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24 septiembre 2010

EL RETABLO DE LOS BALBASES

UN EJEMPLO DE PINTURA HISPANOFLAMENCA

En una fecha incierta entre los años 1490 y 1495 un pintor está trabajando en una de las dos iglesias existentes en la localidad de Los Balbases, situada en la actual provincia de Burgos. El templo está consagrado al protomártir cristiano San Esteban y el artista resuelve, probablemente por encargo, dedicar por completo el retablo mayor de la iglesia a narrar la vida y martirio de dicho santo así como las vicisitudes de sus restos, para lo cual diseñó un conjunto compuesto por un mínimo de doce tablas, aunque es muy probable que hubiese algunas otras, con las cuales el tiempo no ha tenido clemencia. Los Balbases, hoy un pequeño municipio que no alcanza los 400 habitantes, era en aquella altura una localidad de cierta importancia, lo que explica la llegada hasta aquí de este artista cuyo nombre nos es por completo desconocido, hasta el punto de denominarlo, precisamente, como Maestro de Los Balbases.

Entierro de San Esteban (detalle).


Izquierda: San Esteban ante los doctores de la ley. Derecha: San Esteban juzgado por el Sanedrín.

Fuere quien fuere, se estima que el pintor debía ser castellano, aunque su arte reflejaba un profundo conocimiento de las novedades aportadas por la pintura flamenca, acusando al mismo tiempo las influencias de autores como Van Eyck, Van der Weyden o Memling, cuyas obras debió conocer ya fuese de manera directa o a través de grabados y reproducciones. Por otra parte, se estima que nuestro artista no trabajó en soledad. Al menos en dos de las tablas es visible la intervencuión de un colaborador, también anónimo, mientras que otra se atribuye al denominado Maestro del Salomón de Frómista, con el que nuestro pintor ya había colaborado en otra ocasión.

Izquierda: entierro de San Esteban. Derecha: traslado en barco de los restos del santo.

En las tablas de Los Balbases el artista hispanoflamenco realiza un recorrido  por la vida de San Esteban: polémica con los doctores de la ley hebraica, juicio ante el Sanedrín y entierro posterior del santo, aunque falta la escena cumbre de su lapidación. Las demás tablas se dedican a narrar el hallazgo de los restos de San Esteban, siglos después, y como aquéllos, tras pasar por numerosas vicisitudes, acaban finalmente en Roma, donde son depositados en la basílica de San Lorenzo.
El mundo que aparece reflejado en las doce tablas de Los Balbases es bien característico de la pintura hispanoflamenca. En él conviven de manera armoniosa elementos propios de fines de la Edad Media con otros que anuncian la llegada de nuevos tiempos; que señalan ya la proximidad del Renacimiento. Lo medieval se aprecia, por ejemplo, en el difícil manejo de la perspectiva, en la falta de naturalidad en la composición de algunos de los grupos de personajes representados o en la pervivencia e importancia de los tonos dorados. Sin embargo, resultan más modernos aspectos tales como la introducción del paisaje en los fondos de algunas de las tablas o el interés en presentar retratos realistas de los personajes más destacados. Por lo demás, el gusto por el detalle, la suntuosidad de las vestimentas e incluso la gama cromática empleada son propios de la pintura flamenca.

Entierro de los restos de San Esteban en la Basílica de San Lorenzo, en Roma.
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Por último, podríamos decir que el Maestro de Los Balbases tocaba un tema de actualidad: en sus tablas narraba el martirio de San Esteban, el primer mártir de los  cristianos que murió lapidado por los judíos en Jerusalén muy pocos años después de la muerte de Jesús. Ya habían pasado casi 1500 años de aquellos hechos cuando nuestro pintor los llevó pormenorizadamente a este interesante retablo. Acababa la Edad Media y en Castilla coincidía, precisamente con la expulsión de los judíos tras el decreto de los Reyes católicos de 1492. De manera que este retablo reflejaba también la mentalidad social y racista imperante en la época. Allí también: en un pequeño pueblo de Burgos.

En esta dirección podéis descargaros en PDF la revista de de la Fundación del patrimonio histórico de Castilla y León que recoge (aunque en baja resolución) todas las tablas de este  original retablo. Consultad también esta otra página de la misma Fundación.

