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07 enero 2010

UGO RONDINONE

EN TORNO A UNA VISITA AL MUSAC DE LEÓN

Con la creciente proliferación en nuestro país de centros de arte contemporáneo y lo precios en los que éste se desenvuelve pocas veces acudo a una de estas instituciones convencido de que lo que voy a ver merecerá verdaderamente la pena. Pero por desgracia, sólo los museos de primera fila  pueden contar con fondos permanentes de interés e ir, al mismo tiempo, completándolos y ampliando su colección. En cambio, los de segundo y tercer nivel han de conformarse casi siempre con presentar exposiciones temporales, a veces echando mano de lo que haya por ahí.  Pero es sabido que el concepto de arte contemporáneo es muy sufrido y que caben en él desde verdaderas obras de arte hasta insignes muestras del nivel al que puede llegar la estupidez humana. Pocos son los centros artísticos de este tipo que escapan a esta situación y dejo aquí constancia de uno de ellos, el Centro de Arte Contemporaneo de Málaga, que pese a su escaso presupuesto (como me confirmaba hace poco su director) ha logrado articular una programación artística coherente, novedosa y, al mismo tiempo, interesante.

Superior: Ugo Rondinone: "La noche de plomo" (olivos). Inferior: Acceso al MUSAC. León.


Con estas ideas visité hace unos días el MUSAC de León, atraido más por la singularidad del propio edificio que por lo que en él pudiera exponerse. Recordemos que este museo, concebido por el estudio de Luis M. Mansilla y Emilio Tuñón, obtuvo en 2007 el premio de arquitectura contemporánea de la Unión Europea "Mies van der Rohe". Por aquellas fechas escribí aquí un pequeño texto sobre el edificio, cuyo diseño puedo decir ahora, de primera mano, que no decepcionará al visitante interesado por la arquitectura contemporánea.

Afirman los responsables del MUSAC en su página Web que "posiblemente no es viable hacer un museo del presente" y, sin embargo, esa es la aspiración manifiesta de este centro cultural que se autodefine como "museo del siglo XXI". ¡Curiosa e interesante contradicción! Pero, ¿logra el museo resolverla? A mi juicio, sólo a medias, porque algunas de las exposiciones que mostraba en días pasados resultan de escaso nivel (como ocurre con la muy irregular y excesiva de "la pintura y la furia", de Jorge Galindo, quien de una sola tacada ha logrado colgar un ingente número de obras en un mismo museo), de ningún nivel (como ocurre con la, digamos, instalación del colectivo danés A Kassen) o, simplemente, no tienen nada que ver con el arte (caso de "las nuevas rutas de la seda" del surcoreano Kyong Park).


Sin embargo, el museo alojaba también una muy interesante exposición de Ugo Rondinone, un artista suizo (1964) afincado en Nueva York, donde pude ver alguna obra suya hace poco tiempo. En esta ocasión, y bajo el título de "la noche de plomo" las obras de este artista ocupaban cuatro salas del museo. Tres de ellas atrajeron especialmente mi interés. En la primera encontré seis espectaculares esculturas: unos olivos blancos, junto a la única intromisión de una bombilla de gigantesco tamaño. Una curiosa reflexión sobre el paisaje mediterráneo y una clara llamada de atención sobre un árbol lleno de ancestrales connotaciones en nuestra cultura.

Ugo Rondinone: "La noche de plomo". (Izquierda: olivos. Inferior derecha: el firmamento en cuadros).


Más allá, otra sala mostraba cuadros de gran formato, puros abstractos de fondo negro que el pintor había completado con manchas blancas dispersas realizadas con aerosol, a modo de estrellas en el firmamento nocturno, que parecían envolver la escultura de un payaso  tirado en el suelo. Por último, una tercera sala presentaba cinco grandes esculturas realizadas en hormigón con incrustaciones de cantos rodados, cuyas sinuosas formas evocan las producidas por los agentes erosivos naturales y especialmente esos conglomerados de roca que muchas veces encontramos a la orilla del mar.


Así pues, las propias raíces de nuestra civilización (simbolizadas en el olivo), la pequeñez del individuo ante el cosmos (con ese payaso abrumado ante el cielo nocturno) y las propias fuerzas de la naturaleza (con esas esculturas a modo de gigantescas rocas naturales) son los elementos esenciales de esta propuesta artística de Ugo Rondinone, cuyo trabajo me ha hecho reconciliarme con los centros artísticos que, como éste del MUSAC, pretenden musealizar el presente, aunque sea, como en este caso, recurriendo a temas ancestrales. En todo caso, y a fin de cuentas, las preocupaciones del arte son siempre las mismas, desde la época de la pintura rupestre, y sólo cambian los formatos. No podría ser de otra manera.

Ugo Rondinone: "la noche de plomo" (Scholar rocks).

