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07 mayo 2010

COMPOSICIÓN EN GRIS Y NEGRO

SOBRE "LA MADRE" DE WHISTLER

Hay obras que uno, por la razón que sea, no olvida jamás; que se te vienen una y otra vez a la memoria porque en su día te sorprendieron y no han perdido esa capacidad. Obras cuyo recuerdo te acompaña toda la vida sin que seas capaz de explicar las razones de esa situación. Eso es lo que me pasa exactamente con este cuadro que vi por primera vez hace ya tantos años que casi ni me acuerdo, en mi primera visita a París, cuando coincidían de una parte la juventud y de otra los deseos de dejar atrás (aunque fuese por unos días) el grisáceo panorama de una España que trataba de salir a duras penas de la noche de una larga dictadura.

Allí estaba este cuadro, con su título más musical que pictórico: "Arreglo en gris y negro nº 1", una obra de mediano tamaño pintada al óleo sobre lienzo por el artista norteamericano James Whistler en 1871, justo en los días en los que el impresionismo daba  sus últimos pasos para salir a la pública contemplación. Con esos pintores se relaciona a Whistler, quien pasó gran parte de su vida en Europa, saltando de Londres a París y logrando mantener siempre un sello muy personal en su producción pictórica.

En el conjunto de esa producción, este cuadro, conocido también (es casi obvio decirlo) como "retrato de la madre del artista" alcanza sin duda alguna el lugar más destacado. Porque, ¿cómo se enfrenta un pintor al hecho de retratar a su madre? No son demasiado abundantes los ejemplos, tal vez porque hacer un retrato así le lleve a uno, en las sesiones de posado, a evocar su propia vida, a ajustar cuentas con el pasado, a diluirse en definitiva en los recuerdos que la presencia de la madre evoca. Sin embargo Whistler da en esta obra varias lecciones a la vez. Fijaos cómo resuelve la complicada papeleta. Con una pintura que se acerca a la monocromía, desenvolviéndose entre el negro y el gris y jugando con la simplicidad de los volúmenes. En fin, una señora de negro mostrada de perfil en una habitación de la que sólo alcanzamos a ver el muro del fondo, en parte cubierto por una cortina oscura.

La señora está en completa soledad y parece concentrada en sus propios pensamientos, al parecer ajena a todo cuanto le rodea. Da exactamente igual que vista de riguroso negro y que únicamente un tocado blanco, la blusa que lleva bajo el traje y el pañuelo que sostiene en sus manos (todo un homenaje a la pincelada suelta de Velázquez) actúen como contraste. Porque acabamos contagiándonos de esa actitud reflexiva de la madre del pintor, de forma que la austeridad de la escena termina siendo compartida por nosotros, hasta tal punto que ni el paisaje del cuadro del fondo logra distraernos, ni nos inquieta el enigma del otro cuadro del que sólo alcanzamos a ver un fragmento.

Muchos creen que con esta obra Whistler no sólo rindió homenaje a su propia madre, sino que hizo toda una apología de la propia idea de la maternidad. Yo creo que fue capaz de hacer mucho más: con tan pocos elementos creó una atmósfera de una profundidad tal que logró lo  que pocas veces ocurre en un cuadro: que el observador comparta la escena y la interiorice, que la haga suya. Tan suya que, en  este caso, casi podría alargar el brazo y descorrer la cortina. Pero, ¿quién sería capaz de hacerlo si la escena es, en sí misma, perfecta? ¿Para qué trastocar nada si ni siquiera debe moverse el aire que inunda la composición? Equilibrio, austeridad y armonía. ¿Hace falta allgo más?

Leed en español más información sobre esta obra genial en la Web del Museo D´Orsay, que la custodia. Ddespués visitad esta interesante Web en inglés, dedicada por completo al arte de Mr. Whistler. 

