan disfrazados. Para alucinar.

No conozco muchas informaciones sobre este tema en Internet. En todo caso, podéis consultar este texto de la revista electrónica de la Sociedad Prehistórica de Londres, sobre uno de los hechiceros  que he citado.

09 septiembre 2009

VENUS PALEOLÍTICAS

LAS PRIMERAS ESCULTURAS DE LA HISTORIA

Con la denominación genérica de "venus paleolíticas" se conoce a un numeroso grupo de esculturas femeninas de pequeño tamaño, localizadas en diversos yacimientos correspondientes al Paleolítico Superior en Europa (Rusia incluida), realizadas tanto en bulto redondo como en relieve y que supera ya el centenar de ejemplares, dejando a un lado el hecho de que representaciones con el mismo motivo se han encontrado también formando parte de algunos conjuntos de pintura rupestre. Antes que otra cosa, conviene precisar que el término de Venus no alude aquí, lógicamente a ninguna divinidad de la belleza y ni siquiera puede afirmarse que corresponda a una cierta idealización de este concepto.

Izquierda: Venus de Lespugue. Marfil. Hacia 26000/24000 a.C. París. Derecha: Venus de Savignano. Esteatita. ¿25.000 a.C.? Roma.

Cuando se trata de analizar estas figurillas, existen varias cuestiones en las que coinciden plenamente todos los investigadores: no cabe duda de que son representaciones femeninas, cuyos autores han puesto un énfasis especial en recoger con el mayor detalle algunos rasgos anatómicos, fundamentalmente los pechos, las caderas y las nalgas, el vientre e incluso la vulva, lo que podría indicar una clara preferencia por los elementos más visibles de la sexualidad femenina. Al mismo tiempo, en muchas de estas figuras observamos también una exageración de la obesidad concentrada en esas zonas del cuerpo, lo que se ha dado en calificar como esteatopigia, aunque tal palabra no figure en el diccionario de nuestra lengua. Además, frente a la presencia de estos caracteres, la mayoría de estas figuras carece de rostro propiamente dicho (aunque a veces se represente el cabello) y se observa en ella la escasa atención prestada a las extremidades que en algunos casos están sólo indicadas muy escuetamente. Finalmente, en casi todas estas piezas resulta evidente la esquematización de la representación humana, que viene a contrastar enormemente con el elevado naturalismo de las figuras de animales características de la pintura rupestre de la misma época.

Venus de Willendorf. Piedra caliza. 24.000/22.000 a.C. Viena.

Dada la amplia extensión geográfica en que se han encontrado estas venus (desde el sur de Francia hasta las estepas siberianas) es obvio que no puede existir un único modelo ni en cuanto a la forma de la figura, ni respecto a su tamaño (oscilan entre los 5 y los 25 centímetros) o la materia prima empleada para realizarlas (piedras de diverso tipo, marfil, hueso, etc.). En todo caso, y pese a la diversidad de modelos existentes, bien pudiera plantearse la existencia de una cierta unidad cultural en el amplísmo territorio en el que se localizan los hallazgos, asociada aquella a la presencia de los Homo Sapiens.

Venus de Brassempouy. Marfil. 26.000/24.000 a.C. París.

Sin embargo, el acuerdo entre los investigadores termina a la hora de dilucidar cuál puede ser el significado que puede atribuirse a estas figurillas. Según unos, cabe entenderlas como primitivas diosas de la fertilidad, teniendo presente lo explícito de los rasgos sexuales femeninos. Partiendo de esta idea, hay quienes las consideran amuletos de uso personal (lo que explicaría la ausencia de pies o de soportes para su colocación en vertical), que podrían asociarse a ideas apotropaicas (propiciadoras de la salud), mientras que otros apuntan a que se trata de una cierta forma de autorretratos (ante lo cual tendríamos que preguntarnos porqué no los hay masculinos). Por último, no falta quien explica su existencia como manifestación del carácter matriarcal de estas sociedades paleolíticas. En el caso de la venus reproducida junto a estas líneas, la presencia de ese cuerno ha llegado a asociarse a la idea de "cuerno de la abundancia", lo que parece poco probable para este tipo de sociedades depredadoras.


Venus de Laussel. Piedra caliza. ¿Hacia 24.000 a.C.? Burdeos.
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Casi con toda seguridad jamás sabremos de manera definitiva porqué se realizaron estas diminutas figuras. Pero ahí quedan (junto a las representaciones de algunos animales) como una de las más antiguas muestras de la escultura humana. Magníficos ejemplos del arte mueble de las sociedades cazadoras-recolectoras del Paleolítico Superior que evidencian la posesión por sus autores de ciertas preocupaciones de carácter estético (aunque no exclusivamente) y el avance respecto a una nueva capacidad de la inteligencia humana: la de realizar objetos artísticos en tres dimensiones.

