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10 enero 2011

ANTHONY CARO

INVESTIGANDO EN EL ABSTRACTO

Como otros artistas contemporáneos, el escultor Anthony Caro (1924), nacido en Inglaterra (aunque con antepasados españoles que se remontan al siglo XVI), cursó y finalizó estudios de ingeniería, para a continuación pasar unos años volcado en el estudio de la escultura, actividad a la que decidió dedicarse de manera exclusiva a comienzos de los años 50 del pasado siglo. Podemos considerar que, en esos primeros momentos, cuando ya las vanguardias artísticas auropeas habían consolidado sobradamente su presencia, la actividad de Caro se mantuvo, hasta cierto punto, dentro de los cánones de la escultura figurativa, mostrando especial atención hacia la figura femenina, aspecto en el que destaca su serie de desnudos.

Anthony Caro. Izquierda: "fiesta del sol" (1969/70). Colección privada. Inferior: "mujer despertándose" (1954).
 
Como ocurrió también en el caso de otros artistas,  esa década de los años 50 sería para Caro un periodo de grandes y profundos cambios estilísticos. A comienzos de dicha etapa Caro colaboró como ayudante en el taller de Henry Moore, de quien pudo aprender de manera bien directa los procedimientos seguidos por un artista de su talla para optar por determinadas formas y emplear ciertos materiales, hasta acabar creando un lenguaje absolutamente sincero y personal.
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Por la misma época, Caro fue conociendo también la obra de otros escultores de vanguardia y especialmente la de los artistas relacionados con los postulados abstractos. Además, a finales de la misma década, el escultor inglés pudo realizar un viaje a EE.UU., y allí conoció de manera directa la producción escultórica de David Smith, frecuentemente calificado como el escultor del expresionismo abstracto norteamericano.

Las obras de Smith ejercieron sobre Anthony Caro una considerable influencia, hasta el punto de seguir algunos de los criterios con los que aquél realizaba sus esculturas como el empleo de materiales industriales (a veces, de desecho) y de la soldadura (para poder ensamblarlos). De esta forma, nuestro artista mostró un interés cada vez mayor por la escultura abstracta y el minimalismo, que se convirtieron en las características predominantes en el conjunto de su producción. Por otra parte, y sin renunciar a los formatos de pequeño tamaño, Caro desarrolló también una creciente tendencia al aumento de las dimensiones de sus esculturas. Su concepto de "sculpitecture" hace precisamente referencia a estas obras de gran tamaño que a veces poseen hasta escaleras interiores para que el espectador pueda recorrerlas en su totalidad.

 Superior. Anthony Caro: "habitación de la torre infantil". (1983/84).

Además, cabe destacar que Caro ha mantenido de forma permanente una búsqueda de nuevas formas expresivas, lo que le ha llevado al empleo de materiales muy diversos (desde la cerámica hasta el papel, desde los metales preciosos hasta objetos obtenidos en la basura). Finalmente, otra de las características más llamativas de este autor (presente ya en muchas obras de Smith) es la renuncia al empleo de pedestales y peanas para las esculturas, al entender que aquéllos pueden desvirtuar ante el espectador el sentido último de la obra.

Con esta capacidad de innovación, no es de extrañar que la obra de Anthony Caro haya alcanzado progresivamente un mayor  reconocimiento. En 1987 le fue concedido el título de Sir, mientras sus obras venían siendo objeto de exposiciones individuales en los mejores museos del mundo. Pero este artista no deja de asombrarnos y, al día de hoy (con 86 años de edad), continúa en activo y realizando exposiciones con nuevas obras. No sólo profesión; antes que nada vocación. En eso consiste el Arte.

Anthony Caro: "la canción de Sheila" (1982). Baltimore, EE.UU.

Podéis visitar la Web oficial de Anthony Caro, que muestra muchas de sus obras, organizadas por temas. Además, el portal de la Tate Modern dedica una página específica al escultor, de una de cuyas últimas exposiciones podéis obtener información en este otro sitio. Finalmente, he aquí un portfolio con cientos de imágenes de sus obras.

