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18 junio 2014

ROMANOS EN EXTREMADURA: EL ARCO DE CÁPARRA

La Vía de la plata a su paso por Cáparra
En la Hispania romana los distintos núcleos poblacionales estaban conectados por calzadas de diversa índole e importancia. Muchas de estas vías de comunicación que vertebraban la Península Ibérica eran verdaderas autopistas en el Mundo Antiguo. Hacia el oeste, la conocida como Vía de la Plata -cuyo nombre nada tiene que ver con el comercio argénteo- unía el norte con el sur, Astorga con Mérida, trazando un recorrido jalonado por poblaciones de cierta entidad. 

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Vista aérea del yacimiento de Cáparra
Hoy en día, alguna de esas ciudades o pueblos romanos, como Salmantica (Salamanca) son localidades destacadas en nuestra geografía.  Sin embargo, el devenir histórico tenía reservado un destino mucho más tímido a ciertos lugares que en la actualidad no son más que yacimientos rescatados del abandono al que un día fueron condenados. Es el caso de Cáparra -a pocos kilómetros de Plasencia-,  una ciudad romana situada en la provincia de la Lusitania con un posible pasado prerromano que adquirió el estatus de municipio de derecho latino durante el mandato de la dinastía Flavia (69-96 dC).

Pero antes de caer en el olvido en torno al siglo IX, Cáparra fue una ciudad que gozó de buena salud en gran parte debido a su condición de paso obligado. Su origen etimológico, que parece hacer referencia a un lugar de intercambio, nos da pistas de la importancia del municipio en transacciones comerciales en el contexto de la Vía de la Plata. Pero desde luego, lo que nos deja claro que Cáparra fue una ciudad notoria en tiempos romanos son sus espléndidas ruinas que ya empezaron a despertar el interés de eruditos locales y estudiosos nacionales hacia el siglo XVII.

Tetrapylum. Se observan en primer plano los
pedestales para esculturas.
De entre todos los restos localizados hasta el momento en la ciudad destaca por su magnificencia y singularidad el tetrapylum, un arco de cuatro caras situado probablemente en la unión del cardo y el decumano, las dos calles principales de la urbe romana. Los pilares de este monumento sustentan cuatro arcos de medio punto enfrentados dos a dos formando una bóveda de arista en su intersección. Los arcos están decorados por una moldura en el trasdós. Por su parte, los pilares se asientan sobre unos basamentos rematados por una cornisa. En las puertas norte y sur del tetrapylum, las que coincidirían con el decumano,  se encuentran pedestales de esculturas, hoy desaparecidas, que muy posiblemente debido al tamaño de estos podios fueran de carácter ecuestre. Toda esta sección de la construcción está formada por sillares bien tallados que encajan a la perfección entre sí.

La parte superior del arco, con la que se estima que alcanzaría trece metros de altura, cinco más que en la actualidad, ha desaparecido. Tan sólo se conserva un núcleo de opus caementicium que hoy en día corona en el monumento. Los arqueólogos suponen que ese tramo del edificio estuvo compuesto por  un arquitrabe, un friso con cornisa y quizás un ático. 

Gracias a las inscripciones epigráficas que se conservan en el arco sabemos que quien mandó erigir el monumento, Fidius Macer, cumplía los deseos testamentarios de sus progenitores, Marcus Fidius Macer, un destacado ciudano del municipio, y Bolosea. La inscripción rezaba lo siguiente:

BOLOSEA(E) FIDI(O)
PELLI F. MA(CRI. F)
M. FIDIVS MACE(R EX)
TESTAMENTO F (C)

"Marco Fidio Macer, erigió este monumento, según testamento, en honor de Bolosea, hija de Pellio y de Fidio, hijo de Macer"

Miliario hallado en Cáparra

Otros elementos arquitectónicos que nos ayudan a revelar la importancia pretérita de Cáparra son sus termas públicas, un edificio de planta cuadrada compuesto por varias dependencias. Asimismo, en el centro de la  ciudad, que estaba totalmente amurallada, se encuentra el foro al que se accedía a través de tres puertas y donde se encontraba la basílica, la curia y tres templos. También es posible que el municipio contara con un anfiteatro y un acueducto. Además en una campaña arqueológica se halló un miliario de época de Nerón que indica la distancia desde el lugar hasta Emérita Augusta. 

Cáparra comenzó a perder importancia a fines del Imperio romano, pero el tránsito de la Antigüedad a la Edad Media y los cambios poblacionales que se produjeron en este contexto asestaron el golpe definitivo a esta ciudad y  con él se inició la larga agonía que finalizaría antes de la llegada de los musulmanes a ese área de la Península. No obstante, posiblemente, el abandono del otrora destacado municipio romano ha permitido la conservación de su monumento más destacado, el arco cuadrifronte, único de esta tipología en España.