Izquierda: Venus de Gagarino-1. ¿? Piedra. Ucrania. Derecha: Venus de Dolní Věstonice. Terracota. 29.000/26.000 a.C. Brno, República Checa.

En esta página australiana podréis acceder a un amplio repertorio fotográfico de venus paleolíticas procedentes de diversas partes de Europa, que puede completarse con la excelente presentación sobre escultura paleolítica que ofrece la Bradshaw Foundation. Como ejemplo de análisis de una de estas venus, ved el que ofrece el profesor Witcombe sobre la de Willendorf.

07 septiembre 2009

LA CUEVA DE CHAUVET

EN LOS ORÍGENES DEL ARTE RUPESTRE

Afirmaba una teoría tradicional que el arte rupestre debió surgir en un determinado momento ya avanzado del Paleolítico Superior y que desde entonces se habría producido una difusión de esta nueva capacidad (la de la creación artística) del Homo Sapiens a un número cada vez mayor de grupos, mientras que se desarrollaba un lento proceso evolutivo que conducía a una perfección cada vez mayor de las representaciones. En definitiva, se asociaba la naturalidad de una determinada imagen rupestre (por ejemplo, un bisonte) a momentos avanzados del Paleolítico, mientras que las representaciones más rudas se consideraban de épocas más antiguas. Aunque tal afirmación encontró hace ya tiempo numerosos detractores, no ha sido hasta el descubrimiento de la Cueva de Chauvet-Pont d´Arc cuando la vieja teoría ha podido quedar, empíricamente, descartada.

Superior: Cueva de Chauvet: gran panel en negro.
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Cueva de Chauvet: rinocerontes.
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Pero vayamos por partes. A finales del año 1994 tres espeleólogos recorren unos acantilados rocosos de la región del río Ardèche, situada en el sudeste de Francia. Tras unas horas de paseo, descubren la entrada a una cueva que acabará llevando el nombre de uno de ellos y que en poco tiempo revelará su importancia trascendental para el estudio del arte rupestre, hasta el punto de que poco más de tres años después el conjunto pasa a ser propiedad del estado francés que, desde entonces, se ocupa de su conservación y estudio, encargados a un amplio equipo multidisciplinar. Luego hemos sabido que la entrada de la cueva quedó bloqueada por un derrumbe que debió suceder hace unos veinte mil años, con lo cual su interior se mantuvo, hasta el momento del hallazgo, completamente intacto en cuanto a presencia humana se refiere. Por otra parte, se estima que los grupos paleolíticos ocuparon la cueva en dos periodos distintos, separados entre por unos seis mil años, dejando allí numerosas evidencias de sus estancias.
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Cueva de Chauvet. Izquierda: oso. Inferior derecha: venus.
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La cueva posee un recorrido de medio kilómetro aproximadamente, en el cual se localizan varias enormes salas que en algún caso alcanzan más de treinta metros de altura. Pero dejando aparte la importancia geológica del hallazgo, lo que nos interesa de esta cavidad francesa es antes que nada el amplio repertorio de representaciones rupestres que contiene, tanto en pinturas como en grabados. Actualmente hay localizadas unas 420 figuras de animales y llama la atención que, a diferencia de los que sucede en otras cuevas en las que el número de especies representadas es muy reducido, aquí supere la docena: rinocerontes, ciervos, leones, mamuts, osos, caballos bisontes, etc. Pero es que, además, hallamos en Chauvet especies prácticamente inéditas en otras cuevas, destacando la representación de un búho, la de una pantera y, probablemente, la de una hiena. Parece poder afirmarse, por tanto, que los pintores de esta cueva mostraban una especial predilección por la representación de aquellos animales que (como los leones y otros carnívoros) suponían un claro peligro para los seres humanos. En un caso, parece evidente además la presencia de una venus, algo relativamente habitual en la escultura pero muy escaso en la pintura parietal.
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Cueva de Chauvet. Izquierda: búho. Inferior derecha: rinoceronte.
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En cualquier caso, no se trata solamente de la amplitud de este bestiario paleolítico; al mismo tiempo, las representaciones destacan además por su elevada calidad artística, de un alto naturalismo, quedando pantente el interés de los pintores por imprimir dinamismo a las figuras que en ocasiones, son verdaderas composiciones en las que se muestran escenas de grupo. Incluso hay figuras que nos hablan de una clara búqueda de la perspectiva. Por otra parte, las técnicas empleadas para todo ello son también diversas: pintura (realizada frecuentemente mediante difuminado y otras veces retocada con los dedos), grabado e incluso impresiones sobre arcilla en la pared de la cueva, como en el caso del búho al que antes hemos aludido. Entre los colores, los más empleados son el rojo y el negro, que parecen distribuirse de manera diferente según el lugar de la cueva en el que nos encontremos. Los investigadores creen que el pintor comenzaba realizando la cabeza del animal (y, en su caso, también los cuernos), pasaba luego a efectuar el trazado general de la figura y concluía su trabajo añadiendo los diversos detalles.
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Junto a todo ello, la gran sorpresa proporcionada por la cueva de Chauvet es la antigüedad de sus figuras rupestres. Las dataciones obtenidas por el método del radiocarbono indican que las obras más antiguas fueron efectuadas hace aproximadamente unos 32.000 años, siendo las más recientes unos diez mil años posteriores. Por tanto, cabe asignarlas a diferentes horizontes culturales paleolíticos, que se extienden desde el Auriñaciense-Gravetiense hasta el Solutrense. Así pues nos encontramos probablemente ante las representaciones rupestres más antiguas conocidas hasta el momento. Pero lo importante no es eso únicamente. Ahora tenemos que reconocer que el Arte paleolítico se inició poco después de la llegada a Europa del Homo Sapiens (los hombre actuales,a los que tradicionalmente identificamos como cromañón) y que además lo hizo con unos elevados niveles de calidad. No fue necesario esperar miles de años a que la expresión artística se consolidase. Asombrosamente, parece poder afirmarse que lo hizo así desde sus mismos inicios. Claridad de ideas, podríamos decir.
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Cueva de Chauvet. Superior izquierda: hiena (¿?) y pantera. Derecha: leones.

