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14 marzo 2009

SANT´ANDREA AL QUIRINALE

JUGANDO CON LAS FORMAS

Cuenta la tradición que un viejo arquitecto con más de setenta años de edad acudía algunas veces a este templo en horas en las que no había cultos y se sentaba en silencio en uno de sus bancos, entreteniéndose en mirar las formas curvadas de los muros. A cada poco levantaba su cabeza hacía la cúpula y se embelesaba contemplando los efectos cambiantes de la luz que entraba a raudales por los amplios ventanales. La iglesia es la de San´Andrea al Quirinale, en Roma, y el anciano que parecía disfrutar de su interior barroco no era otro que Gian Lorenzo Bernini (1598--1680), arquitecto de los papas y, además, de este templo tan peculiar.

En el solar que ocupaba esta iglesia existía una anterior, consagrada al apostol San Andrés. Su situación en el siglo XVI era bastante privilegiada, al encontrarse frente al palacio del Quirinal donde por entonces residía el Papa. En el año 1568 el templo, fue entregado en donación a la recién creada orden de la Compáñía de Jesús, que lo restauró, edificando junto a él la sede de su noviciado en Roma. Sin embargo, a mediados del siglo XVII la creciente importancia de los jesuítas, de una parte, junto al interés del papa Alejandro VII por embellecer la ciudad de Roma, de otra, explican que aquella iglesia fuese practicamente demolida para levantar en su lugar el templo barroco que ahora podemos contemplar. En todo ello jugó también la intención pontifica de emplear esta iglesia como capilla personal. La financiación corrió a cargo del príncipe Camilo Pamphili, razón por la cual su escudo de armas luce en lo alto de la fachada.

El proyecto fue encargado a Bernini, quien consideró la posibilidad de levantar un edificio de planta pentagonal, aunque finalmente optó por la forma elíptica centralizada. Las obras comenzaron a finales de 1658 y quedaron concluidas, en lo fundamental, en 1670, con el resultado de que en esta pequeña iglesia romana vinieron a coincidir diversas soluciones constructivas que buscaban la sorpresa del espectador. La primera de ellas se encontraba en la misma fachada del templo, a la que se accede por una escalinata curvada. Contrasta aquí el llamativo clasicismo, conseguido a base del empleo de pilastras jónicas de orden gigante que sostienen un frontón triangular, con el pórtico curvado y sobresaliente, elevado sobre columnas exentas (también de orden jónico), que parece adelantarse para recibir al visitante y en el cual se cobija otro frontón triangular.

Franqueada la entrada, el espectador va a resultar de nuevo sorprendido. Bernini ya había experimentado con anterioridad con las plantas ovaladas, pero aquí introdujo otra novedad, consistente en disponer la única entrada al templo en paralelo con el eje mayor del edificio y no con el menor, como hubiese sido habitual. De esta forma se ofrece al visitante un amplio frente visual, reforzado además por la disposición de un pequeño ábside que enmarcaba el fondo de la capilla principal, dispuesta frente a la entrada, y a cuyos lados se situaban dos pares de columnas corintias de mármol que sostienen un frontón curvo partido en el que se colocó una escultura de San Andrés en vuelo hacia el cielo. Por tanto, en el conjunto de este eje, el juego de volúmenes se basa en lo contradictorio: convexo en la entrada y cóncavo en la capilla. Por otra parte, en los muros de la iglesia, a ambos lados de los extremos del eje mayor, se sitúan cuatro otras cuatro capillas con altares separadas por pilastras corintias. A sus lados, otros cuatro nichos con tribunas sobre ellos permiten alojar confesonarios

En todo este conjunto sorprende también la riqueza de los materiales empleados: mármoles de distintos colores, estucos y dorados, esculturas de ángeles. El mismo repertorio decorativo lo encontramos también en la cúpula que cubre el templo y por la cual la luz que atraía a Bernini inunda el interior. Todo ello al servicio de una idea principal: la de hacer visible que el martirio de San Andrés, conforme aparece reflejado en el lienzo del altar mayor, fue el glorioso camino que lo condujo a la vida eterna. Pura escenografía barroca. El arte de la sorpresa.