11 abril 2010

ALFRED SISLEY

LOS EFECTOS DEL AGUA

Nació en Francia, pero era inglés. La primera mitad de su vida pudo disfrutarla en medio de una situación económica desahogada, pero la otra mitad vivió prácticamente en la pobreza. Estaba dotado de grandes cualidades para la pintura, pero apenas logró vender unos pocos cuadros y, todos ellos, por muy poco dinero. Hay quien opina que le sobraba talento, pero que le faltó suerte. Esto último es, como casi todo en la vida, bastante relativo. Alfred Sisley (1839-1899) nació en el seno de una acomodada familia británica que residía en Francia a causa de la dedicación de su padre a los negocios. En su adolescencia el futuro pintor fue enviado a Londres al objeto de que se familiarizase con la cultura originaria de su familia y estudiase comercio. Latía en ello el deseo del padre de que el hijo, a su regreso, se ocupase también de los negocios familiares. Pero cuando se produjo ese retorno, en 1861, el joven Sisley tenía ya decidido firmemente dedicarse a la pintura.

Superior. Alfred Sisley: "Puente en Villeneuve-la-Garenne" (1872). Nueva York.

Fue así como aquel joven de 21 años, vivo ejemplo de los herederos de la decimonónica burguesía inglesa, rompió las tradiciones domésticas: renunció a satisfacer los deseos de su padre y acabó tomando clases de pintura en un taller parisino. En él conoció a otros artistas como Monet y Renoir, con los que compartía afición por la pintura al aire libre. De modo que podemos situar a Sisley en el mismo origen del movimiento impresionista. Lo encontramos formando parte del colectivo de artistas que participó en el famoso Primer Salón del año 1874, donde colgó cinco de sus cuadros. Más tarde, volveremos a verlo de nuevo en varios más de los sucesivos salones con los cuales aquel grupo de pintores impresionistas acabaría por cobrar fama y reconocimiento.

Alfred Sisley: "Inundación en Port Marly" (1876). París.

Alfred Sisley. Izquierda: "Jardín en Louveciennes (1873). Colección privada. Derecha:   "Nevada en Louveciennes" (1875). Paris.
.Pero, paradójicamente, ni la fama ni el reconocimiento beneficiaron jamás a Sisley. Pudo vivir sin preocupaciones económicas hasta 1871. Sin embargo, en ese año los negocios de su padre fueron definitivamente a la quiebra y desde entonces el pintor tuvo que hacer frente a una situación de estrecheces y penurias próximas a la miseria, ocupándose en oficios diversos y sin que sus obras alcanzasen jamás cierto reconocimiento público. En esa situación vivió prácticamente hasta el final de sus días.
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Como todos los impresionistas, Sisley mostró siempre una especial atracción por el paisaje, por la pintura directa del natural y, hasta cierto punto, puede decirse que fue unos de los pintores del grupo que se mantuvo más fiel al ideario original, aunque este hecho delate también una escasa evolución en su obra. Sus paisajes muestran una clara predilección por dos temas fundamentales: de un lado, los senderos y caminos orlados de árboles; de otro, las composiciones en las que el agua juega un papel fundamental. En este caso, no suele tratarse de paisajes marinos, sino de vistas de interior en las que las orillas de un río o las inmediaciones de un puente ocupan el lugar protagonista. Otras veces el pintor muestra su interés en representar lugares inundados o que han sido sacudidos por una reciente tormenta. Juega siempre en estas obras con los efectos cambiantes del agua y los reflejos de la luz sobre su superficie. 
Alfred Sisley: "Puente en Hampton Court" (1874). Colonia (Alemania).

En toda la pintura de Sisley encontramos siempre una cierta armonía, un tono amable, como si la mirada del pintor sobre el paisaje, sobre el cielo, tratase de reflejar una naturaleza en sereno equilibrio. Esta situación no deja de parecer paradójica en un artista que pasó media vida en la pobreza. ¿Cómo lograría controlar sus emociones si hasta sus paisajes de inundaciones parecen más idílicos que agobiantes? Quizás Sisley encontró en estos temas la serenidad que no hallaba en la vida cotidiana. Quizás.
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Alfred Sisley: "Puente en Moret" (1893). Paris.
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No hay muchas páginas dedicadas a Sisley en la Web. Ésta en inglés, que lleva su nombre, ofrece algunos datos boiográficos y varias imágenes. Semejante planteamiento presenta esta otra página. Finalmente, podéis consultar el apartado dedicado al pintor en la galería de Olga