Las ruinas de Cáparra bien merecen una visita.  Cerca del yacimiento hay un centro de interpretación. En esta web encontraréis muy buenas fotos sobre de los restos arqueológicos y en este video podéis haceros una idea de cómo era el arco en época romana.

  

11 noviembre 2010

ANFITEATRO

TODO POR EL ESPECTÁCULO

Probablemente se trate del tipo de edificio público que mejor podamos asociar con las creaciones arquitectónicas de época romana. De hecho, el anfiteatro es una creación propia y original de Roma, que carece de precedentes en culturas anteriores y que tampoco tuvo herederos directos en las civilizaciones posteriores a la época clásica (a no ser que, rizando el rizo, podamos considerar así a las actuales plazas de toros). Su propia denominación en griego hace alusión a la forma de su planta, resultado de la unión de dos teatros por el lado extremo de sus escenarios. Sin embargo, y teniendo presente que el teatro romano posee planta semicircular, la unión de dos de ellos habría dado lugar a un edificio de planta circular, cuando es evidente que la gran mayoría, por no decir todos los anfiteatros, muestra una planta claramente elíptica u ovalada.

Superior: Anfiteatro Flavio (80 d.C.), Roma. Inferior: anfiteatro (80 a.C.), Pompeya.

La novedosa creación de este tipo de edificios se basa en la difusión en Roma de una serie de prácticas relacionadas con lo que podríamos denominar el mundo del espectáculo. Ya en época republicana se había extendido entre los romanos la costumbre de asistir a combates entre gladiadores, a luchas entre hombres armados y distintos tipos de animales salvajes y, finalmente, a representaciones conmemorativas de determinados hechos bélicos que cantaban las virtudes y la valentía de los ejércitos romanos. Fue, por tanto, para este tipo de espectáculos y otros semejantes (condena de prisioneros a ser muertos por las fieras, luchas de  animales salvajes entre sí, etc.) para los que se crearon los primeros anfiteatros, surgidos en los años finales de la República. Así, el anfiteatro más antiguo levantado en piedra es el que todavía hoy se conserva en la ciudad de Pompeya, erigido hacia el año 80 a.C.

En torno al año 56 a.C. Curión el Joven organizó en Roma unos juegos funerarios en honor de su padre y, para ello, hizo levantar contiguamente dos teatros de madera, uniendo por completo sus graderíos. Años más tarde, en el 29 a.C., Estatilio Tauro impulsó la construcción, en la Ciudad Eterna, del primer anfiteatro de piedra, que resultó destruido en el famoso incendio de Nerón del año 64 d.C. Así las cosas, años después Vespasiano ordenó la construcción de un nuevo anfiteatro que será ya el paradigma de los erigidos por todo el Imperio: nos referimos, claro está, al Coliseo o Anfiteatro Flavio, con capacidad para unos 50.000 espectadores e inaugurado en el año 80.

Planta del anfiteatro de Mérida (hacia  8 a.C.).

En general, los anfiteatros fueron levantados empleando las diversas técnicas edilicias romanas, siendo las más utilizadas en la construcción de estas gigantescas moles el hormigón (opus caementicium) y el ladrillo (opus latericium), completados con piedras (entre ellas, diversos tipos de mármol) en las zonas más destacadas o nobles de la edificación. En ella, podemos distinguir dos grandes zonas. De un lado, la arena, donde se llevan a cabo los distintos espectáculos, y bajo la cual suele haber una fosa cubierta con tablones de madera (fossa bestiaria) que posee  carácter auxiliar. De otro lado, la cavea o graderío, dividido a su vez en varios sectores según la prolongación en altura del edificio. Además, estos edificios solían levantarse de manera exenta y en toda su altura (empleando entonces la clásica superposición de órdenes constructivos habitual en Roma), aunque en ciertas ocasiones (como sucede en Itálica, Sevilla) podían apoyarse en una ladera, de modo que sólo la parte superior quedaba por completo descubierta.

Anfiteatro de Itálica (hacia 120 d.C.).  (Santiponce, Sevilla).

En cualquier caso, los anfiteatros sufrieron las consecuencias de los cambios de modas y costumbres que comenzaron a darse a fines del Bajo Imperio. Así, ya a comienzos del siglo IV d.C. la influencia del cristianismo había conseguido que se eliminase la ejecución mediante fieras salvajes (no nos oldidemos de las famosas persecuciones). Algo más de un siglo después sucedía lo mismo con las luchas entre gladiadores. Desde entonces, los anfiteatros levantados por todo el Imperio comenzaron a servir para los usos más diversos: cementerios, canteras de aprovisionamiento de materiales constructivos, lugares de habitación, etc. Muchos de ellos acabaron en la ruina más completa, porque su tiempo histórico había concluido. ¡Ave César, morituri te salutant!

