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03 mayo 2010

KIRCHNER

ABRIENDO PUENTES

En 1905 cuatro jóvenes estudiantes universitarios, residentes en la ciudad alemana de Dresde se reúnen con cierta frecuencia en la habitación alquilada que posee uno de ellos. Lo hacen para tratar de arte y de estética, para leer textos de poetas como Rimbaud y Verlaine y, en definitiva, para compartir aficiones y debatir puntos de vista sobre la pintura. Hacia el mes de junio de ese mismo año deciden dar un nombre al grupo que han formado. Tras varias dudas, optan por Die Brücke, "El Puente", con lo que, a fin de cuentas, cumplen un doble objetivo. Por un lado, rinden homenaje a la tradición alemana que representan artistas como Alberto Durero o Mathias Grünewald; por otro, hacen lo mismo respecto al escritor Nietzsche, quien en una de sus obras emplea ese término de puente para identificar la que consideraba la verdadera grandeza del ser humano.

E. L.  Kirchner: "Autorretrato como soldado" (1905). Oberlin, EE.UU.

En fin, estos cuatro jóvenes, a los que más adelante se unirían algunos otros, acababan de crear de esa manera tan informal uno de los dos grupos más importantes del expresionismo pictórico (el otro sería "El jinete azul"). Una idea bien propia de algunas de las vanguardias artísticas de comienzos del siglo XX: dar origen a un colectivo en base al hecho de compartir ciertos postulados comunes.

E. L. Kirchner: "Mujer sentada" (1910). Minneapolis, EE.UU.

El anfitrión del grupo (que luego acabaría celebrando sus reuniones en otros lugares) se llamaba Ernst Ludwig Kirchner (1880-1938) y había acudido a Dresde desde su Baviera natal para cursar estudios de arquitectura. Sin embargo, y aunque acabó obteniendo la titulación universitaria, su compromiso con el arte fue desde entonces prácticamente definitivo. Así, en los años anteriores al comienzo de la Primera Guerra Mundial encontramos a los miembros de El Puente participando en algunas exposiciones colectivas, a las que también acude, ¡cómo no! nuestro pintor. Además de un común interés por la xilografía, el objetivo de todos ellos es entonces tomar contacto directo con la naturaleza y trabajar, sobre este fondo, la figura humana, preferentemente a través del desnudo. Desde luego, recurren a lo que ahora consideramos característico del expresionismo: el empleo de colores violentos y el relativo desprecio por las formas y el dibujo, rehuyendo de todo academicismo.

E. L. Kirchner: "Bañistas en Moritzburg" (1909-1926). Londres.

En 1911 encontramos a Kirchner en Berlín, adonde han acudido también otros miembros del colectivo. Nuestro pintor crea allí una escuela privada de pintura, tratando de difundir el nuevo estilo, pero la cierra poco después en medio de un absoluto fracaso. Pero para ese momento los tiempos parecen acelerarse: en 1913, El Puente ya se ha diluido como grupo pictórico y cada uno de sus miembros busca la manera de definir un estilo personal. Esa breve pero intensa trayectoria del grupo la dejaría Kirchner recogida algo después en una Crónica de aquellos años iniciáticos, aunque muchas de sus reflexiones no fuesen compartidas por sus antiguos compañeros.

Pero en 1914 llega la esperada Primera Guerra Mundial y Kirchner acude voluntario a alistarse en el ejército. El desgarrador autorretrato de esa época (en el que aparece falto de una mano, hecho que nunca sucedió) nos confirma la situación anímica que debió atravesar el pintor en su breve experiencia militar. Breve, porque en 1915 una profunda crisis nerviosa lo apartaría del conflicto, haciendo necesario su traslado a diversas clínicas suizas de reposo  para lograr su recuperación. Cuando ésta llegó, el pintor no quiso abandonar el país, optando por vivir en el idílico ambiente de las montañas alpinas, reflejado en sus cuadros de la época, mientras sus obras comenzaban a ganar aceptación.

E. L. Kirchner: "Davos en verano" (1925). Davos, Suiza.

No cabe dudar de que esos fueron unos años felices para Kirchner, quien no obstante volvía de nuevo a caer en la melancolía cuando ya la sombra de la barbarie nazi comenzaba a extenderse por Alemania. De nuevo el tiempo se aceleraba para él: en 1937 más de 600 de sus obras fueron retiradas por los nazis de los museos alemanes y algunas de ellas tuvieron el honor de participar en la exposición sobre "arte degenerado" organizada por el Tercer Reich. En medio de tanta desgracia,Kirchner decidió poner fin a su vida y acabó suicidándose en 1938. No podemos dudar que tenía un gran amor al arte.

