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06 junio 2014

LOS WOOD: DE TAL PALO TAL ASTILLA.

Bath, una pequeña ciudad rural de sudoeste de Inglaterra con un importante pasado romano se había convertido en el nuevo objeto de deseo de la caprichosa y hedonista aristocracia inglesa del siglo XVIII. El redescubrimiento de las propiedades curativas de sus aguas termales convirtió a Bath en una ciudad balneario en la que los potentados británicos pasaban sus veranos disfrutando no sólo de los saludables baños sino también de la dinámica y sofisticada vida social en la que los bailes y las reuniones para tomar el té eran una excelente manera de tejer relaciones sociales entre la élite inglesa.

Vista aérea del Circus
El aumento progresivo del número de veraneantes requirió un desarrollo inmobiliario y urbanístico acorde a las posibilidades económicas de estos turistas aristocráticos. John Wood el Viejo, un arquitecto local muy influenciado por las ideas palladianas y marcado por el estudio de la historia antigua británica fue uno de los principales artífices de la reforma de la ciudad.  Wood quiso enlazar el nuevo proyecto con las raíces romanas de Bath y para ello diseñó un ambicioso plan urbanístico que contemplaba la construcción de tres grandes edificios que recordaran a tres grandes obras del mundo latino: el foro, el gimnasio imperial  y el anfiteatro. Los deseos e intereses de los promotores de la ciudad tan sólo permitieron la construcción del último de estos tres edificios, que recibió el nombre de Circus, y que fue la obra maestra de Wood, erigida al término de su carrera. Entretanto, el arquitecto había desarrollado un estilo propio y había dejado su impronta en la ciudad a través de majestuosos edificios y espacios como Prior Park, Queen Square y el Royal Hospital.

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Fachadas de casas en el Circus
El Circus es una perfecta circunferencia de casas adosadas que rodean un bello jardín central que cumple las funciones de una plaza en la que confluyen tres calles. Los inmuebles están compuestos por tres niveles en altura en los que se suceden columnas jónicas, dóricas y corintias rematadas por un friso y una balaustrada. Esta magna obra, construida fuera de los antiguos límites de la ciudad, se inspira en el Coliseo romano. El autor pretendía que la disposición de las casas y la decoración de sus fachadas recordaran al exterior del anfiteatro de la Ciudad Eterna. Pero, además de elementos clásicos, Wood insertó en los muros exteriores símbolos propios de la masonería, institución a la que al parecer estuvo estrechamente vinculado.

Tan sólo tres meses después del inicio de la construcción del Circus el arquitecto falleció y su hijo, John Wood el Joven tomó el testigo de su padre con quien ya había trabajado codo con codo. Tras finalizar la obra, el joven Wood se embarcó en un nuevo proyecto de grandes dimensiones, la construcción de un conjunto de treinta viviendas pareadas de corte palaciego que fue conocido como Royal Crescent. Las casas se erigieron siguiendo una curva elíptica abierta hacia una gran explanada de césped que hoy constituye el principal parque de la ciudad de Bath. En la fachada de estas residencias se despliega el orden jónico palladiano en contraposición a la sucesión de órdenes que se había diseñado para el Circus.

El Royal Crescent.

El estilo elegante y lujoso del Royal Crescent fue el mismo que caracterizó otro de los grandes diseños del joven Wood, las Assembly Rooms de Bath, un conjunto de salas de reuniones para la élite de la ciudad donde se celebraban importantes eventos sociales. Los escritores Charles Dickens y Jane Austen visitaron en varias ocasiones estas instalaciones y reflejaron en algunos de sus libros la pomposidad y la ostentación de estas citas de la flor y nata inglesa. El propio Dickens escribía lo siguiente en su obra Los papeles póstumos del Club Pickwick


“En la sala de baile, en el gran salón de juego, en la sala octogonal y en las escaleras y galerías se oía el murmullo constante de voces y el ruido de muchas pisadas. Rozaban las sedas, ondeaban las plumas, fulgían las luces y resplandecían las joyas”.

