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27 marzo 2009

LOS CAÑOS DE CARMONA

¿UNA RESTAURACIÓN ANÓNIMA?

Los Caños de Carmona: el emblemático acueducto de Sevilla. Probablemente de origen romano, fueron rehechos prácticamente por completo en época almohade. Desde luego las obras debieron ser de gran importancia, porque en el año 1172 acudió a inaugurarlas en persona el califa Abu Yacub Yusuf, quien tanto impulsó las obras públicas en Sevilla y, entre ellas, la construcción de la gran mezquita-aljama.

Tramo de los Caños de Carmona conocido como "Alcantarilla de Las Madejas".

Aquel acueducto no se iniciaba, como por su nombre pudiera creerse, en Carmona, sino en un lugar próximo a la localidad de Alcalá de Guadaira. Desde allí se dirigía hacia Sevilla, haciendo su entrada en la ciudad por la desaparecida puerta de Carmona (de ahí su nombre) y dejando atrás partes de trazado subterráneo, que se combinaban con canalizaciones casi a ras de suelo y con tramos de arquerías a los que, tomando la parte por el todo, suele darse el nombre de acueducto. En este caso se trata de un conjunto que debió tener casi dos km. de largo y unos 400 arcos.

Nos hallamos ante la típica obra almohade de ladrillo, que combina arcos muy rebajados de medio punto con otros de radio menor, entrecruzados. Dependiendo del desnivel, los arcos pueden disponerse en más de una hilada, creando diversas alturas en las que se alojaban dos canalizaciones; una de ellas con atanores cerámicos y la otra, de fábrica, con perfil en U. Todavía a fines del siglo XIX ese acueducto estaba en funcionamiento, transportando al día más de cinco mil metros cúbicos de agua con los que se abastecían, de un lado, el Alcázar y, de otro, el principal depósito de la ciudad. Fue por tanto ya a comienzos del siglo XX cuando un acuerdo municipal condujo a la demolición de los Caños de Carmona, quedando en pie únicamente algunos tramos de escasa longitud, pequeñas muestras de lo que fue, probablemente, el mejor ejemplo de la ingeniería hidráulica almohade.

Uno de esos tramos, el situado en la calle Luis Montoto, de unos 18 metros de longitud y algo más de 7 de altura, sobrevivía a duras penas en una vía de gran tráfico, sometido a la incuria del tiempo y de los humanos y en un avanzado estado de deterioro. Hace unos días se ha concluido un proceso de restauración que ha tendido a recuperar y limpiar lo que quedaba de la fábrica originaria. El proyecto de rehabilitación ha estado a cargo del estudio sevillano que dirige el arquitecto Antonio Cabrera Ponce de León, quien ha concebido una restauración integral y ha introducido un elemento que podemos considerar completamente novedoso entre las soluciones arquitectónicas aplicadas en el casco histórico de Sevilla y sus inmediaciones.

La afortunada intervención ha consistido en el reforzamiento de la estructura almohade mediante la agregación de un pórtico realizado en acero corten, uno de los materiales más empleados en la actualidad, no sólo en arquitectura, sino también en escultura. Pero el refuerzo que este pórtico otorga a los Caños no es, a mi juicio, fundamentalmente arquitectónico. Su mayor acierto consiste en que consigue una elevada visualización de la arquería almohade en un entorno paisajístico en el que hasta el momento pasaba prácticamente desapercibido. La estructura de acero se alza junto a uno de los extremos del acueducto, gira allí en ángulo recto y se introduce en el canal superior, que atraviesa prácticamente sin tocarlo. Cinco arcos después el acero corten resurge del ladrillo y avanza en el aire, evocando el fluido del agua, para caer al suelo y cerrar el conjunto. Resulta del todo evidente el homenaje que el arquitecto ha querido realizar a las estructuras de Richard Serra alzadas con el mismo material. Al mismo tiempo se ofrece un novedoso contraste: el del ladrillo almohade con el industrial acero corten.

