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29 noviembre 2009

EL CORRAL DEL CARBÓN

UNA ALHÓNDIGA NAZARÍ


Fundaq. ¡Qué rotunda y hermosa resulta la pronunciación de esta palabra árabe! (probablemente derivada del griego) y de la cual se han derivado los vocablos castellanos fonda y alhóndiga. Pero, ¿qué era un fundaq? Con este término se hacía referencia en Al Andalus a aquellos lugares relacionados con la actividad comercial que cumplían una triple función: alojar a los mercaderes de paso por la ciudad, proporcionarles un almacén donde guardar sus mercancías (que serían vendidas allí mismo o reenviadas a los zocos) y, por último, atender y cobijar a las caballerías con las que aquellos se desplazaban.

Las fuentes escritas dejan clara la abundancia de estas alhóndigas en la España musulmana, pero sólo una de ellas ha llegado hasta nuestros días. Se trata del llamado Corral del Carbón de la ciudad de Granada, cuyo nombre original parece que fue el de fundaq al-yadida o alhóndiga nueva, ya que su construcción, datable en la primera mitad del siglo XIV, es posterior a la de las otras dos que existían en aquella ciudad. El edificio ha sido destinado a diversos usos a lo largo del tiempo y poco ha faltado para su demolición, así que es casi un milagro que se haya conservado en sus trazas originales, dejando a un lado, claro está, algunos elementos definitivamente perdidos y las necesarias restauraciones.


El Corral del Carbón, cuyo nombre actual se debe a que se dedicó precisamente a la venta de carbón en diversas épocas tras la reconquista cristiana de la ciudad, es una construcción de planta prácticamente cuadrada (28 x 29´6 metros) que presenta en su lado norte una interesante portada monumental sobresaliente del resto del edificio. La organización del conjunto es bien sencilla. Posee un gran patio con una fuente en su centro, en torno al cual se disponen cuatro naves de reducida profundidad (unos 2,7 metros) levantadas en tres pisos. Cada uno de ellos se divide en pequeñas habitaciones separadas, a las cuales se accede mediante vanos adintelados que en las dos plantas superiores se abren a galerías cubiertas con armadura simple de madera. En todos los casos los elementos sustentantes son pilares de sección cuadrada (de piedra en la planta baja y de ladrillo en las otras dos) sobre las que apean grandes zapatas de madera. Únicamente en los lados paralelos al eje de la puerta se dispusieron sendas escaleras de acceso a los pisos altos.





En conformidad con lo que suele ser habitual en la arquitectura islámica, el Corral del Carbón no poseía vanos que abrieran al exterior, salvo el de la propia portada. Sin embargo, ésta destaca en el conjunto por su carácter monumental. Presenta un cuerpo rectangular sobresaliente del resto del edificio y que se eleva hasta los diez metros de altura, alcanzando 6,6 de ancho. Podemos dividirla en dos cuerpos. El inferior posee un gran arco de herradura festoneado, todo él hecho en ladrillo y con las albanegas decoradas con yeserías en ataurique. Por encima de la línea superior del alfiz corre otra yesería con decoración en caracteres cúficos en la que se reproduce la azora 112 del Corán: "Dios es único, Dios es eterno, no engendró ni fue engendrado, ni tiene compañero alguno". El cuerpo superior de la portada muestra un dintel de ladrillo adovelado sobre el que se sitúa en el centro una ventana ajimezada flanqueada por arquillos ciegos coronados por paños de sebka.


Toda esta portada se cubre con un amplio tejaroz de madera, sostenido por dos grandes estribos de ladrillo que enmarcan el conjunto. Además, al traspasar el arco podremos observar como el zaguán ha conservado una bóveda de mocárabes en yeso que originariamente debieron estar pintados. Bajo ella apreciamos otra ventana geminada que proporcionaba luz a una habitación desde la cual probablemente el alhondiguero podría controlar tanto la calle como el gran patio interior. También aquí podemos apreciar atauriques y cartelas con inscripciones cúficas y, en los laterales, arquillos ciegos, en este caso angrelados.
  

En definitiva, cuando contemplamos este Corral del Carbón granadino estamos viendo un modelo de edificio originario del Islam oriental, el caravansar, habitualmente situado  en zonas de paso de las rutas caravaneras, pero cuya funcionalidad lo hizo idóneo para su difusión por todo el Mediterráneo musulmán. Sin embargo, algunos de los elementos decorativos nos muestran la aportación de la arquitectura nazarí al modelo original. En todo caso, el edificio da clara  muestra de la importancia que poseían las actividades comerciales y la misma vida urbana en la sociedad anadalusí y es ejemplo vivo de otros muchos de formas semejantes que debieron existir en la península. Un mundo de ciudades. Como ahora.

En esta página disponéis de otra descripción de este edificio y en esta otra hay un diaporama y bibliografía.