09 junio 2010

LOUISE BOURGEOIS

CONTAR LA PROPIA HISTORIA

Nadie que haya visitado alguna vez el Museo Guggenheim de Bilbao se habrá quedado indiferente al contemplar la monumental araña de bronce que, con el también sorprendente título de "Mamá", se encuentra en uno de los laterales del exterior del edificio.  Probablemente sea ésta una de las obras más conocidas de la escultora franco-norteamericana Louise Bourgeois, quien falleció hace unos días en Nueva York a la envidiable edad de 98 años, tras más de setenta de dedicación al arte.

Louise Bourgeois. Izquierda: "Mamá" (1999). Bilbao. Derecha: "Piernas" (1986).


Louise Bourgeois. Izquierda: "Quarantania-1" (1947-53). Houston, EE.UU. Derecha: "Amoeba" (1963-65). Londres.

Bourgeois concluyó a los 21 años sus estudios de Bellas Artes en París, contando con la gran suerte de tener entre sus profesores a Fernad Leger quien pese a darle clases de pintura le recomendó que se dedicase a la escultura. En 1938 se trasladó a los Estados Unidos, donde estableció su residencia prácticamente de manera definitiva. En Nueva York amplió su formación artística e inició también su trabajo como escultora, vinculándose a los círculos más vanguardistas de la ciudad. De este modo, participó en el llamado grupo de "Los dieciocho irascibles", al que también perteneció Mark Rothko: un colectivo unido en torno a la protesta sobre la política expositiva del Metropolitan Museum de la ciudad, al que reclamaban la inclusión de arte moderno entre sus colecciones.
Louise Bourgeois. Izquierda: "Ojos" !982). Nueva York. Derecha: "Mujer espiral" (2003). Nueva York.

Desde aquellas experiencias de los años cincuenta del pasado siglo Burgeois fue tejiendo (quizás, nunca mejor dicho) su trayectoria como escultora mediante la producción de obras que, según ella misma señalaba, estaban enraizadas en sus propias experiencias de la infancia y en determinados recuerdos (no siempre amables) de su vida familiar, siempre con la intención última de facilitar el olvido de tales hechos. ¡Curiosa situación ésta!, prácticamente imposible: la artista deseaba olvidar... dejando una obra consistente y duradera.

Obviamente, en una carrera tan dilatada en el tiempo, Louise Bourgeois atravesó diversas etapas: en sus primeras obras parece estar cerca de los planetamientos del movimiento surrealista, que fueron sustituidos en los años 50 por los característicos del expresionismo abstracto de la Escuela de Nueva York, con muchos de cuyos más destacados representantes compartió amistad. De esa época son sus conocidos tótems de acusada verticalidad. En la década siguiente se aproximó a las tendencias abstractas y, poco después inició su particular ajuste de cuentas con el pasado en obras como sus famosas "guaridas" y "células". Pero quizás fueron las grandes arañas de los años 90 las que más difusión aportaron a su obra, justamente cuando la crítica había ya reconocido su valía artística. Todo ello sin que olvidemos que también realizó instalaciones en las que conjugaba los elementos más dispares.

En fin el empleo de los materiales más diversos, el recurso a formas expresivas muy diferentes y la afirmación implícita en sus obras de que el arte debe basarse en los propios elementos autobiográficos quizás sean las características de esta artista singular que colocaba esa gigantesca escultura en Bilbao cuando se acercaba ya a los noventa años y necesitaba llamarla "Mamá". Toda una declaración de intenciones. A fin de cuentas ella misma lo dejó claramente dicho; "cuenta tu propia historia".

Louise Bourgeois: "Arco de Hystheria" (1993).

Sobre la artista podéis leer este texto: "decir lo que no se puede decir" y este libro en PDF quer vincula su práctica al feminismo. Además, en la Web de la Tate Modern podéis seguir la exposición que le dedicaron allí hace unos años, con abundantes fotos.