El Digital Imaging Project tiene tres páginas de fotos dedicadas a este edificio, que podéis visitar virtualmente, en 360º clicando aquí.

18 marzo 2008

LA ARQUITECTURA BARROCA FRANCESA

ENORMES PALACIOS Y JARDINES ASOMBROSOS


Fachada central del Palacio de Versalles.

Formular las características básicas de un determinado estilo arquitectónico en un país concreto es siempre tarea complicada. Hacerlo en el caso de la arquitectura barroca francesa es poco menos que imposible: las realizaciones fueron muy numerosas y a lo largo del siglo XVII y primeras décadas del XVIII se produjo una evolución de las formas que acabaría conduciendo al Rococó (que en Francia suele denominarse como estilo Luis XV).

Louis Le Vau: Palacio de Vaux-le-Vicomte (1657-1661). Maincy, Francia.

Por lo demás, no es lo mismo hablar de arquitectura religiosa (Francia siguió siendo un país católico) que civil y, dentro de ésta, no será igual referirnos a las obras encargadas por la muy poderosa monarquía francesa que a las de otras instituciones y los particulares. En cualquier caso, asumiendo esa dificultad, podría afirmarse que en lo que a arquitectura civil se refiere el barroco francés presenta una acusada tendencia a mostrar exteriores bien clásicos, con escasa decoración, la cual se reserva para los interiores. Cuando es posible, el aspecto externo de los edificios se completa recurriendo a insertarlos en amplios conjuntos de jardines, trazados según planes minuciosos.
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Por otra parte, es conveniente tener presente el contexto sociopolítico en el que se enmarca esta arquitectura barroca francesa. Durante casi siete décadas (1647-1715) el país estuvo gobernado por la férrea mano de Luis XIV, con quien llega a su cima el absolutismo monárquico. La expresión de Rey Sol alude a su papel central, no sólo en la Francia de la época, sino en toda Europa, en un periodo en el que las finanzas del estado así como su capacidad para endeudarse permiten abordar grandes proyectos arquitectónicos.

Louis Le Vaux: Jardines y fachada de Vaux-le-Viconte.

Entre los grandes arquitectos de dicho reinado destaca Louis le Vau (1612-1670), quien adquirió renombre a partir sobre todo del palacio de Vaux-le-Vicomte, en el que manifiesta con claridad la tendencia al clasicismo en los exteriores y el gusto por los paisajes ajardinados. Esta obra puede considerarse como precedente de la construcción del palacio de Versalles, que Luis XIV le encarga tras nombrarlo arquitecto real. Aquí Le Vau trabaja a partir de los edificios preexistentes e inicia un proceso de reformas y ampliaciones (partiendo del gran patio de época anterior) que se vio interrumpido por su muerte en 1670. En este momento se encontraba ya construido el núcleo central del palacio y diseñadas las trazas generales del conjunto.
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Desde entonces otros arquitectos asumen la dirección de las obras, hasta que finalmente se encarga de ellas Jules Hardouin Mansart (1646-1708), quien ya había construido la famosa iglesia de Los Inválidos de París. En Versalles, Mansart lleva a cabo la gran fachada que da al jardín, las enormes alas laterales, la capilla del palacio y la planificación de numerosas estancias, entre las cuales el Salón de los Espejos, de 73 metros de longitud, es la más conocida. Levanta además el palacete conocido como Grand Trianon. Las tareas de decoración de todos estos espacios fueron responsabilidad del pintor Charles Lebrun (1619-1690), mientras que el ambicioso programa de jardinería corrió a cargo del arquitecto André Le Nôtre (1613-1700), quien ostentó el cargo de jardinero real. Su obra es un compendio de esa mentalidad racionalista que aboga por los paisajes ordenados y de trazas geométricas en los que se insertan como elementos decorativos complementarios las fuentes y los conjuntos escultóricos.

