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27 septiembre 2010

LA PINTURA LEVANTINA

CAZANDO A LA CARRERA

Pocos milenios después de que los grupos humanos de cazadores y recolectores del Paleolítico Superior nos dejasen abundantes evidencias de su capacidad artística en las cuevas de la zona franco-cantábrica, comenzó a desarrollarse en otras áreas de la Península Ibérica una variedad de arte parietal bien distinta de la anterior. Se trata de la denominada pintura rupestre levantina. Debemos comenzar aclarando que el calificativo de levantino aplicado a este tipo de manifestaciones artísticas no resulta del todo adecuado, pues podemos encontrarlas en una amplia franja próxima al Mediterráneo que comprende no sólo el Levante español, sino también algunos sectores del sur de la península, extendiéndose hasta la provincia de Cádiz.

Superior: representación de un arquero en marcha. Abrigo de Olivanas (Teruel). Hacia 7.000-4.500 a.C. Calco (izquierda) y fotografía (derecha).

Por otra parte, y desde el punto de vista cronológico, como ya hemos señalado este arte rupestre es posterior al franco-cantábrico. Mientras éste se asigna al Paleolítico Superior, la pintura levantina se sitúa en una franja temporal que corresponde a los periodos Epipaleolítico, Neolítico y Edad de los Metales, con una cronología que puede establecerse entre los años 8.000 y 1.000 a.C., aunque existan grandes discrepancias entre los expertos dadas las dificultades de datación de las obras. Coinciden esas fechas con una etapa en la que el clima pasa a tener ya algunas de las características todavía vigentes, de manera que podría afirmarse que el arte levantino se desarrolla cuando la Edad del Hielo ha quedado atrás.

Cacería de ciervos. Cova dels Cavalls (Castellón). Hacia 5.000 a.C.

Tal vez esa mejora del clima pueda ponerse en relación con otra característica de la pintura rupestre levantina, referente a su localización. Las obras no aparecen ahora en el interior de cuevas, a veces a grandes distancias de la entrada, sino en abrigos rocosos de escasa profundidad a cuyas paredes llega sin dificultad la luz natural, lo que en muchos casos explica el mal estado de conservación de las representaciones, que ahora se limitan a la pintura, abandonándose la técnica del grabado casi por completo.

Pero lo más llamativo de la pintura levantina es su carácter narrativo: nos encontramos ahora con escenas variadas (caza, lucha, danzas, vida cotidiana) en las que el característico naturalismo de la etapa anterior resulta en parte sustituido por una cierta tendencia a la estilización de las figuras, que quedan reducidas a sus rasgos fundamentales (llegando en ocasiones al esquematismo) y suelen estar pintadas en un único color. La vivacidad de la escena se acentúa además por la idea de movimiento: es frecuente encontrar grupos de animales  o de cazadores y guerreros en plena carrera. Precisamente, la incorporación de un amplio repertorio  de figuras humanas de ambos sexos en estas representaciones (habitualmente, de tamaño reducido) es otra de las características fundamentales del arte rupestre levantino.

Superior: Representaciones del abrigo de Cogul (Lérida). Hacia 7.000-5.000 a.C. Inferior: detalle de la danza fálica del extremo inferior derecho.

Finalmente, deberíamos interrogarnos acerca del trasfondo social al que estas pinturas hacen referencia. En este sentido, un gran número de representaciones nos muestran una sociedad en la que se mantiene el sustrato paleolítico, con actividades depredadoras entre las que predomina la caza. Otros elementos evidencian la existencia de una mínima jerarquía social, con la presencia de jefaturas de caza o de guerra y es bien posible, además, que los abrigos que albergan las pinturas tuviesen una consideración de santuarios. Sin embargo, tenemos constancia de que muchas de estas obras fueron realizadas cuando estos grupos humanos manejaban ya las primeras actividades productoras (agricultura y ganadería), características del Neolítico, las cuales, sin embargo, no se incluyen entre las representaciones. Quienes pintaron en estos abrigos del Levante y el Sur de España prefirieron hacer referencia a actividades practicadas desde hacía ya muchos milenios. La fuerza de la costumbre.