Sobre la obra de Ugo Rondinone tenéis amplia información en la Web del MUSAC. Ved otras obras suyas en este enlace. Por mi parte agradezco a quienes me acompañaron su paciencia conmigo en el Museo. 

28 agosto 2009

ANISH KAPOOR

LA ESCULTURA MESTIZA

Ya se sabe que quienes defienden puntos de vista racistas están completamente fuera de la realidad. Y no sólo porque sus ideas sean en sí mismas negativas al rechazar la igualdad entre todos los seres humanos, sino porque después de tantos siglos de Historia, sería imposible encontrar un solo individuo que pudiera jactarse de ser racialmente puro. Por fortuna, todos tenemos ya algo de mestizos y falta únicamente que esta situación acabe por extenderse de manera completa a la cultura, como la globalización se está encargando de hacer a marchas aceleradas.

Anish Kapoor. Izquierda: "1000 nombres" (1980). Derecha: "Como para celebrar lo que he descubierto". (1981).
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De ese mestizaje universal del que hablamos da buena muestra el escultor Anish Kapoor (1954): su padré era hindú y su madre judía iraquí. Aunque su abuelo era rabino de una sinagoga, su educación fue completamente secular y, por si faltaba algo para que la diversidad fuese completa, cuando él tenía 19 años la familia se trasladó a Mónaco y algo después el joven se desplazó hasta Londres para acabar estudiando Arte yorientarse hacia la producción escultórica, aunque ha realizado también incursiones en la pintura. En todo caso, y con aquellos antecedentes, no es de extrañar que el escultor (practicante del budismo durante algunos años) se defina a sí mismo como un outsider y que no le guste ser identificado con una determinada nacionalidad (británica o hindú).

Anish Kapoor: "Sin título" (1990).

Desde comienzos de los años 80 del siglo pasado las obras de Kapoor han ido adquiriendo progresivamente más notoriedad, en un abanico de producciones que se encuentra a caballo entre lo conceptual y lo minimalista, pero siempre desde un punto de vista que refleja con claridad los rasgos de su formación multicultural. De este modo, sus primeras obras nos muestran formas geométricas realizadas a base de pigmentos de colores que evocan la sensualidad de los lugares donde el escultor residió en sus primeros años. De hecho, el propio artista afirma que para él el color no es únicamente un medio, sino una sustancia en sí misma, algo que tiene, per se, un valor físico.

Anish Kapoor: "Marsyas" (2002). Londres.
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Aunque siempre ha mantenido su interés por la simplicidad de las formas, en un momento que podemos situar aproximadamente a comienzos de la década de los 90 Kapoor, sin olvidar del todo sus intereses anteriores, inicia una nueva etapa caracterizada por dos cuestiones: de una parte, se siente atraido por la experimentación con nuevos materiales (maderas, diversos metales, resinas...); de otra, muestra una tendencia a aumentar las dimensiones de sus esculturas que, en ocasiones, alcanzan tamaños verdaderamente gigantescos. Resulta así que, con frecuencia, el espectador situado ante una de estas obras tiene ante sí un objeto de gran tamaño y de enorme simplicidad, habitualmente de formas curvadas y de un único color brillante que parece invitarle, desde su misma sencillez, a la indagación sobre cuestiones ancestrales, primarias: las dualidades entre lo celeste y lo terrestre, entre la luz y la sombra o entre la materia y el espíritu.
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Anish Kapoor: "Puerta de nube" (2004-2006). Chicago.
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Podemos concluir afirmando que en el panorama de la escultura actual la producción de este artista de ninguna parte y de todos los sitios al mismo tiempo, de ninguna cultura y de todas a la vez, brilla con luz propia porque consigue crear una poética de la materia, construida desde la creencia de que lo explícito no ha de ser el objetivo perseguido por el escultor y según la cual corrresponde al propio espectador encontrar un significado a la que se presenta ante sus ojos. Tomemos un único ejemplo: la gigantesca escultura que figura a la izquierda de este texto, instalada en Chicago. Pesa más de 110 toneladas y alcanza aproximadamente 22 metros de largo, 13 de ancho y 10 de altura. Con ese tamaño, ese aspecto mercurial y esa forma de nube, sí que resulta posible "estar dentro del exterior de un agujero". La contradicción es la base de la vida.

Anish Kapoor tiene una excelente Web en la que puede seguirse su trayectoria y visualizar numerosas obras. Más información, en esta página en inglés y en esta selección de artículos del diario El País.

