"BIENVENIDOS A ENSEÑ-ARTE".

UNA VISIÓN DE LA JUSTICIA

EL FRESCO DEL BUEN Y EL MAL JUEZ DE MONSARAZ

Monsaraz. Innumerables veces he visitado esa pequeña villa del Alentejo portugués, atraido por la soledad que se respira entre sus muros, por el ambiente medieval de la población, por la belleza insólita de los paisajes que desde allí pueden contemplarse y por la posibilidad siempre grata de sentirse alejado de todo y de todos sin que haya que desplazarse hasta una isla perdida en el Pacífico. Hace ya algún tiempo que no voy por allí, pero estos días del comienzo del verano, y por razones profesionales, me viene a la cabeza con frecuencia el recuerdo de una de esas pequeñas joyas que en aquella población pueden contemplarse.

Situémonos en el centro de la población. En la plaza donde se alza la iglesia matriz de la villa y en la que aún se conserva el pelourinho (la picota) que simbolizaba la justicia local. En un lateral de este hermoso conjunto urbano se conserva aún el pequeño edificio de los Paços de Audiência, el tribunal de justicia de Mosaraz, de cuya antigüedad medieval dan cumplida cuenta los ventanales con arcos apuntados que se abren á la calle principal. Se trata del edificio que queda al fondo en la fotografía de aquí al lado. Hoy alberga un pequeño museo local, pero hemos de imaginarlo hace cientos de años, cuando quizás los campesinos del pueblo acudían allí en busca de una justicia que probablemente no encontraban en los poderosos de la época o porque necesitaban dirimir los pequeños pleitos que entre ellos acontecían.

En esa construcción se llevaron a cabo unas pequeñas obras de reparación durante el año 1958. Al tirar un tabique de ladrillo apareció tras él un fresco de medianas dimensiones y organizado en dos niveles. En el superior se representa a Cristo en majestad, el Dios juez tan frecuente en la pintura medieval. Pero en el registro inferior aquellos artistas locales de finales del siglo XV optaron por algo mucho más prosaico. Atendiendo al lugar en el que realizaban el fresco, decidieron mostrar una representación de la justicia terrena. Pero, ¿qué justicia era esa que no siempre resolvía cómo sería deseable? Así que decidieron hacr el fresco que ahora denominamos "del buen y el mal juez", una verdadera alegoría de la justicia mundana, que aquí se presenta con sus dos caras. La corrupción ya existía en al Edad Media.

Este fresco conservado en el sur de Portugal muestra una escena con pocos parangones en la Europa de la época. Nos muestra a dos jueces en el momento de impartir justicia en pleitos civiles. A nuestra izquierda hallamos al buen juez. La vara que porta en sus manos, así como su mirada dirigida al frente nos hablan de la rectitud de sus decisiones, de las que un escribano toma nota mientras el demandante asiste confiado al pleito.
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Por el contrario, a nuestra derecha el autor ha representado al mal juez. Está atendiendo un pleito entre dos demandantes y se deja atraer por el soborno. Uno de los litigantes le ofrece algunas perdices, mientras el otro hace ademán de sacar algunas monedas de su bolsa. Por ello este juez muestra dos caras, representadas con absoluta ingenuidad por el anónimo pintor.
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En una sociedad como la bajomedieval. en la que las cuestiones religiosas seguían teniendo una importancia trascendental, el pintor no ha olvidado la cuestión. Por ello el buen juez está asistido por dos ángeles que, tras su silla, lo coronan por la rectitud de sus acciones, mientras el mal juez resulta acompañado por el rostro de un diablo que parece feliz de lograr la corrupción de un funcionario público.
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Pese a su primitivismo, propio de un taller local perdido en el Alentejo portugués, pese a los evidentes signos de hieratismo y frontalidad de los personajes o la ausencia de perspectiva (que más nos remonta al románico que al gótico), el tema de este fresco de Monsaraz muestra de forma tajante como las preocupaciones de los hombres de hoy siguen siendo las mismas de los de hace seiscientos años: la rectitud; la justicia. Entonces bastaban unas pocas perdices para comprar voluntades; ahora las tramas son más complejas. Pero en el fondo, es el mismo asunto. La corrupción.
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Leed una información básica sobre Monzaraz en esta página y en la web del IPPAR y ved una reinterpretación de este fresco encargada por el Ministerio de Justicia portugués.

TETRAMORFOS

VISIÓN DE LOS EVANGELISTAS EN LA ESCULTURA ROMÁNICA
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"Después de esto miré, y vi que había una puerta abierta en el cielo. La primera voz que oí era como de una trompeta que, hablando conmigo, dijo: «¡Sube acá y yo te mostraré las cosas que sucederán después de éstas!».