La cueva de Chauvet-Pont d´Arc tiene una excelente Web, que puede visitarse en castellano, con informaciones diversas y bien ilustradas. Como complemento, puedo recomendaros está otra página francesa (también es español) y la lectura de esta interesante monografía sobre "escuchar al Minotauro".

29 septiembre 2008

LA CUEVA DE LA PILETA

ARTE PREHISTÓRICO Y NEGOCIO CONTEMPORÁNEO

Hace más de 20.000 años algunas bandas de cazadores-recolectores del Paleolítico Superior recorrían la escarpada orografía de la Sierra de Grazalema. En una de sus incursiones siguiendo el curso del río Guadiaro debieron ascender por una de las laderas de un cerro próximo al río. Habituados ya a este tipo de paisajes, y contando con la fortuna como aliada, encontraron allí una cueva en la que tal vez hallaran refugio durante unos días. Pero no sólo refugio, en sucesivas ocasiones esos grupos de homo sapiens paleolíticos también emplearon la cueva como lugar idóneo para realizar sus representaciones de animales y signos y probablemente sus ceremonias de magia propiciatoria de la caza. Durante mucho, mucho tiempo, en el transcurso de innumerables generaciones, la visitas ocasionales a la cueva seguirían repitiéndose. Los cazadores pasaban en la zona unos pocos días y luego continuaban su habitual recorrido nómada, en busca de nuevos recursos alimenticios.

Siguió pasando el tiempo y llegó el siglo XX. En 1905, casi con toda certeza más de veinte mil años después de la primera entrada de los hombres paleolíticos en la cueva, un campesino de la zona, buscando abono de murciélago, la descubrió de manera oficial. El avispado campesino logró hacerse con la propiedad del terreno y esta es la razón por la cual, cuatro generaciones después, la cueva de La Pileta sigue estando, de manera incomprensible, en manos privadas. De este modo, la cueva que puede considerarse como la mejor muestra del arte rupestre franco-cantábrico en territorio andaluz está sometida a un régimen de explotación económica basado en la obtención de beneficios, con horarios que no se cumplen, con precios abusivos y con guías no cualificados que durante años han empleado lámparas de petróleo para mostrar las pinturas, lo que ha supuesto un cierto deterioro. Todo ello ha generado además algunos desacuerdos entre los propietarios de la cueva y la administración andaluza, que han llegado hasta el Tribunal Supremo.

Formaciones de estalactitas en el interior de la cueva.

