Aunque pueda parecernos asombroso, esa Piedad se conserva custodiada en la casa-hermandad de la cofradía hispalense. Se trata de un grupo de pequeño tamaño, hecho en barro cocido, que muestra aún algunos caracteres de la escultura gótica, aunque delate también la introducción de ciertos elementos naturalistas que procuraban dar mayor veracidad al hecho representado. María, sentada, acoge en su regazo el cuerpo muerto de Jesús, recién descendido de la cruz, cuyo rostro muestra rasgos serenos, como si la muerte no pareciera haberle afectado.03 abril 2010
LA SAGRADA MORTAJA
Aunque pueda parecernos asombroso, esa Piedad se conserva custodiada en la casa-hermandad de la cofradía hispalense. Se trata de un grupo de pequeño tamaño, hecho en barro cocido, que muestra aún algunos caracteres de la escultura gótica, aunque delate también la introducción de ciertos elementos naturalistas que procuraban dar mayor veracidad al hecho representado. María, sentada, acoge en su regazo el cuerpo muerto de Jesús, recién descendido de la cruz, cuyo rostro muestra rasgos serenos, como si la muerte no pareciera haberle afectado.25 marzo 2009
IMAGEN DE CANDELERO

Fijaos qué curiosa resulta la imagen que dejo aquí a la izquierda. Vemos en ella un grupo escultórico en el que apenas nos cuesta trabajo distinguir a un Niño Jesús de pequeño tamaño. Es obvio también que está en brazos de una figura adulta Pero, ¿qué personaje es ese que parece ir ataviado como si de una competición deportiva se tratase? No es sino una Virgen de las denominadas "de vestir". Una de esas esculturas en las que el artista ha renunciado a completar su labor dotándola de un atuendo externo realizado en la misma materia prima que el resto de la talla. Por el contrario, será otra persona la que literalmente vista a la imagen, eliminando así esa apariencia ruda y sin finalizar que transmite en el estado en que la contemplamos.
No obstante, en ese caso, el escultor ha labrado, aunque sea en sus rasgos básicos y de forma ruda, todo el cuerpo de la imagen, en el que es perceptible la presencia de unos brazos articulados. Pero en la foto de la izquierda encontramos una novedad: la cabeza femenina parece tener el pelo simplemente remarcado y pintado en color oscuro. En este caso, los brazos no van unidos al cuerpo, sino que han sido trabajados por separado. En realidad, el escultor ha tallado una Virgen María en tres objetos separados: una cabeza y dos manos.
Este proceso que comentamos quedó claramente definido durante la época barroca, siendo completamente predominante en la escuela de imaginería andaluza, que concretó el modelo de "virgen dolorosa". En este tipo de obras el imaginero concentra su trabajo en los rasgos expresivos del rostro, en el que el sentimiento de pena es bien visible y queda además remarcado por la presencia de unas pequeñas lágrimas de cristal. Luego un devoto de la imagen, su vestidor, completará la tarea, dotando a la figura de la apariencia con la que resulta familiar, como vemos en la última foto de la serie.15 junio 2008
EL ENTIERRO DE CRISTO
Va tan de prisa el temario de Arte en el Bachillerato que apenas tiene uno tiempo de detenerse en algo que se salga de lo establecido por quienes determinan el currículo. Enseñamos a base de pinceladas sueltas, además no siempre elegidas con acierto. Pero ahora, liberado de la carga docente, es el momento de detenerse en aquéllas obras que por un motivo u otro no salen en los temarios oficiales. En este caso, hago mi breve parada en un grupo escultórico del barroco sevillano que desde muy pequeño llamó siempre mi atención.
Así que ahí lo tenemos. ¡Qué mejor ejemplo para mostrar la necesidad de enterrar a los muertos que presentarnos el propio sepelio de Cristo! En un portentoso retablo de madera policromada cuya arquitectura levantó Bernardo Simón de Pineda se aloja el grupo del entierro de Cristo, tallado por el escultor sevillano Pedro Roldán (1624-1699) a partir de 1670 y policromado por el pintor Valdés Leal en 1673. En primer plano observamos al grupo que da nombre a la obra: acompañan el cadáver de Cristo su propia madre, a su vez consolada por las tres Marías, San Juan evangelista y los santos varones, Nicodemo y José de Arimatea, mientras un ángel sostiene la lápida del sarcófago donde va a ser depositado el cuerpo de Jesús.