Al instante, estando yo en el Espíritu, vi un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado. La apariencia del que estaba sentado era semejante a una piedra de jaspe y de cornalina, y alrededor del trono había un arco iris semejante en su apariencia a la esmeralda. Alrededor del trono había veinticuatro tronos, y en los tronos vi sentados a veinticuatro ancianos vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas. Del trono salían relámpagos, truenos y voces. Delante del trono ardían siete lámparas de fuego, que son los siete espíritus de Dios.

Tetramorfos de la iglesia de San Trófimo (siglo XII). Arlés, Francia.

También delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal, y junto al trono y alrededor del trono había cuatro seres vivientes llenos de ojos por delante y por detrás. El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando. Los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos, y día y noche, sin cesar, decían: «¡Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir!»".

Tetramorfos del Pórtico Real de la Catedral (hacia 1150). Chartres, Francia.

Este pasaje del capítulo cuarto del Apocalipsis ha sido la fuente en la que se basa la iconografía de unos de los motivos más frecuentes en la plástica románica: el tetramorfos, la representación de los símbolos de los cuatro evangelistas, que encontramos en numerosas portadas de iglesias románicas, rodeando al Pantocrátor, a ese uno sentado en su trono al que alude el texto bíblico, pero que también hallamos en la pintura mural y en las miniaturas de la época. De este modo, el águila simboliza a san Juan (autor él mismo del Apocalipsis), el león a San Marcos, el toro a San Lucas y el ángel a San Mateo.

Obviamente, tratándose de una referencia visual al Apocalipsis, el tetramorfos no se limita al arte románico: tiene una amplia tradición anterior en la iconografía cristiana y su representación se continuó más tarde en el arte gótico e incluso podemos hallarlo en épocas posteriores, aunque ya con mucho menos importancia. Pero fue en la escultura románica donde este motivo se consolida, empleándose como tema central de muchos tímpanos e portadas de iglesias, dado su alto valor didáctico. de un lado, se mostraba a las gentes como Cristo habría de efectuar su segunda venida, para proceder al Juicio Final de todas las criaturas. Por otro lado, se mostraba como el mensaje de Jesús se halaba en los evangelios y cómo el cumplimiento de lo que en ellos se enseñaba era el único camino para la salvación eterna.
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Tetramorfos del Pórtico de la Gloria (1168-1188). Santiago de Compostela.

En ocasiones la representación del tetramorfos es bien sencilla: rodeando al pantocrátor aparecen los cuatro vivientes, que pueden estar o no acompañados del libro al que hacen alusión, como ocurre en el timpano de san Trófimo de Arlés, en el que las cuatro imágenes van aladas (cosa normal en un ángel y un águila, pero no tan habitual en un toro o un león). Otras veces, la representación incluye a los mismos evangelistas, como podemos apreciar en el tímpano central del Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela.




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Tetramorfos de de las iglesias de Saint Pierre (1120-1135), Moissac (Francia) y de la iglesia de San Pedro (siglo XII), Moarves de Ojeda, Palencia.
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Con más o menos dinamismo en la representación; con tendencia a la geometrización o con mayor naturalismo; obra de grandes escultores de la época románica o de artistas locales de técnica ingenua; acompañados por otros repertorios iconográficos o aislados con su señor en el tímpano; dentro de éste o por encima, formando un friso; en grandes catedrales e iglesias o en pequeñas parroquias y ermitas rurales. Por todos lados encontraremos presente al tetramorfos en la esculltura románica. Como se lo encontraban las gentes de la época. Para que no se olvidasen de lo que en verdad era importante.
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Tetramorfos de la iglesia de Saint-Jacques (siglo XII), Lassouts (Francia).
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En relación con este tema, aquí tenéis un catálogo de representaciones de la Maiestas Domini en el arte románico. Sobre el tetramorfos en la pintura románica, podéis leer este artículo.

EL "ESTANDARTE REAL" DE UR

SOBRE LA PAZ Y LA GUERRA

He aquí una de las piezas mas atractivas de toda la arqueología mesopotámica. La denominamos como "Estandarte real de Ur", aunque no conocemos a ciencia cierta cuál fue su uso. Fue hallado en una de las tumbas del llamado "cementerio real de Ur", en una esquina de la cámara funeraria y muy cerca del hombro de un cadáver de sexo masculino. De reducidas dimensiones (21,5 de alto x 49,5 de ancho) es de forma trapezoidal y está realizado en madera que estaba originariamente cubierta por una capa de betún, Sobre ésta se habían realizado incrustaciones a base de piedra caliza de color rojo, conchas y lapislázuli. El objeto estaba prácticamente destrozado por el empuje del terreno, de manera que la reconstrucción actual es, hasta cierto punto, una conjetura.