E. L. Kirchner. Izquierda: "Escena callejera en Berlín" (1913). Nueva York. Derecha: "Mujer bajo sombrilla japonesa". Dusseldorf. Alemania"

Precisamente en Davos (Suiza; sí, donde el famoso foro de los ricos e influyentes del mundo) existe un Museo consagrado a Kirchner. En su Web (casi todo en alemán) hay abundante información sobre el pintor. En español, podéis visitar esta página. Más datos en la Web de la Galería Nacional de Arte de Washington, que le dedicó una exposición en 2003.

19 octubre 2009

EMIL NOLDE

TEMPESTADES DE COLOR

El pintor del que hoy tratamos tenía un carácter fuertemente individualista: su vida está llena de situaciones en la que queda confirmado como su pertenencia a un grupo determinado lo deja insatisfecho o, peor aún, acaba por generarle problemas. Y es que, en muchos sentidos, la vida de este artista está llena de paradojas. La primera quizás sea que lo conozcamos como Emil Nolde (1867-1965), aunque su apellido verdadero fuese Hansen, adoptando aquel otro como homenaje al pueblecito alemán donde nació (por cierto, hoy parte de Dinamarca, otra paradoja). Criado en una familia campesina, casi desde niño mostró aptitudes para las labores artesanales, de forma que acabó por estudiar artes aplicadas y, dspués trabajó como profesor de dibujo en Suiza durante unos años. Más tarde trató de entrar en una escuela de Bellas Artes, pero su solicitud fue rechazada, de forma que Nolde optó por dedicar su vida a la pintura aunque fuese de forma independiente.

Emil Nolde. Izquierda:"Autorretrato" (1917). Seebüll, Alemania. Inferior derecha: "Niños danzando salvajemente" (1909). Kiel.



El comienzo del siglo XX sorprende a Nolde instalándose en Berlín e interesado por la obra de los pintores postimpresionistas y por las novedades que están introduciendo en el campo de la pintura artistas como James Ensor o Edvard Munch. En este contexto, sus obras adquirieron cierto prestigio, lo que explica que en 1906 nuestro pintor recibiese una carta del grupo expresionista Die Brücke (El Puente) en la que se le solicitaba su incorporación al colectivo, cuyos miembros afirmaban "rendir homenaje a sus tempestades de color". Y con ellos se fue Nolde, aunque su pertenencia al grupo duró apenas un año, retomando de nuevo su vía independiente a la pintura.

Inferior. Emil Nolde. Izquierda: "Danza alrededor del becerro de oro" (1910). Munich. Derecha: "Pantanos" (1916). Basilea.

En el Nolde de esos años encontramos un interés por dos tipos de temas que ya van a marcar para siempre su trayectoria. Por un lado, los paisajes, frecuentemente naturales, que pinta desde una perspectiva casi situada a ras de suelo. Por otro, los temas de carácter religioso, en los que pasa revista tanto a escenas de la Biblia como del Nuevo Testamento, siempre con colores muy densos y de gran riqueza. No obstante, el artista no despreció otros motivos: retratos, temas urbanos o escenas de carnaval forman también parte de su producción.

Emil Nolde. Izquierda: Mujer (1912). San Luis, EE.UU. Derecha: "Gente emocionada" (1913). Seebüll.


Unos años más adelante nos encontramos con una nueva paradoja en la vida de Nolde. En la década de los años 20 el pintor, atraido por la idea de la "Gran Alemania", se convirtió en simpatizante del partido nazi, acabando por hacerse miembro de su sección danesa unos años más tarde, mientras afirmaba que el expresionismo (que él y otros artistas practicaban) era el estilo pictórico genuino del pueblo alemán. El propio Goebbels, ministro de propaganda del III Reich, compartía también esta absurda teoría que no tuvo mucha trascendencia porque el propio Hitler zanjó la polémica con su idea ramplona de que todo el arte moderno estaba muy cercano a lo degenerado. Así que el régimen nazi terminó por condenar oficialmente las obras de Nolde a quien incluso se le prohibió pintar, mientras sus cuadros eran descolgados de los museos.

Pero Nolde siguió pintando,  ahora sin dar publicidad a sus obras, en su estudio de Seebüll, que él mismo había diseñado años atrás. Tuvo que esperar al fin de la Segunda Guerra Mundial para que sus cuadros saliesen de nuevo a la luz. Y así, otra vez, aquel artista independiente recobró la fama que había perdido. Una fama cincelada a base de su inteligente uso del color. Un color que en sus cuadros cobra vida y transmite sentimientos y emociones; dramatismo muchas veces. Tenía razón los del grupo El Puente: tempestades de color. porque como el mismo Nolde decía: "cada color tiene en sí mismo un alma, que me hace feliz o me repugna". Es del todo cierto.
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Emil Nolde: "Girasoles en la tempestad" (1943". Ohio, EE.UU.
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El interesante estudio que levantó Nolde en Seebbül es hoy un museo cuya Web tiene una pequeña sección dedicada al pintor. Más datos en español en este centro alemán de información y en esta página.