08 abril 2010

MONET Y LA ABSTRACCIÓN

RAÍCES, DERIVACIONES, COINCIDENCIAS

Que Monet fue un pintor decisivo para la evolución de la pintura contemporánea es algo que nadie podría poner en duda ni un solo instante. Que además mantuvo a lo largo de toda su trayectoria una evolución absolutamente coherente en la que, sin abandonar jamás los postulados impresionistas investigó nuevas maneras de abordar la creación pictórica es también comúnmente aceptado. Esa pintura contemporánea tiene, qué duda cabe, muchas raíces, pero una de ellas, y de las más importantes,  es la obra de Claude Monet (1840-1926).

Claude Monet: "El estanque de nenúfares" (1917-19). Viena.

Que el expresionismo abstracto supuso una radical renovación del panorama de la pintura en los años próximos a la finalización de la Segunda Guerra Mundial tampoco es algo que esté sometido a debate. Que, pese a su radicalismo estético, las propuestas de esa corriente norteamericana gozan aún de vigencia y están en la base de muchos de los planteamientos de artistas actuales queda inmediatamente claro a quien se moleste en asomarse  de vez en cuando a las exposiciones organizadas por museos y galerías de arte. Conforme pasa el tiempo, las obras de artistas como Jackson Pollock (1912-1956), Mark Rothko (1903-1970), Adolph Gottlieb (1903-1974) y tantos otros de aquellos pintores norteamericanos no hacen sino avanzar en su consideración de clásicos contemporáneos.


Mark Rothko. Izquierda: "Dorado y magenta" (1956). Colección privada. Derecha: "Sin título" (1969). Pamplona.

Impresionismo y expresionismo abstracto. Dos propuestas pictóricas separadas por un océano y más de medio siglo de distancia temporal, a partir de las cuales el Museo Thyssen de Madrid organiza una llamativa exposición a la que titula "Monet y la abstracción". Quizás el título juegue un poco al desconcierto del espectador puesto que, como es sabido, el abstracto pictórico es una corriente enormemente variada que dispone de muchos precedentes y toma carta de naturaleza en las propuestas de algunas de las vanguardias europeas de comienzos del siglo XX y, sobre todo, en las aportaciones de Wassily Kandinsky (1866-1944) cuya obra no está recogida en la muestra, como tampoco están presentes las de otras tendencias sin las cuales el abstracto no puede ser cabalmente entendido.

En todo caso, la exposición permite al visitante la posibilidad de contemplar, casi yuxtapuestas, diversas obras entre las que se plantean ciertas coincidencias formales, como si las de los expresionistas abstractos derivasen de las realizadas por Monet unas décadas atrás. Corresponde a cada espectador decidir por sí mismo si tal deducción puede efectuarse más allá de lo que sería sencillamente la coincidencia formal aludida más arriba.