La obra del binomio Wood dejó su sello imborrable en el suroeste de Inglaterra. El campo de pruebas urbanísticas en el que la antojadiza aristocracia había convertido a Bath les permitió desarrollar a placer sus ideas arquitectónicas y asentar los pilares de eso que la Historia del Arte ha convenido llamar estilo georgiano, denominado así por los cuatro reyes George que gobernaron Inglaterra entre 1714 y 1830.

Para conocer más sobre la obra de los Wood en Bath conviene visitar esta página donde podemos encontrar un análisis detallado del Royal Crescent. Además, en la web oficial de la oficina de turismo de Bath hay información sobre los principales monumentos de esta ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad en 1987.

02 agosto 2010

LA PUERTA DE BRANDENBURGO

RECORDANDO LA HISTORIA EUROPEA CONTEMPORÁNEA

Le pasa a algunos monumentos o edificios: además de la importancia artística que pueden poseer, se han convertido en testigos mudos (cuando no en protagonistas) de la historia que se desarrolló a su alrededor. Han quedado así como una especie de emblemas o hitos de otros tiempos, desde los cuales es fácil (y casi obligatorio) evocar el pasado. Y eso es lo que le sucede precisamente a la Puerta de Brandenburgo, en Berlín. Quizás sean menos los que recuerdan la fecha exacta de su contrucción que quienes pueden asociarla a determinadas situaciones de carácter histórico.

Carl Gotthard Langhans: "Puerta de Brandenburgo" (1789-1791).

Baste decir que por aquí desfiló triunfalmente Napoleón tras su victoria en la batalla de Jena  (1806), en la que derrotó a las tropas prusianas. Las mismas que años más tarde (en 1871) festejaron en este lugar la derrota del ejército francés, abriendo paso a la unificación de Alemania. Fue también aquí donde los nazis celebraron el acceso al poder de Hitler en 1933 y realizaron durante unos años esos desfiles y concentraciones de masas  con los que el estado nacionalsocialista pretendía demostrar al mundo su fuerza y unidad, lograda a base de la completa sumisión de quienes se oponían a sus demenciales ideas. Sin embargo, en este mismo lugar se alzaba victoriosa la bandera del Ejército Rojo soviético tras la derrota de los nazis en 1945. No acababa ahí la historia de esta puerta emblemática. Ella misma se convirtió a partir de 1961, durante la Guerra Fría, en el más conocido símbolo de la división de Alemania en dos estados, al quedar dentro del famoso Muro de Berlín que separó en dos partes la ciudad hasta 1989. Precisamente, su último papel histórico ha sido el de convertirse en mudo emblema de la reunificación del país.

Tanta historia no debe hacernos olvidar que hablamos de la única sobreviviente de las quince puertas que daban acceso en el pasado a la ciudad de Berlín. Que nos encontramos ante el típico ejemplo grandilocuente de la arquitectura neoclásica que trata, en este caso, de imitar de algún modo la estructura de los propileos de la acrópolis de Atenas. La puerta de Brandenburgo fue levantada entre 1788 y 1791, según los planos trazados por el arquitecto alemán Carl Gotthard Langhans y a expensas del monarca Federico Guillermo II. Se aunan en ella dos intenciones: de una parte, monumentalizar una de las principales entradas a la ciudad, que aumentó su pujanza en la segunda mitad del siglo XIX; de la otra, dejar una muestra evidente de la creciente importancia del reino de Prusia que, andando el tiempo, sería el artífice de la unificación de los diversos estados alemanes.

Construida en piedra arenisca, la puerta presenta una anchura de 65,5 ms., con 26 de altura máxima y 11 de profundidad. Aunque ahora podemos apreciar en ella tres cuerpos, los dos laterales (de mayor profundidad y menor altura) son añadidos posteriores, correspondientes ya a 1868, si bien tratan de mantener la uniformidad con el  cuerpo central. Éste fue concebido como un pórtico hexástilo, levantado en estilo dórico, lo que explica la división del friso en triglifos y metopas. Los espacios entre las columnas de cada cara de la puerta están cerrados mediante muros, en los que se dispone decoración en relieves. De esta forma se realza la funcionalidad de la construcción como puerta de paso, mediante cinco accesos, de los cuales el central posee mayor anchura.