El artista consigue dar aquí una verdadera idea de grupo escultórico: cada uno de los gestos y actitudes de los personajes, sus propias ubicaciones, contribuyen a la idea de mostrar al espectador cómo, en la práctica, se está sepultando a un muerto; puro realismo barroco. Mientras las mujeres asisten a la escena y el dolor contenido las embarga, los hombres parecen concentrarse en el propio traslado del cuerpo al ataud, aunque el que queda a nuestra derecha literalmente se desploma sobre los pies del cadáver que sostiene. No cabe la menor duda de que la solemnidad preside el momento, pero el gesto profundamente humano de cada personaje está bien patente.
De este modo, combinando el bulto redondo con el bajorrelieve, el primer plano con el plano del fondo, el sentido horizontal del grupo con el vertical del Calvario, el realismo con el dramatismo, Pedro Roldán nos dio una soberbia lección no sólo de maestría artística, sino de cómo entendía la religión católica esta obra de caridad, presente ya en el entierro del mismo creador de la Iglesia. Enterrar a los muertos. Dolorosa necesidad.12 abril 2008
FRANCISCO SALZILLO
No es poca cosa nacer en el seno de una familia de escultores, en la que se aprende el oficio compartiéndolo con el padre y dos hermanos, como le ocurrió a Francisco Salzillo (1707-1783). Sucedía esto con cierta frecuencia en la sociedad del Antiguo Régimen, en la que los oficios (no sólo los de carácter artístico) se traspasaban de padres a hijos, generación tras generación. Pero nada de ello aseguraba ser una primera figura del arte correspondiente y este es el nivel al que llegó Salzillo, el cual constituye el más brillante exponente de la imaginería barroca murciana y sin cuya obra la Semana Santa de la ciudad de Murcia no dispondría del extenso e interesante repertorio de imágenes que ahora muestra.
El padre de nuestro artista falleció en 1727, de forma que Salzillo, con veinte años de edad, asumió la dirección del taller familiar, que mantendría hasta su muerte y en el que participarían también sus hermanos y un elevado número de oficiales y aprendices. Pero es que además el escultor dirigió el taller con tanto empeño que resulta prácticamente imposible identificar cuál es la participación concreta de los diferentes miembros del obrador en las numerosas obras efectuadas. Queda así configurada la escuela levantina de imaginería barroca, aunque nos encontremos ya en pleno siglo XVIII y las producciones del taller murciano alcancen hasta la época de difusión de las ideas ilustradas.
Dejando a un lado este pesebre monumental, Salzillo produjo una extensa obra en la que son abrumadora mayoría las imágenes religiosas. Destacan en este sentido sus imágenes procesionales y, sobre todas, las que realizó por encargo de la Cofradía de Jesús de la ciudad de Murcia. En los distintos pasos se aprecia el sentido de la composición de las escenas y el fuerte naturalismo, mostrado tannto en imágenes de vestir como en las de talla completa. El gusto del escultor por el realismo llega a extremos tales que emplea cabello natural en el nazareno de la caída.
artísticas, que enlazan ya con lo que sería la escultura rococó, si podemos emplear este término. No cabe duda de que la ciudad de Murcia debe estarle bien agradecida, porque sin su obra la Semana Santa de esa ciudad tal vez carecería de la relevancia que posee.02 abril 2008
EL CRISTO DE LA CLEMENCIA
Dada la importancia que la imaginería barroca tiene en Andalucía, realizamos en esta ocasión el análisis de una obra que puede considerarse como paradigma de los crucificados de esa época: el Cristo de la Clemencia, de Juan Martínez Montañés.b) TÍTULO: Cristo de la Clemencia.
c) AUTOR: Juan Martínez Montañés (1568-1649).
d) FECHA: 1603-1606.
e) LOCALIZACIÓN: Catedral de Sevilla, España.
f) ESTILO: Imaginería barroca. Escuela andaluza.
2) ANALIZAR:
A) Análisis técnico:
MÉTODO: imagen realizada en madera de cedro, mediante talla y con policromía posterior.
DESCRIPCIÓN GENERAL: La imagen del Cristo de la Clemencia nos muestra, en una clara composición trapezoidal, a Jesús clavado en la cruz mediante cuatro clavos (dos en las manos y dos en los pies), aún vivo y con la cabeza inclinada hacia su hombro derecho. En ella presenta una amplia corona de espinas de traza natural, a modo de casquete. Pese a tratarse de un crucificado, los rasgos dramáticos no están exagerados. Sólo apreciamos rastros de sangre en las heridas de las manos y de los pies, así como en la que se derrama por el rostro y el pecho desde la corona. La carne está policromada en color mate y no se ha producido aún la herida en el costado. De todo ello puede deducirse que el momento de la muerte no resulta inmediato.