22 febrero 2010

HENRY MOORE

LA ESCULTURA HUMANISTA

Como suele ocurrir cuando tratamos la escultura del siglo XX, es prácticamente imposible asignar un determinado estilo al artista británico Henry Moore (1898-1986), más allá de que podamos afirmar que su obra se inserta en el contexto de aquellas vanguardias que en las primeras décadas del siglo XX dieron al traste con la plástica escultórica tradicional. El caso de Moore es verdaderamente paradigmático de ese cambio de mentalidad: se cuenta de él que en su infancia resolvió firmemente dedicarse a la escultura, tras ver algunas imágenes de las obras de Miguel Ángel. Y aunque aquella decisión fue definitiva, tuvo que aplazarse durante algún tiempo, porque el ejército inglés acabó reclutándolo como soldado en los años de la Primera Guerra Mundial, en una de cuyas batallas resultó afectado por uno de esos letales inventos del siglo XX: los gases característicos de la entonces novedosa guerra química.
Henry Moore: "Figura recostada en tres piezas" (1975).

Pasados los tiempos de la Gran Guerra, el joven Moore retoma decididamente su vocación, a la que permanecerá fiel el resto de su vida. En esos años de formación se impregna por completo de las más diversas influencias. Le atraen por igual los artistas del Renacimiento y las obras escultóricas de las culturas de la América prehispánica, los autores góticos o las novedosas realizaciones de escultores contemporáneos como Brancusi. Conoce también a fondo las aportaciones del cubismo y la abstracción y, en su momento, no despreciará tampoco los planteamientos procedentes del surrealismo.

Henry Moore: "Figura reclinada (1951). Cambridge, Reino Unido.

Con todas esas influencias Henry Moore irá construyendo un estilo muy personal, en el que caben distinguir algunas etapas. Si en un primer momento produjo obras muy próximas a los postulados tradicionales, éstos fueron muy pronto superados con su vinculación a la escultura abstracta. Sin embargo, desde mediados de la década de los treinta del pasado siglo, recobra el interés por lo figurativo, aunque ahora lo reinterprete de una manera altamente peculiar, recurriendo a soluciones como la exageración de las formas, el empleo del hueco como medio fundamental de expresión y el claro predominio de la línea curva. En todo caso, estas afirmaciones son siempre relativas cuando nos referimos a Moore, porque no dejó nunca de experimentar y fue frecuente en su trayectoria que en un determinado momento recuperase ideas que a ojos externos parecería que él ya había dejado atrás. En todo ello empleó materiales diversos, aunque fueron la piedra y el bronce las materias primas con las que trabajó más frecuentemente.

Henry Moore: "Rey y reina" (1952-53). Amberes, Bélgica.

No obstante, y aunque no podamos encuadrar su obra dentro de un estilo determinado, hay en ella dos temas fundamentales, a los que acude una y otra vez. Se trata de las figuras reclinadas y de las maternidades, lo que viene a demostrar el interés del artista por los problemas de la representación de la figura humana y sus posibilidadesv expresivas y, más allá de ello, el profundo humanismo de este creador británico, quien reconocía que en el fondo toda creación artística poseía algo de abstracción pero que sin embargo afirmó una vez que "en lo que a mi respecta, no puedo separar una escultura de lo viviente". Quizás ene sa aparente contradicción esté la base de su fecundidad creadora.

Superior. Henry Moore: "Figura reclinada" (1936).

Hace unos años pasé un día inolvidable en el Museo Louisiana de Arte Moderno, en las proximidades de Copenhague. En su jardín, frente al mar, hay una de las famosas figuras reclinadas de Moore, elaborada en dos piezas. Almorcé en la hierba, junto a la escultura y, sin ningún problema pude tocarla y acariciarla; sentir la expresividad de estas formas sencillas que parecen decirl a los hombres contemporáneos que ellos, todos ellos, son lo verdaderamente importante.
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Henry Moore: "Figura reclinada en tres piezas" (1973-75). Humlebaek, Dinamarca.
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En la Web de la Fundación Henry Moore, creada por el artista, hay un excelente mapa del mundo clicable con el que pueden visualizarse sus obras en colecciones y lugares públicos. Su biografía y evolución artística está recogida con detalle en la Wikipedia en español. En la página de la Tate Gallery hay una de sus esculturas, en un modelo tridimensional manipulable. Finalmente, me gustan este texto de una Web mexicana: "Vuelve Henry Moore a México" y este otro en inglés: "el enigma de Henry Moore".