Aunque no conozco ninguna obra de síntesis sobre este tema en Internet, en este portal, aún en proceso de elaboración, encontraréis diversas informaciones sobre el tema del "arte rupestre del arco mediterráneo", que podéis completar con la visita a este otro, dedicado al "arte sureño". Por otra parte, y como ejemplos de estudios monográficos podéis visitar esta página, dedicada al abrigo de Cogul, y esta otra, centrada en las pinturas rupestres de la provincia de Teruel. 

Recolección de miel. Cueva de La Araña. Bicorp (Valencia). Hacia 6.000 a.C. Izquierda: fotografía. Derecha: calco de la imagen. 

21 septiembre 2009

LA CULTURA NURÁGICA

LA EDAD DE LOS METALES EN CERDEÑA

Cuando el visitante recorre en automóvil las intrincadas carreteras de la isla de Cerdeña verá con frecuencia indicadores que le sugieren la posibilidad de desviarse de su iitinerario para visitar uno de los abundantes nuraghi que salpican la geografía de la isla. Son tantos (unos 7000) que para el conjunto que componen se emplea el término de "cultura nurágica". Pero, ¿en qué consiste dicha cultura? ¿Cuándo se desarrolló? Pese a la abundancia de los restos arqueológicos no podemos responder con completa exactitud a estas cuestiones, de manera que vamos a señalar aquí los puntos en los que la investigación está, más o menos, de acuerdo.

Torre central del conjunto nurágico de Santu Antine (Hacia 1600-1450 a.C.). Torralba, Cerdeña.
Lo que se ha dado en denominar cultura nurágica de Cerdeña es un fenómeno perteneciente a las últimas etapas de la Prehistoria y, más en concreto, a la Edad de los Metales. Ahora bien, aunque algunos autores sitúan su comienzo en los inicios de la Edad de Bronce (o Bronce Antiguo, por tanto casi a comienzos del tercer milenio a.C.) otros lo localizan en la denominada Edad del Bronce Medio (hacia 1800 a.C). En cuanto a su final, hay más coincidencia: puede situarse en los últimos momentos de la Edad del Hierro, en fechas ya próximas a la conquista romana de la isla, acaecida en el año 238 a.C., aunque se observa un proceso de declinación que podría remontarse a los inicios de la colonización fenicia del territorio y que continuaría durante la dominación cartaginesa.

Inferior: Interior del nuraga Arrubiu y planta del conjunto. (Hacia 1500 a.C.). Orroli, Cerdeña.

El elemento más característico de esta cultura es la realización de una arquitectura que presenta muchas veces carácter megalítico y que tiene su más destacada manifestación en la edificación de unas torres de forma aproximadamente troncocónica, situadas habitualmente sobre lugares elevados o promontorios y denominadas precisamente nuraga (en singular). Carentes de cimientos y con las piedras puestas en seco, estas torres debieron tener diversos usos, entre los que se han señalado los de carácter residencial, los relacionados con actividades de carácter militar o los de tipo religioso. No es descartable tampoco que se emplearan como lugares de reunión de jefes de grupos diversos e, incluso, hay quien considera que con ellas se simbilizaba el dominio de un determinado grupo sobre un territorio concreto.

Teniendo presentes tanto su amplia extensión temporal como la excepcional abundancia de ejemplares, existen numerosos modelos constructivos con los que se ha podido establecer un repertorio tipológico que comprende desde torres simples del tipo tholos a amplios complejos polilobulados. Junto a estos elementos, en ocasiones hallamos también bastiones amurallados o amplios conjuntos residenciales, así como otros edificios destinados a usos específicos. Todo ello, salvando las distancias, guarda ciertos paralelismos con la cultura talayótica de las Islas Baleares, cuyo inicio fue algo más tardío.

