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30 enero 2010

ANSUR PIRANUS

Y LA IGLESIA ROMANICA DE ANDALUZ (SORIA)

Hace algún tiempo leí no sé dónde una breve noticia sobre un pequeño pueblo del sur de la provincia de Soria  llamado Andaluz. Me llamó la atención la pervivencia de este topónimo en un lugar tan al norte del reino de Castilla. Así que en los últimos meses, a ratos perdidos, he tratado de reunir cuanta información he podido sobre este tema y, de paso, he hallado un nombre para mi completamente desconocido, el de Ansur Piranus, un humilde constructor del siglo XII, en pleno románico, una época en la que muy pocos nombres pasaban a la historia y mucho menos si se trataba de artistas. Pero vayamos por partes.

Se sospecha, aunque ello no esté acreditado documentalmente, que el nombre de ese pueblo soriano, Andaluz, se debe a una repoblación efectuada en la zona por mozárabes procedentes del sur de la península quienes, por las razones que fuesen, quisieron dar a su asentamiento una denominación semejante a la del país del que provenían, Al-Andalus. Todo esto debió suceder tal vez a comienzos del siglo XI. Algo más tarde, en 1089, el conde Gonzalo Núñez de Lara concede a Andaluz un fuero, cuyo texto sí ha llegado hasta nosotros. Leyéndolo me llamó la atención el modo en el que el citado conde emplea una fórmula conminatoria habitual en la época, amenazando a quienes no respetasen los derechos que en el fuero se recogían con quedar privados de la corte celestial, con Jesucristo al frente, para caer en manos de "Judas el traydor... en fondo de los infiernos". Típica muestra de los principios maniqueos inherentes a la religión cristiana.

Pero si curiosa es esta historia, más interesante es aún la que tiene que ver con la iglesia de Andaluz. Un templo románico de trazas muy simples: nave única de testero plano (aunque se sospecha que poseyó originariamente un ábside) y una hermosa galería porticada que ahora sólo se extiende por uno de los laterales de la iglesia, aunque tal vez debió erigirse en un momento posterior a la construcción del templo. Una maciza torre, también de trazas románicas, completa el sencillo conjunto.

Tiene además la iglesia de Andaluz una hermosa portada abocinada, en medio punto, cuyas arquivoltas apean sobre columnas de fuste liso que poseen capiteles en los que se recoge decoración vegetal (los exteriores) y figurada (los interiores), en este caso sendas parejas de leones que parecen devorar una cabeza humana.

En la parte superior de las enjutas de esta portada se han conservado dos placas con decoración en bajorrelieve. Según miramos, a la derecha figura un león con cabeza de águila; a la izquierda hay otro león bajo el que figura la inscripción dedicatoria del templo, en latín, que dejo aquí abajo y cuya transcripción y traducción vendrían a ser las siguientes:


IN NOMINE DINI NRI IHV XPI/ IN HONOR EX MICAEL ARCAN/GELI ERA MEC QVINCVAGEN/ ANSVR PIR ANVS ME FECIT

(En el nombre de nuestro señor Jesucristo, en honor de Miguel arcángel, era de 1152 Ansur Piranus me hizo).

Nada más y nada menos. El breve texto nos informa de la advocación de la iglesia. Nos indica igualmente de manera exacta el año de finalización de las obras, que pasado de la era cristiana que se usaba entonces en Castilla a la cronología actual viene a corresponderse con la fecha de 1114 que antes cité. Pero para mi tiene más valor aún que contenga el nombre de quien la edificó, ese Ansur Piranus que, dada la dificultad de transcripción del texto algunos leen también como Subpirianus (o Cipriano). Desde la bruma de los tiempos, hace ya casi novecientos años nos llega el nombre de este humilde constructor de templos, el cantero que logró sobrevivir al anonimato. Quien lleno de orgullo ante lo que hizo, grabó en la puerta de la iglesia su propio nombre. Así que podríamos decir que a fin de cuentas, lo lograste, Ansur: has pasado a la historia.

Hay muchos datos y fotos sobre esta iglesia y su cantero en esta Web sobre "la frontera del Duero" y, como siempre que hablamos de románico, en Arquivoltas. Más información en esta página y en esta otra, de Juan Antonio Olañeta.  Finalmente, aquí podéis leer el fuero de Andaluz.