14 septiembre 2009

PPT PAUL KLEE


EL COLOR COMO EMOCIÓN

En una entrada anterior hemos tratado la biografía de Paul Klee (1879-1940), dando un repaso a su personalísima y original evolución estilística. Pero su obra es tan atrayente que os presento ahora, digamos que como inauguración del curso escolar, una antológica de sus trabajos, con obras pertenecientes al extenso periodo 1914-1940, año de su muerte. Disfrutaréis de la emoción de color, de la riqueza de la línea y del dibujo, de la originalidad de sus composiciones. Podríamos decir, empleando el título que el artista usó para uno de sus cuadros, que nos hallamos ante una polifonía de sensaciones. Una de las grandes cimas de la pintura del siglo XX. De fondo, una preciosa canción del grupo irlandés Lúnasa: se titula "Two-Fifty to Vigo" y pertenece a su cuarto disco, Redwood. Me ha parecido una mezcla interesante.

03 septiembre 2009

JAMES ENSOR

TRAS LA MÁSCARA

La Historia del Arte está tan acostumbrada a trabajar con esquemas y clasificaciones que con frecuencia éstos se vuelven contra nosotros y nos muestran a las claras la imposibilidad de incluir en ellos la enorme diversidad de la expresión plástica. Así que más vale tomar con cautela tales clasificaciones y valerse de ellas como simples guías orientativas. Veamos, si no, el caso del expresionismo: solemos afirmar que esta corriente pictórica, una de las grandes vanguardias del siglo XX, toma carta de naturaleza a partir de la constitución del grupo "Die Brüke" (El puente), que tuvo lugar en la germana ciudad de Dresde en 1905 y que algo más adelante se plasmará en la articulación de otro nuevo colectivo artístico: "Der Blaue Reiter" (El jinete azul), acaudillado (nada más y nada menos) que por Wasily Kandinsky y Franc Marc.

James Ensor: "Autorretrato con máscaras". (1889). Bruselas.
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Sin embargo, si atendemos a lo que el concepto expresionismo lleva implícito, coincidiríamos en que con tal palabra (al menos en el campo de la pintura) tratamos de definir aquella opción estética que pone especial énfasis en mostrarnos emociones de carácter intenso, que reflejan hasta cierto punto una angustia vital (personal o social), empleando a tal fin recursos diversos, tales como colores vivos y a veces violentos, formas deformadas y temas frecuentemente dolorosos. En tal caso, habremos de convenir en que el expresionismo es una corriente muy antigua en el Arte y que su carta de naturaleza no puede asociarse a los dos grupos antes citados. Se habla entonces de algunos artistas cuya obra se considera precedente del expresionismo, como ocurre en el caso del noruego Edvard Munch (1863-1944) la temática de cuyos cuadros puede encudrarse a la perfección dentro de ese calificativo de expresionista.

Superior. James Ensor: "La aniquilación del ángel rebelde" (1889). Amberes.

James Ensor: "La muerte y las máscaras" (1897).
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Un caso paralelo y muy semejante al de Munch lo constituye el belga James Ensor (1860-1949), quien salvo los tres años que pasó estudiando Bellas Artes en Bruselas, residió la mayor parte de su dilatada vida en la ciudad de Ostende, a la que convirtió, en sus inicios en la pintura, en motivo frecuente de sus cuadros. En ellos nos presenta paisajes de colores vivos y pinceladas enérgicas o bien escenas de corte realista. Sin embargo, y aún en los últimos años de su juventud, el pintor imprime a su obra un giro radical. Quizás para entenderlo deberíamos tener presente una circunstancia familiar: su madre poseía en Ostende una pequeña tienda, una especie de diminuto bazar en el que el cliente podía adquirir artículos diversos y, entre ellos las caretas y máscaras habitualmente empleadas durante las celebraciones del carnaval de su ciudad.
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James Ensor: "Anciana con máscaras" (1889).
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Ese hecho, junto a la propia evolución de la personalidad del pintor o la muerte de su padre cuando aquél contaba 28 años, podría explicar que a finales de la década de los 80 del siglo XIX Ensor manifieste una clara tendencia a introducir en sus cuadros motivos de carácter alegórico, grotesco (entre ellos, y frecuentemente, las máscaras que le eran tan familiares) o simplemente macabro (como los esqueletos que pueblan algunas de sus composiciones), acentuando además una clara tendencia hacia lo que, sin duda alguna, podemos calificar de expresionismo, para lo que acude a deformaciones de rasgos faciales y al uso de colores vibrantes que aplica a la tela con pinceladas sueltas y certeras.