Sabemos de sobra que Sevilla es una ciudad en la que las novedades de cualquier tipo no suelen gustar demasiado, máxime cuando se realizan en el casco histórico o en sus zonas aledañas, como es aquí el caso. Pero ya era hora de que alguien se atreviese a desafiar a ese tradicionalismo trasnochado de nuestra ciudad, ofreciendo una muestra de que los elementos contemporáneos pueden combinarse acertadamente con los históricos y que a veces, como ocurre en esta intervención de Antonio Cabrera, ambos salen ganando.

Leía el otro día las crónicas periodísticas de la visita del alcalde de Sevilla a este tramo de los Caños, con la que se daba por finalizado el amplio proceso de restauración. También repasaba la nota oficial de prensa del Ayuntamiento de la ciudad, en cuya primera línea ya se ofrecía el nombre y apellidos del político visitante. Seguía leyendo, pero no encontraba por lado alguno el nombre del arquitecto responsable de ese pórtico que a mi me parece la entrada a gran escala del minimalismo escultórico en la Sevilla del siglo XXI.
Me acordaba entonces de cuando el califa almohade inauguró el conjunto de los Caños de Carmona. De las crónicas conservadas no podemos deducir con absoluta certeza quién dirigió las obras, aunque los textos citan al ingeniero Al Hayy Yais como responsable de la excavación en la que se recuperó parte del trazado romano. 837 años después de su primera inauguración, un alcalde sevillano visita los restos restaurados del monumento que ahora, además de su dimensión histórica y arquitectónica alcanzan también la categoría de escultura urbana monumental. Pero al poder no parece interesarle que se difunda el nombre de quienes aportan ideas para la renovación del paisaje urbano: sólo es necesario que se sepa que un alcalde estuvo allí un ratito y se hizo una foto. Superando con creces al de su antecesor el califa almohade, este poder municipal parece fagocitarlo todo. En el fondo, apenas le importa el Arte. La foto es lo que vale.

Leed sobre los Caños de Carmona la amplia información ofrecida en esta Web. En la Biblioteca Virtual Cervantes podéis descargaros el informe de 1911, realizado cuando se planteó la demolición del acueducto.

19 noviembre 2008

LA PUERTA DEL PERDÓN

ENTRADA A LA MEZQUITA MAYOR DE SEVILLA

Ya hemos escrito aquí antes como en el año 1172 dieron comienzo la obras de la mezquita aljama de Sevilla, bajo la dirección del maestro de alarifes Ahmad ben Basso. Con ello se iniciaba la construcción de lo que habría de ser el monumento más emblemático de la Isbiliya almohade, que pregonara en todo Al-Andalus el poderío del califa Abu Yacub Yusuf.

Planta de la aljama almohade de Sevilla. En negro, los restos conservados. El círculo rojo señala la situación de la Puerta del Perdón.

De aquella gran mezquita queda poca cosa, ya que sobre ella se construyó la actual catedral de la ciudad. Pervivió, afortunadamente, su alminar, base fundamental de esa hermosísima torre que denominamos Giralda. Pero son algunos más los restos conservados de la aljama sevillana, concentrados en la parte denominada "Patio de los Naranjos", correspondiente al sahn o patio de abluciones del templo musulmán, cuyas galerías se levantaron con esos arcos tan hermosos y que llamamos túmidos o de herrradura apuntada, apeados sobre pilares.

El acceso al citado patio se efectuaba por una puerta monumental, aún conservada, que responde al nombre de "Puerta del Perdón" y que se sitúaba en el centro del muro exterior del edificio, en línea con la nave central de la mezquita y en mirhab. Aunque no conocemos la fecha exacta de su edificación, el conjunto debió estar terminado antes del mes de abril de 1182, cuando se inauguró la mezquita, a falta aún del alminar. Por su cara externa, un gran arco túmido enmarca la puerta, aunque ésta presenta hoy un conjunto de yeserías renacentistas realizadas en 1522. Por esos mismos años se colocaron las estatuas que la flanquean y el relieve de le expulsión de los mercaderes del templo que la corona. Más arriba, el cuerpo se remata con una espadaña.