14 enero 2010

UN MONASTERIO CISTERCIENSE

SANTA MARÍA DE MORERUELA


Vuelvo a cruzar por carretera, de norte a sur, la provincia de Zamora, siguiendo la antigua Vía de la Plata. Me gusta recorrer esta zona del antiguo reino de León; estas viejas tierras del Duero en las que el Arte y la Historia aparecen casi en cada esquina, tras cada curva del camino. Así me sucede otra vez en las cercanías de la pequeñísima población de Granja de Moreruela, próxima al río Esla. Me aparto brevemente de mi ruta para visitar las ruinas del monasterio de Santa María de Moreruela, un majestuoso conjunto ahora en vías de restauración parcial. Me admiran estas piedras que aún hoy pregonan la importancia que el cenobio debió poseer en el pasado.

Derecha: vista exterior de la cabecera del monasterio. Debajo: reconstrucciones virtuales del conjunto.


Nos señala la Historia que existió en la zona una comunidad monacal anterior, quizás desde el siglo IX, pero hemos de esperar a mediados del siglo XII para que se levante el imponente conjunto de cuya visión puedo ahora disfrutar. Por entonces los reinos de León y Castilla estaban unidos bajo la corona de Alfonso VII el Emperador, quien impulsó la repoblación de estas tierras. Ello explica el levantamiento de este monasterio, unas de las primeras fundaciones de obediencia cisterciense en nuestro país, que debió crearse en una fecha imprecisa en torno a los años 30 ó 40 del siglo XII.

Imagino ahora a esos primeros monjes blancos del Císter, empeñados en la reforma de la orden benedictina, dándole mayor austeridad y planteándose su vida religiosa con mayor recogimiento, pero ilusionados al mismo tiempo en la erección de su monasterio, que acabaría consagrado a Santa María. Las ruinas que contemplo son el testigo mudo de la importancia que este cenobio alcanzó en los últimos siglos medievales y, vistas como hoy en un día de invierno con aguaceros constantes, resultan aún más atractivas: los parcos restos del claustro y de otras dependencias, la sala capitular abovedada pero ya restaurada y, sobre todo, la impresionante cabecera de la iglesia abacial.


Izquierda: vista de los restos de la iglesia hacia la cabecera. Derecha: planta del templo.

Esa enorme iglesia debió levantarse ya avanzada la segunda mitad del siglo XII cuando, por paradójico que pueda parecernos, estos monjes cistercienses carecían aún de modelos propios en los que basarse para erigir sus propios templos, de manera que el edificio tomó como referencia la iglesia del monasterio de Cluny, en Francia, que había sido consagrada en 1130. Formalmente el templo muestra la transición entre la arquitectura románica y la gótica: de ésta dan cuenta el uso del arco apuntado y la bóveda de crucería, pero el espesor de los muros y lo reducido de los vanos nos remonta aún a la mentalidad románica.


Izquierda: vista de la iglesia hacia los pies. derecha: sector del presbiterio.

Avanzo por los restos de las tres naves, de las que sólo se conservan los muros externos y los arranques de los pilares que marcaban sus nueve tramos y me sitúo en el centro de lo que fue el transepto, que mantiene aún parte de su abovedamiento, para contemplar la asombrosa cabecera absidada, enmarcada por un gran arco toral y dispuesta en dos alturas. En la de abajo, robustas columnas sostienen arcos apuntados, mientras que en la de arriba se abren vanos de medio punto peraltados. Más allá, la girola, cubierta con bóvedas de ojiva, se abre a siete absidiolos con planta de arco de herradura. Levanto la vista para contemplar una poderosa bóveda de cuarto de esfera, reforzada por fuertes nervios que concluyen en los típicos cul-de-lamp de la arquitectura cisterciense. Es enorme la belleza de esta piedra desnuda, pese a la escasa decoración que propugnaba la austeridad de la orden.
Inferior:  vista de la cabecera con la girola y sistema de abovedamiento.


Inferior: exterior de la cabecera del templo y vista hacia el interior.