En relación con ello, hay un rasgo en la imagen muy interesante. Se trata de la disposición de la cabeza y, por consiguiente, de la dirección de la mirada de Jesús, hacia abajo. La posición de la cabeza, exigida por el propio contrato en el que se basó la elaboración de la escultura, implica que Cristo mira directamente a quien se sitúa delante de él en un plano inferior y la mirada deviene en símbolo tanto de los propios sufrimientos divinos por la especie humana como en emblema de perdón. Y por extensión el perdón se entiende concedido no sólo a quien contempla directamente a la imagen sino a la humanidad en su conjunto. La mirada del Cristo de la Clemencia es pues símbolo del amor de Dios a los hombres y, según los planteamientos cristianos, de su infinita misericordia.
En otro orden de cosas, esta escultura de cuenta también de un antiguo debate entre los expertos y doctores de la Iglesia acerca de cómo fue crucificado Cristo, con tres clavos o con cuatro. En este caso Montañés, siguiendo los planteamientos del pintor Pacheco, se pronuncia por la segunda opción y muestra en su crucificado un clavo en cada pie, conforme habían defendido algunos doctores de la Iglesia como San Ireneo o San Justino y se recogía en los escritos de la monja visionaria sueca Santa Brígida, cuyo libro de las revelaciones fue editado a fines del siglo XV y alcanzó amplia difusión.
Este Cristo en la cruz de Martínez Montañés muestra claras influencias de los que talló su maestro, el granadino Pablo de Rojas, a quien puede considerarse como creador del modelo de crucificado que se difundiría en la época barroca, concebido para ser admirado de cerca y como imagen procesional, aunque no es el caso del que nos ocupa (destinado a una capilla en la Cartuja de Sevilla) y que, a su vez, resultaría ser prototipo de los que elaboraron otros miembros del grupo de imagineros andaluces y, entre ellos, Juan de Mesa. Finalmente, cabe señalar que no fue éste el único crucificado tallado por Montañés: en la ciudad de Lima (Perú) se conserva el Cristo del Auxilio, que el artista concluyó en 1603, año en que contrataba el de la Clemencia. 01 abril 2008
JUAN DE MESA
La historia de la que vamos a ocuparnos ahora tiene mucho de intriga y de novela por entregas. Es la de uno de los más importantes imagineros del barroco, uno de los mejores escultores de la España del siglo XVII y del cual no se supo prácticamente nada... durante casi trescientos años. No fue hasta ya avanzado el siglo XX cuando algunos historiadores del arte comenzaron a desvelar los primeros datos sobre sus obras, a localizar algunos contratos firmados por el artista, a mostrarnos, en suma, las realizaciones de un autor de primera importancia.Juan de Mesa: "Nuestra Señora de las Angustias" (1627). Córdoba.
Hoy, sin embargo, el panorama es bien diferente y se ha avanzado bastante en la documentación de muchas de sus esculturas, aunque en sí misma la vida de Juan de Mesa sigue siendo escasamente conocida. Apenas quedan noticias de sus contemporáneos, quienes no escribieron de sus obras ni para ensalzarlas ni para criticarlas. Quizás esta situación se debe a la fama que Martínez Montañés llegó a alcanzar en la ciudad de Sevilla: parecía como cosa lógica que toda obra de imaginería que destacase de manera especial por sus cualidades artísticas debía haber salido necesariamente de su gubia. Además, Montañes siguió trabajando veinte años más después de la muerte de su antiguo discípulo.
Así pues, Mesa se forjó como artista en los cánones del último manierismo, en los patrones clasicistas que defendía su maestro, Montañés. Sin embargo, su evolución personal lo conduce a la introducción del naturalismo barroco en sus obras, aún sin la tendencia a la acusada expresión dramática que por la misma época caracterizaba a los escultores de la llamada escuela castellana. De esta forma, y en los ambientes contrarreformistas de la Sevilla de entonces, el estilo de Mesa resultaba completamente propicio para exaltar la devoción popular hacia las imágenes. De ahí que la mayor parte de sus realizaciones la constituyan aquellas dedicadas a procesionar, fundamentalmente en la Semana Santa, con una clara predilección por el tema del crucificado, lo que le permite demostrar su gran capacidad para captar a la perfección los detalles anatómicos, para lo cual parece que Mesa se dedicó a la observación directa de cadáveres, de donde obtendría el elevado rasgo realista de sus imágenes.