Puerta del Perdón (hacia 1182). Superior: vista exterior. Inferior: vista al Patio de los Naranjos.

Sin embargo, por su cara interior, que da al Patio de los Naranjos, la puerta conserva más claramente el aspecto con que la concibieron los alarifes almohades. De nuevo se repite el arco túmido, del que ahora podemos observar su primitiva fábrica de ladrillos, sobre la que se levanta un imponente tejaroz, rematado por un cuerpo con arcos lobulados, paños de sebka y, en el centro, una ventana geminada, y coronándose con merlones en escalera.

Pero tal vez sea la puerta en sí misma el elemento más interesante del conjunto. Sus dos hojas, de grandes dimensiones, son de madera de cedro y están revestidas de chapas de bronce, que presentan un interesante repertorio decorativo compuesto por motivos de lacerías y atauriques completados con inscrIpciones en caracteres cúficos que repiten versículos del Corán: "el poder pertenece a Alá" y "la eternidad es de Alá". En las dos hojas ocupan un lugar preferente dos grandes aldabones también de bronce y trabajados a cincel, decorados con ataurique. Esta decoración vegetal estilizada alcanza aquí uno de los cúlmenes de todo el arte de Al Andalus.

Hasta hace no demasiados años estos aldabones estaban colocados in situ y yo creo que debían ser las piezas en uso más antiguas de toda la orfebrería de la ciudad de Sevilla, con sus más de ochocientos años. Pero desde hace algún tiempo los originales han sido retirados de su primitivo lugar y llevados al Museo de la Catedral, siendo sustituidos por una réplicas modernas.
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Aldabón de la puerta del Perdón y detalle del mismo.
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Tradicionalmente se ha venido considerando al arte almohade como un ejemplo de austeridad y parquedad decorativa, pero la decoración de esta puerta es un ejemplo excepcional de cómo la obtención de la belleza no requiere, necesariamente, de excesos de ningún tipo. Muchas veces lo atractivo se encuentra en la simplicidad.
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No hay en la red, que yo conozca, mucha información específica sobre esta puerta. Si acaso, dad un vistazo a esta página de la Sevillapedia.

10 noviembre 2008

LA MEZQUITA DE MÉRTOLA

ARQUITECTURA ALMOHADE EN PORTUGAL

Hay lugares que quedan apartados de las grandes rutas turísticas, pero que en cambio son centros de interés para los amantes de la historia y del arte. Ocurre esto con Mértola, una pequeña población portuguesa a orillas del Guadiana, perdida en lo más profundo de esa hermosísima tierra del Alentejo, en la que a veces acabas creyendo que te has trasladado a otra época. Regreso, pues, a Mértola como ya he hecho antes en numerosas ocasiones. Hay allí un campo arqueológico que viene poniendo en valor, algunas veces con dudoso acierto, los abundantes restos del pasado de la ciudad. Salen así a la luz huellas de la época romana, algunos restos visigodos y abundantes retazos del periodo islámico. Recordemos que Mértola llegó a ser sede, a mediados del siglo XII, de una de las segundas taifas, inmediatamente antes de la llegada de los almohades a la península.
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Superior: el río Guadiana a su paso por Mértola. Inferior: iglesia matriz de la localidad.

Y de almohades hablamos en esta ocasión. La iglesia principal de Mértola tiene ahora el nombre de Nuestra Señora de la Anunciación y se encuentra enclavada en el mismo promontorio en el que se asienta el poderoso castillo de la localidad. Pero este templo, que en sus trazas actuales nos ofrece una síntesis de elementos góticos (el sistema de bóvedas ojivales del interior), mudéjares (los contrafuertes cilíndricos rematados por pináculos o los merlones en escalera que jalonan la cubierta) y manuelinos y renacentistas (decoración de la portada principal) vino a sustituir a una mezquita islámica almohade que fue levantada a comienzos de la segunda mitad del siglo XII y que se mantuvo en uso hasta la conquista cristiana de la villa en 1238, siendo el único ejemplo en Portugal de edificio religioso islámico del que se conservan restos significativos. Sus características la asemejan a otras construcciones almohades conservadas en Marruecos.