Y no sólo eso. Durante algunos años Ensor mostró interés por temas de carácter religioso, lo que podría resultar llamativo teniendo presente su ideología próxima al anarquismo y su ateísmo convencido. Pero en esto también le resultan especialmente atractivos los aspectos (podría decirse) más dolorosos del tema, como los relacionados con la pasión y muerte de Jesús. Por lo demás, y no contento con pintarlos, también cultivó con frecuencia el grabado, que se adecuaba perfectamente a sus necesidades expresivas. De este modo, cuando el siglo XX va a comenzar Ensor ya ha definido con absoluta claridad un estilo completamente personal, que podría calificarse (pese a que con ello se adelante a lo que los esquemas habituales suelen señalar) como claramente expresionista. Y es precisamente su obra de esos primeros años la que ahora más llama nuestra atención, porque en ellos encontramos todos los caracteres de dicha corriente pictórica, aunque en este caso desde un punto de vista muy particular. Podríamos afirmar que Ensor cultivó un expresionismo tras la máscara.

James Ensor: "El Varón de Dolores" (1892).

Cuando escribo este texto se está desarrollando en el MOMA de Nueva York una antológica sobre Ensor, con una Web muy interesante. En esta página en español tenéis una breve biografía y algunas de sus obras, muchas e las cuales se recogen en esta otra página, aunque sin comentario alguno. Un catálogo más completo (265 obras) se recoge en este directorio de arte flamenco. Acabamos con esta presentación que da un repaso cronológico a su obra.


28 junio 2009

AUGUST MACKE

UNA VIDA (BREVE) DEDICADA AL ARTE

Alguna vez leí una bonita anécdota sobre un joven aprendiz de pintor que, a la edad de dieciséis años, va caminando en solitario por una calle de Bonn. De repente, se cruza con una muchacha y al punto siente una especial atracción hacia ella, de modo que el joven hace todo lo posible por conocerla. Y lo consigue... hasta tal extremo que unos años después, acabará casándose con ella y retratándola en numerosas ocasiones.

August Macke: Naturaleza muerta" (1911).

Ese joven se llamaba August Macke (1887-1914) y la anécdota es bien demostrativa de un claro componente de su personalidad: el entusiasmo que ponía en todo aquello que le atraía. Nacido en una pequeña ciudad alemana de provincias, el inicio del siglo XX llevó a su familia a Bonn, donde Macke cursó estudios de arte que amplió en Düsseldorf y Berlín. Sin embargo, el ambiente académico no parecía atraerle demasiado, de manera que en 1907 decide realizar un viaje a París, donde toma contacto con las obras de los impresionistas y con las de autores como Cezanne y Matisse. De vuelta a Alemania el joven pintor que nunca llegó a viejo decide vincular sus obras a las corrientes de vanguardias. Y lo hará, hasta tal punto, que en los siete años que le quedan de vida conocerá de manera directa a algunos de los más importantes artistas europeos de la época: Franz Marc, Kandinsky, Robert Delaunay o Paul Klee.

No es poco lo que August Macke llevó a cabo en esos siete años. Tras pasar por un breve periodo en el que la influencia de la estética fauvista es bien evidente, en 1911 encontramos al joven artista formando parte de la exposición colectiva con la que se dio a conocer el grupo inicial de pintores de "El jinete azul", vinculándose de este modo con una de las dos grandes corrientes del expresionismo alemán. Sin embargo, tan sólo un año más tarde, y de nuevo en Francia, su contacto con Delaunay le lleva a experimentar con el cubismo y a indagar en la relación entre formas y colores. Incluso tuvo ocasión de aproximarse brevemente a la estética del futurismo.

August Macke: Niños en la fuente" (Hacia 1912).
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En la primavera de 1914 Macke realiza junto con Paul Klee un corto viaje a Túnez. Fruto de aquella experiencia es una impresionante serie de obras, sobre todo acuarelas, en las que el pintor muestra su interés por captar, desde su peculiar mirada, los ambientes del país norteafricano. Son casi breves apuntes en los que combina la simplicidad de las formas, captadas en sus volúmenes básicos, con una amplia riqueza cromática. Todo ello junto a la presencia de unos personajes anónimos en los que el rostro se reduce a una simple mancha de color, tendencia que, salvo en sus retratos iniciales, siempre había caracterizado su representación de la figura humana.
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Unos meses después de ese viaje iniciático Macke regresó a Europa, cuando faltaba muy poco para que diese comienzo la Primera Guerra Mundial. Unos días después del inicio del conflicto fue llamado a filas. La muerte, otro personaje de rostro anónimo, como el de muchos desus cuadros, estaba esperándole en uno de aquellos campos de batalla, en Francia. Tenía solo veintisiete años. Seguramente, le quedaba mucho por pintar.
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August Macke: "En el bazar" (1914).
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Podéis ver más obras de August Macke en este enlace. Además, esta página alemana, que lleva el nombre del pintor, está por entero dedicada a él. Por otra parte, la casa donde vivió Macke en Bonn es ahora un museo en cuya Web (en alemán e inglés) se ofrecen también algunas informaciones sobre su vida y su obra. Para concluir, en esta presentación os dejo una panorámica de la evolución de su pintura. La acompaña, de fondo musical, la melodía "Valsa da Tunicia", de Vinicius de Moraes.

