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21 marzo 2010

IGLESIAS BARROCAS ESPAÑOLAS

EL PAÍS DE LAS IGLESIAS

Ni el hermoso románico ni el esbelto gótico. Tampoco las elegantes formas renacentistas o la líneas estilizadas del racionalismo. Si algún estilo arquitectónico ha triunfado por completo en España, ese es sin duda alguna el Barroco. La sociedad española de entonces vivía vigilada bajo la atenta mirada de la Iglesia católica, ahora en tiempos de la Contrarreforma, que disponía de poderosos medios de control no sólo de las conciencias, sino también de cualquier detalle de las formas de vida, atenta a todo lo que pudiera salirse, aunque fuese mínimamente, de la más pura ortodoxia.

Francisco Hurtado Izquierdo: Sacristía de la Cartuja. (1732-1747). Granada.

Es la Iglesia católica, más que la propia monarquía y la nobleza, la institución por la que se puede explicar el casi inaudito despliegue de las formas arquitectónicas barrocas en la España de entonces, hasta tal punto que tal vez pueda afirmarse que no hay un solo lugar en España que no conserve un templo barroco, sea éste una catedral, una iglesia, una capilla, o una ermita. Porque esa es, precisamente, la característica esencial de la arquitectura barroca española: el completo predominio de las construcciones de carácter religioso, hasta hacer de éste un país de iglesias y conventos.

Fray Alberto de la Madre de Dios: "Real Monasterio de la Encarnación" (1611). Madrid.

Hace ya algún tiempo escribí aquí sobre las características generales de la arquitectura barroca española. Podemos ahora completar aquel texto señalando cuáles fueron los rasgos dominantes en la construcción de templos. En primer lugar, llama la atención la presencia de algunas divergencias respecto a las arquitecturas homólogas de otros países europeos. Aquí el siglo comenzó acusando aún las influencias puristas y vacías de decoración que habían triunfado con Juan de Herrera y la sobriedad de El Escorial. Pero pronto el gusto por la profusión de elementos decorativos quedó completamente afianzado y, además, no se conformó con extenderse por el interior de los edificios, como sucedía en casi toda Europa, sino que alcanzó también a sus fachadas y, en ellas, a su elemento más destacado: la portada.
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Hay también otra cuestión diferenciadora, al menos con respecto a Italia. Si en este país triunfaron las complejas plantas de templos elaboradas por Bernini y, sobre todo, Borromini, en España por el contrario se prefirieron las plantas más sencillas y, en concreto, dos modelos destacaron especialmente: la planta de salón, que muestra una amplia nave única a la que se adosan capillas laterales entre los contrafuertes, y la planta de cajón, empleada ya en época renacentista y ahora muy desarrollada en las iglesias conventuales, más sencilla aún con su nave única y sin capillas y dotada de una sola entrada lateral para los fieles ajenos a la comunidad.
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Superior. Izquierda: Hermano Pedro Sánchez: "Planta de la Iglesia del Colegio Imperial" (1622). Madrid. Derecha: Hermano Francisco Bautista: Cúpula encamonada del mismo edificio, actual Colegiata de San Isidro (1632). Madrid.

Pero el inmenso despliegue constructivo de la centuria se producía en un país con crecientes dificultades económicas. A ellas no fueron ajenos los propios edificios, de manera que en muchos de ellos la piedra fue sustituida por el humilde ladrillo, más barato. Con la misma intención de rebajar costes, los arquitectos (muchos de los cuales eran miembros de las órdenes religiosas para las que diseñaban los templos) encontraron sugerentes fórmulas para que sus obras siguiesen mostrando una apariencia relumbrante y escénica. Se desarrollaron así los repertorios decorativos en yeso o las cúpulas encamonadas, construidas a base de un entramado de madera y con materiales ligeros en sus revestimientos (yeso al interior, pizarra en el exterior). Así se ahorraba dinero, pero se conseguía un efecto deslumbrante. Justo lo que se pretendía porque, en el fondo, parte de la estética barroca consistía básicamente en eso. Puro teatro.
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Izquierda: sección de una cúpula encamonada. Derecha: Fachada de la iglesia de Santa Isabel (1632-1703). Zaragoza.
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Este texto de Arteguías presenta un resumen de las principales etapas de la arquitectura barroca española. Hay también una buena síntesis del tema en el texto en PDF del profesor Enrique Valdearcos sobre "el barroco español". Finalmente, la Wikipedia ofrece enlaces a textos sobre distintos edificios barrocos españoles, en su mayor parte religiosos, clasificados por regiones.