Jules Hardouin Mansart: "Cúpula de la iglesia de los Inválidos" (1671-1676). París.

Fue así como un rey que se sentía todopoderoso y se consideraba el centro del mundo levantó una mansión que convirtió en verdadera capital de Francia y cuyas dimensiones aun nos sorprenden hoy día: más de 67.000 metros cuadrados de una edificación que comprende un número superior a las 700 estancias y una fachada de más de 600 metros lineales, dentro de una enorme finca de 800 hectáreas, dentro de las cuales 120 son de parques, incluyendo invernadero y zoológico. se cuenta que más de 20.000 personas constituían la corte que pululaba alrededor del monarca en Versalles.

Quedó así definido el barroco francés en lo que a arquitectura se refiere: la pureza clasicista dominaba en el exterior, mientras el lujo y la exhuberancia decorativa campeaban en los interiores, creando unos ambientes fastuosos. Tal vez la monarquía ya era consciente de que pregonar sus grandezas al exterior, de forma tan descarada, hubiese sido demasiada provocación para la plebe. Una plebe que antes de que pasasen ochenta de la muerte del rey Sol pondría fin a tanto exceso iniciando la Revolución Francesa.

Jules Hardouin Mansart: "Jardines y fachada del Grand Trianon" (1687-1703). Versalles.


Sobre el palacio de Vaux le Vicomte, escenario de numerosas películas y hoy propiedad privada, podéis visitar su página web (en inglés y francés) que presenta informaciones diversas, imágenes, un breve vídeo y enlaces a otros cháteaus franceses. Por su parte, la extensa web del palacio de Versalles, sólo en francés e inglés, tiene la ventaja de sus variados contenidos multimedia, con vistas aéreas, podcasts y visitas virtuales, todo ello muy interesante.
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Jardines del Palacio de Versalles (arriba, izquierda) y Galería de los Espejos (derecha).

14 marzo 2008

GIAN LORENZO BERNINI

EL ARTISTA DE LOS PAPAS

Si en el Renacimiento se dieron varios casos de artistas polifacéticos, entre los cuales el más destacado fue el Miguel Ángel, también en la época barroca encontramos un personaje semejante, Gian Lorenzo Bernini (1598-1680), que cultivó las tres artes mayores y fue también escritor e incluso diseñador de escenografías teatrales, sin olvidarnos de sus aportaciones en el campo del urbanismo.

Gian Lorenzo Bernini: "Columnata de la Plaza de San Pedro" (1657-57). Roma.

Bernini nació en Nápoles, hijo de un padre escultor que le enseñó el oficio, pero pasó la mayor parte de su vida en Roma, donde adquirió fama y riquezas como quizás ningún otro artista barroco italiano. La razón de ello es bien sencilla: cuando contaba 31 años fue designado arquitecto pontificio por Urbano VII y desde entonces contó ininterrumpidamente con la protección de otros seis papas más, lo que le permitió desarrollar sín problemas sus múltiples capacidades artísticas en la Ciudad Eterna. Pero no sólo realizó obras para el papado. Aún tuvo tiempo de atender numerosos encargos particulares.

Como arquitecto, y fruto de sus trabajos en el Vaticano, son dos de sus más conocidas realizaciones: de un lado, el famoso Baldaquino de San Pedro, situado en el centro de la basílica, justo sobre el lugar en el que se halla la humilde tumba del primer apóstol. Aquí el joven Bernini se aleja de las formas renacentistas y manieristas hasta entonces predominantes y recurre al empleo de la columna salomónica, proclamando el éxito de la nueva estética barroca, parejo al que él mismo obtuvo como autor. De otro lado, unos años después Bernini levanta la columnata que cierra la plaza con su forma elíptica, pero que al mismo tiempo se abre para recibir a las multitudes que acuden a la llamada del pontífice. Incluso unos años después, y de nuevo dentro del templo, nuestro artista realizaría la Cátedra de San Pedro, una especie de altar relicario en el que se guarda la silla que pretendidamente usó el primer papa de Roma.