14 mayo 2009

EL GRITO

UN CARGAMENTO DE RECUERDOS


"No pinto lo que veo sino lo que vi". Con estas desgarradoras palabras describía el pintor noruego Edvard Munch (1863-1944) la carácterística básica de sus obras. Pero, ¿qué había podido ver en su pasado este pintor que preludia el expresionismo como tendencia artística que se difundiría por Europa en los primeros años del siglo XX? Sabemos que el artista tuvo una vida familiar muy desgraciada: su madre murió víctima de una tuberculosis cuando el tenía cinco años y de la misma enfermedad falleció una de sus hermanas algunos años después. Por otra parte, su padre, al parecer un hombre muy severo, trató de transmitirle sus propias ideas acerca de la naturaleza pecaminosa del hombre y la posibilidad de castigo divino. Se considera incluso que el propio artista debió padecer una psicosis de carácter maníaco-depresivo.


Edvard Munch "El grito"(1893). Oslo (Galería Nacional).


Todo ello puede quizás explicar la escena a la que asistimos. Se trata de una composición bastante sencilla en la que sobre un puente o pasarela de madera avanza una figura deforme y grostesca, casi cadavérica, que se lleva las manos al rostro mientra emite el angustioso grito que da título al cuadro. En un segundo plano hallamos otras dos figuras, ya completamente desdibujadas. Sabemos, por declaraciones del propio artista, que el paisaje que figura al fondo es el fiordo de la ciudad de Oslo e incluso alcanzamos a ver alguna construcción (a la derecha) y las siluetas de dos pequeñas embarcaciones (a la izquierda). Todo ello se ha realizado empleando una gama de colores en la que junto al negro destacan los fuerte tonos de azul, rojo y naranja.


El tema de "el grito" debió resultar especialmente atractivo a Munch, porque dos años después realizó una litigrafía e incluso, más adelante volvió a pintar otras tres versiones del cuadro con ligeras variantes. No es de extrañar esta recurrencia, porque con tan pocos elementos logró crear una composición que resume bien un tema de amplia transcendencia: la angustia del hombre contemporáneo.


Edvard Munch: "El grito" (1910). Oslo (Museo Munch).


Han corrido ríos de tintas tratando de dilucidar en qué consiste ese "grito" con el que clama el dantesco personaje del cuadro, partiendo del propio comentario de Munch: "Paseaba por un sendero con dos amigos. El sol se puso. De repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla, muerto de cansancio. Sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad. Mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad. Sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.”


Parece evidente que ese grito que atraviesa la naturaleza y que el pintor pudo percibir, está originado por la sensación de melancolía que desencadena la puesta de sol, como nos habrá sucedido a muchos de nosotros en multitud de ocasiones, más acentuada en el caso de la conflictiva personalidad de nuestro artista. Pero conforme lo vemos en el cuadro, en cualquiera de sus versiones, el grito, o más bien el aullido de angustia del personaje, acaba por contagiar al paisaje, que se curva y se retuerce como si una oleada de miedo atravesase la propia naturaleza. Sólo la pasarela mantiene su rectitud. Todo ello explica la polivalencia semántica de este cuadro. El rostro del personaje, trazado en rasgos tan básicos que haría las delicias de cualquier friki amante de los zombies, nos transmite multitud de emociones: miedo, terror, angustia, ansiedad, desesperación, soledad.


En resumen, Munch logró sintetizar en esta obra un tema cuya esencia es casi puramente filosófica. En el mundo contemporáneo que se disponía a finalizar el siglo XIX los grandes problemas del hombre seguían siendo los mismos de siempre. Los que ya estaban presentes en las pinturas de las cuevas paleolíticas y en los relieves del arte románico. Su maestría consistió en traladar ese tema a la propia naturaleza, como si adivinase qué hemos acabado haciendo con ella las generaciones posteriores. Sí, encontró una buena manera de contagiar al paisaje de nuestros propios miedos. Por eso recurrió al mismo fondo en el cuadro que figura aqui al lado. ¿No será que la naturaleza acaba por tener miedo de nosotros? Para gritar.


Edvard Munch "Ansiedad" (1894). Oslo.


El Museo Munch, en Oslo, tiene una excelente página (en inglés) dedicada al pintor. En español, es muy recomendable esta Web, con la biografía del pintor y abundantes imágenes. Muy buena es también esta otra página, en inglés. Acabamos con este análisis de "el grito: tormento e inconformismo".