Pero sobre todo, y sin despreciar en absoluto la obra de Monet, esta interesante exposición facilita el acercamiento a algunos cuadros de varios de los más destacados expresionistas abstractos. Entre ellos, podemos recrearnos en la contemplación de cuatro obras de Mark Rothko. De un lado, el "dorado y magenta" de 1956 y uno de sus conocidos paisajes negros, pintados ya al final de su vida: el "sin título" de la National Gallery de Washington, obras que pude ver hace un año en Londres y que ya analicé aquí. Por otro lado, tenemos la suerte de acercarnos de manera directa a dos de las escasísimas obras de Rothko presentes en colecciones españolas: una de ellas el magnífico "sin título" de 1969, de un luminoso rojo, de la Colección de la Universidad de Navarra. De otro el interesante "negro,  rojo y negro" de 1968, de la coleción del Sr. Juan Abelló. ¡Qué placer tener delante cuatro obras de Rothko sin necesidad de andar cruzando nuestras fronteras!.
Superior: Mark Rothko: "Sin título" (1969). Washington.
Salí de la exposición bastante satisfecho. Disfrutar de las obras de Monet seleccionadas para la muestra me resultó enormemente sugerente, como lo fue compararlas con las de los expresionistas abstractos norteamericanos aquí reunidas. Se ponen delante del espectador obras aparentemente alejadas entre sí y se solicita que cada uno saque de ello sus propias conclusiones; que se busque entre unos y otros cuadros analogías y consecuencias. Consecuencias: así se titula precisamente un inmenso cuadro de Adolph Gottlieb que invita a la concentración,  a pensar y a recrearse en todo lo que desde Monet hasta la abstracción nos ha aportado la pintura.
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Adolph Gottlieb: "Consecuencias" (1959). Fundación Adolf y Esther Gottlieb.
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 El Museo Thyssen ha montado un excelente microsite sobre la exposición, con información básica e imágenes de muchas de las obras expuestas. Coincide con ella, en Madrid, otra  magnífica muestra sobre el impresionismo, basada en fondos del Museo d´Orsay. La Web que sobre ella ha montado la Fundación Mapfre es un ejemplo señero de lo que puede hacerse por difundir el arte en Internet.

24 abril 2009

DEGAS

UN IMPRESIONISTA PECULIAR

Para quienes disfrutan con el Arte, cuando se habla de la pintura impresionista se corre un grave riesgo: el de acabar participando de la idea de que todos los autores que cultivaron este estilo lo hicieron desde los mismos presupuestos estéticos y asumiendo planteamientos homogéneos ante el hecho de enfrentarse a la creación de la obra de arte. Precisamente el hecho de que el grupo se diera a conocer de forma conjunta mediante la famosa exposición de 1874, la que solemos denominar como "primer salón de los impresionistas", contribuye a afianzar esa idea.
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Sin embargo el impresionismo no resulta en absoluto un movimiento pictórico por completo uniforme y prueba de ello es la evolución que siguieron después algunos de sus más conocidos miembros. Además de la obra que figura junto a este texto, en aquella muestra originaria colgaban otros nueve cuadros de Edgar Degas (1834-1917)), un pintor cuya trayectoria confirma de manera rotunda lo que acabamos de afirmar.

Edgar Degas: "La clase de danza" (1874). París.

Degas nació en el seno de una familia vinculada a la aristocracia y la alta burguesía, que dispuso para él desde su infancia una buena educación, acorde con los cánones de la época en los que no se contemplaba, precisamente, que el muchacho pudiera dedicarse a un oficio tan aventurado como el de artista. Sin embargo, el joven Degas logró sobreponerse a estos planes familiares y acabó estudiando Bellas Artes en París. Sus posibilidades económicas le permitieron realizar en 1860 un prolongado viaje por Italia, donde pudo admirar de manera directa a los grandes autores del Renacimiento. De regreso a la capital francesa, se sumerge en las colecciones del Museo del Louvre y estudia sin cesar las obras de los principales pintores europeos, sin despreciar tampoco las aportaciones de autores románticos como Delacroix.

Edgar Degas: "Retrato de la familia Belelli" (1860). París.

Para entonces Degas, sin agobios económicos, se dedica ya por completo a la pintura. En estos momentos, años centrales de la década de los 60 del siglo XIX, cultiva un estilo acorde con los cánones imperantes en la época y, de hecho, algunos de sus cuadros colgaron en los salones oficiales que gustaban de visitar las clases acomodadas parisienses. Sin embargo, hay ya dos temas que le atraen especialmente: las carreras de caballos y el mundo del ballet. En 1873, por motivos familiares, el artista viaja unos meses a EE. UU, país donde mantiene el mismo estilo que venía cultivando hasta el momento. Pero cuando regresa a Francia tiene cierta prisa por exponer sus obras. De esta manera se fragua su participación en el primer salón de los impresionistas de 1874, y desde entonces, su nombre artístico queda unido a este grupo pictórico, con el que acabará participando en otra seis exposiciones.
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Edgard Degas: "Retratos en un taller de algodón de Nueva Orleans (1873). Pau, EE.UU.