Sobre este tema podéis consultar la información que se presenta en este apartado de la "Historia de la arquitectura en España". Es muy interesante la serie de vistas aéreas que se ofrece en esta Web. Por último, desde la Wikipedia en español podemos acceder a numerosos ejemplos de estos edificios.

02 noviembre 2009

ARCOS DE TRIUNFO ROMANOS

POR LA FUERZA DE LAS ARMAS


El imperio romano. Es posible que muchas veces no reparemos, cuando evocamos este concepto, en que la expansión de Roma por todas las orillas del Mediterráneo no se hizo, ni mucho menos, de una manera pacífica. Que fueron múltiples las guerras y las campañas militares que se ocultan tras esa idea imperial, de puro dominio de otros pueblos, que Roma descubrió muy pronto, casi en los primeros tiempos de la República.


Arco de Tito (81 d.C.) y detalle de uno de sus relieves. Roma.

En todo caso, la guerra fue un instrumento muy habitual en la política de todas las grandes civilizaciones de la Edad Antigua, pero quizás sea con los romanos cuando las actividades militares y las tareas con ellas relacionadas alcanzan un nivel superior. Ni la ferocidad de los asirios, ni la rigidez de los espartanos encuentran parangón en el genio militar romano, que convierte a las actividades bélicas en todo un modelo de organización y eficacia, basado en un nuevo tipo de unidad militar (la legión) y una inconcbible duración de lo que ahora llamaríamos servicio militar, obligatorio para todos los ciudadanos entre los 17 y los 45 años y aún después, al formar parte forzosa de los contingentes de reserva.


Arco de Septimio Severo (203 d.C., Roma) y detalle de su vano central (izquierda e inferior).

La importancia de lo militar en el mundo romano implica necesariamente la de aquéllos que dirigían el ejército y, en consecuencia, el cursus honorum de cualquier político romano exigía su participación directa en las campañas de guerra y el que éstas, si concluían en victorias, pudiesen traer aparejada la proclamación por el Senado del "triunfo" del vencedor. Fue así como Roma, desde época muy temprana, comenzó a festejar la victoria de sus jefes guerreros, erigiendo construcciones efímeras (arcos triunfales) bajo las cuales desfilaban las tropas o los prisioneros de guerra o se exponía parte del botín obtenido, mientras tenían lugar en la ciudad celebraciones diversas. Estos arcos de triunfo eran levantados en madera o ladrillo pero con el tiempo, y llegados ya a la época imperial, pareció más conveniente edificarlos en piedra, tratando así de asegurar de manera imperecedera la gloria y la fama de aquellos a quienes estaban dedicados.

De este modo se llegó a lo que hoy identificamos propiamente como arco de triunfo romano, una construcción pétrea y exenta en la que se abre un número impar de vanos (por lo común uno o tres, en este caso siendo el centarl de mayor altura y anchura que los laterales) y decorada con relieves alusivos al hecho conmemorado y otros símbolos (por ejemplo, victorias aladas), disponiéndose además en una de sus caras o en ambas inscripciones en letra capital que narran las campañas realizadas y elogian a quien las dirigió. Ni siquiera era necesario que el arco triunfal estuvise erigido en la propia Roma, de forma que hoy podemos disfrutar de algunos de estos ejemplares en los más diversos rincones del imperio, pero son sin duda los de la ciudad imperial los más conocidos, todos ellos levantados a la memoria de sendos emperadores: el de Tito (año 81), de un único vano, que conmemora su victoria sobre los judíos, el de Septimio Severo (año 203) que celebra su triunfo sobre los partos, y el de Constantino (año 315) con el que se rinde homenaje a su victoria sobre Magencio en la batalla del puente Milvio, siendo estos dos últimos de tres vanos.

Arco de Constantino (315 d.C) y detalle de uno de los relieves laterales. Roma.

Desde entonces, y siguiendo el modelo romano, ha sido una costumbre bastante común este fenómeno de conmemorar arquitectónicamente las victorias militares y se cuentan por centenares los arcos de triunfo de todas las épocas. En el fondo nos recuerdan cómo la historia de la humanidad se ha levantado muchísimas veces sobre la muerte y el dolor. Son la pura imagen del triunfador que dominó a otros... por la fuerza de las armas. Como sigue sucediendo hoy, desgraciadamente.

Aquí tenéis fotografías de 21 de estos arcos triunfales romanos. En inglés, disponéis de información en esta Web sobre el arco de Tito y en esta otra sobre el de Septimio Severo. Pero no dejéis de visitar esta excelente página (también en inglés) sobre el arco de Constantino, con todo tipo de detalles y magníficas fotografías.