21 enero 2008

ESCULTURAS DE MANOLO VALDÉS

LLEVAR EL ARTE A LA CALLE

Escribí hace tiempo en ENSEÑ-ARTE un artículo sobre el Equipo Crónica, un colectivo de artistas que quedó constituido finalmente por dos de sus miembros, creando una de las propuestas artísticas más innovadoras de la España de Franco. La muerte de uno de ellos, Rafael Solbes, en 1981 cerró la trayectoria del Equipo, pero no la del otro componente, Manolo Valdés, quien inició entonces una carrera en solitario. Instalado en Nueva York, ha combinado su habitual dedicación a la pintura con el trabajo escultórico, dentro de tendencias vinculadas al arte pop y al informalismo, con obras de una gran riqueza expresiva.

Ayer se clausuró en Sevilla una exposición de esculturas de gran formato de Manolo Valdés, que ha tenido como galería de arte, en esta ocasión, la Alameda de Hércules, ese gran espacio urbano en el centro de la ciudad que el Ayuntamiento ha convertido en algo así como un cutre paseo marítimo que, pese al avance hacia la peatonalización que supone, no deja de evidenciar la triste y casposa manera que tienen los munícipes sevillanos de entender la modernidad.

Estas esculturas de Valdés, en bronce y acero corten, reproducen, desde la singular óptica del autor, personajes de la historia o del arte, tales como la meninas de Velázquez, Ariadna, la odalisca de Ingrés o la dama de Elche, entre otras. En todas ellas destaca la economía de medios y la apuesta por la simplicación de los rasgos, a veces convertidos en simples trazos y otras prácticamente inexistentes. Igualmente llamativos son los tocados y los grandes sombreros que acompañan a algunas de las obras, así como una especie de non finito que les confiere una textura muy original. Por lo demás, el arte en la calle siempre es especialmente interesante.

Para los que no han querido o podido ver la exposición de estas esculturas tan interesantes, dejo esta presentación de la serie, que transcurre al ritmo de la canción "toxido junction (to James Brown)", contenida en el disco "From soul to soul", del grupo alemán Tok tok tok, que hace una música de soul acústico muy llamativa.
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Podéis leer más información sobre Manolo Valdés en esta página-homenaje. Leed luego las respuestas del artista al cuestionario que se le plantea en esta entrevista digital. Y concluid con la información sobre la exposición retrospectiva que dedicó a Manolo Valdés en 2006 el Museo Reina Sofía de Madrid.


30 marzo 2007

EN LAS FRONTERAS DEL ARTE

EL HIPERREALISMO ESCULTÓRICO DE RON MUECK

Ron Mueck "Big man" (2005).
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Ron Mueck: "Madre e hijo" (2001).

Os presento aqui la obra del escultor australiano Ron Mueck (nacido en 1958). Este artista, que ha trabajado como técnico de efectos especiales cinematográficos, elabora esculturas hiperrealistas, preferentemente de cuerpos humanos, empleando como materia prima elementos como las resinas. la silicona o la fibra de vidrio. Sus obras gozan en los últimos años de gran atracción, sobre todo a partir de una exitosa exposición en la National Gallery de Londres realizada en 2003.
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Como podéis ver, debe reconocerse a Mueck una enorme capacidad de reproducir a la perfección un cuerpo humano, ya sea vestido o desnudo, pero me gustaría reflexionar sobre si tales obras pueden considerarse exactamente arte, o están justo en el límite entre lo artístico y lo técnico. A mi juicio, si nos quedamos en una primera impresión, y desde el punto de vista del análisis formal, nos encontraríamos ante unas obras que revelan un asombrosa técnica que permite una completa verosimilitud, pero que no deberían ser consideradas obras de arte.

Ron Mueck "En la cama" (2005).
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Sin embargo, ahondemos un poco más, fijémonos en las miradas, las expresiones o las actitudes de los personajes de Mueck. ¿Tal vez nos resultan próximas? ¿Tal vez así somos los seres humanos en estas sociedades postindustriales? ¿Qué nos transmiten las obras? ¿Quizás desasosiego? ¡Cuánta soledad hay en esos humanos de silicona! ¡Con que angustia parecen enfrentarse a quienes los observan! ¿Tal vez son ellos los que nos observan y se ríen de nosotros? Entonces, todo esto... ES ARTE. No me cabe duda.
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Ved esta galería de fotos sobre Mueck que presenta el diario "The Washington Post". Pero debéis saber que se puede ir un paso más allá de lo que ha hecho Mueck. Así, el doctor alemán Gunther Von Hagens, especialista en anatomía, se dedica a plastificar cadáveres humanos (reales) y luego a exhibirlos en museos, con el pomposo nombre de "Exhibición anatómica de verdaderos cuerpos humanos". Ved si no su página web, en la que se recogen algunos museos donde va a exhibir tan macabro conjunto durante este año y en la que se aceptan donaciones de cuerpos. Se trata (menos mal) de museos de ciencia. Desde luego, esto ya... NO ES ARTE. Hasta que alguien llegue y diga que sí lo es. Pero yo no acabaré de verlo claro. Hay límites que el arte, es decir, la ética, no puede traspasar.
 

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