Sin embargo Degas fue un impresionista ciertamente peculiar. Siendo característico de algunos de sus colegas el trabajo al aire libre, ese plenairismo con el que a veces se define al grupo, nuestro artista prefería mantenerse en el estudio, en gran medida porque carecía del absoluto interés por los problemas de la luz al natural que tanto atraían a otros impresionistas. Por otra parte, su pintura no desprecia el dibujo y la línea sigue bien presente en su pintura de los años posteriores. Ni siquiera recurrió al empleo de la gama de colores preferida por algunos de sus compañeros de exposiciones y, en el fondo, se muestra más interesado por los problemas del movimiento que por los de la luz. Por último, es conocida su preferencia del pastel sobre el óleo.

Edgar Degas: "En las carreras" (1869-72). París.
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Tratando de vivir siempre como un aristócrata, Degas se mantuvo fiel a sus propios principios artísticos hasta 1890 aproximadamente. Para entonces, crecientes problemas de visión obstaculizaron enormemente su dedicación a la pintura, de modo que derivó hacia la realización de esculturas, que modelaba en cera. No tenía ya interés ninguno en que esta producción fuese mostrada a posibles espectadores. Pretendía con estas obras (entre las cuales seguía habiendo algunas bailarinas) satisfacer sus propios deseos de expresión plástica. Genio de artista hasta el último momento.
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Edgar Degas: "La tina" (1886). Farmington, EE.UU.
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Aunque tiene mucha publicidad, en esta Web hay 84 cuadros de Degas a gran tamaño. Por otra parte, en la página del Museo d´Orsay de París podéis ver las 81 obras que allí se custodian, incluidas algunas de sus esculturas. Por último, aquí tenéis (en inglés) un eje cronológico de su vida, una galería y algunos otros links.

06 mayo 2008

MONET

EN BÚSQUEDA DE LA LUZ

Interesante y agitada vida la de Claude Monet (1.840-1.926), quien desde joven mostró una clara atracción hacia el arte de pintar. Sin embargo, sus comienzos no fueron fáciles: estudió pintura con varios maestros de quienes aprendió los distintos estilos que se cultivaban en la Francia de la época. Hasta cierto punto siempre disconforme con los cánones tradicionales, acaba por trabar amistad con algunos de los artistas que, unos años después constituyen la columna central del estilo impresionista. Pero aún es pronto. En medio de ciertas dificultades económicas y con problemas también en el orden familiar, Monet protagonizó una tentativa de suicidio en 1868. Para entonces ha conocido la obra de Édouard Manet y ha llegado a la conclusión de que lo importante es pintar al aire libre y a ello se dedica con estusiasmo, tratando de captar los efectos de la luz. No le importa que sus obras al natural sean una vez y otra rechazadas por la crítica y el público.

Claude Monet: "El picnic" (1865-66). Moscú.

En 1874 Monet y otros treinta y ocho pintores deciden organizar una exposición conjunta de sus obras, a la que denominaron "Salón de los independientes", recibiendo críticas negativas. Pero le cabe el honor de que uno de sus cuadros allí presentados, la pequeña obra que lleva por título "Impresión. Sol naciente" va a servir como punto de partida de la denominación con la que desde entonces se conoce a este grupo de pintores. En esa muestra, y pese al fracaso cosechado, el impresionismo toma definitivamente carta de naturaleza. Así que Monet continua fiel a ese estilo que buscar acercarse a la naturaleza y tratar de de reflejar en el cuadro los efectos cambiantes de la luz, empleando para ello una pincelada rápida y vigorosa. Es el plenairismo, el pintar al aire libre la fugacidad de la visión de un tema cualquiera, antes de que el cambio de luz lo convierta en otra visión diferente.

Arriba: Claude Monet: "La casa azul en Zaandam" (1871). Colección privada. Reino Unido.

Claude Monet: "La catedral de Ruan" (1893-94). París. // "La catedral de Ruan al atardecer" (1894). Moscú.

