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| El Capitán Haddock. A medio camino entre la caricatura y el retrato |
| Tintín in the New World. Roy Lichtenstein. 1993 |
| El cohete que llevó a Tintín a la Luna. Un icono de la Línea Clara |
La Historia del Arte para todos
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| El Capitán Haddock. A medio camino entre la caricatura y el retrato |
| Tintín in the New World. Roy Lichtenstein. 1993 |
| El cohete que llevó a Tintín a la Luna. Un icono de la Línea Clara |
Cuando no lo ve nadie, probablemente en la soledad de la noche, el individuo se acerca a la pared, saca un bote de spray de pintura y comienza a realizar su graffiti. Otras veces cambia de técnica y recurre al estarcido, empleando una plantilla. Termina su trabajo y se marcha apresuradamente. Días después repite su pequeña aventura en otro lugar de la misma ciudad. Y así una y otra vez. En esa ciudad y en otras urbes del mundo.
Hay miles de graffiteros. Pero el de nuestra historia comienza a hacerse conocido. Quizás porque su dibujos son ciertamente atrayentes; porque tienen casi siempre una dosis de ironía y un tono satírico con el que suele presentarnos la doble realidad de las cosas o acaba por invertir esa realidad, dándole la vuelta a lo convencional y mostrando una nueva alternativa a lo habitual. Algo que podría ser posible, aunque no suela serlo. Esa niña que es investigada por una cámara de seguridad, como si una niña tuviese algo que ocultar o que necesitase ser grabado por motivos casi policiacos. Ese amante que se enconde colgado del alféizar de la ventana, mientras el marido despechado busca en el horizonte las huellas del delito de su esposa.
Pero también podría ser que el conocido graffitero sea en realidad un perfecto desconocido y que en su enigma se encuentre parte de su creciente popularidad. Ni siquiera se sabe exactamente cómo se llama. Se le conoce simplemente por Banksy, pero no se sabe que hay detrás de ese pseudónimo con el que firma sus obras. Con toda certeza estamos hablando de un varón inglés de raza blanca que anda en torno a los 35 ó 40 años y que empezó sus fechorías en Bristol y ahora suele realizarlas en Londres, aunque ha dejado ya huellas de su paso en algunas de las más grandes metrópolis del mundo y en varios de los museos internacionalmente más conocidos.
Paradojas de la vida, Banksy no quiere que se sepa quién es en realidad, pero sus obras comienzan ya a alcanzar cotizaciones elevadas y eso que están en paredes callejeras.
Pretende seguir siendo completamente anónimo, pero ha publicado algún libro con relativo éxito de ventas. Los periodistas se matan por conseguir una entrevista con el anónimo graffitero. Tiene una increible página web en la que expone muchos de sus trabajos. Se cuela en un museo y deja allí alguna de sus obras de manera que los propios guardias tardan días en darse cuenta de la novedad. Provoca, evidentemente, aunque su transgresión no es rupturista. En fin, en el mundo de Banksy las criadas esconden tras las paredes la basura que antes han recogido y los soldados que parecen estar para vigilar las calles roban televisores del interior de las viviendas, como si en ello les fuese la vida y la hacienda.
Además Basksy hace dibujos que no pinta en las paredes, lo que él llama "interiores". Me gusta especialmente ese de los hombres paleolíticos que han de enfrentarse a un enemigo del que no conocen nada: esos amenazantes carritos de hipermercado a los que tanto odio. Y encima no sé quién acabará ganando esa guerra. Banksy quiere que la incertidumbre me siga afectando. Por eso estoy seguro de que aunque su trabajo sea del todo callejero o aunque con él se estuviese orquestando una operación de mercadotecnia a largo plazo, para que las obras se revalorizasen de manera progresiva, Banksy es un artista. Me hace pensar.
Un joven que va por la calle con un rotulador de color negro y trazo grueso, de esos que usamos habitualmente para hacer carteles. Que pinta dibujos en las paredes con trazos muy simples, de líneas sencillas, pero que frecuentemente se acompañan de algun texto que te hace pensar porque logra expresar, con unas pocas letras (a veces, sin ellas) una de esas "ideas fuerza" que nos obligan a replantearnos cosas que nos pasan... o que pasan en este mundo tan extraño en el que vivimos. Que expresa cosas que muchas veces han estado en nuestro cerebro y que, incluso, nos han dejado cierto desasosiego.
Ese joven es rumano, se llama Dan Perjovschi (1961) y su arte sencillo, fácilmente comprensible y altamente crítico se ha ido abriendo camino poco a poco, sin mucho ruido, extendiéndose a los museos y a certámenes de arte, hasta que hace unos meses la exposición del vestíbulo del MOMA de Nueva York, con el título de ¿Qué nos ha pasado? le ha dado el espaldarazo definitivo. Ni siquiera se trata de una historia contada en viñetas sucesivas. Son como fogonazos aislados que te llegan a lo más profundo del cerebro y dejan allí un pequeño recuerdo que te lleva a reflexionar. Una mirada crítica a las cosas que suceden en el mundo que nos rodea. Algo que está muy próximo a la viñeta periodística, a la tira cómica y al humor gráfico y ácido.
Tan ocupados estamos con esto de las artes mayores que quizás no reparemos en que a nuestro alrededor, de manera cotidiana, se desarrolla una multitud de manifestaciones artísticas de signo muy diverso. Ocupa entre ellas un lugar muy destacado el cómic, que ha sido definido por algunos como el "octavo arte".
Por eso he puesto en nuestro tablón del Departamento, en el Instituto, un pequeño espacio para que podáis seguir sus planteamientos con alguna asiduidad. Ved esa amonestación de ese padre a ese hijo: en nuestro mundo, dice El Roto, el dinero es más valioso que la inteligencia... aunque, si desarrollamos poco la inteligencia es posible que acabemos todos viendo esos vertidos tóxicos de la televisión. ¡Que excelente manera de concentrar reflexiones verdaderamente filosóficas en una frase y en un dibujo! ENSEÑ-ARTE Copyright © 2011 -- Template created by Enseñ-arte -- Powered by Blogger