30 diciembre 2009

OSSIP ZADKINE

LA ESCULTURA CUBISTA

Un artista que nace en el Imperio Ruso, aunque hoy sería bielorruso. Cuyo padre era de orígenes judíos, mientras que los antepasados de su madre eran escoceses. Un adoelescente que es enviado a estudiar a una pequeña ciudad del noreste de Inglaterra, para que aprenda los buenos modales de la civilización occidental, pero que acaba fugándose de allí para establecerse en Londres, atraido por completo por el arte de la escultura. Un joven de diecinueve años que decide dar el salto e instalarse en París, porque ahí está entonces el centro del arte moderno. Que acaba conociendo a Picasso, a Modigliani, a Archipenko y a Lipchitz. El mismo joven que no se queda impertérrito ante el estallido de la Primera Guerra Mundial, sino que se alista voluntario en el ejército francés, resultando herido en combate por gases tóxicos, por lo que al finalizar la guerra obtiene la nacionalidad francesa.

Superior. Ossip Zadkine. Izquierda: "cabeza de hombre" (1943). Portland, EE.UU. Derecha: "Torso de mujer" (1925).


Osip Zadkine. Izquierda: "Mujer de pie" (1922). París. Derecha: "Músico" (hacia 1919). París.

Asi podríamos resumir los primeros y decisivos veintiocho años de la vida de Ossip Zadkine (1890-1967), cuyo establecimiento en el París de las vanguardias acabaría por determinar la trayectoria del resto de su existencia. Habiendo querido desde siempre ser escultor, se afianzará en esta idea y optará por la plástica cubista. De esta tendencia eran casi todas la obras que presentó en su primera exposición individual, celebrada en París (¿dónde si no?) en 1920, aunque colgó allí también algunas acuarelas y dibujos. Desde entonces Zadkine vivió dedicado por completo al arte con una dedicacíón que no menguó ni siquiera cuando en 1941 se exilió a los Estados Unidos, rechazando la ocupación nazi de Francia.  Siempre inquieto, montó allí un estudio, realizó algunas exposiciones e incluso tuvo tiempo de impartir clases de arte.


Acabada la Segunda Guerra Mundial, Zadkine regresó a Francia. Para entonces su cubismo escutórico, que siempre había sido muy personal, ha experimentado ya numerosas transformaciones: no sólo le interesan los volúmenes y las líneas rectas, la geometrización; presta también atención a la curva y a las sombras y en sus obras el hueco va ganando progresivamente importancia. Busca, en el fondo, dar mayor expresividad a sus esculturas, como puede apreciarse en la que tal vez sea su obra más  conocida, "la ciudad destruida", ese imponente monumento de más de 6,5 metros de alto levantado en el puerto de Rotterdam con el que denunciaba los bombardeos aéreos de la aviación nazi sobre aquella ciudad durante los años de la guerra. Hasta 1967, año de su muerte Zadkine siguió volcado a la escultura, creando nuevas obras, innovando, empleando materiales diversos e incluso impartiendo clases de talla en su propia escuela artística. Para entonces había recorrido medio mundo con sus exposiciones, mientras su reconocimiento se incrementaba  en forma de premios y galardones por su producción.

Ossip Zadkine: "La poetisa" (1953). Nueva Orleans.

Veo de nuevo esas imágenes de la escultura de Rotterdam y sigo preguntándome si representa a un hombre o a una mujer. Quizás no hay respuesta a esa cuestión, pero no me cabe  duda (no creo que le quepa a nadie) que con esta obra austera, sin concesiones ni gestos superfluos, Zadkine levantó uno de los mejores ejemplos de cómo el arte puede también servir a la mejor de las causas, a la denuncia de la violencia, la crueldad y la injusticia. Esos brazos que se alzan al cielo, impulsando hacia allá arriba el grito que sale del rostro de este personaje sin rostro. Cubismo dramático.

En la Web de la Fundación Zadkine podéis encontrar (en inglés) abundante información sobre la vida y obra de este artista genial. Su casa y su taller en París son ahora un Museo consagrado a su memoria. Más obras en la Artcyclopedia.