El excavador del yacimiento le asignó una cronología de hacia 2600-2400 años a.C. y, dadas las dimensiones, consideró que podría tratarse de una pieza que se colocaría a modo de estandarte sobre un poste o mástil, empleándose en ceremonias y procesiones. Sin embargo, hoy se estima más acertada la hìpótesis de que puediera tratarse de la caja de resonancia de un instrumento musical, tal vez un arpa.

"Panel de la paz. Estandarte de Ur" (2600-2400 a.C.). Londres.

El estandarte parece representar escenas de la vida pública de un monarca sumerio. Las dos caras principales de la pieza se denominan respectivamente de la paz y de la guerra, por las escenas mostradas en ellas, en ambos casos divididas en tres registros horizontales. En el panel de la paz se muestra una procesión de ofrendas en la que animales y productos agrícolas (cargados por sirvientes) son llevados a un banquete, cuya escena se recoge en el registro superior. Los personajes que asisten a la comida (uno de ellos, cuyo mayor tamaño lo identifica, es el propio rey) están sentados, mientras son atendidos por otros sirvientes. Un arpista ameniza la reunión.

Por el contrario, el denominado panel de la guerra nos muestra una escena militar. Podemos apreciar carros de combate tirados por cuatro asnos, soldados de infantería cubiertos con capas y armados con lanzas, así como varios prisioneros. Algunos de éstos están siendo ejecutados con hachas, mientras otros son pisoteados por los carros. En el centro del registro superior, el rey, portando una lanza, preside la cruenta escena.

"Panel de la guerra. Estandarte de Ur (2600-2400 a.C.). Londres. Abajo: detalle.

Así pues, gracias a un objeto hallado en una tumba de hace unos 4500 años podemos deducir que la llegada de la civilización a las primeras sociedades urbanas había supuesto la expansión de las actividades productoras como la agricultura y la ganadería. pero también implicó la generalización del uso de la violencia como forma de resolver los conflictos humanos y la profesionalización de la guerra. Todo ello, sin que nos olvidemos de la consolidación de las diferencias sociales y el hecho de que unos vivan a costa del trabajo o el sufrimiento de los otros. Hasta hoy mismo.
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Más información sobre el estandarte, en la página del Museo Británico, donde se custodia. Sobre la necrópolis en que fue hallado, leed esta amena página española. Finalmente, sobre el empleo del carro como arma de guerra, aquí hay una completa información.

FRANZ MARC

EL PINTOR DE LOS CABALLOS

En la Historia del Arte podemos encontrar numerosos ejemplos de artistas que se han sentido atraídos por el mundo animal. Es más, el Arte comenzó con la representación de animales durante el Paleolítico Superior y desde entonces no ha habido estilo en el que una fauna diversa quedase reflejada en los cuadros, en las esculturas o en las decoraciones de cualquier tipo. Pero en pocos casos encontramos un interés tan persistente hacia la representación del mundo animal como en el de Franz Marc (1880-1916).

Franz Marc: "Establos" (1913). Nueva York.

Nacido en Alemania y creador con Kandinsky en 1910 del grupo expresionista "El jinete azul", Marc mostró desde muy temprano un interés especial por los animales y, sobre todo, por los caballos. Muchos de sus cuadros tienen como motivo único a este animal, aislado o en grupo, y sabemos además que el artista destruyó varias obras más con el mismo motivo. Caballos paciendo, descansando, cargando, relinchando, galopando. Caballos de colores imposibles, de formas naturalistas o de trazos geométricos, cubistas. Caballos de frente, de perfil o en escorzo. Caballos, muchos caballos. Aquí tenéis una selección de esas obras.



Pero, ¿por qué este interés tan acusado de Marc por los caballos? Se trata de una obsesión, como pudo serlo para Monet la catedral de Ruan o para Van Gogh su propia imagen? En parte sí, desde luego, pero para el pintor el caballo se eleva a la categoría de símbolo. Atraído por los caballos, buscaba en ellos lo que no encontraba en los seres humanos: su vinculación a la naturaleza, sus energías, un mundo de emociones primarias que la cultura moderna había borrado de la vida de los hombres. Además, el caballo, por su condición de animal doméstico, es bien cercano a los humanos. Una relación de proximidad, que hace aún más evidentes las diferencias entre ambos. Por eso algunos caballos están de espaldas, aunque vuelven sus cabezas hacia nosotros, como si quisiesen que no nos olvidemos de su cercanía.