19 junio 2008

FRANZ MARC

EL PINTOR DE LOS CABALLOS

En la Historia del Arte podemos encontrar numerosos ejemplos de artistas que se han sentido atraídos por el mundo animal. Es más, el Arte comenzó con la representación de animales durante el Paleolítico Superior y desde entonces no ha habido estilo en el que una fauna diversa quedase reflejada en los cuadros, en las esculturas o en las decoraciones de cualquier tipo. Pero en pocos casos encontramos un interés tan persistente hacia la representación del mundo animal como en el de Franz Marc (1880-1916).

Franz Marc: "Establos" (1913). Nueva York.

Nacido en Alemania y creador con Kandinsky en 1910 del grupo expresionista "El jinete azul", Marc mostró desde muy temprano un interés especial por los animales y, sobre todo, por los caballos. Muchos de sus cuadros tienen como motivo único a este animal, aislado o en grupo, y sabemos además que el artista destruyó varias obras más con el mismo motivo. Caballos paciendo, descansando, cargando, relinchando, galopando. Caballos de colores imposibles, de formas naturalistas o de trazos geométricos, cubistas. Caballos de frente, de perfil o en escorzo. Caballos, muchos caballos. Aquí tenéis una selección de esas obras.



Pero, ¿por qué este interés tan acusado de Marc por los caballos? Se trata de una obsesión, como pudo serlo para Monet la catedral de Ruan o para Van Gogh su propia imagen? En parte sí, desde luego, pero para el pintor el caballo se eleva a la categoría de símbolo. Atraído por los caballos, buscaba en ellos lo que no encontraba en los seres humanos: su vinculación a la naturaleza, sus energías, un mundo de emociones primarias que la cultura moderna había borrado de la vida de los hombres. Además, el caballo, por su condición de animal doméstico, es bien cercano a los humanos. Una relación de proximidad, que hace aún más evidentes las diferencias entre ambos. Por eso algunos caballos están de espaldas, aunque vuelven sus cabezas hacia nosotros, como si quisiesen que no nos olvidemos de su cercanía.

Por último, Marc emplea los caballos para realizar sus experimentos con el color. Desde Gaugin los colores transmiten emociones y estados del espíritu. Los caballos fueron el instrumento que Marc empleó para plasmar aquello que los expresionistas querían conseguir. En palabras de Kandinsky, "llevar lo espiritual al arte". Marc, que había alcanzado el grado de teniente en el ejército alemán, murió en el frente de batalla de Verdún, víctima de una granada. Pero sus caballos seguirán galopando eternamente.
Esta página está por entero dedicada al pintor alemán, con abundantes imágenes. Además, en la web de este museo de Munich podéis visitar, en tres idiomas, una exposición virtual sobre Marc, síntesis de la que allí se realizó en 2005.
Franz Marc: "Caballos pastando" (1910). Munich.

17 mayo 2008

PAUL KLEE

EL ARTISTA MULTIFORME

Ocurre a veces que una persona nace en el seno de una familia de artistas y parece por ello destinado a seguir la trayectoria familiar. Eso podría decirse, respecto a la música, del suizo-alemán Paul Klee (1879-1940) quien de hecho durante su infancia realizó estudios musicales llegando a ser considerado un virtuoso del violín.
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Sin embargo, el joven Klee decidió mandar a paseo estos antecedentes para trasladarse desde Suiza a Munich, al objeto de seguir clases de pintura. En esa ciudad tomó contacto con los ambientes modernistas de fin de siglo.
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Paul Klee: "Joven proletario" (1916). Berna.

Abajo: Paul Klee: "Casas rojas y amarillas en Túnez" (1914). Berna. "Hermitage" (1918). Berna.

En 1911 se produce un punto de inflexión en su vida: entra en relación con el grupo expresionista "El jinete azul", conoce a Kandinsky y a Marc y parece que va a ser en ese estilo en el que se encauce su trayectoria pictórica. Aunque sólo lo parece, porque desde ese momento lo que caracteriza la dedicación de Klee al arte es la evolución constante, de lo que resulta que no podríamos clasificar su obra en un único estilo, más allá de afirmar que se enmarca con rotundidad en las vanguardias de las primeras décadas del siglo XX. Poco tiempo después de su experiencia expresionista, nuestro pintor toma contacto con los ambientes cubistas y en 1914 realiza un viaje a Túnez en el que descubre la importancia del color. "El color me posee", llega a afirmar entonces. Y tanto le posee que ni siquiera deja de pintar durante los años de la Primera Guerra Mundial, de la que pasó una parte movilizado como soldado.
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Acabada la guerra, Klee es llamado por Gropius para formar parte del cuadro de profesores de la Bauhaus, donde impartiría clases durante diez años, quizás los más productivos de su trayectoria, desde el punto de vista artístico. Sus obras de entonces combinan el interés por el color con las referencias a las formas geométricas que caracterizaron a la Bauhaus. Concluida esta experiencia Kllee ha de asistir a la llegada de los nazis al poder en Alemania y, poco después, su arte es declarado oficialmente como "degenerado y judío".