Salgo al exterior de la iglesia para acabar mi visita con la contemplación del exterior de su cabecera: una sinfonía de volúmenes, un juego de diferentes alturas. Cuesta trabajo terminar, porque todo es aquí interesante. La densidad de la piedra y la pequeñez de los vanos abocinados, el ritmo de los absidiolos y, sobre todo, la capacidad de estos restos para hacernos evocar el pasado. Un pasado lejano en que unos monjes querían servir a Dios siendo austeros. Por eso era tan importante para ellos levantar a ese dios suyo una morada digna, en la que pasarían muchas horas al día orando, al tiempo que luchaban contra el afán de ostentación de los monasterios cluniacenses, tal como defendía San Bernardo, el más conocido teórico de la orden: "La iglesia relumbra por todas partes, pero los pobres tienen hambre". Tenía razón.


Todas las fotografías del monasterio están realizadas por Pablo Moriña, a quien agradezco además la compañía, como a Vicente y las tres damas. Las reconstrucciones virtuales del cenobio son obra de la empresa Aguicamp, arquitectura e ingeniería, en cuya Web podéis encontrar más datos sobre el monasterio. Además, os recomiendo seguir el hilo de los interesantes comentarios de estos pobladores de Celtiberia.net.

16 agosto 2009

LA BASÍLICA DE SACCARGIA

ARQUITECTURA ROMÁNICA SARDA

En una de mis rutas por los montes del noroeste de la isla de Cerdeña casi me tropiezo con esta basílica, a la que las Historias del Arte que he podido consultar prácticamente no prestan atención. Me sorprende enormemente este conjunto situado en la localidad de Codrongianos, magníficamente conservado, tanto por sus generosas proporciones como por las pinturas de su ábside. Un antiguo libro de la orden camaldulense refiere que el edificio (mandado construir por el juez Constantino I y su esposa Marcusa, en cumplimiento de un voto) fue consagrado en el año 1116 y entregado a la citada orden, que poseía en el lugar una preexistente abadía. En este dominio se mantuvo hasta mediados del siglo XVI, cuando se inicia una época de abandono que se extiende prácticamente hasta los momentos actuales, en los que una restauración (con algunas notas exageradas) ha devuelto el templo casi a su primitivo estado.

El edificio, que sigue los modelos de la arquitectura toscana, es un hermoso ejemplo de iglesia románica, en este caso con la nota distintiva de estar construida a base de dos diferentes tipos de piedra: la caliza clara y el basalto negro. Posee una única nave de considerable altura, cubierta a dos aguas y rematada a los pies por un amplio pórtico y a la cabecera por un crucero triabsidado. En un momento indeterminado de la segunda mitad del siglo XII se amplió la longitud de la nave, se levantó el pórtico actual y se erigió la enorme torre que corona el conjunto, originariamente separada del muro lateral de la iglesia.















Pero lo que más me admira de esta basílica románica sarda es el ciclo pictórico que cubre la totalidad de la bóveda del ábside central. Un amplio fresco considerado como el único conservado íntegramente de la época del románico pleno de Cerdeña, datable también en la segunda mitad del siglo XII. Dividido en tres niveles, el superior nos muestra un Pantocrátor en su mandorla, rodeado por un cortejo de ángeles y arcángeles. En el registro intermedio figuran la Virgen, los doce apóstoles y otro personaje que no logré identificar. Llama la atención cómo, pese a la rigidez propia del románico, el autor trató de dar algún rasgo de naturalidad a este amplio conjunto y dispuso a algunos de los personajes como si estuviesen conversando entre sí. Por fin, en el registro inferior, se sitúan cinco escenas de la vida de Jesús; de izquierda a derecha: la última cena, el beso de Judas, la crucifixión, el entierro de Cristo y el descenso a los infiernos.

A juicio de los restauradores de estas pinturas, puede verse en el conjunto una cierta influencia bizantina, pero en ellas está presente el mismo hálito que inspiró al maestro que tal vez dos docenas de años antes realizó las pinturas del ábside de San Clemente de Tahull, aunque me pareció encontrar una mayor ingenuidad en el caso del pintor de Saccargia, cuyor Pantocrátor muestra un rostro más amable. De cualquier modo los dos respondían a un claro mandato: el de mostrar a los fieles que faltaba una segunda venida de Cristo y que entonces todos serían juzgados. Quizás a ese temor responda el único elemento decorativo que pude encontrar en la desnudez absoluta de los muros de la nave. Una solitaria cabeza masculina en relieve. Su rostro tan expresionista me pareció reflejar un claro temor. El Juicio Final, nada menos.
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En esta Web disponéis de una vista en 360ª de la Basílica de Saccargia y aquí podéis leer otras informaciones, en italiano.