Gian Lorenzo Bernini: "Baldaquino de San Pedro" (1624-33). Roma.

Fuera del Vaticano Bernini levanta la iglesia de San Andrea en el Quirinal, para los jesuítas, que pese a su reducidas dimensiones podemos considerar una de las muestras más hermosas de la arquitectura barroca, con una planta oval centrada y un ingenioso juego de luces. Hasta la misma disposición de la entrada (en un extremo del eje menor de la elipse) contribuye a crear el efecto escenográfico que Bernini pretendía.

Igualmente variada es la producción escultórica del arquitecto pontificio. Es ya un tópico afirmar que la quintaesencia de lo que el Barroco significó en escultura se encuentra en su obra del éxtasis de Santa Teresa, en el que combina las diversas artes en la búsqueda de efectos puramente teatrales. Pero desde el San Longinos de su primera época hasta los ángeles pasionarios del puente de Sant´Angelo en Roma, hay toda una evolución estilística y unas sorprendentes realizaciones: retratos de todo tipo, conjuntos funerarios, imaginería religiosa, obras de contenido mitológico... sin que nos olvidemos de las espectaculares fuentes que diseñó y que hoy son objeto de la atracción preferente de los millones de turistas que acuden a Roma.

Gian Lorenzo Bernini: "Apolo y Dafne" (1623-1635).

Pero hay en esa ciudad una obra de Bernini menos conocida, el llamado "elefante obeliscóforo" (1667) y que, en su aparente sencillez, sintetiza bastante bien lo que debió ser la mentalidad estética de Bernini. Un obelisco traído desde Egipto (realizado hacia el 580 a.C.) es llevado a lomos de ese animal. No sé si Bernini habría visto alguna vez un elefante en vivo (supongo que sí), pero tan amante como era de las curvas, en este caso se le fue la mano con la longitud de la trompa. El Barroco aquí se impone a la mera realidad.
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Gian Lorenzo Bernini: "Elefante obeliscóforo". Roma.
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En esta Historia del Arte en inglés se da un repaso visual a la obra de Bernini. En español, esta web tiene diversa información, y muestra fotografías de sus obras más destacadas. Por otro lado, la síntesis de la Wikipedia española es bastante amplia. Además. aquí tenéis una completa galería de imágenes de las esculturas de Bernini y un repertorio sobre el Baldaquino de San Pedro. Finalmente, su biografía en italiano, acompañada de un eje cronológico y numerosas imágenes.

16 enero 2008

NUESTRO SEÑOR EN EL ÁTICO

UNA IGLESIA CATÓLICA "CLANDESTINA" EN EL CORAZÓN DE AMSTERDAM

Estamos en la ciudad de Amsterdam en el año 1661. Tras las luchas entre católicos y reformadores que han sacudido el continente europeo desde comienzos del siglo anterior, el protestantismo ha resultado triunfante en las Provincias Unidas. Unos años atrás, en 1618, el Sínodo de Dordrecht ha fijado los principios de la doctrina calvinista, dando origen a la Iglesia Reformada de los Países Bajos. Otras confesiones religiosas de la misma línea son declaradas ilegales e idéntica suerte corren los católicos que aún quedan en la ciudad.