19 septiembre 2008

EL RETABLO DE QUEJANA

DESDE ÁLAVA A CHICAGO

Esta historia comienza en el siglo XI, cuando un hijo bastardo de un monarca aragonés funda un linaje nobiliario, el de los Ayala, en tierras de Álava. Continúa tres siglos más tarde, cuando uno de sus descendientes, Fernán Pérez de Ayala, funda hacia 1378 un convento de monjas dominicas en la localidad de Quejana y, algo después su hijo Pero López de Ayala (que alcanzaría el título de Canciller de Castilla) decide erigir en el monasterio una capilla funeraria para sí y su mujer. La capilla se decora entonces con un retablo y un frontal de altar, ambos pintados, que permanecen allí durante varios siglos. Pero la historia no se detiene: en 1913 las monjas, considerando que el retablo y el frontal están ya ajados por el paso del tiempo, deciden venderlos a una galería inglesa, donde acaba adquiriéndolos un magnate americano que termina por donarlo a un museo de Chicago. Allí continúan hoy día, conocidos con el nombre de "retablo Ayala".

Así contada, la historia del retablo de Quejana (Álava) no es muy diferente de la de otras miles de piezas del patrimonio artístico español que han acabado dispersas por todo el mundo, como resultado de la desidia, la ignorancia, la rapiña o la necesidad de quienes tenían el deber de custodiarlas en nuestro país. Pero este retablo tiene algo de especial. Se trata de una de las obras más significativas de la pintura gótica sobre tabla hecha en Castilla; uno de los mejores ejemplos hispánicos del denominado gótico lineal, en el que son apreciables influencias inglesas eincluso italianas.

Detalles del retablo: a la izquierda ; el donante D, Pedro López de Ayala y su hijo. A la derecha: la huída a Egipto.
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El retablo, realizado hacia 1397, es una obra de grandes dimensiones (2,5 metros de alto por 6,7 de ancho) organizado en dos niveles que configuran un total de diecisiete escenas separadas entre sí por motivos arquitectónicos góticos pintados. El conjunto nos muestra diversos pasajes evangélicos, completados con breves leyendas explicativas. De este modo, la visitación, el nacimiento de Jesús, la huida a Egipto, las bodas de Caná o Pentecostés, entre otras, desfilan ante nuestros ojos. Sólo en un caso, el de la crucifixión (que sin embargo ocupa el lugar más destacado), se muestran escenas de la Pasión. En las que coresponden a las esquinas inferiores figuran diversos miembros de la familia Ayala y entre ellos D. Pero López, literato y Canciller Mayor de Castilla durante el reinado de Enrique III, y su mujer, Doña Leonor de Guzmán. Los escudos del linaje son visibles en el marco de la obra. resulta también interesante la presencia de un trono vacío en el centro del nivel inferior.

Frontal del altar.
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Por su parte, el frontal del altar de la antigua capilla, lógicamente de menores dimensiones (1 metro de alto por 2,9 de ancho) se divide en tres compartimentos, que sin embargo muestran solo dos escenas; la anunciación a los pastores y la adoración de los magos, pasajes ya representados también en el frontal, como si a quienes idearon el conjunto se les hubiesen acabado las ideas y volviesen sobre los mismos motivos iconográficos.

No conocemos la autoría de las pinturas, que se consideran de la mano de un grupo de artistas a los que se les da el nombre de "taller de Quejana", dado que es posible que efectuasen otras obras en la misma zona. Se acusa en ellos un cierto arcaismo que ha llevado a considerar que ambas piezas, más que controladas por el culto canciller Don Pero lo fueron por su esposa Doña Leonor. Probablemente jamá conoceremos las condiciones concretas en las que se encargaron las dos obras ni su proceso de realización, pero resulta lamentable que en el lugar para el que fueron concebidas tengan que contentarse hoy con una mera copia, siendo necesario desplazarse a Estados Unidos para poder contemplar los originales. Cosas del dinero.
Escenas centrales del retablo.
Descargaos en PDF este interesante artículo sobre las dos piezas de Quejana y ved en la página del Art Institute de Chicago una buena foto de ambas.