06 diciembre 2008

SAN MARTÍN DE FRÓMISTA

UN EJEMPLO DE IGLESIA ROMÁNICA

Probablemente sea ésta una de las iglesias más reproducidas fotográficamente cuando se trata de explicar algunas de las características básicas de la arquitectura románica: el empleo del sillar de piedra, el predominio del muro sobre el vano, el uso del arco de medio punto y la bóveda de cañón, la división en naves o la presencia del cimborrio sobre el crucero. Podría decirse que la lectura visual de la iglesia de San Martín de Tours, en Frómista (Palencia) facilita enormemente la comprensión del estilo que dominaba la Europa cristiana en los años de transición entre los siglos XI y XII.

Iglesia de San Martín de Frómista. Vista desde los pies.
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Una somera descripción del edificio debe indicarnos que presenta una planta basilical dividida en tres naves cubiertas con bóvedas de cañón, rematadas cada una de ellas por un ábside semicircular y separadas entre sí por pilares de sección cruciforme que dividen el espacio en cinco tramos. La cubierta de la nave central (que es de mayor altura y anchura) se hace a dos aguas, siendo a una sola la de las dos naves laterales. Por otra parte, el último de los tramos (de mayor longitud) actúa como nave de crucero, marcándose exclusivamente en altura, al quedar alineado con los muros exteriores de las naves. Sin embargo, se otorga especial relevancia a su espacio central, rematado por un cimborrio sobre trompas de planta octogonal y cerrado mediante una cúpula semiesférica.

Superior: San Martín de Frómista. Cúpula del cimborrio. Derecha: planta.

Inferior: Vista de los ábsides (izquierda) e interior del templo (derecha).

Toda la obra se realiza a base de sillares de piedra perfectamente escuadrados y podría completarse la descripción indicando que la iglesia posee tres portadas enmarcadas por arquivoltas abocinadas (una cuarta es obra moderna), dispuestas dos de ellas en los laterales y la tercera a los pies del templo, lugar en cuyas esquinas figuran también dos torres de planta circular y mediana altura, que parecen inspiradas en la arquitectura carolingia.

En definitiva, San Martín de Frómista sería un claro modelo de edificio religioso románico levantado en una de las localidades que atravesaba el Camino de Santiago, esa autopista de la multiculturalidad tan transitada en los últimos siglos de la Edad Media. Sus orígenes, según las fuentes escritas, parecen remotarse al año 1066, cuando Doña Mayor, viuda del rey Sancho III de Navarra otorga en testamento unas cantidades para que se levante el templo dentro de un conjunto monástico. Sin embargo, desde hace unos años la crítica viene insistiendo que las formas del edificio dan la impresión de ser algo más tardías; de los últimos años del siglo XI. No importa demasiado esta pequeña diferencia en la determinación de la cronología de la iglesia que, para colmo, sufrió una restauración exagerada a finales del siglo XIX.
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Capitel con decoración geométrica.
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Quizás sea más interesante detenerse en la contemplación pausada de los capiteles del templo, que nos muestran un variado repertorio de composiciones escultóricas, tanto de carácter geométrico como figuradas, como ocurre también en los canes que sostienen la cubierta, un conjunto de 320 piezas en algunas de las cuales aún podemos ver algunas escenas de contenido sexual explícito. Temas vegetales, animales de diverso tipo y variadas composiciones bíblicas completan este interesante muestrario del relieve románico. Entre tanta obra atractiva me llama especialmente la atención el capitel que muestra a Adán y Eva en el Paraíso, con la serpiente y el árbol de la fruta prohibida. Esa era, en el fondo, la intención de la Iglesia medieval: recordarle a los fieles que, desde el principio de los tiempos eran pecadores. ¿Por qué habría una fruta prohibida?
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Arriba, derecha: detalle de capitel: Adán y Eva comiendo la fruta prohibida. Izquierda: canes del exterior.

Es abundante la información en la Web sobre San Martín. Destaca el análisis textual y fotográfico (como siempre, excelente) que hace A. García Omedes en su página Arquivoltas. Hay más imágenes en esta página francesa y en esta otra española, con un plano clicable. Para acabar, detalles interesantes y curiosos en el Centro Virtual Cervantes.