18 marzo 2009

LA FUENTE DE LOS LEONES

EN TORNO AL PARAÍSO MUSULMÁN

He asistido hoy a la inauguración de una réplica de la fuente del Cuarto de los Leones de la Alhambra de Granada, realizada por alumnos y profesores del IES "José María Infantes" de Utrera (Sevilla) quienes, coordinados por un entusiasta director, llevan a cabo un curioso e interesante proyecto de reproducción de obras de arte. Durante el acto, recordaba la belleza de ese patio singular, con el que podría decirse que concluye la construcción de la Alhambra islámica.

El Cuarto de los Leones, cuya edificación ordenó el sultán Muhammad V en 1377, se organiza en torno a un patio de crucero de planta rectangular, inspirado en lejanos precedentes persas, que viene a simbolizar el universo. Dicho patio muestra en sus cuatro lados galerías sostenidas por un total de 124 columnas típicamente nazaríes (de una esbeltez tal que nos hace pensar en las palmeras de los oasis) y posee un pabellón en cada uno de los extremos del eje mayor. Además, está dividido en cuatro partes separadas por otros tantos pequeños canales que simbolizan los cuatro ríos del paraíso e, incluso, los cuatro puntos cardinales. En el centro de ese cosmos figurado se sitúa esta fuente que da nombre al conjunto y que no sería más que un trasunto de la que se encontraría en el mismo centro del paraíso, según nos narran los libros sagrados de las grandes religiones monoteístas, a todas luces una representación del poder divino, dador de vida.

Esa fuente que hoy han reproducido en ese instituto de Utrera consta de un amplio vaso sostenido por doce leones de mármol blanco que, al mismo tiempo, expulsan agua por sus bocas. Destacan en tales figuras dos cuestiones: de una parte, su aspecto monolítico que recuerda la labra de las esculturas orientales y que contrasta con el cuidado que ha puesto el artesano en su talla, reflejado en pequeños detalles anatómicos. Por otra, el agrupamiento de estas fieras por parejas: seis machos y seis hembras. No puede decirse que nos encontremos ante unas figuras naturalistas, pero sí que resulta evidente el interés del escultor por dejar patentes algunas señas de individualización.

Sobre el origen de la fuente no existe certeza absoluta. La opinión más extendida considera que los leones pertenecieron a un palacio granadino de inicios de la segunda mitad del siglo XI, mandado construir por el visir judío Yusuf Ibn Nagrela, siendo el número de leones una evidente alusión a las doce tribus israelitas. Tres siglos después, el grupo escultórico sería reaprovechado en este patio de la Alhambra, aunque ahora la simbología cambiaba de manera radical: el agua, como si de plata fundida se tratase, vendría a representar un regalo divino del que el sultán resulta depositario y, acto seguido, el líquido elemento alcanza a los leones, símbolos ahora de los súbditos-guerreros del sultán a quienes éste prodiga sus favores. Para que la transformación simbólica quedase acreditada, en el nuevo y amplio vaso octogonal con el que se coronó el conjunto se talló un alambicado poema de Ibn Zamrak (1333-1393), que fue secretario de la cancillería nazarí. Así pues, algo que fue escrito hace ya más de 630 años en un ambiente áulico era hoy vagamente recordado en un entorno escolar. De la montaña al llano. Merece la pena que leamos ahora nosotros esos versos:

"Bendito sea Aquél que otorgó al iman Muhammad
las bellas ideas para engalanar sus mansiones.
Pues, ¿acaso no hay en este jardín maravillas
que Dios ha hecho incomparables en su hermosura,
y una escultura de perlas de transparente claridad,
cuyos bordes se decoran con orla de aljófar?
Plata fundida corre entre las perlas,
a las que semeja belleza alba y pura.
En apariencia, agua y mármol parecen confundirse,
sin que sepamos cuál de ambos se desliza.
¿No ves cómo el agua se derrama en la taza,
pero sus caños la esconden enseguida?
Es un amante cuyos párpados rebosan de lágrimas,
lágrimas que esconde por miedo a un delator.
¿No es, en realidad, cual blanca nube
que vierte en los leones sus acequias
y parece la mano del califa, que, de mañana,
prodiga a los leones de la guerra sus favores?
Quien contempla los leones en actitud amenazante,
sabe que sólo el respeto al Emir contiene su enojo.
¡Oh descendiente de los Ansares, y no por línea indirecta,
herencia de nobleza, que a los fatuos desestima:
Que la paz de Dios sea contigo y pervivas incólume
renovando tus festines y afligiendo a tus enemigos!»
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Información general sobre el Cuarto de los Leones en esta Web no oficial de la Alhambra, aunque muy completa, como podréis comprobar leyendo este artículo sobre la fuente. Más información en este texto.