11 noviembre 2009

EL ARTE BRUTO

EN TORNO A LA OBRA ESCULTÓRICA DE JEAN DUBUFFET


Si el paseante recorre la zona del downtown de Manhattan encontrará numerosos espacios vacíos entre los inmensos rascacielos que parecen brotar del suelo por todas partes; plazas en las que impera el silencio o la apagada convesación de los fumadores que deben abandonar los edificios de oficinas y sus espacios más próximos para entregarse a su perseguido placer, ya sea bajo el tremendo frío del invierno neoyorquino a aguantando el tórrido calor de verano de la ciudad. Afortunadamente para ellos, esas salidas a la intemperie se verán compensadas con un detalle de buen gusto: en muchas de esas plazas puede uno disfrutar, a veces casi a solas, de algunas de las mejores esculturas del siglo XX.

Jean Dubuffet: "Grupo de cuatro árboles" (1972). Nueva York.

En una de esas plazas del bajo Manhattan, flanqueada por los rascacielos de un importante banco, se alza solitaria una inmensa escultura de doce metros de altura, que podéis observar en la foto de al lado. Fue realizada en 1972 por el pintor y escultor francés Jean Dubuffet (1901-1985) y sus sinuosas formas contrastan con las líneas rectas de los edificios de alrededor. Una obra realizada en resina epoxi y pintada en blanco y negro con poliuretano. Dentro de ella la visión habitual de Nueva York se transforma sobremanera y parece como si nos encontrásemos inmersos en un universo en el que lo real y lo imaginario se dan la mano. Esa fue la primera de una serie de esculturas de gran tamaño que Dubuffet fue plantando en algunas de las principales ciudades del mundo.

Inferior. Jean Dubuffet: "Jardín de invierno" (1970). París.


Hay un dato en la biografía de Dubuffet que nos demuestra cómo el arte es un camino que a veces cuesta trabajo encontrar. En su juventud estudió pintura durante algunos meses, pero quiso olvidarse de la expresión artística (dudando tal vez de la función del arte e incluso de su propia labor) y se refugió en los negocios familiares. Pasó así mucho tiempo y no fue hasta 1942 cuando Dubuffet decidió consagrarse por completo al arte. Lo hizo acuñando un término con el que quiso resumir sus intenciones estéticas, el arte bruto (que algunos llaman también arte marginal), con el que quería referirse a aquel tipo de arte que no es realizado por artistas profesionales, señalando algunos ejemplos: sería arte bruto el que desarrollan los niños, los enfermos mentales, los marginados o los presos, todos ellos ajenos a cualquier norma estética.



Jean Dubuffet. Izquierda: "Closerie Falbala" (1973), Valde Marne (Francia). Derecha: "Tour aux figures" (1988). Issy-les-Molineaux (Francia).


Jean Dubuffet: "Sala de calderas con chimenea" (1996). Vitry sur Seine. Francia.

Desde entonces ese fue el tipo de arte al que Dubuffet dedicó el resto de sus días, entre lo insólito y lo sorprendente, pintando y esculpiendo, empleando a veces materiales poco convencionales (como la resina epoxi, el alquitrán o el poliuretano) y saltando de uno a otro estilo, de pequeños a grandes formatos, basándose siempre en su instinto y en su propia capacidad creativa, que yo creo que a él mismo sorprendía. "Más vale el arte bruto que las artes culturales", afirmaba tratando de que el arte naciese a partir de los propios materiales con los que trabajaba, dando rienda suelta a su imaginación y procurando al mismo tiempo que no fuese la razón la que inspiraba sus trabajos.


Tomé estas dos fotos de esa gigantesca y entrañable escultura de los cuatro árboles en uno de mis paseos por Manhattan, colocándome dentro de la obra para entrever desde ella y de otra manera los rascacielos de alrededor. Disfruté allí un buen rato y en algún momento quizás me sentí como un niño que ve materializarse una de sus fantasías. Probablemente así se sentía Dubuffet cuando realizó la escultura, porque como el mismo señaló una vez "sin pan nos morimos de hambre, pero sin el arte nos morimos de aburrimiento".

Visitad la excelente Web de la Fundación Dubuffet (en inglés y francés), que se ocupa de mantener vivo el legado del artista. Además, esta otra página, que lleva su nombre, ofrece muchos datos interesantes.