La Pileta es una cavidad de considerables dimensiones en la que se distinguen diversos niveles y salas en los cuales se localizan más de tres mil motivos rupestres correspondientes a dos grandes etapas: de un lado, las pinturas pertenecientes al Paleolítico Superior; de otro, los repertorios postpaleolíticos, encuadrables en niveles correspondientes al Neolítico y a la Edad de los Metales.

Gran pez y signos esquemáticos de La Pileta. Hacia 15.000 a.C.
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En tan amplio conjunto destacan sobremanera las representaciones de fauna propia del paleolítico, con más de 80 figuras zoomorfas. Se asignan a las etapas que van desde el Solutrense antiguo hasta el último Magdaleniense, con una cronología que podría situarse entre unos veinte mil y ocho mil años antes del presente. Las especies representadas son diversas: uro, caballo, ibix, ciervo y cabra montés. Llaman la atención especialmente lla yegua preñada del denominado "santuario" y el gran pez de metro y medio de longitud de la última sala, una representación poco frecuente en la pintura paleolítica y que se ha identificado con un mero o una platija. Predominan siempre los silueteados y el empleo de los tres colores característicos de la etapa: rojo, amarilo y negro. Junto a los animales aparecen también pinturas esquemáticas e ideomorfos de difícil interpretación.

Por otra parte, el negro fue el color predominante empleado para las pinturas postpaleolíticas, en las que el esquematismo se impone de manera completa. En su mayor parte se han asignado a una etapa neolítica, corroborada por el hallazgo de algunos recipìentes cerámicos en el interior de la cueva. Se asigna a estas manifestaciones una cronología de unos cinco mil a tres mil años antes de Cristo.
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"Macaronis" rupestres.
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He visitado en nueve ocasiones la Cueva de La Pileta, acompañando a grupos de alumnos de los centros en los que he impartido clases. Siempre efectué el recorrido con la misma ilusión que la primera vez. Y siempre me pregunté como un conjunto artístico (también geológico) de esta importancia podía encontrarse en manos privadas. Nunca sabremos con certeza si la cueva fue, además de un lugar de asentamiento provisional, un santuario en el que los hombres paleolíticos llevaban a cabo ritos de iniciación y propiciatorios de la caza. Seguirán formulándose teorías al respecto, pero la bruma de los miles de años transcurridos desde la primera ocupación seguirá velando el misterio. Nosotros, en cambio, deberíamos velar porque las pinturas de la cueva no se deterioren más y, dentro de otros veinte mil años puedan seguir siendo admiradas.
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Existe una web, organizada por la autodenominada "plataforma de amigos de La Pileta" en la que se ofrecen informaciones variadas sobre la cueva, algunas carentes de rigor histórico y con abundantes errores de expresión, como la que identifica una "venus paleolítica" entre las pinturas. Visitad también esta página, con texto y galería fotográfica. Como muy probablemente no visitaréis la cueva, aquí tenéis una PPT con imágenes de algunas de sus impresionantes pinturas.
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30 septiembre 2007

LA FAUNA DE LA PINTURA PALEOLÍTICA

EL "BESTIARIO" DEL HOMBRE PREHISTÓRICO

Oso y cabra de la cueva de Chauvet (Francia). Hacia 31000 a.C.

Tan acostumbrados estamos a ver las pinturas de Altamira o las de Lascaux que quizás creemos que los cromañones del Paleolítico Superior sólo representaron en las paredes de las cuevas bisontes y caballos. Nada más lejos de la realidad. Es bien cierto que ambas especies son las más abundantemente representadas, pero no lo es menos el hecho de que si profundizamos un poco en la cuestión encontraremos otros muchos animales, De eso trata esta presentación, que presenta un abanico de ese bestiario objeto de atención por parte de los cazadores paleolíticos.

Rinoceronte. Cueva de Chauvet (Francia). hacia 31000 a.C.

Desde luego hay más fauna representada en las cuevas del Cuaternario, pero o las imágenes disponibles no son buenas o el estado de conservación no permite apreciar las figuras con claridad. No obstante, lo que ahora vais a ver creo que es un muestrario suficiente.

La música que acompaña a la presentación es la Obertura del disco "Lezao", del compositor vasco Tomás San Miguel, del que ya nos hemos ocupado aquí. Música de evocaciones ancestrales para un tema ancestral: el origen del arte.