Pero en esa época hay ya en Amsterdam un cierto tipo de tolerancia de la que se careció entonces en otros lugares de Europa. Se permite que cada individuo, de forma privada, pueda practicar la religión que considere más oportuna, siempre que no haga manifestación pública de sus principios. De este modo, un rico comerciante local, Jan Hartman, adquiere tres viviendas anexas en pleno centro urbano. Ha decidido establecer allí su residencia pero... de tal manera que la planta superior sea una iglesia de culto católico. Surge así "Nuestro Señor en el ático", aprovechando las cubiertas abuhardilladas de las viviendas. Y, asombrosamente, esta construcción tan peculiar ha llegado prácticamente intacta hasta nuestros días, preservada hoy como museo.
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Vista exterior del edificio de la iglesia "Nuestro señor en el ático". (Arriba). Croquis y nave de la iglesia. (Abajo).
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En un espacio alargado y estrecho el comerciante holandés logró instalar todos los elementos canónicos de una iglesia católica: la nave para los fieles, el altar mayor con su correspondiente retablo e incluso una galería superior que da sobre la nave y donde existe también un pequeño coro con un órgano. Faltaba un púlpito y, a falta de más espacio, éste se insertó en unas de las columnas del retablo, extrayéndose de allí en las ceremonias religiosas. Y por si fuese poco, aún hubo lugar para crear una pequeña capilla dedicada a la Virgen e incluso se reservó una pequeña habitación como confesionario. Todo esto en un espacio que, visto desde el exterior, no se diferencia en absoluto de las restantes casas de la zona.

La iglesia fue experimentando algunas modificaciones con el paso de los años. Así, el actual retablo pertenece a comienzos del siglo XVIII y lo preside un cuadro de Jacob de Wits en el que se representa el bautismo de Cristo. Sobre él nos encontramos los otros dos miembros de la Trinidad: el Padre y el Espíritu Santo.

Ahora que acabamos de regresar de Amsterdam quizás sea el mejor momento para reflexionar sobre el sentido de esta pequeña iglesia católica, que se mantuvo incólume en un país en el que predominaba el calvinismo pero en el que los católicos no fueron perseguidos con saña. Contrastemos esta situación con la que debieron soportar por la misma época los pocos protestantes que hubo por aquí, siempre perseguidos por la Inquisición. Y no deja de resultarme curioso como esa iglesia está hoy en medio de ese barrio rojo que todo turista acude a visitar. Desde el siglo XVII hasta nuestros días. La tolerancia: que buena virtud.
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El museo en el que se aloja esta curiosa e interesante iglesia católica dispone de su propia página web, con informaciones en inglés y holandés. Además podéis ver numerosas fotos del edificio en este enlace.

11 marzo 2007

PPT ARQUITECTURA BARROCA EUROPEA

POWER POINTS DE ARTE BARROCO (II)
En esta presentación se analizan las características de la arquitectura barroca en Europa y se muestran imágenes de los principales edificios de este estilo realizados en Italia y Francia, pasando revista a los grandes arquitectos de la época.

10 marzo 2007

FRANCESCO BORROMINI

UNA MENTALIDAD BARROCA

Francesco Borromini: "Escalera del palacio Barberini" (1625-1633). .......... "Claustro de San Carlos de las cuatro fuentes" (1638-1641). Roma.





En la noche del 3 de agosto de 1667 se consumaba el suicidio de Francesco Borromini (nacido en 1599), como consecuencia de haberse arrojado el día anterior sobre su propia espada. Concluía así la trayectoria vital de un hombre y un artista algo taciturno, inclinado a la soledad y a quienes algunos consideran permanentemente celoso del triunfo social y personal de su colega Gian Lorenzo Bernini, con el que es conocido su enfrentamiento constante.

El mismo Borromini indicó en un escrito (que podemos considerar casi como un verdadero testamento) que el hecho que acabaría poniendo fin a su vida no había sido más que un accidente fortuito. Es posible que así fuese, del mismo modo que también es posible que el artista tratase de evitar con tal justificación ser enterrado fuera de recinto sagrado, como corresponde a los suicidas, según la iglesia católica.

Francesco Borromini: "Sant´Ivo alla Sapienza" (1642-1650). Roma.