07 julio 2009

ARCHIPENKO

ABRIENDO HUECO

Si el lector quiere dar un repaso a muchas de las más interesantes novedades que se desarrollaron en la escultura a lo largo del siglo XX y desea además hacerlo contemplando la obra de uno de los primeros artistas que las introdujeron, entonces inevitablemente debe aproximarse a la obra de Alexander Archipenko (1887-1964), uno de los ejemplos más claros de cómo el concepto de vanguardias artísticas puede aplicarse no sólo a la pintura de comienzos de ese siglo, sino también (y muy merecidamente) a la escultura, que encuentra en él uno de sus mejores exponentes.

Alexander Archipenko. Izquierda: "Suzanne" (1909). Pasadena. Derecha: "Desnudo femenino (torso negro)". 1909-11- Washington.

Archipenko nació en Kiev, ciudad ucraniana entonces perteneciente al Imperio Ruso, y allí realizó sus primeros estudios artísticos, completados a continuación en Moscú. Pero al igual que otros artistas rusos de su generación, nuestro escultor decidió dar un salto definitivo en su trayectoria y acabó por instalarse en 1909 en París, donde en breve plazo estableció un pequeño taller en Montparnasse y tomó contacto con algunos de los más destacados representantes de las vanguardias artísticas, hasta el punto de que un año después participaba ya en el XXVI Salón de los independientes, junto con cubistas destacados como Leger o Delaunay. El cubismo es, por tanto, la orientación de sus esculturas de este primer periodo, con figuras reducidas a sus volúmenes más simples y con una evidente tendencia a la geometrización.

Alexander Archipenko: "Cabeza: Construcción con planos cruzados" (1913). Washington.

Pero Archipenko, que también practicó la pintura, estaba interesado en explorar nuevos caminos en la plástica tridimensional, y acabó por introducir en el cubismo escultórico una serie de novedades que pueden considerarse pioneras. No se trata ya de que descomponga los planos y formas, como hacían los pintores cubistas, sino de aprovechar otras posibilidades. Entre ellas, aunque pueda parecer paradójico, el artista ucraniano localiza un tema que va a resultar fundamental en todo el desarollo posterior de la escultura del siglo XX. Hasta entonces la preocupación básica de un escultor ha sido dar forma a una masa determinada. Ahora el hueco, lo puramente antimaterial, será un elemento determinante de la propia escultura, proporcionando nuevas formas vacías y sugiriendo ritmos. Sin mucho temor a equivocarnos, puede afirmarse que la obra en la que refleja a una mujer que camina, con un torso casi inexistente y con el juego de volúmenes cóncavos y convexos, marca un verdadero antes y después en la escultura del siglo XX.

Alexander Archipenko. "Mujer caminando" (1912). Denver.

Alexander Archipenko: "El gondolero" (1914). Washington.

Siempre inquieto, en otros casos el artista ensaya con la estilización de los volúmenes, investiga las posibilidades del movimiento en la escultura, les aplica color, emplea materiales hasta entonces poco convencionales o inventa los que él mismo denominó como "esculto-pinturas", tratando de combinar las dos artes que siempre le atrayeron. En 1923 Archipenko trasladó su residencia de forma definitiva a los Estados Unidos, país del que acabaría por adquirir la ciudadanía. Allí siguió experimentando nuevas posibilidades escultóricas: trabajó con terracotas, empleó materiales plásticos a los que insertó luz interior e incluso realizó algunas incursiones en la escuiltura abstracta. Como decía de él Juan Gris: "Archipenko cambió la manera tracional de entender la escultura". No le faltaba razón.
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Alexander Archipenko: "Carrousel-pierrot" (1913). Nueva York.

Podéis ver un amplio repertorio de obras de Archipenko y una cronología muy bien estructurada de su trayectoria en la Web de la fundación que lleva el nombre del escultor.