29 octubre 2009

EL PANTEON

INNOVANDO EL CLASICISMO


El año 27 a.C. marca un momento trascendental en la historia de la Antigua Roma. Es entonces cuando Octavio Augusto es proclamado princeps civium por el Senado, simbolizando este hecho el final del segundo triunvirato y la restauración de la legalidad republicana. Sin embargo, en la práctica, esta forma de organización política que caracterizó a Roma en los cinco siglos anteriores dejaba de existir, dando inicio a una nueva etapa, el principado. Podemos considerar por tanto que ese año comienza la época imperial, aunque se mantuviera la ficción republicana mediante la conservación de las antiguas magistraturas, la más importante de las cuales (el consulado) fue ocupada aquel año por el propio Octavio y por Marco Agripa, su general más destacado, además de miembro de su misma familia por vía matrimonial.

Panteón. 118-125 d.C. Roma. Inferior: vista áerea y planta.

Pero el año 27 a.C marca también un hito importante en la Historia del Arte, porque fue entonces cuando el mismo Agripa ordenó la construcción en el Campo de Marte de un edificio singular: el Panteón, un templo consagrado (como la misma palabra indica) no a un dios en concreto, sino al conjunto de divinidades romanas que ahora podían gobernar el cosmos en medio de un Imperio pacificado por Augusto. En el fondo, Agripa levantaba el templo como homenaje al propio Octavio y a los dioses protectores de la familia imperial, la gens Julia. Sin embargo, aquel primer edificio no superó el paso del tiempo , de forma que estaba ya prácticamente en ruinas a comienzos del siglo II d.C., en época del emperador Trajano.

Sobre aquellas ruinas se levantó el actual Panteón en época de Adriano, quien no obstante respetó la memoria de Agripa, como da cuenta la inscripción conservada en el frontón del pórtico de entrada: Marco Agripa, hijo de Lucio, en su tercer consulado, lo edificó. Podemos datar la construcción con facilidad gracias a los abundantes ladrillos que llevan estampillados el nombre del emperador, lo que permite fecharla entre los años 118 1 125 d.C.

Este Panteón integra un juego de volúmenes por completo extraño a la arquitectura clásica: la combinación de un pórtico octásilo, al modo habitual, con una cella  circular. Como adosar ambos elementos de forma directa resulta, en la práctica, imposible, la solución consistió en un alargamiento en profundidad del pórtico, creando un pronaos mediante dos filas de cuatro columnas que generan un espacio introductorio a modo de naves, siendo la central el doble de ancha que las laterales y con cubierta abovedada, mientras aquéllas lo hacen de manera adintelada.


Derecha: Sección del panteón y estado en la época de su construcción.

Tras este extraño pórtico accedemos a la cella de planta circular, que dispone de un muro cilíndrico de seis metros de grosor y con nichos intercalados. Este espesor resulta apropiado para soportar el enorme peso que recibe, el de una enorme cúpula semiesférica que alcanza los 43,4 metros de altura, exactamente los mismos que mide el diámetro de la capilla. Por lo demás, la cúpula, en opus caementicium, se decora con casetones cuadrangulares y se remata en su punto superior con un inmenso óculo de casi nueve metros de diámetro.


De este modo, unos cien años después de que se erigiese el primer panteón, conmemorando el surgimiento del imperio romano, un arquitecto anónimo (que algunos identifican con Apolodoro de Damasco, el gran proyectista de Trajano) levantó otro semejante y dejó para la posteridad toda una lección magistral de la combinación de volúmenes, del juego de proporciones (en este caso basadas en exactos cálculos matemáticos) y de la búsqueda del equilibrio, imprescindible para conseguir que una cúpula de tan enormes dimensiones no se viniese abajo. Quizás por fuera el edificio no aparente la belleza producto de esa lección arquitectónica pero, si pasamos al interior, el logro queda evidenciado a primera vista. Mucho tiempo después el propio Miguel Ángel calificaba este Panteón como obra hecha por ángeles, no por humanos. Tenía razón, aunque ya sabemos que los ángeles no existen.

Tenéis buena información sobre el Panteón en la Wikipedia en español y en esta Web podéis hacer una pequeña visita virtual al edificio. Completadla con esta otra de la inmensa cúpula.