Cuando los portugueses tomaron la localidad, procedieron a cristianizar el templo musulmán, sin apenas modificaciones arquitectónicas. Sin embargo, en el siglo XVI se abordó una reforma en profundidad del edificio, que le confirió su imagen actual.con la inclusión de las bóvedas de crucería ojivales del techo.

Planta de la iglesia de Mértola. El muro del lado sur corresponde a la quibla islámica.

Ello no obstante, la iglesia actual conserva las trazas de la construcción islámica. La mezquita primitiva, que debió alcanzar los 300 metros cuadrados, tenía planta cuadrangular y se dividía en cinco naves (era más ancha la central), dispuestas en seis tramos, aunque fueron reducidos en la reforma a los cuatro actuales. Toda la cubierta, que originariamente era de madera, quedaba sostenida por columnas, aunque éstas pasaron de las 20 iniciales a las 12 actuales. cuando se estableció el abovedamiento del edificio. Por otra parte, no se conservan ni el patio de la mezquita ni su alminar, que fue derribado y sustituido por la torre-campanario actual.

Sin embargo, en lo que fue el muro de la quibla se han mantenido las trazas del primitivo mirhab, de planta poligonal de cinco paños y cubierto con bóveda de cuarto de esfera, que aun conserva una decoración en yeso estucado en cuyo nivel superior podemos apreciar arcos ciegos polilobulados, sostenidos sobre columnillas del mismo material. Pese a estar muy degradados, estos bellos arquillos almohades destacan por las líneas serpentiformes que los constituyen, así como por estar rematados por una moldura en la que se trazaron sendos cordones del infinito. Además, al exterior del templo se conservan también cuatro arcos de herradura enmarcados en alfiz.
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Mirhab de la mezquita de Mertola. Mediados del siglo XII.
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En el templo cristiano se reordenó la cabecera con la colocación del altar mayor en el muro norte, frente a la puerta de acceso actual. Por ello, el muro este, en el que ubicaba el mirhab (orientado hacia La Meca) pasó a tener posición lateral. Pero al poco tiempo de efectuarse aquel cambio, la población cristiana de la localidad solicitó al rey que el altar mayor se retornase a su posición primitiva en el muro de la quibla. Así se hizo, hasta que una intervención de la Inquisición devolvió dicho altar a su ortodoxa posición, ordenádose (para evitar problemas en el futuro) que el mirhab quedase completamente tapado por por un revestimiento, como ha estado hasta su descubrimiento a mediados del siglo pasado. ¡Paradojas de la vida! Una intervención del tribunal defensor de la verdadera fe cristiana fue decisiva para la salvación del único mirhab islámico de Portugal.
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Sobre la iglesia-mezquita de Mértola podéis leer (en portugués) la correspondiente ficha del IPPAR, con alguna fotos, muy buenas. Más información y fotos, en esta página y en este blog. Aquí teneís una vista en 360º de la polación, incluida la iglesia que comentamos. Por último dad un vistazo a la web del campo arqueológico de Mértola.

03 diciembre 2007

LA TORRE DEL ORO DE SEVILLA

COMENTAR UNA OBRA DE ARTE (9)
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Siendo ENSEÑ-ARTE un blog escrito desde Sevilla, es llegado ya el momento de que hagamos aquí un análisis en detalle de uno de los principales monumentos islámicos de la ciudad, la Torre del Oro, última de las grandes construcciones que los almohades levantaron en Isbiliya.
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1) DETERMINAR:

a) TIPO DE OBRA: Arquitectura.

b) TÍTULO: Torre del Oro.

c) AUTOR: Desconocido.

d) FECHA: 1220-1221.

e) LOCALIZACIÓN: Sevilla (España).

f) ESTILO: Arquitectura islámica andalusí; época almohade.