10 diciembre 2007

EL CIMBORRIO EN LA ARQUITECTURA ROMÁNICA

EN TORNO A UNA POLÉMICA SOBRE LOS "CIMBORRIOS DEL DUERO".

En Historia del Arte se denomina cimborrio a aquella construcción que en una iglesia se eleva sobre el crucero del templo, independientemente de la planta que presente (cuadrada, cilíndrica, octogonal...) y de cómo esté rematada hacia el exterior. Esta estructura tiene una doble funcionalidad: de una parte, ilumina el interior del edificio; de otra, realza el eje central del espacio religioso, allí donde se cruzan los dos brazos de la cruz latina, formando precisamente el crucero.

"Torre del gallo". Cimborrio de la Catedral Vieja. hacia 1150. Salamanca.

Atraído desde siempre por la arquitectura románica, dediqué unos días el pasado verano a recorrer algunos de los templos más significativos de este estilo y, en especial, el grupo de iglesias a los que la crítica caracteriza por poseer unos cimborrios con algunas semejanzas, hasta el punto de denominar al grupo como "cimborrios del Duero". Se trata de las catedrales de Salamanca (vieja) y Zamora y la colegiata de Toro, en esta última provincia, a los que podría añadirse también la catedral vieja de Plasencia, en Cáceres.

Vista interior y exterior del cimborrio gallonado. 1174. Catedral de Zamora.

Pero, ¿qué caracteriza a los cimborrios de estos templos? Respecto a su cronología, todos ellos presentan fechas tardías, de la segunda mitad del siglo XII como muy pronto. En cuanto a su forma, vistos desde el interior, nos muestran cúpulas gallonadas (divididas por nervios, que compartimentan el espacio en cascos, cual si se tratase de los gajos de una naranja) elevadas sobre pechinas. Vistos desde el exterior, estos cimborrios aparecen cubiertos por escamas, logradas mediante la superposición de lajas de piedra. Además, suelen aparecer torrecillas adosadas, también rematadas en cúpulas.

De todos ellos, quizás el más interesante es el de la catedral de Zamora, mandada construir en tiempos de Alfonso VII y consagrada en 1174. En este cimborrio las pechinas se prolongan hacia el exterior mediante cuatro torres, mientras la luz penetra al interior por 16 ventanas con arcos situadas en el tambor cilíndrico que levanta la cúpula. Ésta se divide en 16 gallones y, siendo semiesférica desde dentro del templo, aparece levemente apuntada por su parte externa.

Pero cuando observamos estas hermosísimas construcciones, la polémica está servida. En opinión de unos, el origen de tales cimborrios es de procedencia oriental y mostraría la pervivencia de elementos bizantinos en la arquitectura románica. Según otros, la presencia de los cimborios gallonados se debe a una clara influencia del románico francés, ya que en el sudeste de Francia pueden encontrarse iglesias con estructuras muy semejantes, al menos vistas desde el exterior. No falta quien apunta que esta manera de construir se enraíza perfectamente en antiguas tradiciones hispánicas. Es evidente que los cimborrios se parecen ligeramente a las cúpulas bizantinas y, por otra parte, conocemos la presencia de arquitectos y clérigos franceses en el románico español.
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Torre del Melón. Cimborrio de la Catedral Vieja de Plasencia. Siglo XIII.
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Nunca sabremos a ciencia cierta cómo fue que estas construcciones acabaron levantándose en la zona del Duero e incluso más al sur (existe un elemento semejante en la catedral de Évora, en el Alentejo portugués), pero ahí quedan, con varios cientos de años sobre sus piedras, para dejarnos un mudo testimonio de la altura (no sólo física) que alcanzó la arquitectura románica en su intento de acercarse a lo divino; allí en el crucero, donde en la iglesia se producía el encuentro de los dos brazos de la cruz: la cruz de Cristo que el templo quería semejar en piedra.