26 agosto 2009

EL TEATRO ROMANO

UNA VISITA A LAS RUINAS DE NORA

Estando ya próximos los exámenes de Septiembre, vamos a aprovechar para dar unas nociones básicas de uno de los edificios más conocidos de la arquitectura romana: el teatro. Aprovecho para ello mi reciente viaje a Cerdeña, donde he podido contemplar y disfrutar sin prisas de una de estas construcciones, en excelente estado de conservación y con el atractivo añadido de encontrarse en un conjunto prácticamente situado a la orilla del mar. Me refiero al teatro romano de Nora, una ciudad de fundación fenicia que tal vez pueda remontarse al siglo VIII a.C. y que, andando el tiempo, sería refundada por los romanos tras la conquista de la isla en el año 238 a.C., hasta alcanzar el estatus de capital de la provincia de Sardinia et Córsica (Cerdeña y Córcega), lo que da buena idea del nivel de prosperidad que llegó a adquirir.

Teatro romano de Nora (Cerdeña, Italia). Comienzos siglo II a.C.

Es sabido que los primeros teatros romanos fueron erigidos en madera y que no sería hasta mediados del siglo I a.C. cuando se inició su construcción en piedra. Poco después, el tratadista y arquitecto Marco Vitruvio dejó consignadas en su Quinto Libro de Arquitectura las características que debía tener este tipo de edificios, así como los requisitos para su ubicación y construcción, que solía efectuarse a ras del suelo y no aprovechando los desniveles del terreno para levantar el graderío. Fue así como, siguiendo este modelo, todos los teatros romanos presentan un trazado semejante, en el que las diferencias que pueden encontrarse son escasas, respondiendo sobre todo a tamaño, elementos decorativos y otros detalles menores. Básicamente, el edificio se dispone en tres partes:

Planta y alzado de un teatro romano.

* La cavea o graderío, donde se sientan los espectadores. Se encuentra dividida en tres niveles o alturas (ima, media y summa, de abajo hacia arriba) y compartimentada en sectores, con pasillos para el acceso a las gradas. Habitualmente el público ocupaba sus asientos en función de la jerarquía social imperante.

* La orchestra: un espacio semicircular situado ante el escenario y que podía emplearse como lugar reservado a las autoridades o como sitio en el que se situaba el coro. Uno de sus rangos distintivos es que solía pavimentarse con materiales más lujosos que el resto del edificio.

Planta de teatro romano de Nora (Cerdeña).
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* La scaena: o escenario de planta rectangular, en el que se distingue el lugar en el que se llevaban a cabo las representaciones (proscenium) y la parte que mira hacia el público (frons scaenae), a modo de telón pétreo, cerrada con una estructura arquitectónica (habitualmente construida en un determinado orden clásico) y que solía decorarse con esculturas.

La entrada y salida del público se hacía a través de unos amplios pasillos abovedados (vomitoria) y podían existir también diversas estructuras de servicio o de carácter complementario.

Este sencillo y funcional modelo vitruviano es el que pude contemplar en el teatro de Nora, levantado en época de Adriano (comienzos del siglo II a.C.) y de reducidas dimensiones. Aunque ha perdido (como suele ocurrir en estos edificios) gran parte de las parte más elevadas del graderío, las zonas inferiores se conservan prácticamente completas, como ocurre con la orchestra, en la que aún el visitante puede comtemplar un amplio sector del pavimento original realizado con opus sectile, a base de placas de mármol que componen motivos geométricos. Entre la estructura de pilares de ladrillo que sostenía el suelo del escenario fueron hallados varias vasijas de grandes dimensiones (dolia), que han querido ponerse en relación con las observaciones de Vitruvio sobre la acústica de estas construcciones. Sin embargo parece más probable que su localización allí se deba a un momento posterior, cuando ya el edificio había perdido su original función escénica. En todo caso, el arquitecto romano dejó descrito un modelo que se siguió fielmente en todo el Imperio. Roma, nada menos.

Dos vistas del teatro romano de Nora (Cerdeña).

Sobre teatros romanos puede consultarse la amplísima información de esta Web, centrada en España, pero con numerosos datos de carácter general, así como el contenido de esta exposición virtual sobre el tema. El Quinto Libro de Vitruvio puede leerse en este enlace. Por último, sobre la ciudad de Nora, en italiano, hay buenas informaciones en la página de la misión arqueológica y en esta otra, donde podréis descargaros una guía del conjunto.

01 noviembre 2008

ACUEDUCTOS

EL ESPLENDOR DE LA INGENIERÍA ROMANA

Muy probablemente, cuando en España pensamos en la palabra acueducto, inmediatamente se nos venga a la memoria la imborrable imagen de las grandes arquerías que caracterizan al construído en la ciudad de Segovia, con su increíble altura máxima de 28 metros sobre el nivel del suelo y sus más de 820 metros de longitud. Y es posible que creamos que un acueducto deba responder siempre a esas características de monumentalidad y elevación que tan bien definen a esta obra romana, terminada de construir en aquella ciudad a fines del siglo I, cuando Trajano gobernaba el imperio.