13 julio 2009

LA PLAZA MAYOR DE VILLANUEVA DE LOS INFANTES

EN UN LUGAR DE LA MANCHA

Va el viajero de camino hacia Madrid, a ver esa exposición de Matisse, 1917-1941 que tanto promete y tanto acabará por decepcionarle y decide desviarse de su camino. En buena hora. Se acercará hasta Villanueva de los Infantes, un monumental municipio del Campo de Montiel, en la provincia de Ciudad Real, donde el tiempo parece haberse detenido en la época del Imperio español, allá por los siglos XVI y XVII. Un conjunto histórico artístico de primer orden que podría ser, según un estudio de la Universidad Complutense, el lugar de la Mancha al que aludió Cervantes en el Quijote. Ésta fue, al mismo tiempo, la villa que acogió a Quevedo durante sus últimos meses de vida, cuando presintiendo la proximidad de la muerte escribiría:

Ya formidable y espantoso suena
dentro del corazón el postrer día;
y la última hora, negra y fría,
se acerca, de temor y sombras llena. .................... Superior: Celda de Quevedo. Villanueva de los Infantes.

Cae a plomo el sol de julio y es ya la hora del almuerzo. Nadie hay en las calles y por todas partes puede escucharse el silencio; acompañado por él entra el viajero en la Plaza Mayor y busca refugio en la sombra de la única terraza abierta. Aunque en algunas fuentes aparezca catalogada erróneamente como "neoclásica" esta plaza es paradigmática de las realizaciones urbanísticas y arquitectónicas del Barroco español. Dispuesta con planta casi rectangular, sus traza debe remontarse como mínimo a comienzos del siglo XVII reflejando el caserío que asoma a ella las concepciones del purismo clasiscista del barroco de inspiración francesa: volúmenes de gran nitidez, fachadas rectas y parquedad decorativa. Todo ello en una acertada mezcla de elementos constructivos propios de la tradición culta y la popular.

El lado norte de la plaza está ocupado por completo por la iglesia de San Andrés, un airoso buque levantado en varios momentos a partir de fines del siglo XV y que aquí nos muestra, de izquierda a derecha, la torre de planta cuadrada, una magna portada de 1612 con pilastras de orden gigante y una interesante casa parroquial en tres alturas, con frontones triangulares sobre vanos adintelados y un balcón corrido sobre tornapuntas en el primer piso, mientras que una arquería de medios puntos ocupa el segundo.

El sentido rítmico de esa casa rectoral se observa también en el lado oeste de la plaza, asentamiento y símbolo del poder civil municipal. Igualmente dispuesto a tres niveles, el inferior lo ocupan soportales con arcos de medio punto sostenidos en pilares. Sobre ellos se elevan las otras dos plantas con vanos rectangulares. En la primera encontramos tramos rítmicos de frontones triangulares, mientras que la segunda muestra ausencia total de decoración, excepción hecha de las molduras que enmarcan los huecos. En el eje central de este lado de la plaza, la primera planta muestra de nuevo un amplio balcón de autoridades, en este caso del ayuntamiento, con cuantro arcos de medio punto sobre medias columnas.






Pero si en estos dos lados de la plaza mayor es evidente el repertorio formal del barroco clasicista, en el lado sur asistimos al despliegue de los recursos de la arquitectura popular, que ejemplifican a la perfección los inmensos balcones corridos de madera, sostenidos sobre zapatas en el primer y segundo piso, en este caso con pies derechos del mismo material, que reciben el empuje de la cubierta de teja árabe de los aleros.