Por último, y tratándose de una puerta monumentalizada, la parte superior no presenta un frontón triangular, sino que aparece sustituida por una estructura de la que sobresale un podium sobre el cual se coloca una cuádriga triunfal, copia en cobre de la original de 1793, obra del escultor  Johann Gottfried Schadow, autor también de los relieves decorativos. Pero es curioso: inicialmente la figura femenina alada que conduce la cuádriga venía a representar a la diosa Eirene, símbolo de la paz. Sin embargo, con el paso de la historia y el añadido de una cruz de hierro y un águila, ha quedado transmutada en diosa de la Victoria. De forma que hasta en ese detalle esta puerta de Brandenburgo ha permanecido como testigo de la historia contemporánea. De la paz a la victoria. ¡Gran diferencia!

Aquí teneís una reproducción en 3D de la famosa puerta y en esta otra Web podéis realizar una visita virtual al monumento. Finalmente, he aquí algunas vistas de cómo quedó la puerta tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

14 abril 2008

JUAN DE VILLANUEVA

EL ARQUITECTO DEL NEOCLASICISMO EN ESPAÑA
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Hijo de escultor, hermano de arquitecto, educado en la Academia de las tres nobles artes de San Fernando y becado para completar su formación artística en Italia, donde vivió durante casi siete años. En estas breves pinceladas podría sintetizarse el periodo de aprendizaje de Juan de Villanueva (1739-1811), a quien podemos considerar sin duda alguna como el más relevante exponente de la arquitectura neoclásica en nuestro país. Instalado de nuevo en España, el arquitecto trabajó para la comunidad de monjes jerónimos de El Escorial, hasta que en 1777 el rey Carlos III lo contrató al servicio de la casa real. Para entonces Villanueva combinaba ya el clasicismo que tanto había podido estudiar durante su prolongada estancia en Italia con el purismo herreriano del monasterio escurialense.
Juan de Villanueva: "Casita del príncipe" (1772). El Escorial, Madrid.
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Una vez con el nombramiento de arquitecto cortesano en el bolsillo, la vida profesional de Vllanueva dio un cambio de impotancia. A partir de entonces su carrera profesional quedó vinculada a las necesidades de la monarquía, para la que construyó sus edificios más destacados. Empleó en ellos el estilo neoclásico más riguroso: interés por la simetría y la proporción, escasa presencia de elementos decorativos y constante referencia a los modelos de la antigüedad clásica, recurriendo frecuentemente a la piedra como material constructivo.

Juan de Villanueva: "Observatorio astronómico" (1790). Madrid.
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Como arquitecto real, la obra artística de Villanueva quedó estrechamente vinculada a la ciudad de Madrid, cuya condición de sede política de la monarquía explica el levantamiento de edificios emblemáticos (como el actual Museo del Prado y el Observatorio Astronómico) que mostrasen el interés de los reyes por el avance de las ciencias y las letras. Del mismo modo, contribuyó al amplio proceso de reforma urbanística que en esa centuria experimentó la ciudad. En esa tarea Villanueva dejó algunos de los lugares, jardines y edificios que caracterizan el Madrid dieciochesco. Suya es, por ejemplo, la reforma de la Plaza Mayor (que había quedado arrasada tras un incendio en 1790), Intervino también en el parque del Retiro (Real Jardín Botánico), en el antiguo ayuntamiento de la ciudad y dejó levantados, además, otros diversos edificios de interés.
Juan de Villanueva: "Museo de Historia Natural (actual Museo del Prado)" (1785). Madrid.
















Villanueva es por tanto, dentro de la arquitectura, el exponente de esa grandeza que los Borbones españoles pretendieron dar a sus reinados. Para ellos trabajó y levantó algunos de sus edificios más emblemáticos. El arquitecto falleció en 1811, justamente cuando el país llevaba ya más tres años asolado por la Guerra de la Independencia. No pudo ver así como esa grandeza majestuosa a la que tanto había servido se venía abajo durante el ominoso reinado de Fernando VII. Probablemente no le hubiese gustado asistir a lo que sucedió en esa etapa de nuestra historia. Como nos pasaría a la mayoría de nosotros.