Arquerías del acueducto (siglo I d.C.) y alzado y sección de sus pilares. Segovia.

Sin embargo, en el sentido estricto de la palabra, un acueducto es una conducción de agua, una obra de minuciosa ingeniería destinada a llevar agua desde un punto determinado a otro, normalmente una ciudad, que puede quedar a muchos kilómetros de distancia. En consecuencia, la obra ha de adaptarse necesariamente a la topografía del terreno, de forma que unas veces el canal irá a ras de suelo, otras lo hará de manera subterránea mediante un túnel y, finalmente, en ocasiones recurrirá a arquerías de diversa altura para salvar desniveles importantes.

Arriba y abajo: esquema del trazado de un acueducto romano.

La obra se inicia en el lugar de captación de agua (caput aquae), un manantial, fuente o río desde el cual comienza el recorrido del canal (specus), que ha de estar necesariamente impermeabilizado (para evitar las pérdidas de agua durante el trayecto) y cerrado (dado que el agua suele ir dedicada al consumo humano). En caso de túneles se dispondrán a cada cierta distancia una serie de pozos de registro (putei). Además, habrá también otros pozos para la decantación de elementos sólidos.

En circunstancias óptimas, el ingeniero romano aprovechará la ley de la gravedad, para la cual habrá dispuesto el inicio del acueducto a un nivel superior que al de su finalizacion, de forma que el agua fluya por su propio peso a lo largo de una pendiente moderada. Sin embargo eran pocas las veces en que esta situación acontecía. Por ello, se tenía también presente el principio de los vasos comunicantes, disponiéndose una serie de ingeniosos sifones en los que el agua se desplomaba a gran velocidad, continuaba por una seción plana y, finalmente, ascendía a un nivel superior por la presión generada. Tras este recorrido, el preciado líquido llegaba a su destino, recibiéndose en un gigantesco depósito o cisterna (castellum aquae) desde el cual diversas conduciones la distribuían a los distintos sitios de la ciudad: fuentes públicas, termas, determinados negocios e incluso casas particulares.
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Superior: Acueducto Pont du Gard (siglo I). Nimes (Francia). Inferior: Acueducto de Los Milagros (siglo I d.C.). Mérida.
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Todo este esfuerzo de la ingeniería romana requería de un constante proceso de revisión, para garantizar que el acueducto se encontrara siempre en perfecto estado. Por ello, en cada ciudad solía haber una persona responsable de este cometido (curator aquarum) que contaba con numeroso personal a sus órdenes. Magnífico ejemplo del nivel al que había llegado el urbanismo romano. Calidad de vida.

Para el conocimiento general de todo tipo de obras de ingeniería romanas contamos en la web española con la excelente página Traianus. En ella, recomendamos la lectura del artículo dedicado al análisis en profundidad del acueducto de la ciudad de Itálica, firmado por la profesora Alicia Canto. Por otra parte, la Urbipedia ofrece una información general sobre los acueductos, que puede completarse con la que se ofrece en esta web y en este blog.

28 octubre 2008

MAISON CARRÉE

UN MODELO DE TEMPLO ROMANO

Este edificio que ha resistido de manera admirable el paso del tiempo ha sido empleado como sede del ayuntamiento, mansión particular, iglesia católica, sala de reuniones, almacén y tienda, museo local y, actualmente, sala de exposiciones. Incluso he leído alguna vez que quizás debió emplearse como mezquita, aunque esto sea a todas luces exagerado. En cualquier caso, este uso continuado y diverso es el que ha permitido (paradojas de la vida y del arte) que tras algo más de dos mil años de existencia siga en pie y no sea una pura ruina, haciendo evidente el destino al que originariamente fue dedicado: un edificio del culto romano.

Estamos hablando de la Maison Carrée de Nimes (Francia), la casa cuadrada, aunque su planta sea obviamente rectangular. Situado en lo que debió ser el foro de la ciudad, su construcción, llevada a cabo entre los años 16 y 12 a.C. fue ordenada por Marco Agripa y debe enmarcarse en el amplio proceso de organización y romanización del territorio de las Galias que se desarrolló en el último momento de la República Romana y durante los primeros años del principado de Augusto, a cuyos nietos Lucio y Cayo fue dedicado.

Podemos considerar este edificio como uno de los prototipos del templo romano, inspirado en los modelos griegos de época clásica y helenística. De dimensiones medianas (mide 26 metros de longitud por 15 de anchura), se trata de un templo próstilo y hexástilo, levantado en orden corintio. Es también pseudoperíptero, ya que aunque aboservamos columnas en todos sus lados, éstas se hallan embutidas en un muro perimetral, salvo (lógicamente) en el caso de las de la única fachada del templo.