Paul Klee: "Insula dulcamara" (1938). Berna.

Se inicia entonces el último periodo de su vida. El artista se retira a su Suiza natal donde prosigue sus investigaciones pictóricas. Sin embargo en 1935 se le diagnosticó una enfermedad degenerativa que acabaría en su muerte cinco años después. En estos últimos años encontramos a un pintor que tiende a simplificar aún más las formas y a recuperar la importancia de la línea, llegando casi al grafismo, con predominio casi absoluto de unos planteamientos abstractos que quizás dejaban ver las dificultades físicas que padecía, aunque al mismo tiempo nos mostraban la fuerza poderosa de una mente que se negó siempre a ser encasillada. Klee buscaba constantemente nuevos caminos y en todos los que recorrió dejó la impronta de su fuerte personalidad. En eso consiste, tal vez, ser artista.

Paul Klee: "Polifonía" (1932). Basilea. // "Contemplación" (1938). Basilea.

Esta página dedicada a Klee está en alemán, pero en ella se ofrecen datos visuales sobre el artista y su obra y se plantea un recorrido por el "Centro Paul Klee" de Berna, construido en 2005 por el arquitecto Renzo Piano. Visitad también los enlaces a museos con obras del pintor que ofrece la Artcyclopedia. Por último paulklee.com se presenta como un tributo a este artista y muestra, en inglés, su biografía y muchas de sus obras.

13 mayo 2007

PPT PINTURA DEL SIGLO XX

VANGUARDIAS (I):FAUVISMO, EXPRESIONISMO Y ABSTRACCIÓN

Para mantenernos en el nivel al que se ha destinado nuestro blog, incluyo en este power point tres de los "ismos" pictóricos del siglo XX: el fauvismo, el expresionismo y la pintura abstracta. Una trama conceptual presenta los rasgos más básicos de cada estilo y, a continuación, se presentan algunas obras de los autores más relevantes de cada corriente: Matisse, Kirchner, Munch (como precedente directo del expresionismo), Marc y Kandinsky, en una apretada sístesis, que desarrollaremos, para cada caso, con artículos dedicados de forma individual a tratar la obra de estos grandísimos artistas.

11 mayo 2007

LA PINTURA EXPRESIONISTA

MOSTRAR LOS SENTIMIENTOS, ENSEÑAR EL DOLOR.

Edvard Munch: "Atardecer en la calle Carl Johan" (1892). Oslo.

En un artículo anterior me ocupé de la obra del noruego Edvard Munch (1863-1944) en cuyos cuadros queda bien patente la angustia (a veces, la desesperación) del hombre contemporáneo. Hay en las obras de Munch un interés manifiesto por dar a sus personajes una dimensión diferente a la que hasta entonces había ocupado a los pintores, con escasas excepciones como la pinturas negras de Goya. Se trata, en resumen, que esos seres que pueblan sus pinturas muestren al espectador una realidad poco amable, aquella que corresponde al dolor, a la angustia, tal vez al miedo; que evoca a la muerte y que produce en nosotros una fuerte sensación de tristeza y desasosiego. En síntesis, se trata de que la pintura exprese estados anímicos, de que ahonde en los problemas del alma humana. Algo a lo que también estuvo muy próxima la pintura de Van Gogh.


Ernst Ludwig Kirchner: "El harén" (1906). Valuz. ........................................................... Emil Nolde: "Crucifixión" (1912).

Estas preocupaciones de Munch lo colocan como un claro precedente de una de las más importantes vanguardias pictóricas del siglo XX, el expresionismo. La corriente, como tal, surgió en Alemania hacia 1905, de la mano del grupo Die Brücke (El Puente), en el que participaron pintores como Ernst Ludwig Kirchner (1880-1938) y Emil Nolde (1867-1956). La alteración de las formas de las figuras, el recurso a colores intensos, en los que el negro ocupa un destacado papel y, siempre, la idea de que la pintura ha de servir para dar una vía de expresión a la emociones, sobre todo a las más desgarrradoras, forman parte del estilo expresionista.


Wasily Kandinsky: "El jinete azul" (1903). Zurich.

Unos años después, en 1912, y en torno a la figura del ruso Wasily Kandinsky (1866-1944), surge otro grupo expresionista, Der Blaue Reiter (El jinete azul), en el que intervienen autores como Paul Klee (1879-1940) y Franz Marc (1880-1916). Para entonces la corriente expresionista no ha hecho sino consolidarse y las desgracias de los años de la Primera Guerra Mundial le dieron aún nuevos bríos. Parecía que el expresionismo era la vía más adecuada para manifestar la angustia ante un mundo que se desahacía en las trincheras de los campos de batalla y en las desgracias de la postguerra europea.