Complejo nurágico de Su Nuraxi (Hacia 1100 a.C.). Barumini, Cerdeña.

Asociadas a esta cultura nurágica se han hallado en las diversas excavaciones amplios repertorios escultóricos, entre los que destacan las figuras de bronce realizadas a la cera perdida, que nos muestran individuos en actitudes diversas relacionadas con la vida cotidiana. Probablemente de carácter votivo, sobresalen las que representan guerreros con armamento variado. Aunque su datación resulta muy difícil, estas obras de pequeño tamaño nos hablan de una sociedad estratificada en la que se prestaba especial atención a las actividades bélicas, de forma que estos guerreros, en algunos casos denominados jefes de tribu, debieron ocupar importantes posiciones en la jerarquía social de sus comunidades. La Prehistoria estaba ya en sus últimas fases y para entonces era evidente la diferenciación de los seres humanos en distintas clases sociales. Así seguimos.

Bronces sardos (¿?). Cagliari, Cerdeña.

Para el estudio de las torres nurágicas es muy conveniente la lectura del artículo correspondiente de la Wikipedia italiana. Además, en esta Web hay muchas fotografías de tales construcciones. Más información en esta revista de arqueología sarda e imágenes curiosas en este slide. Finalmente, en este blog español hay un buen artículo sobre los bronces sardos.

05 julio 2009

ÍDOLOS PLACA

¿VENERANDO A LA DIOSA MADRE?

Los humildes objetos que aparecen acompañando a este texto han sido localizados, en número de varios miles, en diversos yacimientos arqueológicos del cuadrante suroeste de la Península Ibérica (Alentejo portugués, provincias extremeñas, Sevilla y Huelva). Dada su forma, reciben la denominación de ídolos-placa y por lo general están realizados sobre rocas blandas como la pizarra o el esquisto. Suelen aparecer asociados a contextos funerarios de carácter megalítico, correspondientes a etapas del Neolítico avanzado y de la Primera Edad del Cobre, aunque en muy pocos casos pueden establecerse con exactitud las fechas en que fueron realizados. En consecuencia, se les asigna una cronología amplia que se extiende entre mediados del cuarto milenio y mediados del tercero antes de Cristo.

Izquierda: Ídolo-placa. Dolmen de Granja de Céspedes. Badajoz. Derecha: Ídolo-placa. Valencina de la Concepción. Sevilla.

En la mayor parte de los casos, estas figuras poseen una decoración grabada a base de motivos geométricos que habitualmente ocupan la totalidad del espacio disponible, consistentes en triángulos rellenos, líneas en zig-zag, bandas horizontales, etc, que podrían representar vestimentas. En un número reducido de piezas, estas placas presentan los rasgos de un rostro humano trazado de forma esquematizada, mostrando especial interés en la representación de los ojos (a veces con las cejas bien señaladas) y, en ocasiones, la nariz. Incluso se ha apuntado la presencia de tatuajes faciales en tales rasgos.

Superior: Anverso y reverso de ídolo-placa. Cueva de la Mora. Jabugo, Huelva.

Muchas de estas placas muestran además en su parte superior uno o dos orificios que permitirían a su poseedor llevarlas colgadas a modo de amuleto. Este hecho ha podido documentarse en algunas ocasiones, al encontrarse colocadas directamente sobre el pecho de algunos cadáveres depositados en el interior de los megalitos. Por otro lado, en algunos casos la propia forma de la figura presenta rasgos antropomórficos, dstacando especialmente la presencis de una cabeza esquematizada.

Ídolo-placa. Castelo de Vide. Portugal.