2) ANALIZAR:

A) Análisis técnico:

* FORMA: Obra arquitectónica de planta dodecagonal dividida (actualmente) en tres cuerpos. Mide 36,7 ms. de altura y 15,2 ms. de anchura máxima en la base.

* MÉTODO: construcción realizada mediante sillares de piedra (en el cuerpo inferior) y ladrillo (en los dos cuerpos superiores).

* DESCRIPCIÓN GENERAL: La Torre del Oro presenta los rasgos propios de un edificio claramente defensivo, dispuesto verticalmente en tres cuerpos:

- El cuerpo inferior es un prisma dodecagonal que se extiende hasta los 20,7 ms. de altura y se corona con una galería de almenas y merlones de remate piramidal. Originariamente disponía de muy escasas ventanas, fundamentalmente las saeteras que aparecen en cada una de sus lados y a alturas diversas. Todo este cuerpo inferior, que se divide en tres pisos cubiertos con bóvedas de arista, está construido con sillares de piedra, unidos con mortero de argamasa. Al exterior, bajo las almenas, corren tres molduras paralelas. Entre las dos inferiores se dispone un friso perimetral con parejas de arcos túmidos que alojan ventanas cegadas, enmarcadas por otros arcos de medio punto.


La Torre del Oro en la actualidad y en época medieval.


En este cuerpo se encuentra la única puerta de la torre, en la cara opuesta al río Guadalquivir. Originariamente se hallaba a unos 9,5 ms. de altura sobre el suelo, aunque ahora queda prácticamente en rasante con la calle. Finalmente, puede señalarse que este primer cuerpo alberga en su interior otro prisma exagonal, en el que se aloja una escalera de unos 3 ms. de anchura.

- El segundo cuerpo está constituido por otro prisma también dodecagonal , de 8.5 ms. de alto, igualmente rematado por almenas y merlones semejantes a los inferiores. En este caso, toda la fábrica es de ladrillo. Al exterior se encuentra decorado mediante arcos ciegos organizados de manera alternante: en primer lugar nos encontramos parejas de arcos túmidos; a continuación, la decoración continúa con arcos lobulados enmarcados por otros de herradura. Todos ellos se cierran mediante alfices cuyas albanegas se decoran con cerámica y van sostenidos sobre columnillas muy esbeltas. En el lado de la torre en el que se abre la puerta de acceso a este cuerpo figura, sobre el corespondiente arco de herradura, un tablero con decoración de sebka. Tradicionalmente se ha considerado que este cuerpo pertenece a la construcción original almohade. Sin embargo, tras la última restauración, llevada a cabo en 2005, se apunta la posibilidad de que sea obra mudéjar del siglo XIV.

- El tercer cuerpo de la torre es de planta circular y está constituido por una linterna cilíndrica con óculos de forma oval y rematada en una cúpula semicircular que se cubre con azulejos dorados. Este cuerpo no es obra musulmana y fue añadido a la torre en 1760.

B) Análisis simbólico:

Existe una teoría (no comprobada documentalmente) de que la Torre del Oro presente una planta dodecagonal (nada común en la arquitectura islámica) por ser una interpreatción musulmana del tema clásico de la "torre de los vientos", lo que explicaría sus doce lados, orientados cada uno de ellos a un viento diferente.

Vista de la parte superior de la Torre y detalle de la decoración de arcos túmidos.

El propio nombre popular de "Torre del Oro", sobre cuyo origen existen diversas hipótesis, es una clara alusión a las riquezas que se contenían en el edificio y, por extensión, en la propia ciudad de Sevilla. En realidad, tal denominación no alude más que a la proximidad de la torre a la ceca islámica en la que se llevaba a cabo la acuñación de moneda.

c) Análisis sociológico:

La Torre del Oro fue levantada en 1220-21, en los momentos finales del periodo almohade. En esta etapa la ciudad de isbiliya fue convertida en capital de Al-andalus, lo que explica la abundancia e importancia de monumentos y restos islámicos de esta época en Sevilla.