01 junio 2009

DAVID SMITH

EL ESCULTOR DEL EXPRESIONISMO ABSTRACTO

Con frecuencia se tiende a considerar al expresionismo abstracto como una corriente pictórica desarrollada en los Estados Unidos tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo podemos encontrar una estética semejante en el escultor norteamericano David Smith (1906-1965), a quienes algunos han llegado a calificar como el padre de la escultura abstracta de aquel país, un hombre de quien se cuenta la anécdota de que su creatividad le permitió en una ocasión realizar 27 esculturas en 30 días, empleando para ellas, fundamentalmente, objetos hallados de manera casual.

David Smith. Izquierda: "Mujer en el metro" (1945). Washington. Derecha: "Tanktotem VIII" (1960). Nueva York.

Hijo de un ingeniero e inventor, parecía lógico que Smith pasase por la Universidad. Y así lo hizo durante algo más de un año, periodo tras el que abandonó los estudios para emplearse, muy joven aún, como obrero industrial en una fábrica de automóviles. Fue allí donde descubrió el mundo de la soldadura de acetileno y donde comenzó a mostrar un acusado interés por las manifestaciones artísticas y, de forma muy significativa, por las esculturas realizadas en hierro por Pablo Picasso y, sobre todo, Julio González.

Algo más tarde, y trasladado a Nueva York, la pintura abstracta de las vanguardias europeas y las aportaciones del constructivismo ruso también fueron objeto de su interés de Smith. De esta manera, a comienzos de los años treinta del pasado siglo, justamente cuando se desarrolla en el país la Gran Depresión, Smith toma la decisión de dedicarse a la escultura, tarea que le ocupó el resto de su vida.

David Smith: Izquierda: "La carta" (1950). Derecha: "El héroe" (1951-52).

Sin embargo, durante los años de la Segunda Guerra Mundial y dadas las dificultades para aprovisionarse de metal, Smith realizó una amplia obra pictórica, que completó con algunas esculturas en madera o marfil. Precisamente su último actividad laboral ajena al arte se desarrolló en una fábrica de ferrocarriles, ensamblando locomotoras y tanques. En ella pudo terminar de aprender los secretos de la fundición y los metales.

David Smith: "Australia" (1951). Nueva York.

A lo largo de su trayectoria la producción escultórica de Smith, siempre atraido por la abstracción, atravesó varias etapas, apreciándose en sus obras claras connotaciones cubistas e incluso surrealistas, recurriendo al empleo de antropomorfos. Pero desde finales de los años cuarenta en sus composiciones se pueblan de objetos diversos, hallados de manera fortuitas, semejando unos collages escultóricos en los que en algunas de las piezas podemos intuir un cierto carácter simbólico. En todos estas obras es evidente la dialéctica entre el vacío y la masa, entre el hueco y la materia prima empleada. Su lenguaje está ya próximo al de los pintores más destacados del expresionism abstracto y sus preocupaciones e intereses parecen ser semejantes. Su concepción del trabajo artístico queda bien plasmada en su afirmación de que "la escultura está tan libre como la mente; es tan compleja como la vida".

A partir de la década de los cincuenta, y en medio de un creciente éxito de crítica y público, Smith continúa explorando las posibilidades de la escultura abstracta, pero ahora lo hace recurriendo a obras de mayor tamaño que realiza en series dedicadas al mismo tema. Muestra de todo ello es su amplia serie "Cubi" de esculturas de gran tamaño en acero brillante, realizadas a base de diversos elementos geométricos, con los que incrementa la sencillez del resultado final. Aún trabajaba en esa serie cuando falleció en un accidente de automóvil. Siempre el metal.
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David Smith. Izquierda: "Raven 4" (1952). Derecha: "Cubi XVII" (1963). Dallas.
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En la Web oficial de los herederos de David Smith podéis leer en inglés una biografía del artista y acceder a muchas de sus obras. Más información en este blog, también en inglés.

02 mayo 2009

LA ESCULTURA BIOMÓRFICA

SOBRE LA OBRA DE JEAN (HANS) ARP

Las circunstancias de la vida. El artista del que hoy me ocupo nació alemán, pero acabó siendo francés y murió en Suiza. Se sentía poeta, aunque terminó por dedicarse a la pintura. De modo que fue pintor, aunque una gran parte de su obra son relieves y esculturas. Particìpó con los expresionistas en alguna exposición del grupo de El Jinete Azul, aunque también asistió al Cabaret Voltaire en el que surgió el dadaísmo. Sin embargo más tarde tomó contacto con los surrealistas, pero no despreció jamás el arte abstracto, hasta el punto de que una parte de su obra puede encuadrarse en esta tendencia. Nunca mostró excesivo interés por la fama y sin embargo obtuvo reconocimiento internacional con sendas exposiciones antológicas en Nueva York y París. Ni siquiera somos capaces de llamarlo de una única manera. Según optemos por la lengua alemana o la francesa diremos Jean Arp o Hans Arp.