Una década después de aquella primera exposición los gustos del público y de la crítica empiezan a variar y ahora los cuadros de Monet y sus amigos (Sisley, Renoir, Pisarro y otros) comienzan a cotizarse. De este modo, en medio de una mayor tranquilidad económica, el artista aborda lo que sería otro rasgo del impresionismo: el serialismo, la representación en varios lienzos de la misma vista o del mismo paisaje, para que así queden evidenciados esos efectos de la luz. Su legado de veinte óleos sobre la fachada oeste de la catedral de Ruan es el más claro exponente de esta tendencia.

En 1890 Monet se instala en la villa de Giverny, próxima a París, donde ha adquirido una pequeña propiedad en la que se hará construir un jardín japonés en el cual habrá un pequeño estanque y un puente de bambú. Lo frondoso de la vegetación que rodea al pequeño lago y la exhuberancia de los nenúfares que crecen en el agua servirán entonces como motivos para sus cuadros.
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Y en ese edén privado Monet fue envejeciendo al tiempo que perdía progresivamente la vista. No por ello dejó de pintar. Lo seguía haciendo aún en 1926, el año en que murió cuando ya había cumplido los ochenta y seis años. Para entonces, otros de sus amigos impresionistas habían cambiado de estilo, pero él se mantuvo fiel hasta el final a esta tendencia. El poderoso influjo de la luz.
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Claude Monet: "El puente japonés" (1899). Filadelfia.

Hay en Internet numerosas páginas sobre Monet. La mejor que conozco es esta en inglés, "El arte de Monet", en la que se presentan informaciones variadas y casi 500 de sus cuadros, que pueden consultarse de diversas maneras. Desde Giverny, el último refugio de Monet, esta web muestra (en dos idiomas) un interesante elenco de temas sobre el artista. Podéis recurrir también a "Monetalia", que pretende llevar "el arte de Monet a la gente". Finalmente os recomiendo una visita a este "Monet desconocido", que recoge obras expuestas en un museo norteamericano.

Claude Monet: "Barcos en Pourville (1882). Colección privada.

20 abril 2007

BERTHE MORISOT

LA MUJER EN LA HISTORIA DEL ARTE
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Evidentemente, el Arte no se ha librado, a lo largo de las distintas etapas, del neto predominio del patriarcado durante toda la Historia de la humanidad, de forma que las mujeres, dedicadas desde siempre a las tareas domésticas, han estado al margen de la producción de obras de arte, con muy pocas excepciones. Este panorama comenzará a cambiar muy lentamente en los inicios de la Edad Contemporánea, pero no será hasta fechas muy recientes cuando podamos afirmar que las mujeres participan, al mismo nivel que los hombres, de la creación artística.
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Uno de esos casos pioneros se dio en el siglo XIX, con la obra de la francesa Berthe Morisot (1841-1895), incorporada desde primera hora al grupo de los impresionistas. Como muestra de su creatividad y homenaje a su trabajo os incluyo esta presentación que comienza con el retrato que Edouard Manet, su cuñado, le hizo a la artista en 1872. A partir de ahí, los cuadros están colocados en orden cronológico, desde 1869 hasta 1890, para que podáis observar la evolución de la pintura de Morisot. El último de ellos es un retrato de su hija.
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Poniendo el cursor encima de una obra, detendréis la presentación y podréis dirigirla a izquierda o derecha según vuestra conveniencia.


PPT PINTURA IMPRESIONISTA

POWER POINTS SOBRE EL IMPRESIONISMO

Una trama conceptual sobre las características del impresionismo y sus principales representantes, un esquema sobre la teoría del color y un repaso a algunas de las mejores obras de estos artistas son los contenidos de esta presentación.


EL IMPRESIONISMO

UNA REVOLUCIÓN PICTÓRICA

Claude Monet: "Impresión: sol naciente" (1872). París. ................. //................. "El Támesis y el Parlamento" (1904). París.

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Berthe Morisot: "Campos en Gennevilliers" (1875). París.