Con todo ello esta Plaza Mayor castellana configura un verdadero palco cívico, un recinto dispuesto al gusto de la mentalidad barroca para ser receptor de todo tipo de acontecimientos y espectáculos. De ella sale el viajero para recorrer la Calle Mayor, jalonada de casas señoriales, y llegar hasta el antiguo convento dominico, hoy hostería, que contempló los últimos días de Quevedo. Y allí la amabilidad del aposentador le permite recorrer sin prisas, en plena siesta, los espacios conventuales, el claustro de tradición mudéjar y la celda del escritor. Y el viajero piensa que ha hecho bien en salirse de su ruta. Incluso acuerda que deberá regresar a este lugar de La Mancha donde el patrimonio ha sido respetado para disfrute de todos. Afortunadamente.
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En la página Web del Ayuntamiento de Villanueva de los Infantes hay una excelente descripción de los monumentos de la localidad, complementada con algunas fotografías.

22 marzo 2009

LA IGLESIA DE SAN LUIS DE LOS FRANCESES

UN EJEMPLO DEL BARROCO SEVILLANO

Si queremos explicar a un neófito en cuestiones artísticas el sentido integrado de las diferentes artes durante la época barroca, esta iglesia es uno de los ejemplos más adecuados. Aquí podremos apreciar cómo una excelente arquitectura acoge impresionantes retablos de madera dorada plagados de esculturas y elementos decorativos diversos y cómo la pintura, tanto en lienzos como al fresco sobre los muros, completa este peculiar escenario cuyo objetivo es captar, desde el primer momento, la atención del espectador, para llevarlo de sorpresa en sorpresa.

Izquierda: cúpula y torres de fachada de la iglesia de San Luis (1699-1731). Sevilla. Abajo, derecha: planta del templo.

La iglesia de San Luis de los Franceses constituyó el templo del primitivo noviciado en Sevilla de la Compañía de Jesús, que lo empleó a tal efecto hasta 1767, año en que dicha orden fue expulsada de Castilla por decisión del monarca Carlos III. La construcción del conjunto conventual se llevó a cabo entre los años 1699 y 1731, momento en que el arzobispo local consagra esta iglesia cuyas características la hacen ser probablemente el más llamativo de los numerosos templos barrocos sevillanos.

En primer lugar, el edificio asoma a una calle de medianas dimensiones, donde las perspectivas no son las más idóneas para su contemplación. Pero al arquitecto parece no importarle tal hecho y levanta una monumental fachada con dos torres que enmarcan la cúpula que corona el edificio. En el casco antiguo de la ciudad, y pese a las alteraciones sufridas en la volumetría desde el siglo XVIIII, todavía hoy esa cúpula es bien visible desde muchos lugares. Pero reflexionemos sobre este aspecto: ¿el arquitecto que diseñó el templo no tenía interés por la visibilidad del edificio o no sabía en qué parcela iba éste a ser levantado? Ese es uno de los argumentos que se aportan para señalar que las trazas originarias del conjunto debieron correr a cargo de un arquitecto italiano, a pedido de los jesuítas. Ya en Sevilla, el proyecto fue entregado a Leonardo de Figueroa, el más conocido de los arquitectos del barroco sevillano, pero que en este caso actuaría encargándose de lo que ahora denominamos dirección facultativa, aunque añadiese algunos detalles de su cosecha.

Abunda también en esa misma idea de la importación del proyecto la planta centrada del templo: una cruz griega encuadrada en un rectángulo (ya que dispone de un amplio atrio en la parte delantera) y cuyos brazos se rematan en exedras semicirculares en las que se sitúan retablos. En los pies hallamos un coro, elevado sobre el atrio exterior. En el conjunto destaca sobremanera el espacio central, cubierto por una airosa cúpula sobre tambor con amplios ventanales y decoración pictórica. Esta zona de la iglesia queda enmarcada visulamente por grandes columnas salomónicas colocadas sobre altos pedestales y que rematan en cubos de entablamento.

Desde la misma fachada hasta el más pequeño de sus elementos decorativos toda en esta iglesia respira el espíritu barroco: desde el frontón trilobulado que corona dicha fachada hasta el empleo de estípites; desde el dosel que remata el retablo mayor hasta la abundancia de decoración vegetal o el juego de luces que se obtiene con los ventanales de la cúpula y con los pequeños espejos que aparecen diseminados aquí y allá. Por lo demás, toda la decoración escúltorica y pictórica responde a la idea barroca de mostrar un conjunto armónico que en este caso trata de resaltar figuras y temas predilectos para la Compañía de Jesús, desde santos miembros de la Orden hasta la defensa de los valores eucarísticos.