Por otra parte, el edificio muestra algunos rasgos propios de la arquitectura templaria romana. Destacan entre ellos la sustitución del estilobato característico del templo griego por un elevado podium de paredes verticales, que sólo presenta una escalinata de acceso en el lado de la fachada principal. Tras ella, se accede a un pórtico que a su vez da paso a la cella o capilla, en este caso un espacio único, sin compartimentación en naves. Toda la obra es de mármol y hemos de lamentar que no haya quedado ningún rastro de la decoración de los dos frontones del templo.

Sin embargo, se conserva en excelente estado la decoración de carácter vegetal que embellecía el edificio. No se trata sólo de las de hojas de acanto finamente labradas de los capiteles corintios, sino de los elementos de tipo floral que encontramos en el friso, en la parte inferior de la cornisa y en los casetones del pórtico. Toda este repertorio guarda claros paralelismos con el que, por la misma época se estaba colocando en el Ara Pacis de Roma.

Pero a mi me gusta especialmente la imagen de la Maison Carrée a partir del crepúsculo, cuando la noche cae sobre la ciudad de Nimes. Entonces, en el silencio de la plaza y con una adecuada iluminación, el templo luce en todo su esplendor. Como le hubiese gustado a Agripa, que lo encargó para proclamar las glorias de su emperador y amigo. Un monumento a la gloria de Augusto. La pax romana.

Sobre la Maison Carrée hay que consultar está página en francés, que ofrece numerosos datos y algunas fotos y dibujos interesantes. Hay también amplia información en la Wikipedia francesa y una ficha descriptiva en el Observatorio.

04 noviembre 2007

POWER POINT DE ARQUITECTURA ROMANA

PPT ARQUITECTURA ROMANA EN HISPANIA

Pasamos revista en estas dos presentaciones a un tema tan interesante como es el de la arquitectura romana, incluyendo también las obras de ingeniería, como los puentes y acueductos. La primera analiza, mediante una trama conceptual, el tema del urbanismo y la arquitectura romanos desde una perspectiva general, presentando luego los diversos tipos de opus y una serie de monumentos emblemáticos. La segunda está dedicada por completo a mostrar algunas de las obras más significativas de la Hispania romana.


18 julio 2007

EL PUENTE DE ALCÁNTARA (CÁCERES)

LA JOYA DE LA INGENIERÍA ROMANA EN HISPANIA

A veces sucede que para conocer in situ una obra de arte de primera magnitud el interesado ha de apartarse de las grandes rutas culturales y dirigirse a un rincón casi recóndito, alejado de las prisas, de las masificaciones y del bullicio. Este es exactamente el caso de la obra de arte que ahora comentamos. El puente de Alcántara es, sin duda alguna, la obra maestra de la ingeniería romana en Hispania, con el que sólo puede comparararse el acueducto de Segovia.

Construido sobre las aguas del río Tajo, el puente se encuentra muy cercano a la localidad que le da nombre, en el noroeste de la provincia de Cáceres y a escasos kilómetros de la frontera portuguesa. A veces son curiosos los rizos de la historia: el puente es romano y el nombre de la localidad, Alcántara, significa exactamente "el puente", en lengua árabe.

Técnicamente, hablamos de una obra de dimensiones y calidad extraordinarias. El puente, realizado con sillares almohadillados de granito, alcanza una longitud de 214 metros y consta de seis grandes arcos de medio punto que, en el caso de los centrales, se levantan a una altura de unos 28 metros sobre la lámina de agua. Dos grandes estribos refuerzan la construcción en sus extremos. La anchura de la obra llega hasta los 8 metros, que permitiría en su momento, sin ningún problema, el cruce de carros y carruajes.

Hacia el centro del puente se conserva todavía un gran arco de triunfo que aunque muy retocado en épocas posteriores mantiene la inscripción en mármol conmemorativa de su construcción:

AL EMPERADOR CÉSAR, HIJO DEL DIVINO NERVA, NERVA TRAJANO GERMÁNICO DÁCICO, PONTÍFICE MÁXIMO, EN SU TRIBUNICIA POTESTAD POR OCTAVA VEZ, EN SU IMPERIO POR QUINTA VEZ, PADRE DE LA PATRIA".

En definitiva, el puente fue construido en época de Trajano, el más grande de los emperadores romanos, nacido en Itálica (Santiponce, Sevilla) y vencedor en su campaña contra los dacios, retratada en la columna del foro de Trajano en Roma. Con él, el imperio alcanzó su máxima extensión territorial y llegó al cénit de su esplendor. Buena muestra de ello, es esta obra (que podemos fechar en los primeros años del siglo II d. C.) y cuyo autor nos es también conocido: Cayo Julio Lacer, conforme nos indica una lápida que aparece situada en un pequeño templete in antis localizado en uno de los extremos del puente. La misma inscripción ya nos advierte que el puente "durará tanto cuanto el mundo durare". Curioso deseo de alcanzar la eternidad, como si este puente tuviese alma humana y quisiese saltarse las leyes de la naturaleza. Eternidad no sé, pero diecinueve siglos ha soportado ya esta obra emblemática de las capacidades constructivas romanas.