La construcción del edificio significó, por parte almohade, la culminación del sistema defensivo del la ciudad, en una época en que los avnaces del ejército castellano ponen ya en peligro la propia existencia del mundo andalusí. La batalla de las Navas de Tolosa (1212) marca el incio de este empuje rconquistador, que llevará finalmente a la toma de la ciudad por las tropas de Fernando III en 1248, sólo 27 años después de que la torre estuviese concluida.

3) OTRAS CUESTIONES:

La Torre del Oro no fue una obra defensiva planificada de forma aislada. Se trata de una torre albarrana, unida al resto de las defensas urbanas mediante una muralla que llegaba hasta ella. Nos referimos a la coracha, que se iniciaba en el Alcázar sevillano y alcanzaba la orilla del Guadalquivir. Su recorrido estaba jalonado por una serie de torres (de las cuales sde conservan algunas, como la de Abdelazis o la de la Plata), la última de las cuales era la del Oro. Con ella se pretendía extender las posibilidades de defensa de Sevilla no sólo a la propia orilla del río, rechazando posibles incursiones por barco, sino a todo ese sector de la ciudad.
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Finalmente, cabe reseñar como una torre defensiva ha tenido, a lo largo de sus casi 800 años de historia, usos diversos, como almacen, cárcel u oficinas, hasta llegar a los momentos actuales, en los que alberga en su interior un Museo Naval.
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No hay en Internet muchas páginas dedicadas a la historia de la Torre del Oro. En esta ficha de castillos-net se dispone de una información general y diversas fotos. Sobre la restauración del edificio en 2005 puede leerse la información que se proporciona en este blog.

30 noviembre 2007

LA GIRALDA. LA BELLEZA DE UNA TORRE ESPECIAL

EL ALMINAR DE LA MEZQUITA ALJAMA DE SEVILLA
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"En el mes de Ramadán de 567 (año 1172) empezó el Amir al-Mu/minin (Abu Yacub) a delinear el emplazamiento de esta mezquita noble y hermosa. Se encargó de ello al jeque de los arquitectos Ahmad ben Baso y a sus colegas, los arquitectos constructores de Sevilla, y a todos los arquitectos de al- Andalus, y con ellos a los arquitectos constructores de la capital Marrakus y de la ciudad de Fez y de la gente de allende al Estrecho y se reunieron en Sevilla de ellos y de las distintas clases de carpinteros y aserradores y obreros para las diferentes construcciones en gran número, hábiles cada uno en cada especialidad de las obras. Era el inspector jefe de los constructores y alarifes el arquitecto Ahmad ben Baso (que) abrió sus cimientos, junto a la aljama, y encontró en ellos un pozo manantial y lo cegó con piedras y cal, explanó sobre el agua hasta que aseguró las bases de los cimientos."
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"(Muerto el califa), se paralizaron las obras hasta (que en el año 1184 su hijo Abu Yusuf) mandó levantar el alminar (y tras una nueva paralización de las obras ordenó el califa) reanudar la construcción del alminar dicho y reedificar lo que se había arruinado en la mezquita. Se empezó la obra por el alarife Ali, el de Gomara, con ladrillo que es mejor que la piedra para la construcción."
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La Giralda en 1198 (izquierda), 1356 (derecha) y en la actualidad (centro).

Gracias a estos textos del cronista almohade Ibn Sahib al-Sala, que forman parte de su obra "al-Mann bil-Imamah" (un manuscrito hallado por fortuna en 1930 en una biblioteca de la Universidad de Oxford) conocemos los nombres de los dos arquitectos que participaron en la construcción de la torre que es casi desde aquella época símbolo universal de la ciudad de Sevilla. Amhad ben Baso inició las obras de la mezquita aljama y, más tarde, de las primeras hiladas del alminar y Alí de Gomara remató la torre. Así pues, desde la colocación de las "primeras piedras" hacia 1184 hasta la finalización de la torre, en 1198, habían pasado sólo catorce años.