30 junio 2008

UNA VISIÓN DE LA JUSTICIA

EL FRESCO DEL BUEN Y EL MAL JUEZ DE MONSARAZ

Monsaraz. Innumerables veces he visitado esa pequeña villa del Alentejo portugués, atraido por la soledad que se respira entre sus muros, por el ambiente medieval de la población, por la belleza insólita de los paisajes que desde allí pueden contemplarse y por la posibilidad siempre grata de sentirse alejado de todo y de todos sin que haya que desplazarse hasta una isla perdida en el Pacífico. Hace ya algún tiempo que no voy por allí, pero estos días del comienzo del verano, y por razones profesionales, me viene a la cabeza con frecuencia el recuerdo de una de esas pequeñas joyas que en aquella población pueden contemplarse.

Situémonos en el centro de la población. En la plaza donde se alza la iglesia matriz de la villa y en la que aún se conserva el pelourinho (la picota) que simbolizaba la justicia local. En un lateral de este hermoso conjunto urbano se conserva aún el pequeño edificio de los Paços de Audiência, el tribunal de justicia de Mosaraz, de cuya antigüedad medieval dan cumplida cuenta los ventanales con arcos apuntados que se abren á la calle principal. Se trata del edificio que queda al fondo en la fotografía de aquí al lado. Hoy alberga un pequeño museo local, pero hemos de imaginarlo hace cientos de años, cuando quizás los campesinos del pueblo acudían allí en busca de una justicia que probablemente no encontraban en los poderosos de la época o porque necesitaban dirimir los pequeños pleitos que entre ellos acontecían.

En esa construcción se llevaron a cabo unas pequeñas obras de reparación durante el año 1958. Al tirar un tabique de ladrillo apareció tras él un fresco de medianas dimensiones y organizado en dos niveles. En el superior se representa a Cristo en majestad, el Dios juez tan frecuente en la pintura medieval. Pero en el registro inferior aquellos artistas locales de finales del siglo XV optaron por algo mucho más prosaico. Atendiendo al lugar en el que realizaban el fresco, decidieron mostrar una representación de la justicia terrena. Pero, ¿qué justicia era esa que no siempre resolvía cómo sería deseable? Así que decidieron hacr el fresco que ahora denominamos "del buen y el mal juez", una verdadera alegoría de la justicia mundana, que aquí se presenta con sus dos caras. La corrupción ya existía en al Edad Media.

Este fresco conservado en el sur de Portugal muestra una escena con pocos parangones en la Europa de la época. Nos muestra a dos jueces en el momento de impartir justicia en pleitos civiles. A nuestra izquierda hallamos al buen juez. La vara que porta en sus manos, así como su mirada dirigida al frente nos hablan de la rectitud de sus decisiones, de las que un escribano toma nota mientras el demandante asiste confiado al pleito.
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Por el contrario, a nuestra derecha el autor ha representado al mal juez. Está atendiendo un pleito entre dos demandantes y se deja atraer por el soborno. Uno de los litigantes le ofrece algunas perdices, mientras el otro hace ademán de sacar algunas monedas de su bolsa. Por ello este juez muestra dos caras, representadas con absoluta ingenuidad por el anónimo pintor.
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En una sociedad como la bajomedieval. en la que las cuestiones religiosas seguían teniendo una importancia trascendental, el pintor no ha olvidado la cuestión. Por ello el buen juez está asistido por dos ángeles que, tras su silla, lo coronan por la rectitud de sus acciones, mientras el mal juez resulta acompañado por el rostro de un diablo que parece feliz de lograr la corrupción de un funcionario público.
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Pese a su primitivismo, propio de un taller local perdido en el Alentejo portugués, pese a los evidentes signos de hieratismo y frontalidad de los personajes o la ausencia de perspectiva (que más nos remonta al románico que al gótico), el tema de este fresco de Monsaraz muestra de forma tajante como las preocupaciones de los hombres de hoy siguen siendo las mismas de los de hace seiscientos años: la rectitud; la justicia. Entonces bastaban unas pocas perdices para comprar voluntades; ahora las tramas son más complejas. Pero en el fondo, es el mismo asunto. La corrupción.
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Leed una información básica sobre Monzaraz en esta página y en la web del IPPAR y ved una reinterpretación de este fresco encargada por el Ministerio de Justicia portugués.
 

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