28 noviembre 2008

LA SALA DE LOS REYES DE LA ALHAMBRA

SOBRE PALACIOS NAZARÍES, PINTURA GÓTICA Y FRONTERAS HUMANAS

"Granada: historia de un país islámico". Así se titulaba el magistral libro que uno de mis grandes maestros de la Universidad dedicó al sultanato nazarí. Y no le faltaba razón: en los últimos siglos de la Edad Media, lo que solemos llamar impropiamente Reino de Granada constituía un verdadero exotismo en la Europa cristiana; un país de musulmanes, gobernado por sultanes que en sus plegarias cotidianas invocaban a Alah. pero aquelos muslmanes acogidos a la protección que les proporcionaban las montañas del oriente de Andalucía tenían frente a sí las tierras de Castilla y, entre ambos mundos, una frontera (la denominada banda morisca) marcaba una clara línea de separación en cuanto a formas de vida, creencias y realizaciones culturales.

Situación de la sala de los Reyes junto al patio de los Leones. Alhambra. Granada.

Sin embargo, afortunadamente las fronteras no eran entonces impermeables. Cierto, muchas veces eran mudos testigos de enfrentamientos bélicos entre granadinos y castellanos. pero también en frecuentes ocasiones pasaban por ellas influencias diversas en las dos direcciones, evidenciando así una verdad universal: ninguna de las culturas humanas puede cerrarse a las aportaciones de las demás.

De todo lo que decimos tenemos una excelente muestra en el corazón de los palacios nazaríes de la Alhambra. Me refiero a la denominada Sala de los Reyes (1362), el conjunto que cierra el lado oriental del famoso Patio de los Leones. Se trata de una edificación de planta rectangular con una compleja organización. Su parte frontal, que da al patio, adopta la forma de una nave corrida de más de 30 metros, en la que se han dispuesto arcos dobles de mocárabes cuyas albanegas muestran una hermosa decoración vegetal, muy naturalista. El muro que separa esta nave del patio está abierto a él por tres grandes vanos, lo que proporciona al interior un interesante efecto de luces y sombras. Por lo demás, y con el característico horror vacui del arte islámico, todas las paredes están decoradas con zócalos de azulejos y, más arriba, yeserías.

Arriba: izquierda y derecha: vistas de la nave frontal de la Sala de los Reyes (1362). Alhambra Granada.
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Por otro lado, la parte interior de la Sala de los Reyes está dividida por una serie de tabiques perpendiculares al eje mayor de la nave, generando así siete compartimentos de diferente anchura, de los cuales los tres mayores, a modo de alcobas, son coincidentes con los vanos exteriores. No hay en la Sala puerta alguna, lo que hace pensar que este espacio singular se dedicase exclusivamente a fiestas y actos protocolarios más que a residencia habitual.

Arcos de mocárabes y detalle de la decoración de las albanegas.

Hasta aquí, todo el conjunto resulta un claro exponente del arte islámico nazarí, realizado en la segunda mitad del siglo XIV. Pero cambiemos nuestra perspectiva y subamos nuestra vista hacia los techos. En los que corresponden a las tres alcobas antes señaladas hallamos tres falsas bóvedas que albergan un rico conjunto de representaciones pictóricas figuradas, realizadas sobre cuero revestido de una gruesa capa de yeso. La bóveda central muestra a diez personajes sentados en círculo que se han identificado con otros tantos reyes nazaríes (de ahí el nombre de la Sala). Es evidente que visten a la moda islámica. Por su parte, las bóvedas laterales nos muestran escenas galantes de caballeros y damas, de cacerías y de juegos.

Decoración pictórica (abajo, detalle) de la bóveda central de la Sala de los Reyes. (Fines siglo XIV-Comienzos siglo XV). Alhambra, Granada.

Todo el conjunto pictórico debió realizarse a finales del siglo XIV o en los primeros años del siglo XV y su autoría se atribuye a artistas cristianos que manejan un estilo gótico de inspiración toledana, con algunas influencias que pueden remontarse incluso a ambientes artísticos italianos. Cuando nos referimos al arte islámico solemos afirmar que rehuye la decoración figurada, con muy escasas excepciones. Pero aquí, en esta asombrosa Sala, disfrutamos de unas flores bien naturales en las albanegas de los arcos y, si no fuera bastante, de todo un repertorio de figuras humanas, realizadas por artistas cristianos en el corazón de un país musulmán.

De manera que, claro que sí, hubo influencia mutua y permeabilidad de las fronteras y hemos de imaginar a artistas de aquellas dos grandes religiones yendo en una y otra dirección (podemos encontrar el ejemplo contrario en el Alcázar de Sevilla). A fin de cuentas, entre los seres humanos, ¿para qué sirve una frontera?

Sobre esta espectacular sala, leed las informaciones que proporcionan el Patronato de la Alhambra y esta otra web. Además, aqui podréis hacer una vista virtual a la Sala y a otros espacios de los palaciós nazaríes.
 

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