La joya del arte amohade de al-Andalus alcanzaba una altura de 64 ms. y consistía en dos bloques prismáticos superpuestos, el inferior de 13,6 ms. de lado y 50 de altura y el superior de 6,8 ms de lado y unos 14 de alto, rematado con una cúpula sobre la que se alzaba el famoso yamur, formado por cuatro bolas o manzanas de bronce dorado. Su colocación marca el final de la construcción en el año citado.

Rampas de acceso en la Giralda (izquierda) y tableros de sebka (derecha).

De esta grandiosa obra sorprende la sustitución de la piedra (que sólo alcanza unos dos ms. de altura a partir del suelo) por el ladrillo. Al parecer ello da a la torre más estabilidad frente a terremotos, al tiempo que reduce los riesgos de humedades por capilaridad del suelo. Pero hay muchas más sorpresas en la Giralda. De un lado, su propia concepción, característica de los alminares almohades: sigue el modelo de "torre dentro de la torre", al estar compuesta por dos cuerpos que se unen entre sí mediante una serie de 35 rampas, que viene a sustituir a la habitual escalera y hace el ascenso más cómodo y amplio. Una serie de vanos abiertos al exterior, resueltos en distintos tipos de arcos, proporciona luz natural en la subida; además, el cuerpo interior aloja siete cámaras que se superponen en altura. Pero la más hermosa de las sorpresas de la Giralda quizás sea los cuatro tableros de paños de sebka que aparecen en cada uno de sus cuatro lados a partir de media altura y que contribuyen a estilizar más aún, si cabe, la figura de la torre. Sobre ellos corre una arquería de arcos ciegos entrecruzados que generan otra sebka extendida de lado a lado de la torre.

Hasta aquí hemos descrito la parte visible del alminar almohade. El prisma superior quedó literalmente embutido en la reforma que se efectuó en la torre a partir de 1560, en pleno Renacimiento, según las trazas del arquitecto Hernán Ruiz, maestro mayor de la catedral, y que implicó también la colocación de balcones en los huecos de la parte inferior. Reforma que quedó completada con la colocación de la veleta o Giraldillo en 1568 y que dio a la Giralda su configuración actual. Pero esa es otra historia y la contaremos en otra ocasión.
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Habitualmente, en este blog completamos la información del tema tratado con enlaces a otras páginas que abordan la misma cuestión. Pero en esta ocasión hemos preferido que sea la misma torre la que nos hable con el embrujo de su belleza. Sirva esta presentación como ejemplo. La música que acompaña a las imágenes en la melodía "Sándalo" del compositor sevillano Gualberto, maestro de maestros, miembro del mítico grupo Smash, con una amplia discografía a sus espaldas y un virtuoso en el manejo del sitar, un instrumento de origen hindú que aquí queremos hermanar con lo andaluz y con la Giralda; lo oriental con lo occidental, como debería ocurrir en la Tierra toda. Disfrutad de la Giralda. Subid cuando podáis. Quérreis volver.



25 noviembre 2007

EL ARTE ALMOHADE

SOBRE LA AUSTERIDAD ARQUITECTÓNICA

Para comprender las raíces del arte almohade debemos trasladarnos con la imaginación hasta las montañas del Atlas, en el actual Marruecos. Allí nació Ibd Turmat (1080-1130), un bereber que desde muy joven se sintió particularmente atraido por las cuestiones religiosas, practicando una vida de carácter ascético, mientras criticaba el espíritu de relajación que, desde su punto de vista, caracterizaba la sociedad almorávide, cuyo imperio se extendía también a Al-andalus. Su puritanismo le llevó a predicar una verdadera cruzada contra dicho imperio, basándose en el principio de la defensa de la unidad de Allah (por eso el nombre de al -Muwahhidun o defensores de la unidad, con el que se conoce a los almohades) y en la necesidad de volver a practicar las enseñanzas coránicas desde una perspectiva absolutamente rigorista.