El 15 de abril de 1874 abría sus puertas en París una exposición de cuadros pertenecientes a varios pintores que se conocían entre sí y a quienes unía el hecho de no gustarles la pintura oficial que entonces se desarrollaba en Francia. Este grupo de Batignolles, así llamado porque el café en el que se reunían se encontraba en dicha calle, llegó incluso a fundar una sociedad cooperativa desde la cual se pediera abordar, entre otras cosas, la defensa de sus propias posiciones e ideas en el campo de la pintura y la organización de una exposición de sus obras, rechazadas en los ambientes oficiales.
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Así las cosas, en la exposición participaron 39 artistas y la crítica fue con ellos demoledora, siendo las ventas casi inexistentes. Claude Monet, Edgar Degas, Berthe Morisot, Camile Pisarro, Alfred Sisley o Pierre Auguste Renoir fueron algunos de los autores que comenzaron a recibir el nombre de impresionistas, en tono despectivo, precisamente por un cuadro de Monet que figuraba en la muestra, "Impresión: sol naciente". A este primer "Salón de los impresionistas" siguieron otros dos, en 1877 y 1879, mientras la crítica se mantenía firme en sus posiciones. El grupo acabaría disolviéndose y sus miembros seguirían caminos diferentes, aunque los más destacados concluyeron alcanzando el favor de la crítica y el del público.

Pierre Auguste Renoir: "La señora Monet leyendo Le Figaro" (1872). Lisboa.

Pero, ¿qué es lo que planteaban los impresionistas que les hizo ser tan criticados y, más tarde, tan admirados?. Estamos en presencia de una curiosa revolución pictórica. Curiosa porque la pintura impresionista sigue siendo realista; revolucionaria porque plantea toda una nueva forma de concebir el objetivo de la pintura. Para estos artistas, lo importante es la luz, algo tan etéreo que venía atrayendo la atención de los mejores pintores desde la Edad Media. Pintar la luz y cómo ésta se refleja en los objetos es el máximo interés de los impresionistas. Por tanto, lo que se pinta es, por definición fugaz, porque la luz natural cambia constantemente. Para ello se recurre, aunque no siempre, al empleo de colores puros, confiando en que sea el ojo del espectador el que los mezcle, aplicando así la teoría de los colores recientemente planteada.

Edgar Degas: "En la Playa" (1876). Londres.

La luz obliga a los impresionistas a salir a la calle, al campo, al mar, a pintar al aire libre (plenairismo), abandonando el estudio. Por eso en un catálogo general de estos artistas predominaria de forma absoluta el paisajismo. Habitualmente emplean una pincelada suelta y gruesa, con colores aplicados tal cual salen del bote de pintura, y rehuyen los claroscuros. Y como les interesa la fugacidad de las cosas, a veces las pintan varias veces (serialismo) para dejarnos una crónica de cómo la luz va cambiándolas constantemente.
Alfred Sisley: "Puente en Hampton Court" (1874). Colonia.
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Fue así como en una sociedad en la que ya se estaba desarrollando la fotografía los impresionistas abrieron nuevos caminos a la pintura y demostraron que la posibilidad de innovación en arte es casi infinita. Para ellos, el color, cada color, no era más que una modalidad de la luz. Y con estos planteamientos iluminaron el ambiente de una ciudad, París, que alcanzaba ya su primaciá absoluta en el mundo del arte contemporáneo. Hacia 1880 el grupo de los impresionistas estaba ya prácticamente disuelto y algunos de sus miembros enfrentados entre sí. Pero el trabajo estaba hecho.

Para estudiar la pintura de los impresionistas la cantidad de recursos en la Web es enorme. Os recomiendo especialmente esta obra en español, planteada desde una perspectiva didáctica y que incluye actividades de autoevaluación y variados juegos. En francés o inglés podéis consultar esta amplia página, mientras escucháis música de Debussy. Y, desde luego, hay que visitar (en español) la excelente web del Musée D´Orsay, en París, que reúne la mayor coleccíón de pintura impresionista. En España, la mejor colección es la que posee el Museo Thysen, de Madrid.
 

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