Hasta aquí, los datos más o menos comunmente aceptados. Sin embargo, existe cierta polémica a la hora de dilucidar qué significado poseen estas figurillas. Tradicionalmente se ha venido asociando su presencia en las tumbas megalíiticas a la existencia de un primitivo culto a una diosa-madre en la cual quedarían concretadas algunas ideas de una nueva mentalidad religiosa: de una parte, la protección del poseedor (incluso en la segunda vida, cuando éste ya ha fallecido); de otra, la invocación a la fertilidad de la tierra, característica de estas primeras sociedades productores volcadas a las tareas agrícolas. Con todo ello se estaría haciendo alusión a prototipos procedentes de las zonas nucleares del Neolítico en el Próximo Oriente. Sin embargo, debe considerarse que en estos ídolos-placa no abundan, precisamente, los rasgos femeninos.

Así pues, ante la falta de certezas en torno al significado simbólico de estas figurillas, en los últimos años han surgido nuevas teorías que tratan de explicarlas desde otros puntos de vista y se ha aventurado la hipótesis de que no nos encontramos ante representaciones de carácter religioso. Por el contrario, estos ídolos-placa (a los que, en tal caso, habría que cambiarles el nombre) serían algo así como una especie de escudos heráldicos en los que quedaría simbolizada la filiación del individuo de un determinado linaje. De este modo, cada uno de los registros horizontales haría referencia al número de generaciones que separarían al poseedor de la placa de un antepasado originario, prácticamente el fundador del clan.

Ídolo-placa. Esparragalejo. Badajoz.

Como en tantas ocasiones cuando hablamos de arte prehistórico, va a ser difícil (por no decir imposible) probar lo acertado de estas hìpótesis que, como la que defiende su interpretación como indicadores e linaje, quizás pequen de una excesiva teorización. A mi me gusta más imaginar, sin base científica desde luego, que quienes realizaron rudamente estas figurillas temían a la muerte y a quienes habitaban en la otra vida, pero podían influir en la de todos los días. Tal vez por eso las realizaban. Aún hoy mucha gente pone en las lápidas de los cementerios signos de carácter religioso. ¡Vete a saber!

Ídolo-placa. Barcarrota. Badajoz.

Sobre el tema de los ídolos en el Calcolítico del sur peninsular podéis leer, en PDF, este interesante y completo artículo de un profesor de la Universidad de Sevilla. En cuanto a su abundancia en el sur portugués, también en PDF disponéis de este amplio artículo sobre el abundante repertorio de placas hallado en un dolmen de ese país, cercano a Évora. Finalmente, sobre la hipótesis "heráldica" de los idolos-placa, consultad ESPRIT, la base de datos levantada por la profesora norteamericana que la propugna.

02 octubre 2008

LOS DÓLMENES DE VALENCINA

MEGALITOS JUNTO AL GUADALQUIVIR

Hace unos cinco mil años las tierras en las que hoy se asienta el municipio de Valencina de la Concepción (Sevilla) debieron poseer un atractivo especial para los grupos humanos que, a comienzos del Calcolítico (la primera fase de la Edad del Bronce), se movían por este territorio del bajo valle del Guadalquivir. Tal vez fuera la calidad del terreno para la práctica de la agricultura. Quizás influyó la relativa proximidad al curso del río, cuya desembocadura se encontraba entonces muy próxima a esta zona. Probablemente se consideró el lugar como propicio para un asentamiento permanente, teniendo presente su ubicación en uno de los extremos de lo que ahora llamamos "cornisa del Aljarafe", una sucesión de colinas que se asientan sobre el propio valle del río y que, en consecuencia, facilitan el control del territorio. Casi con toda certeza debieron pesar todos estos factores al mismo tiempo.

Localización del dolmen de La Pastora. (Hacia 1500 a.C.). Valencina de la Concepción, Sevilla.

