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18 mayo 2007

MARCEL DUCHAMP

LISTO Y HECHO: LOS "OBJETOS ENCONTRADOS".

Marcel Duchamp: "Desnudo bajando una escalera, Nº 2" (1912). Filadelfia.

Cuando analizamos la obra de Marcel Duchamp (1887-1968) va a quedarnos siempre la duda de en qué "apartado artístico" deberíamos clasificarlo. ¿Se trata de un pintor fauvista, cubista o abstracto? ¿Es, tal vez, un escultor cinético o un autor que emplea objetos de la vida cotidiana y los convierte en arte? ¿Perteneció al dadaísmo? ¿Anticipó el surrealismo? ¿O es, simplemente, el irreverente, el provocador, el que engaña al espectador y se burla de él? Pues nada de eso... y todo a la vez. Una de las personalidades más creativas del panorama artístico del siglo XX. Original, tremendamente original, desde luego.

Duchamp, nace en Francia. Muy joven se va a París, para estudiar arte, aunque no concluye sus estudios, realizando un viaje estilístico por las diversas corrientes pictóricas de la época. Su paso por cada una de ellas es verdaderamente fugaz: siempre vanguardista, podría afirmarse que su inquietud por buscar un camino propio le impide recorrer del todo aquellos que otros artistas han abierto antes. Tan es así que hacia 1913 prácticamente abandona la pintura y serán muy pocos los cuadros que realice.
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Marcel Duchamp: "Botellero". (1914-1964). Original perdido.
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Inicia entonces Duchamp su trayectoria como escultor, concretada en la realización de su primer "objeto encontrado", la "rueda de bicicleta" denominado por la crítica como ready-made (listo y hecho), una verdadera innovación escultórica. Con ello pasa a convertir objetos cotidianos, que no poseen ningún valor específico y a los que él añade una mínima transformación, en obras de arte, sacándolas de su contexto habitual. Hay pues aquí una posición muy cercana a los planteamientos dadaístas, en cuanto supone una fuerte crítica al propio sentido del arte y a su consideración en la sociedad contemporánea.

A partir de este momento la producción artística de Duchamp se ralentiza, en parte debido a su permanente inquietud y a sus diversas aficiones, entre ellas, el ajedrez. No importa, aún dedica ocho años a realizar su obra más conocida: "el Gran Vidrio", que no podemos considerar únicamente como pintura; es más bien una máquina virtual disparatada y genial. Pero sin entender esta obra no podríamos comprender los caminos que ahora, en estos momentos, está recorriendo el arte más actual, porque muchos de ellos fueron abiertos por Duchamp, el rompedor de las reglas, el visionario que introdujo nuevos puntos de vista sobre la obra de arte, el que se atrevió a considerar como fuente un simple urinario de caballeros.

Curiosa página esta, muy en la línea de Duchamp. Hay en la red una Comunidad Mundial Marcel Duchamp, cuya página ofrece en inglés abundante información sobre el irreverente artista: vídeos, biografía... y otras muchas cosas. También me gusta este breve artículo sobre Duchamp y el silencio. Pero, para entender a este artista tan peculiar, hay que visitar indudablemente esta hermosa página, prueba de la creatividad con la que puede trabajarse en Internet. Por último, en español, la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes tiene publicada en la red esta tesis doctoral sobre el Gran Vidrio, para amantes de profundis de la obra de Duchamp.
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Marcel Duchamp: "Fuente". (1917-1964). Original perdido.

17 mayo 2007

EL CABARET VOLTAIRE

O LA PRUEBA DE CÓMO NEGARSE A LAS GUERRAS TIENE EFECTOS POSITIVOS SOBRE LA SALUD (ARTÍSTICA).

Jean Arp: "Collage con las esquinas preparadas de acuerdo con las leyes del cambio" (1916-1917). Nueva York.

Desde 1914 la Primera Guerra Mundial arrasa los países europeos. Millones de hombres son llamados a defender con las armas las ideas de nacionalismo y grandeza que resuenan en sus respectivos países. Algunos se niegan a participar en la matanza generalizada; entre ellos, también unas docenas de artistas e intelectuales. ¿Qué hacer entonces para evitar la cárcel a la que conduce el negarse al ir a los campos de batalla? En el centro de Europa se encuentra Suiza, que permanece neutral en el conflicto. Allí acuden algunos de esos artistas y literatos a los que les seguimos la pista. En la ciudad de Zurich unos pocos se reunen con cierta asiduidad en el Cabaret Terrase. En 1916 este grupo está nucleado en torno al escritor rumano Tristán Tzara. Un día acuerdan entre todos celebrar una especie de fiesta en la que se canten canciones de los distintos países que participan en la guerra, un cabaret Voltaire, internacional, que una a los pueblos por encima de las armas y la destrucción. Pronto el grupo lanza un manifiesto, pero hace falta autodenominarse. Se emplea para ello la palabra Dadá, hallada casualmente en un diccionario y que no significa nada específico, sólo la onomatopeya de lo que se supone es el primer balbuceo lingüístico de un bebé.

Francis Picabia: "Portada de la revista Dadá, nº 4-5".

Así, en ese ambiente antibelicista, surgió el dadaísmo. Y de este espíritu inicial, bastante escéptico con un mundo despiadado como el de entonces, toma esta corriente su actitud ante la literatura y ante el arte, surgiendo la idea de que destruir es también crear. Por eso, en el campo artístico, Dadá va a plantear que lo que no es arte puede serlo, que lo bello y lo feo forman dos caras de la misma realidad, que la tradición debe ser rechazada y que lo espontáneo e improvisado puede dar origen a verdaderas creaciones artísticas. Aunque, por ser coherentes, lo que se niega en sí mismo es el propio concepto de Arte. La iconoclastia artística, en definitiva, aunque sea recurriendo a elementos materiales que, a fin de cuentas, son también iconos.
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Marcel Jank: "Sín título. Máscara. Retrato de Tzara". (1919).
Desde ese núcleo inicial, en el que participan artistas como los franceses Jean Arp (1886-1966) y Francis Picabia (1879-1953) o el rumano Marcel Jank (1895-1984), el dadaísmo se extiende a otras partes. Surgen grupos dadaístas en Berlín, en Nueva York, en París. Será precisamente en Nueva York donde algunos de esos artistas cosechen sus mejores triunfos artísticos, ellos que renunciaban al arte. Es el caso de Man Ray, de quien ya hemos escrito aquí, o de Marcell Duchamp. Pero cuando les alcanza el triunfo artístico la guerra ya ha terminado y el dadaísmo se retira de escena, aunque los dadaístas siguieron trabajando en las trincheras del arte. Aunque esa es ya otra historia.
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Ved más obras dadaístas en esta página. Si este movimiento ha logrado conmoveros, visitad el Archivo internacional Dadá de la Universidad de Iowa. Si no es el caso, aquí tenéis un portal que recoge el "dadá esencial". Y aquí, pero en inglés, el interesantísimo manifiesto dadá de Tzara, de 1918. De forma muy amena puede recorrerse esta exposición virtual sobre Dadá. Por último, como broma genial, entrad aquí.
 

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