En esta página tenéis más información sobre la polémica de los "cimborrios del Duero". Además, ved más fotos del cimborrio zamorano y leed varia información sobre la catedral de esa ciudad en el portal de romanicozamorano. Sobre la Colegiata de Toro, es muy recomendable esta página del romanicoaragones, del Dr. García Omedes, del que ya hemos hecho referencia en otras ocasiones y a quien corresponde la foto que aquí figura del exterior del cimborrio zamorano. Por otro lado, esta ficha de arteguias sirve para documentar la catedral vieja de Plasencia. Por último, no deberíais dejar de visitar la excelente web oficial de la catedral de Salamanca, en la que podéis obtener datos interesantes sobre su catedral vieja.
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Cimborrio de la Colegiata de Toro. Finales del siglo XII.

06 diciembre 2007

¿CUÁNDO COMENZÓ EL ROMÁNICO?

EN LOS ORÍGENES DE LA ARQUITECTURA ROMÁNICA

La pregunta ¿cuándo se inició la arquitectura románica? es de respuesta imposible. No existen ni una fecha concreta ni un lugar específico sobre los que se pueda afirmar que ahí se encuentra el primer edificio románico de la Historia. Por tanto, hemos de dar una respuesta por aproximación, que requiere en primer lugar plantearnos qué elementos son los que nos indican que nos hallamos en presencia de una construcción de tipología románica.

Bóvedas de cañón y de aristas.

En este sentido, sería definitorio que tal edificio presentase sus cubiertas abovedadas, hechas de piedra, ya sean bóvedas de cañón o de aristas. Hay que recordar entonces que la bóveda de cañón es el resultado de la prolongación longitudinal de un arco de medio punto en el espacio, mientras que la de aristas es el producto del cruce perpendicular de dos bóvedas de cañón.

El recurso a estas formas de cubierta exigía la colocación previa de cimbras de madera, sobre las cuales los albañiles pudieran ir colocando los elementos de la bóveda. Pero ésta, al ser de piedra, implica un peso mucho más elevado que el que resultaría de una cubierta de madera. Es por ello que, para reforzarla, se recurre a dividir la bóveda en tramos, mediante arcos fajones que envían el peso a los pilares sustentantes. Además, en las bóvedas de aristas, se colocan al mismo fin arcos formeros, alineados con el eje longitudinal de la bóveda.

Pero hemos de tener presente que la bóveda de cañón es un recurso de gran antigüedad en la arquitectura (por ejemplo, fue muy utilizada en el arte romano). Sin embargo, su empleo en la arquitectura románica va acompañado de otras novedades, como el resalte de los arcos (que sobresalen claramente del muro en el que se inscriben) o la presencia de las llamadas bandas lombardas, que recorren el muro en vertical.

Así pues, estos son los elementos formales de la primera arquitectura románica: las bóvedas (de cañón o de aristas), con sus correspondientes arcos de sustentación y descarga de empujes (fajones y formeros) y las bandas lombardas. Pero la arquitectura del primer románico supone también una nueva concepción del espacio construido, una nueva idea del edificio siendo éste, habitualmente, una iglesia. Ésta va a caracterizarse por presentar una nave rematada en un ábside semicircular que cierra la cabecera. Así se resuelve el modelo más simple de iglesia románica, aunque casi al mismo tiempo (y por las necesidades del culto cristiano) vana surgir iglesias de tres naves, todas ellas abovedadas y rematadas en ábsides, aunque la central suele presentar mayor anchura.

Bóvedas de la iglesia de San Filiberto. (1019). Tournús (Francia).

En conclusión: nuevos elementos constructivos y nueva concepción del espacio construido. Pero, ¿cuándo comenzó todo ello?, ¿dónde sucedió? Hemos de situarnos en los momentos cercanos al año 1000. Encontraremos entonces que en diversos edificios del norte de Italia y del sur de Francia están ya experimentándose estas novedades, que se seguirán también muy pronto en Cataluña. Ocurrió así en Borgoña, donde se lleva a cabo la edificiación de la iglesia del monasterio de Cluny-III, no conservada, o la del templo de la abadía de San Filiberto de Tournus, cuyos espacios más antiguos fueron consagrados en el año 1019. Lo mismo estaba pasando en Italia, donde se dedica en 1007 la iglesia de San Vicente de Galliano con naves, bóvedas y ábside, o en Normandía, cuya iglesia de Jumiéges comenzó a levantarse hacia 1040. En Cataluña, la iglesia de San Pere de Rodas era bendecida por el famoso abad Oliba en 1022.