Jean (Hans) Arp: Izquierda, "Lágrimas de Enak (formas terrestres)". 1917, Nueva York. Derecha: "Objetos dispuestos según la ley del azar". 1930, Nueva York.

En cualquier caso y pese a tanto azar, Jean (Hans) Arp sólo nació y vivió una vez (1886-1966), aunque esos ochenta años de existencia resultaron por completo fructíferos y nos mostraron el talante de un hombre de mentalidad inquieta, siempre abierto a la autorreflexión, a las novedades culturales y a las aportaciones de otros artistas. Como ya he tratado aquí de los orígenes del dadaísmo, me centro ahora en la faceta de Arp como escultor, que podemos remontar a mediados de la segunda década del siglo XX, cuando, en contacto con los dadaístas, realiza relieves en madera pintada los cuales, más que suponer un trabajo puramente escultórico, son como collagges tridimensionales a los que en algunos casos denomina constelaciones, bastante semejantes a las pinturas de la misma época. Arp no dejó de experimentar con este tipo de formas en las que lo que denominaba "leyes del azar" jugaban un papel fundamental.

Superior: Jean Arp: "Constelación con cinco formas blancas y dos negras (variación 3)". 1931, Nueva York.





















Izquierda: ""Head and shell". Hacia 1933, Nueva York. Derecha: "Hoja en descanso". 1959, Evanston, EE.UU.

Sin embargo, a partir de la década de los años veinte introdujo sustanciales novedades en sus esculturas, que ahora adquieren formas curvadas, muy sinuosas, en las que las aristas brillan por su ausencia. Es lo que el mismo llamó "esculturas biomórficas", queriendo hacer alusión con ello a la relación que, a su juicio, se establecía entre la pura creatividad artística y la creación en la misma naturaleza. Ahora el bronce y otros metales, además de diversos tipos de piedra son sus materiales favoritos. Pero haría mal el lector si acaba por creer que Arp buscaba la mera imitacion de la naturaleza; podría decirse más bien que su intención era trabajar en paralelo con ella, siguiendo ritmos y modelos de organización de las formas, como podrían ser los del crecimiento, en general, o la cristalización. En este sentido desde un punto de vista formal, sus obras pueden clasificarse en dos grandes grupos. De un lado, las que se sitúan dentro de la pura expresión abstracta; de otro, aquellas que evocan formas humanas simplificadas y replanteadas.

Superior. Jean Arp: Izquierda: "Woman" (¿?). Derecha: "Escultura perdida en el bosque" (1932). Londres.

Es ese profundo interés por lo humano, en un hombre que siempre se sintió tan atraido por la naturaleza, el que explica que Arp plantease en cierta ocasión que "de una u otra forma, mis esculturas son siempre torsos". Probablemente su frase sea una exageración, propia de un artista que fue capaz de integrar en sus obras elementos procedentes de muy diversas vanguardias, desde el expresionismo al dadaísmo; desde el surrealismo a la abstracción y que supo combinar todo ello acertadamente. Un creador capaz de reaccionar contra los valores artísticos tradicionales y de buscar nuevos horizontes en la escultura. Que trabajó sin hacer demasiado ruido. Como no lo hace esta hermosa pieza con la que concluimos: "escultura del silencio". Pura filosofía.

Jean Arp: "Escultura del silencio" (1942). Nueva York.

En la página de la Fundación Jean Arp no hay que dejar de visitar el apartado titulado "Le coin des enfants" que nos muestra con una presentación en flash cómo se desarrollaba el proceso creativo del artista. Por otra parte, en Remagen (Alemania) existe un Arpmuseum, que proporciona información sobre el escultor, aunque sólo en alemán.

 

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