El resultado de todo ello fue que en Valencina debió concentrarse un importante contingente poblacional (teniendo presente, claro está, la época a la que nos referimos), del que han quedado numerosas evidencias en los abundantes yacimientos arqueológicos dispersos por el término municipal y sus alrededores: un poblado, fosos, silos, restos de cabañas, etc., que evidencian el asentamiento en la zona de un importante centro de poder territorial.
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Ídolo placa e ídolo antropomorfo. (3000-2100 a.C.). Valencina de la Concepción, Sevilla.
Pero aquellas poblaciones dedicadas a actividades agropecuarias y que ya practicaban una metalurgia incipiente tenían también preocupaciones funerarias, como evidencian numerosos hallazgos de la zona, algunos de ellos de carácter verdaderamente espectacular. Probablemente desde antes de los inicios del segundo milenio antes de Cristo se empezaron a levantar en Valencina estructuras megalíticas que servían como lugares de inhumación colectiva. Las actualmente conocidas son abundantes y variadas, pero entre ellas destacan de manera muy especial los dólmenes de gran tamaño caracterizados por presentar una cámara o tholos de tendencia circular, precedida por un corredor que en algunos casos alcanza amplias dimensiones en cuanto a su longitud, superando los cuarenta metros. Destacan en este sentido los dólmenes de Matarrubilla (hacia 1800 a.C.), La Pastora y Ontiveros (ambos de hacia 1500 a.C,) y el recientemente descubierto de Montelirio. Por lo general se depositó a los cadáveres con sus ajuares en el corredor dolménico y en algún caso en la propia cámara y, tal vez, en distintos momentos.

Los sistemas constructivos emplados en estos gigantes de Valencina nos ofrecen un amplio repertorio de las técnicas de la arquitectura megalítica. Desde el empleo de ortostatos de gran tamaño, hasta el uso de mampostería de pizarra para levantar las paredes. Desde cubiertas adinteladas hasta la falsa cúpula lograda por aproximación de hiladas. En todos los casos, originariamente una superestructura tumular cubría la construcción, camuflándola en el paisaje.

Mesa de ofrendas del dolmen de Matarrubilla. (hacia 1800 a.C.).

De este modo, cuando el visitante se adentra en el profundo corredor del dolmen de Matarrubilla y, tras treinta metros de recorrido, alcanza la cámara que lo remata, tropezando casi con el monolito pétreo que se ha identificado como mesa de ofrendas, no puede dejar de reflexionar sobre el tipo de ceremonias que, hace más de cuatro mil quinientos años, realizarían allí aquellos seres humanos que en la penumbra del interior del dolmen lloraban a sus difuntos. El culto a los muertos. la creencia en la segunda vida.

Leed la excelente información que presenta en su página el Ayuntamiento de Valencina de la Concepción. Además, podéis descargaros en PDF este interesante artículo sobre las "piedras de la memoria", que analiza el fenómeno megalítiico en el suroeste peninsular. Finalmente, os dejo esta presentación que recoge algunas imágenes y datos sobre varios de estos colosos de Valencina.

Tags: ART

01 octubre 2008

MEGALITOS

LA PRIMERA ARQUITECTURA DE LA HUMANIDAD

Hacia mediados del quinto milenio antes de Cristo, o quizás antes, un fenómeno de carácter cultural y artístico se extendió por algunas zonas del norte de África y extensas regiones de Europa, tanto en su fachada atlántica como en las riberas del Mediterráneo. En síntesis, puede caracterizarse por la aparición de estructuras constructivas levantadas con piedras de gran tamaño, lo que ha llevado a calificar tal fenómeno como megalitismo o cultura megalítica, y que viene a constituir la primera arquitectura de la humanidad, si hacemos excepción de las viviendas que hubiesen podido realizarse con anterioridad empleando materiales efímeros, como los de origen vegetal.

Mapa de distribución del fenómeno megalítico en Europa.

Así pues, y vista la cronología de estos primeros monumentos arquitectónicos, cabe situar su origen en una etapa avanzada del Neolítico, manteniéndose durante las primeras fases de la Edad de los Metales y, más en concreto, en los momentos iniciales de la denominada Edad del Bronce (Calcolítico). Por tanto, el megalitismo es un fenómeno que debemos asociar a la existencia de sociedades productoras, que practican la agricultura y la ganadería y con un grado suficiente de organización como para disponer y organizar la fuerza de trabajo que tales construcciones requieren.