En cualquier caso, el incidente suicida nos pone delante de la biografía de un artista cuya mentalidad y sus obras son puramente barrocas. Borromini inició su actividad como cantero y se trasladó a Roma en 1619, colaborando en las obras dirigidas por Maderno. Fue allí donde recibió un encargo que le hizo famoso de la noche a la mañana: la iglesia de San Carlos de las cuatro fuentes, donde muestra ya su carácter amante del efecto, de la curva y de la sorpresa más absoluta. A partir de entonces, Borromini recibió numerosos encargos para realizar iglesias, entre las que destaca la de Sant'Ivo alla Sapienza, que presenta una cúpula cuya linterna helicoidal es toda una novedad para la época. Igualmente construyó casas, palacios y otros edificios civiles. Destaca su aportación a las obras del palacio Barberini, hoy sede de la Galería nacional de Arte Antiguo, donde levantó una prodigiosa escalera helicoidal.

Merece la pena dedicar una detenida visita a la página web que los padres trinitarios tienen sobre San Carlos de las cuatro fuentes (y además, con una próxima versión española): buenos textos y una excelente colección de fotografías. En esta otra página española hallaréis textos, fotos y planos de las principales obras de Borromini.
Francesco Borromini: "Torre de Sant´Ivo alla Sapienza. Roma.

LA ARQUITECTURA BARROCA EUROPEA

LUJO, SORPRESA Y DECORACIÓN ABUNDANTE



Gian Lorenzo Bernini: Columnata de San Pedro del Vaticano (1657). Roma.

Francesco Borromini: "Iglesia de San Carlos de las cuatro fuentes" (1667). Roma.

Cuando se recorre el continente europeo, raro es el país en el que el urbanismo y la arquitectura barrocos no han dejado una fuerte impronta en la imagen que presentan las principales ciudades. En muchas de las grandes capitales, los palacios y las iglesias, pero también numerosas plazas, grandes calles y avenidas, así como espectaculares fuentes o jardines son exponentes de los gustos estéticos imperantes en el siglo XVII.

La arquitectura barroca busca, como todo este arte, sorprender al espectador, concibiendo el edificio como un conjunto en el que las líneas curvas introduzcan constantes elementos de sorpresa. De ahí las plantas ovaladas, alabeadas o elípticas, las fachadas que se ondulan como si fuesen grandes cortinajes hechos de piedra, el empleo de frontones curvos y además partidos, o la decoración mediante volutas y alerones. Como elementos sustentantes se recurre a los órdenes clásicos y al gigante. Y además, con funciones más bien decorativas, se inventa la columna salomónica, que resume a la perfeción el espíritu ascensional de esta arquitectura.

Hardouin Mansart: "Galería de los espejos" (1678-1682). Versalles.

Pero una vez levantada, por así decirlo, la estructura del edificio, debe procederse a su decoración. Las yeserías, los mármoles de colores, las maderas doradas, los cuadros y los frescos, las estatuas y los relieves, incluso los espejos... todo sirve pra conseguir un conjunto arquitectónico que no deje indiferente al espectador.

Finalmente en numerosas ocasiones el edificio no se concibe aislado, sino formando parte de una determinada escenografía. Esta es la razón que explica, por ejemplo, el desarrollo del paisajismo y la jardinería en la época barroca, visible sobre todo en esos palacios que aparecen integrados en un parque, en unos jardines, que sirvan al descanso y el ocio de quienes entonces poseían unos niveles de vida por completo diferentes a los de la mayor parte de la población, esas clase privilegiadas que un siglo después de la época barroca comenzarían a ver en peligro esa situación tan exclusiva.

Francesco Borromini: "Cúpula de San Carlos de las cuatro fuentes" (1667). Roma.

Esta página recoge algunos apuntes sobre arquitectura barroca, partiendo del análisis de la Iglesia de "Il Gesú", en Roma, que se considera el primer edificio precedente de este estilo. Son también interesantes los contenidos de esta otra página, aunque están poco ilustrados. Es excelente la información de la Wikipedia inglesa, que presenta las características ordenadas por cada uno de los países, con numerosas fotos. Por otra parte, una excelente aportación: el catálogo on line de una exposición celebrada en la NGA de Washington sobre la arquitectura europea entre 1600 y 1750, con imágenes, vídeos, sonido, etc. Y, finalmente, la página de un amante del arte barroco romano, completísima en cuanto a enlaces y fotografías.
 

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