Pero obviamente este barroco sevillano es claramente contrarreformista: el fiel ha de quedar literalmente apabullado por las virtudes de la iglesia cristiana y de quienes la han representado a lo largo de la historia, incluso dando su vida por ella, si fuere necesario. A todo esto contribuye el elevado número de reliquias que el visitante puede encontrar en los retablos del templo y que alcanzan ya el paroxismo en la pequeña y cercana capilla doméstica. Evidentemente, estamos en un templo católico, de eso no cabe la menor duda. pero hemos de reconocer que muchos de sus elementos son puramente teatrales. Mentalidad barroca.
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Sobre esta iglesia podéis consultar la información que figura en la Sevillapedia y leer la amplia información de la ficha que figura en el catálogo del patrimonio andaluz. Acabad realizando una visita virtual de 360º a este interesante templo sevillano.

18 marzo 2007

PPT ARQUITECTURA BARROCA ESPAÑOLA

POWER POINTS DE ARTE BARROCO (VI)

Resumir en una sola presentación todo el desarrollo de la arquitectura barroca en nuestro país es tarea completamente imposible. Miles de edificios corresponden a este estilo arquitectónico en España. Sin embargo, en esta PPT se presentan algunos de los edificios más significativos, recorriendo los distintos "barrocos regionales" del país.

SEVILLA, CIUDAD BARROCA

UNA INVITACIÓN A PASEAR

Lorenzo Fernández de Iglesias: "Fachada del palacio Episcopal" (1703-1705). Sevilla.

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A partir del descubrimiento de América, Sevilla se convirtió en sede de la Casa de Contratación y su puerto en el único desde el cual podía embarcarse hacia las Indias. Este hecho generó en el siglo XVI un crecimiento urbano que se mantuvo en el XVII, pese a las crisis que la ciudad soportó en esa centuria (epidemias, descenso demográfico, etc.). Se produjo entonces una amplia transformación del tejido urbano y Sevilla se llenó de nuevos edificios, sobre todo religiosos. Prácticamente todas las órdenes existentes establecieron (si no lo tenían ya) un convento en la ciudad, mientras que se levantaron o reedificaron nuevas parroquias para la población local.

El resultado de todo ello es que Sevilla conserva aún hoy numerosas edificaciones barrocas. Desde la iglesia de grandes dimensiones hasta la pequeña capilla o el casi escondido interior conventual, todo tiene cabida en una ciudad que reune uno de los mejores conjuntos de arqitectura barroca del país.

Leonardo de Figueroa: "Fachada del Hospital de la Santa Caridad" (Hacia 1685). Sevilla.

Esta arquitectura barroca sevillana está unida, sobre todo, a un nombre: Leonardo de Figueroa (1650-1730), miembro de una extensa familia de artistas, que trabajó en muchos de los principales edificios de la ciudad. Así, se deben a él, en todo o en parte, y entre otras, las trazas de la iglesia de El Salvador, del Hospital de la Caridad y el de Venerables sacerdotes, de la iglesia de la Magdalena, de la Universidad de mareantes o Colegio de San Telmo y de la iglesia de San Luis de los franceses, con su planta de cruz griega tan llamativa.

Pero el barroco sevillano no se agota ahí, ni mucho menos. Están también la pequeña capillita de San José, que sirvió al gremio de carpinteros, o la iglesia de Santa María la Blanca, antigua sinagoga, reedificada por completo desde mediados de siglo, con esas columnas de mármol rojo tan llamativas. O la casi desconocida iglesia del Buen Suceso, con sus tribunas laterales y sus bóvedas vaídas, la fachada y otros elementos del Palacio Arzobispal. Todo ello sin que podamos olvidarnos de muchos interiores de las clausuras sevillanas, ta hermosos como desconocidos.

Leonardo de Figueroa: "Iglesia de San Luis de los Franceses" (1699-1731). Sevilla.

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Casi nada de toda esta arquitectura barroca puede aprenderse en un solo día, en una única visita. Por tanto, pasead por Sevilla y descubrid el barroco de la ciudad. Un estilo lleno de detalles y sorpresas, que merece la pena conocer.