La obra fue financiada de manera solidaria por diversas comunidades de la zona y con ella se pretendía facilitar las comunicaciones entre esta parte de la actual provincia de Cáceres (cercana a la famosa Vía de la Plata) y la Lusitania portuguesa, salvando las dificultades que suponía el cruce de una vía fluvial como el río Tajo.

Hoy en día desde el puente se divisa, aguas abajo, aproximadamente el mismo panorama que vería un romano de hace casi dos milenios. No se nos ocurra volver nuestra vista aguas arriba: el franquismo, en su afán de construir pantanos por todas partes, se encargó de contaminar visualmente este espacio tan maravilloso, colocando muy próximo al puente el gigantesco muro de contención de una de sus más colosales obras hidráulicas. Contradicciones de la Historia: la belleza de una obra romana frente al feísmo de la ingeniería de la dictadura.

Leed este artículo en el que se analizan dos puentes romanos de Extremadura y después acudid a esta página en la que se proporcionan numerosos datos sobre el puente y algunas fotografías espectaculares.

06 noviembre 2006

URBANISMO Y ARQUITECTURA EN EL MUNDO ROMANO

EL DESARROLLO DE LA CIUDAD

Plano de la ciudad de Timgad (Argelia). Siglo II d.C.
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Durante la época helenística había surgido la idea de planificación de la ciudad, concretada en el diseño de las llamadas plantas hipodámicas, en las que las diferentes calles se cruzan entre si en línea recta. Este tipo de trazado fue asumido en el mundo romano, combinándolo con las ideas propias de Roma sobre cómo organizar un campamento militar.
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A partir de estas dos tendencias convergentes surge el concepto de urbs romana, caracterizado por un trazado ortogonal en el que nos encontramos manzanas de edificios de planta cuadrada, denominadas insulas. Todo el conjunto urbano se articula en torno a dos calles principales que desembocan en las puertas de la ciudad: el cardo (norte-sur) y el decumano (este-oeste). En la confluencia de ambas, o en sus proximidades, se sitúa el foro, un gran espacio abierto en el que suelen ubicarse varios de los más importantes edificios de la ciudad (templos, basílicas, mercados, etc.).
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Vista de una calle de Pompeya (Italia). Siglo I.
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Una visita a las ruinas de cualquier ciudad romana nos permite apreciar in situ cómo se concretaba esta idea de planificación urbana. Así, nos encontraremos con una red de calles aceradas, con sistemas de aprovisionamiento de agua (acueductos, fuentes) y de evacuación de las residuales (cloacas), con espacios públicos y edificios monumentales, dedicados al ocio (teatros, anfiteatros, termas), a las funciones administrativas (basílicas, curias) o a las religiosas (templos).

Desde el punto de vista puramente arquitectónico, en el mundo romano se integraron tradiciones constructivas anteriores de muy distinta procedencia. Por ello, junto a los edificios arquitrabados, surgen también las estructuras abovedadas y las cúpulas espectaculares. Y todo ello junto a una gran diversidad de materiales, desde el cemento o el sillar de piedra hasta el humilde ladrillo, cuya dureza y consistencia permitió levantar construcciones de una gran solidez.
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En definitiva, una arquitectura que muchas veces supera el concepto de lo puramente arquitectónico para convertirse también en ingeniería (puentes, calzadas, acueductos) y que configura un enorme catálogo de tipologías. de materiales, de innovaciones técnicas.., que explican con claridad el sentido práctico romano.
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Anfiteatro Flavio. (Coliseo) Siglo I d.C. .................................................Vista aérea de la "Arena". Verona (Italia). Siglo I a.C.
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Bien, es evidente que la antigua Roma nos queda algo lejos, pero Itálica (la pequeña Italia) está aquí al lado, en Santiponce. Visitadla y pasead por sus calles, fijaos en los edificios; en un primer momento podéis prescindir de una guía, pero observad bien lo que veis. Aprenderéis mucho.
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Para conocer lo básico de la arquitectura romana podéis visitar esta página española con textos sencillos y claros, fotografías y fichas de los principales monumentos del país. En cuanto a visiones de conjunto, puede valer la que se ofrece en esta página en inglés. Por último, aquí tenéis una muy agradable presentación multimedia, con música, ejes cronológicos y actividades.
 

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