28 septiembre 2007

POWER POINT DE ARTE PALEOLÍTICO

PRESENTACIONES DEL PRIMER TEMA

Dejo aquí las dos primeras presentaciones que corresponden a nuestro primer tema: el arte prehistórico. Comenzamos con la introducción general a esta etapa, empleando algunas tramas conceptuales y diversos mapas que os sitúen en el espacio geográfico. Luego, nos detenemos en el arte del Paleolítico Superior, con la presentación dedicada al arte rupestre y al arte mobiliar, prestando especial atención a dos cuestiones: las pinturas de la zona franco-cantábrica (también las de la cueva de La Pileta, aquí en Andalucía) y las denominadas "venus paleolíticas".


ARTE PREHISTÓRICO. INTRODUCCIÓN
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ARTE PALEOLÍTICO
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27 septiembre 2007

¿CUÁNDO COMENZÓ EL ARTE?

LOS ORÍGENES DE LA EXPRESIÓN ARTÍSTICA HUMANA
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Habitualmente se vincula la aparición de las primeras manifestaciones artísticas al comienzo del Paleolítico Superior (hace unos 40000 años) y a la consolidación el el registro fósil de una nueva especie, el Homo Sapiens, cuyas facultades intelectuales le permitirían un grado de abstracción suficiente como para alcanzar el mínimo nivel de simbolismo que el arte requiere.
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Sin embargo, es posible que en la etapa anterior, el Paleolítico Medio, el Homo Neanderthalensis efectuase ya una primera aproximación al arte, como acreditarían el empleo de algunos objetos de adorno personal y ciertos elementos que aparecen como ofrendas en algunos enterramientos. En todo caso, ambos hechos estarían más cerca de las prácticas artesanales que de las puramente artísticas.
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Venus de Tan-Tan. (¿Hacia 400000?).

Incluso, remontándonos más hacia el pasado, en el Paleolítico Inferior, se conocen dos piezas que algunos autores consideran primeras muestras de arte. La más antigua, llamada Venus de Tan-Tan (a la que se atribuyen unos 400000 años de antigüedad), fue hallada en unas excavaciones arqueológicas en Marruecos. Se trata de un pequeño guijarro que presenta rasgos antropomorfos merced a algunas hendiduras. Le sigue en antigüedad la llamada Venus de Berejat Ram, de entre 300000 y 250000 años, procedente de Siria: una diminuta pieza de roca volcánica con rasgos semejantes a la anterior. Para unos, las incisiones que presenta son obra humana, mientras para otros son simplemente el resultado de la acción de la naturaleza.

Mamut de Volgelherdhöhle. (Unos 35000 años).

Entonces, ¿cuál es, con seguridad, la primera manifestación artística humana? Nunca podremos responder a esta pregunta de forma inequívoca. Pero al respecto podemos considerar el reciente hallazgo producido en la cueva alemana de Volgelherdhöhle, una pequeña esculturilla de un mamut tallado en marfil. No alcanza los 4 cm de altura y pesa sólo 7,5 gr., pero su descubridor, basándose en el contexto arqueológico, le asigna una antigüedad de unos 35000 años. En la misma excavación se encontraron fragmentos de otras esculturas, uno de los cuales parece representar a un león.

De este modo, y por el momento, ese pequeño mamut sería la obra de arte más antigua de la humanidad. Llevaría ya enterrado en su cueva unos 10000 años cuando se esculpió la Venus de Willendorf y ¡20000! cuando se pintaron los bisontes de Altamira.

Caballo. (unos 31000 años).

De cualquier manera, pocos milenios después de que se tallase el mamut, encontramos que las manifestaciones artísticas empiezan a proliferar. En la misma cueva alemana se ha encontrado una escultura de un caballo a la que se asignan 31000 años y casi de la misma época deben ser las pinturas más antiguas de la cueva de Chauvet, en Francia.
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Pero a nosotros, más que la obra de arte más antigua, sea la que fuere, nos interesa sobre todo retener la idea de que a partir de ella se inicia un extenso, apasionante e ininterrumpido camino que llega hasta nuestros días. el camino de la Historia del Arte, que vamos a recorrer en los próximos meses. Está lleno de experiencias asombrosas y de realizaciones inolvidables. Unas y otras arrancan, tal vez, de una cueva en la que un ser humano dejó claro, hace muchos miles de años, que ya no era uno más entre los animales de la zona, que tenía ideas y de que era capaz de expresarlas en un soporte material. Había nacido el Arte... nada menos.
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¿Para qué sirve el arte? En esta página podéis leer informaciones sobre esta interesante cuestión. Y en esta otra podréis realizar una visita virtual (en español) a la cueva francesa de Chauvet, con asombrosas pinturas de gran antigüedad. Por último, desde este portal se accede a todo lo que se ha publicado en los blogs del mundo sobre el ya famoso mamut alemán.
 

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