Pero si no queréis o no tenéis tiempo, NO DEJÉIS DE VISITAR ESTA PÁGINA que nos ofrece un asombroso recorrido virtual de la Iglesia de San Luis de los Franceses, con imágenes de gran resolución. Para muestra, sirve un botón.

17 marzo 2007

LA ARQUITECTURA BARROCA EN ESPAÑA

UNA OBRA DE CONTRASTES


Alberto Churriguera: "Plaza mayor" (1729-1755). Salamanca.


Juan Gómez de Mora: "Fachada de la Clerecía" (iniciada en 1617). Salamanca.

Puede afirmarse sin miedo a error alguno que los gustos arquitectónicos del barroco tuvieron en nuestro país un éxito rotundo. Durante el siglo XVII miles y miles de edificios (civiles y religiosos), trazados según las características de este estilo, se levantaron a lo largo de toda la geografía española, en un afán edilicio casi nunca superado hasta la edad contemporánea. Es tal su abundancia, que cualquiera de nuestras ciudades y pueblos importantes posee, no una o dos obras de esta época, sino varias. En ocasiones, incluso, podemos hablar de ciudades barrocas, como ocurre en el caso de Sevilla, por el enorme calado que el paso de ese siglo dejó en la fisonomía urbana.

Entre tantas obras, resulta llamativo sobre todo el elevado número de construcciones religiosas de tido tipo (iglesias,capillas, conventos...). En efecto, el espíritu de la Contrarreforma caló hondamente en las mentalidades y la Iglesia católica encontró en ello un terreno abonado para demostrar al mundo, mediante la obra de arte, la vigencia de sus planteamientos y la magnitud de su poder.

Alonso Cano: "Fachada de la Catedral (1667): Granada.
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En cualquier caso, nuestra arquitectura barroca presenta algunas peculiaridades según las zonas geográficas (por lo que, muchas veces se emplea el término de barrocos regionales, que siguieron teniendo pujanza en el siglo XVIII).
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Pero, por otra parte, hay unos rasgos comunes que ahora interesa resaltar. Antes que nada, debemos recordar la apurada situación económica del país en el siglo XVII, fruto sobre todo de la disparatada política financiera, militar y suntuaria de los reyes de la Casa de Austria. Pues bien, la arquitectura barroca supo resolver este problema empleando frecuentemente materiales baratos como el ladrillo, aunque recurriese a la piedra en las portadas. Sin embargo el muro y el techo se decoraban después, queriendo dar una clara imagen de riqueza, no correspondida con la realidad del país.

Fernando de Casas Novoa: "Fachada del Obradoiro" (detalle, 1738-1749). Santiago de Compostela.

Por otro lado, la arquitectura barroca encontró, sobre todo en Castilla, su contrapunto en el recuerdo de la obra de El Escorial, con su aburrida linealidad geométrica, de forma que muchas veces los edificios (o las plazas públicas) mantienen al exterior una cierta tendencia austera, reservándose la exhuberancia compositiva para los interiores o las portadas, en las que podremos encontrar frontones partidos, estípites, abundantes líneas curvas, entrantes y salientes y un extenso repertorio ornamental.

En definitiva, por eso afirmamos que la arquitectura barroca tuvo en España un claro carácter de contraste. Aunque está claro que los contrastes y la sorpresa fueron siempre elementos básicos del arte barroco. Quizás todavía hoy ese espíritu antiguo del barroco sigue imperando en algunas mentes del país. Nunca se sabe.

No conozco muchas páginas que aborden con seriedad y desde una perspectiva general el tema de la arquitectura barroca española. Quizás ésta presenta una información suscinta, pero válida. En este enlace podéis descargaros, en PDF, el libro "La catedral de Murcia, VI Centenario", que puede sertvir como ejemplo de los añadidos de nuestros templos catedralicios a lo largo de los distintos siglos. Finalmente, uno de los más antiguos ejemplos de arquitectura barroca en españa es el Monasterio de la Encarnación de Madrid. En esta web se os ofrece la posibilidad de efectuar un recorrido virtual por el conjunto.

 

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