Por último, Marc emplea los caballos para realizar sus experimentos con el color. Desde Gaugin los colores transmiten emociones y estados del espíritu. Los caballos fueron el instrumento que Marc empleó para plasmar aquello que los expresionistas querían conseguir. En palabras de Kandinsky, "llevar lo espiritual al arte". Marc, que había alcanzado el grado de teniente en el ejército alemán, murió en el frente de batalla de Verdún, víctima de una granada. Pero sus caballos seguirán galopando eternamente.
Esta página está por entero dedicada al pintor alemán, con abundantes imágenes. Además, en la web de este museo de Munich podéis visitar, en tres idiomas, una exposición virtual sobre Marc, síntesis de la que allí se realizó en 2005.
Franz Marc: "Caballos pastando" (1910). Munich.

EL DIA D, LA HORA H

EL DESEMBARCO EN NORMANDÍA SEGÚN ROBERT CAPA

En las primeras horas del día 6 de junio de 1944 un fotógrafo de origen húngaro toma una decisión arriesgada; va a acompañar a los soldados del 16º regimiento de la primera división de Infantería del ejército norteamericano en su desembarco en la denominada "playa Omaha", con el que comienza la famosa operación militar que marcaría el inicio del fin de la Segunda Guerra Mundial.

Y así sucede: las lanchas se acercan a la playa y sus rampas se abren. A la luz de las primeras horas del día los soldados comienzan a saltar al agua y dirigirse hacia la orilla. Con ellos va nuestro fotógrafo, Robert Capa. Han de sortear las defensas colocadas en la playa por el ejército alemán y enfrentarse a su artillería de costa, mientras que soportan la baja temperatura del agua.

El fotógrafo está absolutamente aterrorizado, mientras ve caer los soldados cerca de su posición. Aún así no para de tomar fotografías. Cuando el pánico acaba por apoderarse de él y retrocede a una de las barcas tiene más de cien negativos en sus cámaras. De vuelta a Inglaterra, un error en el taller de revelado hace que sólo once de esas imágenes se salven. Son las "once magníficas" de Robert Capa. Desenfocadas, casi irreales, son el testimonio más próximo de un episodio militar que dejó en pocas horas, sólo en aquella playa, más de cinco mil hombres muertos. Diez de esas fotos fueron publicadas días después en la revista Life y pasaron directamente a la historia de la fotografía.
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Fijaos en la tercera de las imágenes que he colocado aquí. El soldado que retrata fue identificado posteriormente. Según contaba no hace mucho, cuando vio a Capa en el agua, con su chapa de prensa, se preguntó "¿Qué coño está haciendo aquí este tío?". La pregunta era lógica y la respuesta evidente: dejar testimonio de la Historia.
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Más sobre las "once magníficas" en esta página norteamericana. Más fotografías de Capa en este portfolio de la agencia Magnum, para la que trabajó. Por otra parte, leed esta interesante historia del "maletín mexicano", que cuenta el hallazgo de numerosos negativos de Capa sobre la Guerra Civil española.

PARA REFLEXIONAR

PARA REFLEXIONAR
"EL HOMBRE ES LA MEDIDA DE TODAS LAS COSAS: DE LAS QUE SON, EN CUANTO QUE SON; DE LAS QUE NO SON, EN CUANTO QUE NO SON". (PROTÁGORAS DE ABDERA).

DOS DEFINICIONES DE ARTE

"El arte enseña a mirar: a mirar el arte y a mirar con ojos más atentos el mundo. En los cuadros, en las esculturas, igual que en los libros, uno busca lo que está en ellos y también lo que está más allá, una iluminación acerca de sí mismo, una forma verdadera y pura de conocimiento."

ANTONIO MUÑOZ MOLINA: "Ventanas de Manhattan".

"... el arte es inútil, al menos comparado con, digamos, el trabajo de un fontanero, un médico o un maquinista. Pero ¿qué tiene de malo la inutilidad? Yo sostengo que el valor del arte reside en su propia inutilidad; la creación de una obra de arte es lo que nos distingue de las demás criaturas que pueblan este planeta; y lo que nos define, en lo esencial, como seres humanos. Hacer algo por puro placer, por la gracia de hacerlo."

Discurso del escritor PAUL AUSTER en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias 2006. (Oviedo, 20/X/2006)

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