Juan de Villanueva: "Oratorio del Caballero de Gracia" (1789). Madrid.

Sobre la vida y obra de Juan de Villanueva hay una interesante aportación en este foro de Internet, con numerosas fotos. Visitad también esta página sobre el Observatorio Astronómico. En la web del Caballero de Gracia encontraréis información sobre la arquitectura del edificio. Por último, leed también este breve artículo sobre la obra de Villanueva en Madrid.

13 abril 2008

LA ARQUITECTURA NEOCLÁSICA

EL RETORNO DEL CLASICISMO


John Wood, el joven: "Creciente real" (1767-1774). Bath, Inglaterra.
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Por una vez, debo confesar que no me encuentro ante mi estilo arquitectónico favorito, precisamente. Pero en fin, no estaría bien saltarnos unas referencias sobre esta arquitectura que se halla en nuestros programas de estudio sólo porque al autor no le llame mucho la atención este estilo. En realidad, el neoclasicismo arquitectónico no viene a aportar muchas ideas novedosas al campo de la construcción, sino a retomar un tema que ya se había planteado durante el Renacimiento: la recuperación de los ideales estéticos de la Antigüedad clásica.

Robert Smirke: "Fachada del Museo Británico" (1823-1847). Londres.

Este segundo renacer de lo clásico en arquitectura tiene lugar a comienzos del siglo XVIII, al hilo de dos fenómenos que se producen en la primera mitad de la centuria. De una parte, el descubrimiento de los conjuntos arqueológicos de Pompeya y Herculano; de otra, un cierto cansancio de la estética barroca, evolucionada en algunos casos hacia el rococó en lo que a los repertorios decorativos se refiere. Ello no obstante, la arquitectura barroca se mantuvo con fuerza conviviendo con la neoclásica, de lo que dan buena fe las numerosas construcciones que en ese estilo se levantaron aún durante el siglo XVIII en nuestro país.

El interés por lo clásico explica la proliferación de edificios que presentan fachadas con frontones triangulares sostenidos por columnas al modo griego, pero no se renuncia a los logros constructivos de épocas anteriores, con lo que resulta frecuente la aparición de airosas cúpulas, continuadoras de los modelos levantados durante el Renacimiento y el Barroco. La decoración brilla ahora por su ausencia, quedando relegada sobre todo a los tímpanos de los frontones. Igualmente, y al modo romano, resurgen ahora las columnas conmemorativas y los arcos de triunfo, mientras que las puertas monumentales son un trasunto de los propileos de la acrópolis ateniense.

Carl Langhans: "Puerta de Brandenburgo" (1791). Berlín.
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Así pues, pureza de líneas, austeridad decorativa e intención deliberada de continuar los planteamientos grecorromanos serían los ingredientes de esta arquitectura neoclásica que surgió en Francia y pronto comenzó a proliferar en los principales países europeos. Venía a coincidir en el tiempo, sin ser una simple coincidencia, con la difusión de las ideas ilustradas. Lo demuestra el hecho, por ejemplo, de que en este estilo predominen los edificios de carácter civil sobre los de tipo religioso.

Pierre Contant d'Ivry y Guillaume Couture: "Iglesia de La Madeleine" (1764-1806). París.

William Henry Playfair: "Real Academia de Escocia" (1822-1826). Edimburgo.

En consecuencia, el cambio en lo que a los gustos constructivos hace referencia no debe considerarse como un mero vaivén estético. Al contrario, debemos insertarlo en la profunda renovación de las mentalidades que se produjo en el periodo de crisis del Antiguo Régimen, cuando las preferencias artísticas hasta entonces imperantes en los estamentos privilegiados (nobleza y clero) comienzan a ser desbancadas por las de otros grupos emergentes, el de esos ilustrados que acabarían por abrir las puertas a la llegada de la burguesía a la Historia. Eso explica la prolongada duración de la arquitectura neoclásica a lo largo del siglo XIX, en la época de desarrollo de las revoluciones liberales. Cuestión de gustos.