¡Curiosidades de la Historia! Desde hace bastantes años conocemos el contrato por el cual Juan de Mesa se comprometía a tallar el famoso "Cristo de la Buena Muerte" de la Hermandad de los Estudiantes, de Sevilla. En 1983, y con motivo de un traslado de la imagen, fue descubierto en su interior un pequeño pergamino con el siguiente texto: "Ego feci Joannes de Mesa, anno 1620". Dejar un breve documento en la escultura era entonces una costumbre
bastante extendida pero, en este caso, parecería como si el propio artista quisiese garantizar de algún modo que su obra no pasaría desapercibida al cabo de los años. Finalmente, así ha sido y hoy quienes disfrutan de la Semana Santa pueden apreciar en la calle la enorme valía de las imágenes que él talló.18 marzo 2007
PRESENTACIÓN DE ESCULTURA BARROCA ESPAÑOLA
JUAN MARTÍNEZ MONTAÑÉS
Nacido en la Alcalá la Real (Jaén) Juan Martínez Montañés (1.568-1649) es la figura más destacada de la escuela de imagineros andaluces y, quizás, el más importante de los escultores barrocos de nuestro país. Tras un periodo inicial de formación en Granada, Martínez Montañés se instaló en Sevilla hacia 1582, continuando su preparación en el círculo de Jerónimo Hernández, hasta que obtuvo la maestría en 1588, a la edad de veinte años. Desde entonces, y salvo alguna salida ocasional a Madrid, el imaginero no abandonaría nunca la ciudad, en la que se conserva la mayor parte de su producción más destacada.Juan Martínez Montañés: "Cristo de la Clemencia" (Hacia 1603). Sevilla.
Su obra, muy amplia, es prácticamente toda ella de carácter religioso y, pese a pertenecer en gran parte al siglo XVII, se mantiene dentro de unos cánones clasicistas, que eluden el patetismo y lo vinculan con las tendencias manieristas que imperaban en Castilla a finales del siglo XVI. Entre sus realizaciones más destacadas figuran diversos modelos iconográficos: el crucificado (Cristo de la Clemencia, la inmaculada (la "cieguecita") o el niño Jesús, amén de una innumerable relación de santos. Fue también autor de algunos retablos, sobresaliendo el de San Isidoro del Campo (Santiponce, Sevilla), que incluye unas excelentes figuras orantes de Guzmán el Bueno y doña María Alonso Coronel. Por el contrario, sólo realizó un cristo procesional: el nazareno de la cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Pasión.
LA ESCULTURA BARROCA ESPAÑOLA
Cristóbal Pérez y otros: "Imágenes del paso de la Sagrada Mortaja" (a partir de 1670). Sevilla.
Gregorio Fernández: "Cristo atado a la columna" (1619). Valladolid.
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Imagen. Esta es la palabra que debemos emplear para referirnos, en una abrumadora mayoría de casos, a las esculturas barrocas españolas. Imágenes porque se trata de obras de tema religioso, dentro del espíritu de la Contrarreforma. Porque con ellas se pretende que la fe del creyente tenga un apoyo visual. Imágenes a las que se les reza o se les canta, se las viste y se las adereza, a las que se piden favores o que se contemplan con arrobo cuando salen en procesión. Imágenes protectoras de la salud, del trabajo o del oficio, del pueblo o de la ciudad, del niño o del anciano. Solas y aisladas o componiendo grupos en enormes retablos. Titulares de hermandades y cofradías, de parroquias, de conventos, de gremios. Imágenes que, en ocasiones, están articuladas, que lucen cabello natural, que disponen de camareras a su servicio, que se colocan en retablillos en las calles, en las encrucijadas de los caminos o que salen de sus templos a pedir que llueva, o que no nieve más, que haya buenas cosechas o se gane una guerra. El país de las imágenes, en definitiva..
Juan de Mesa: "Jesús del Gran Poder" (1620). // Anónimo: "Virgen Macarena" (Hacia 1680).

Para tanta imagen, un artista especial; el imaginero; el escultor que hace imágenes. Y que, normalmente las hace en madera, porque es más barato que la piedra. pero también porque la madera se estofa y se policroma, dándole mayor verosimilitud, se viste o se desviste llegado el caso, y porque la obra, que no pesa demasiado, puede sacarse encima de un paso en procesión, cuando convenga. En todas estas esculturas, el autor tiene un mismo interés: despertar sentimientos en el espectador. Qué éste pueda descubrir, a través de ellas, las verdades de la fe, los misterios de la pasión, el tremendo e inhumano dolor sobre el que se asienta todo el aparato conceptual de la iglesia católica.
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Así pues, los imagineros procuraron dar a sus obras un tono realista, muchas veces exagerado, en ocasiones de un verdadero patetismo según conviniese. Claro está que con tanto artista hubo variaciones regionales e incluso locales, escuelas diversas y sensibilidades distintas. pero siempre, en el fondo subyace la misma idea: convencer al común de que el perdón de los pecados se obtiene mejor si se reza ante las imágenes, si se confía en ellas como abogadas, ante el mismo Dios, de las penas y los problemas de los mortales.