Torre de la mezquita Kutubiyya (Hacia 1162), al atardecer. Marrakesh.

Ibn Turmat murió antes de ver como sus partidarios lograban imponerse en Marruecos sobre los almorávides hacia el año 1140, convirtiendo a Marrakesh en la capital del nuevo imperio norteafricano. Poco después, los almohades cruzan el estrecho de Gibraltar e inician la conquista de Al-andalus, que no concluirían hasta 1170, aproximadamente. Los califas almohades establecieron su capital peninsular en Sevilla, ciudad que, bajo los gobiernos de Abu Yacub Yusuf y de su hijo Abu Yusuf Yacub al Mansur, fue embellecida con nuevas construcciones (de esta época son la Giralda y la Torre del Oro, por ejemplo).

Torre Hassan (Hacia 1199). Rabat.

Así pues, en ambas orillas del Estrecho podemos encontrar las huellas del arte almohade. Éste se caracteriza en arquitectura por una tendencia a la austeridad, mediante la depuración o eliminación de elementos decorativos, mostrando un cierto gusto por las formas desnudas, muy acordes con el rigorismo religioso predicado por el mahdi Ibn Turmat. Por la misma razón, cuando se recurre al uso de elementos decorativos se evitan los de carácter figurado, de forma que predominan los que mantienen una clara secuencia geométrica, como los paños de sebka, desarrollados mediante complejas redes de líneas romboidales. También destaca la inclusión de cerámica (habitualmente monócroma) como elemento decorativo, no ya en los zócalos, sino en altura, como podemos apreciar en algunos alminares.

Patio del Yeso. Alcázar. (Segunda mitad del siglo XII). Sevilla.

Por otra parte, los almohades van a emplear abundantemente un material constructivo barato y relativamente fácil de levantar: el tapial o barro encofrado mediante cajones de manera, que aglutinado con cal adquiere una considerable dureza y elasticidad. Con este humilde elemento se realizarán edificios de gran tamaño, como algunas mezquitas, aunque para las construcciones de altura suela recurrirse al ladrillo, como ocurre en la torre de la Qutubiyya de Marrakesh o en la propia Giralda.

Esa es quizás la faceta más conocida de la arquitectura almohade: la construcción de alminares de gran altura y planta cuadrada, proyectados como una "torre dentro de la torre", dada la existencia de un cuerpo interior, dividido longitudinalmente en pisos, y un cuerpo exterior, quedando unidos ambos mediante el elemento de subida, ya sea una rampa (como en la Giralda) o una escalera.

Finalmente, el uso del arco túmido (además del de herradura) y de la bóveda de mocárabes, el empleo de pilares como soporte preferido en los edificios y la tendencia a levantar cubiertas de madera (que tendrán una amplia continuidad en la arquitectura mudéjar) son otras características de la arquitectura almohade, que también prestó atención a las edificaciones militares (de la que es un buen ejemplo la Torre del Oro, en Sevilla) y a los edificios palaciegos, de los que nos ha quedado una interesante muestra en las estancias conservadas en el Alcázar sevillano.

Y fue así como aquellos hombres venidos desde las montañas norteafricanas, que creían que "la imperfección es imposible en el Creador" crearon un arte original y hermoso que dejó aquí en Sevilla, desde donde escribimos y leéis muchos de vosotros, una de las más hermosas páginas de la Historia del Arte. El arte que algunos han llamado "de los fundamentalistas ilustrados".

La interesantísima vida de Ibn Turmat está contada de manera excelente en este artículo. Sobre el sentido del pensamiento almohade podéis leer esta aportación. En esta página tenéis una descripción (en inglés) de la mezquita Qutubiyya de Marrakesh. Finalmente, para el caso español, podéis leer la síntesis que presenta Artehistoria.
Aldabón almohade de bronce de la mezquita mayor, actual "Puerta del Perdón". (Hacia fines del siglo XII). Sevilla.
 

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