Fenómenos similares estaban ocurriendo casi a la vez en otras regiones próximas a las que hemos citado aquí. De manera que en aquellas zonas de Europa a las que aún sobrecogían los terrores del año 1000, grupos diversos pero con mentalidades semejantes estaban respondiendo a las mismas inquietudes con soluciones arquitectónicas similares. Estaban, en definitiva, inventando la arquitectura románica. Ellos no lo sabían, pero nos dejaron sus obras para que hoy podamos disfrutar contemplándolas.

Iglesia del Monasterio de San Pere de Rodas. (1002). Port de la Selva (Gerona).

Sobre el contexto social que explica el origen del arte románico, podéis leer este artículo. Por otra parte, y como ejemplos de esos primeros edificios románicos, puede consultarse esta amplia información de románicocatalán.com. relativa al monasterio de San Pere de Rodas. En la misma línea, `pero respecto a un templo francés, esta página nos presenta un amplísimo repertorio fotográfico sobre la iglesia de la abadía de San Filiberto de Tournus.

29 julio 2007

SAN CIPRIANO DE ZAMORA

LA HERMOSA SENCILLEZ DE LA ARQUITECTURA ROMÁNICA

Para terminar esta pequeña serie de artículos dedicados a obras de arte de Castilla y León, me detengo ahora en un pequeño templo enclavado en el casco antiguo de la ciudad de Zamora.

Iglesia de San Cipriano, Zamora. Planta (izquierda) y vista de la torre (derecha).

Se trata de la iglesia de San Cipriano, levantada durante la segunda mitad del siglo XI, siendo por tanto una de las construcciones religiosas más antiguas de la ciudad. Su característica principal es la de presentar un interior de una única nave muy amplia, que sin embargo se remata en el presbiterio con una triple cabecera de testero plano. Parece ser que hubo reformas de este interior ya en el siglo XII, tendentes a eliminar las tres naves preexistentes para dar al conjunto una mayor amplitud, trazándose unos colosales arcos apuntados de extremo a extremo, para sostener los apoyos de una sencilla cubierta de madera.

Iglesia de San Cipriano. Zamora. Vista de la cabecera.

Es por tanto la parte de la cabecera la más antigua de las estructuras conservadas del templo. Y, precisamente, esa disposición de las tres capillas de testero plano constituye el elemento más destacado de la iglesia, que podemos considerar una clara influencia de la arquitectura visigoda. Estos "ábsides" se abren al exterior mediante pequeñas saeteras en cuyos tímpanos aparecen interesantes relieves. Además, en uno de ellos podemos observar aún in situ una reja de cierre, del siglo XII, que debe ser, por lo tanto, de las muestras de forja más antiguas del país. Hay otros relieves (quizás traidos de otras iglesias de la ciudad), también muy interesantes, en la parte exterior que mira hacia el río.
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Relieve de la cabecera: Santiago, S. Felipe, S. Pedro y Sto. Tomás. // Relieve del herrero. (Lado sur).
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Relieve de Daniel en el foso de los leones. (Lado sur).
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He visitado esta iglesia dos veces en los últimos seis meses, atraído por el especial encanto que de ella emana. Su rústica construcción en piedra, ese interior tan llamativamente amplio, su ubicación en uno de los extremos del casco antiguo de la ciudad (a modo de atalaya sobre el río Duero), y la enorme ingenuidad de sus relieves hacen al conjunto especialmente atractivo. La segunda vez, llegué a San Cipriano después de haber visitado la iglesia visigoda de San Pedro de la Nave. Y aquí me encontré, de nuevo, con la escena de Daniel en el foso de los leones. Pero en esta ocasión, aquellos leones que en San Pedro estaban bebiendo agua, ignorando a Daniel, ahora lo acechan y parece que van a devorarlo. Sin embargo, el cincel de aquel escultor románico no debió haber visto leones en su vida. Tal vez eso explique que, si nos fijamos con detalle, los leones devoradores parezcan... cocodrilos. Pero que yo sepa, jamás hubo cocodrilos en el Duero. Así pues, ¿de dónde sacó su inspiración nuestro artista?

En esta página se analiza el templo con cariño y buenas fotografías del exterior. Buenas fotos también en esta página sobre el románico zamorano. Finalmente, y como en otras ocasiones, recomiendo la visita a esta web, siempre llena de contenidos interesantes y fortografías excelentes.
 

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