Menhir de Outeiro (¿?). Monsaraz, Portugal. // Crómlech dos Almendres (iniciado hacia 4500 a.C.). Évora, Portugal.

Efectivamente, el megalitismo emplea piedras de dimensiones considerables, denominadas ortostatos, aunque no descarta recurrir a otras de menor tamaño o a simple mampostería cuando resulta necesario. Con estos materiales se levantaron estructuras de carácter diverso. Algunas parecen relacionadas con actividades ceremoniales o conmemorativas, como pudiera ser el caso del menhir (piedra aislada, clavada en el suelo), el alineamiento (agrupamiento de un número variable de menhires) y el crómlech (agrupamiento de tendencia circular). Pro los megalitos más conocidos son aquellos que en general denominamos dólmenes y cuya funcionalidad más evidente resulta ser la de servir de enterramiento colectivo.

Básicamente, un dolmen deberá poseer un número mínimo de ortostatos verticales que habrán de sostener a las piedras horizontales que sirven de cubierta a la construcción. Terminada ésta y realizadas las correspondientes inhumaciones, acompañadas muchas veces de ajuares diversos, toda la estructura podía quedar cubierta por un túmulo de tierra y piedras, que disimulaba la edificación en medio del espacio circundante. Pero partiendo de este modelo simple, la complejidad de la planta puede aumentar. Así, hallamos también sepulcros en galería, en los que la estructura dolménica se alarga longitudinalmente; sepulcros de corredor, en los que a la galería se ha añadido en su cabecera una o más cámaras funerarias, de formas diversas, en ocasiones de clara tendencia circular. Y no faltan tampoco los dólmenes en los que encontramos exclusivamente dicha cámara (tholos), sin corredor que la preceda. A veces el tamaño y peso de las piedras empleadas como cubierta hace necesario colocar en el centro otros ortostatos a modo de pilares sustentantes.

Hay varias hipótesis para explicar las razones del surgimiento de estas primeras arquitecturas pétreas de la humanidad. Aparte, claro está, de las que las relacionan con nuevos rituales religiosos (como pudiera ser la costumbre del enterramiento colectivo), podemos considerar también el tipo de sociedades en las que surgieron los megalitos. Se trata de culturas agrarias en las que tal vez más que en poblados y aldeas se vivía en caseríos dispersos que alojaban a pequeños grupos familiares. En este contexto los dólmenes serían puntos de referencia en el paisaje que además de servir de lazos de cohesión entre los diversos grupos, emparentados entre sí, mostraban a los demás su presencia y ocupación del territorio. El dolmen era, pues, un referente de una determinada comunidad frente a las demás.

Interior de la "Cueva de Menga". (Hacia 2500 a.C.). Antequera, Málaga.

Existen muchas posibilidades de visitar dólmenes, dado que el censo de los hallados hasta el momento supera ampliamente la cifra de cincuenta mil ejemplares y no para de aumentar. Cuando uno recorre la galería de uno de ellos, pongamos por caso la del sepulcro denominado Cueva de Menga, en Antequera Málaga) y llega hasta su final, no puede dejar de sentirse abrumado por la idea de que tiene sobre su cabeza una piedra que viene a pesar más de 180.000 kilos. El peso de esa piedra simboliza bien la energía que aquellas sociedades primitivas pusieron en su construcción, cuando aún ni siquiera se había inventado la rueda. Razones tendrían.