Esos hechos explican muy bien la obra del austriaco Óscar Kokoschka (1886-1980), herido él mismo en el combate. Y luego, otros pintores seguirían esas mismas sendas de exploración de las miserias de lo humano. Por eso la pintura expresionista nunca ha desaparecido completamente; porque el dolor, el miedo y la angustia ante la muerte forman parte de nosotros tanto como la felicidad y la alegría de vivir.


En esta página argentina tenéis un adecuado resumen del movimiento expresionista, con una versión multimedia muy interesante. También podéis leer la síntesis que, al respecto, ofrece este enlace de ArteEEspaña.

27 noviembre 2006

FRANCIS BACON: UN PINTOR SINGULAR

5000 VISITAS

Francis Bacon: Autorretrato. 1971

Madrid, un día de finales de abril de 1992. Un hombre ingresa en la sección de urgencias de una clínica de la ciudad. Nadie le conoce. Padece asma y una grave enfermedad renal. Los médicos hacen lo que pueden para salvarle la vida pero, seis días después, fallece. En esos días, nadie ha ido a visitarlo, nadie se ha interesado por él, salvo el personal que trabaja en la clínica.

De esta manera, tan acorde con su estilo enigmático, murió Francis Bacon, uno de los grandes pintores del siglo XX. Su pintura puede considerarse realista, pero ¿qué realismo es éste que nos presenta frecuentemente aisladas a las figuras, como presas en el espacio? Que, además, nos muestra rostros y cuerpos desdibujados, como si un líquido corrosivo se hubiese extendido por la superficie. ¿Se trata, por tanto, de un pintor expresionista? ¿O es, por el contrario, alguien influido por los planteamientos surrealistas? Nada de eso y todo a la vez. Se trata de Bacon, un pintor de enorme singularidad.

Para celebrar las 5000 visitas de nuestro blog he escogido la obra de este autor tan singular (en su producción y en su propia vida). Y, para ello, os invito a ver este vídeo, que nos muestra una amplia panorámica de la obra de Bacon. Mientras el vídeo avanza, podréis oir la canción Roads, que pertenece al álbum Dummy, del grupo británico Portishead, uan de las grandes referencias de la música trip-hop. En la canción (con una hermosísisma letra y una música muy elegante) encontraréis claras influencias del soul y del jazz. Oirla con la obra de Bacon de fondo me parece un contraste enormemente sugerente.
Sobre Bacon, existe una página oficial, pero dispone de muy escasos contenidos.
Sobre Portishead, también disponemos de una página oficial, auque en este caso los contenidos son más amplios. Pero, cuidado, si localizáis la entrada, podréis perderos con facilidad en un universo donde impera el negro. Visitad. si acaso, esta otra página.


11 octubre 2006

SOBRE EDVARD MUNCH

LA ANGUSTIA DEL HOMBRE CONTEMPORÁNEO:

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Edvard Munch: "Gólgota".

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En su debido momento analizaremos aquí las aportaciones que, en el campo de la pintura, efectuó una amplia corriente que, en general, denominamos expresionismo. Sin embargo, no quiero dejar pasar la oportunidad de que este blog recoja, de vez en cuando, algunas cuestiones relacionadas con la actualidad, dicho esto en el sentido de que, en numerosas ocasiones y por muy diversos motivos, la obra de arte salta a los medios de comunicación y se convierte en noticia de amplia difusión.
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Edvard Munch: "El grito" (1893)
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Éste ha sido el caso de dos obras del pintor noruego Edvard Munch. Os lo relato resumidamente: En agosto de 2004, y a plena luz del día, unos ladrones lograron robar, en el Museo Munch de Oslo (Noruega), dos cuadros de dicho pintor, una "Madonna" y, sobre todo, su famosísima obra "El grito". Después de numerosas peripecias, algunas de ellas bastante rocambolescas, la policía ha podido localizar los cuadros y devolverlos a su museo. La historia se ha vivido en Noruega como una tragedia nacional, porque allí Munch es para ellos lo que Velázquez puede resultar para nosotros. Todo esto independientemente del valor económico de los cuadros, que en el momento actual alcanza, en "El grito", la suma de sesenta millones de dólares.
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Edvard Munch: "Autorretrato".

Se mire como se mire, me parece que este pintor de larga biografía (1863-1944) reflejó como ningún otro la historia de la primera mitad del siglo XX. Casi me atrevería a decir que previó la desgracia de esa época, como refleja a la perfección "El grito". Pero fijaos en otras de sus obras: a menudo sus personajes son fantasmagóricos, casi cadáveres vivientes, independientemente de cuál sea el tema que se está representando. Observad también la gama de colores que utiliza y el ambiente general que se respira en sus cuadros. Por eso, creo que puede afirmarse que Munch es, entre otras cosas, el retratista de la angustia del hombre contemporáneo.
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Efectuad una visita virtual a la web del Museo Munch (en noruego, con traducción al inglés). Después, visitad una interesante galería virtual de la obra de Munch, ordenada por temas.
 

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