Leed un breve resumen sobre la arquitectura neoclásica en la enciclopedia libre universal, que podéis completar con las informaciones de la Wikypedia inglesa. Y en esta página teneís un repertorio de imágenes de edificios del siglo XVIII.

27 enero 2008

PLAZAS DE TOROS

SOBRE LOS COSOS TAURINOS EN EL SIGLO XVIII

Plaza Mayor de Tembleque (Toledo). Inaugurada en 1653.

Las fiestas de toros tienen una larga tradición en las riberas del Mediterráneo, como atestiguan por ejemplo los frescos hallados en la isla de Creta. Pero si nos circunscribimos al ámbito de la Península Ibérica y nos remontamos a épocas más recientes, podemos encontrar claras referencias a corridas de toros desde la Edad Media, asociadas a fiestas populares o a ceremonias como bodas o bautizos, en los que se soltaba un toro para el regocijo común de los asistentes. Sin embargo, durante esos tiempos medievales y los primeros siglos de la Edad Moderna no existía propiamente la plaza de toros como espacio autónomo. Cuando era necesario, porque el festejo así lo requiriese, se acudía al empleo de la Plaza Mayor de la localidad o a un espacio semejante que pudiese cumplir al tiempo las funciones de lidia del toro y de acoger al público que lo presenciaba. Este uso sigue dándose todavía en algunos pueblos españoles y de ello dejan constancia las hermosas plazas de localidades como Miranda del Castañar (Salamanca), Tembleque (Toledo) o Riaza (Segovia) entre otras.

Plaza de Las Virtudes. Santa Cruz de Mudela, Ciudad real. 1641.

En otras ocasiones, el festejo taurino se lleva a las afueras de la población, por ejemplo a un santuario a ermita, como ocurre en la localidad de Santa Cruz de Mudela (Ciudad Real) con la plaza de toros de la ermita de Las Virtudes, levantada en dos pisos de fábrica en 1641 y adosada al correspondiente santuario, con planta cuadrada y aforo para unos tres mil espectadores. Otro caso semejante es el de la plaza de la ermita de Belén, en La Puebla de Sancho Pérez (Badajoz).

Sin embargo, hemos de esperar al siglo XVIII para ver la aparición de las primeras plazas concebidas como edificios autónomos. En este sentido, la plaza de toros más antigua de España se encuentra en Béjar (Salamanca). Inaugurado en 1711, este coso de El Castañar, levantado en granito, presenta al exterior forma poligonal, si bien muestra al interior planta circular, con 41 metros de diámetro. Le sigue en antigüedad el pequeño coso taurino existente en la localidad de Campofrío (Huelva), una diminuta plaza toda encalada, erigida en 1718 por una cofradía local para celebrar la fiesta de su patrón Santiago. Pese a lo reducido de su graderío, su aforo alcanza las 1500 localidades, dato que nos llamará más la atención si pensamos que el municipio tenía en 2006 un total de 772 habitantes. También de fines del siglo XVIII es la costumbre de instalar plazas de toros (aun de forma circular) en los patios de armas de algunos castillos, como sucedió en Fregenal de la Sierra (Badajoz).
Plaza de toros de Béjar (Salamanca) 1711.
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Plaza de toros de Campofrío, Huelva. 1718.
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Y aún no había finalizado el Siglo de las Luces cuando se levantaron las dos plazas que pasan por ser ejemplos de arquitecturas dieciochescas: las de Sevilla (iniciada en 1754, aunque las obras se extendieron más de cien años) y la de Ronda, inaugurada en 1785. Pero eso son ya plazas y palabras mayores, así que serán contadas en otra ocasión.

Existe una página web de la Unión de plazas de toros históricas, en la que podéis encontrar información sobre seis de los más antiguos cosos del país. Leed también este entretenido artículo sobre la plaza de Las Virtudes y esta breve información sobre la de Campofrío.
 

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