Es enorme el volumen de información disponible en Internet sobre los megalitos. Veamos algunos casos. Para comenzar, esta blog sobre "dólmenes y megalitos del mundo", muy interesante. Además, y para el caso español, esta web, con un mapa clicable e información provincializada, y el clasico megalitos.es que ya citamos hace tiempo y no para de aumentar. En portugués, una lista y bibliografía sobre los menhires de la Península Ibérica, desde donde se puede enlazar a otros contenidos. Dejo para el final, "las tumbas de los gigantes", una excelente página que nos ofrece, entre otras cosas, la posibilidad de hacer un recorrido virtual por la indicada Cueva de Menga.
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Alzado y planta del dolmen de El Romeral. (Hacia 1800 a.C.) Antequera, Málaga.

01 octubre 2007

POWER POINT DE ARTE POSTPALEOLÍTICO

ARTE EPIPALEOLÍTICO, NEOLÍTICO Y DE LA EDAD DE LOS METALES

Con esta presentación completamos las dedicadas a la Prehistoria. Analizamos en ella, especialmente, el denominado "arte levantino" y, sobre todo, la aparición de lo que podemos considerar como "primera arquitectura de la humanidad": los megalitos levantados durante la Edad del Cobre, deteniéndonos sobre todo en los interesantísimos ejemplos localizados en Andalucía.


29 septiembre 2006

LAS ÚLTIMAS ETAPAS DE LA PREHISTORIA

LOS INICIOS DEL MUNDO QUE CONOCEMOS: EL ARTE POSTPALEOLÍTICO.
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Escena de danza. Abrigo rupestre de Cogull (Lérida). 6500 a 5000 a.C.
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Hace unos 10.000 años podría decirse que da inicio el mundo que todavía conocemos (no sabemos por cuanto tiempo, como consecuencia del cambio climático): finaliza el Paleolítico Superior y con él la sucesión de glaciaciones que caracterizó a este periodo; en definitiva, el clima comenzó a parecerse al actual.
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Frente a esta novedosa situación, los grupos humanos reaccionaron de diversa manera: en unos lugares se mantuvieron aferrados a las viejas estrategias depredadoras, basadas en la caza, la pesca y la recolección de alimentos. Y estos "últimos cazadores prehistóricos" nos dejaron una buena muestra de sus actividades y su vida cotidiana en la denominada pintura levantina, muy distinta a la que caracterizó a la del Paleolítico. Una danza como la que se representa en el abrigo de Cogull es significativo ejemplo de esta nueva modalidad artística.
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Stonehenge (Salisbury Plain, Inglaterra). 3500 a 2000 a.C.
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Por el contrario, en algunos otros lugares (especialmente, en el Próximo Oriente), otros grupos iniciaron el largo camino que les llevaría a hacerse sedentarios y a la práctica de la agricultura y la ganadería, Ha surgido así el Neolítico, una nueva etapa en la historia de la humanidad, a la que continúa la denominada Edad de los Metales. Y es en este último momento cuando surge el fenómeno del megalitismo: otra manifestación artística bien interesante, que podemos calificar como primera arquitectura de la humanidad, tanto en cuanto son estas obras las más antiguas que dentro de esta arte plástica han llegado hasta nuestros días.
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Cromlech dos Almendres (Évora, Portugal). 3.000 a 2.500 a.C.
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Empleando piedras de grandes dimensiones (aunque no siempre), se levantan dólmenes, menhires, cromlechs, etc., con los que estas comunidades, que ya emplean el metal (cobre y bronce), tratan de atender sus inquietudes religiosas, funerarias o de culto. Es cierto que muchas de estas construcciones sirvieron como enterramientos, habitualmente de carácter colectivo, aunque nuevas teorías los relacionan también con fenómenos vinculados a la jerarquización social o a la determinación de los territorios de cada grupo, en los que los megalitos jugarían el papel de hitos marcadores de las diversas zonas.
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Para estas etapas, os recomiendo una visita a este variado portal, que presenta información básica y fotos de los principales megalitos de nuestro país. Por otra parte, en esta página disponéis de información básica sobre una de las principales zonas del arte rupestre levantino.
 

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