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05 octubre 2010

LA TRÍADA DE MICERINOS

COMENTAR UNA OBRA DE ARTE (17)

Las numerosas estelas encargadas por el faraón Micerinos, en las que éste aparece acompañado por dos divinidades femeninas, son un buen ejemplo de cómo se concebía la realización escultórica en el Egipto del Imperio Antiguo. En este caso, seleccionamos para su análisis una de las más conocidas de dichas estelas, la del citado faraón entre la diosa Hathor y la divinidad protectora de uno de los nomos o distritos del país.

1) DETERMINAR:

a) TIPO DE OBRA: altorrelieve escultórico.

b) TÍTULO: el faraón Micerinos entre la diosa  Hathor y la divinidad protectora del nomo de Cinopolis.

c) AUTOR: anónimo.

d) FECHA: hacia 2530-2500 a.C. IV Dinastía. Imperio Antiguo.

e) LOCALIZACIÓN: Museo Egipcio. El Cairo (Egipto). Procede del templo funerario del faraón Micerinos, situado junto a su pirámide, en Giza.

f) ESTILO: escultura del Imperio Antiguo egipcio.

2) ANALIZAR:

A) Análisis técnico:

* FORMA: estela de piedra (grauvaca de color gris) que forma un único bloque con perfil en L . en cuya pared vertical encontramos adosadas tres figuras talladas mediante altorrelieve de gran profundidad, mientras la base que da estabilidad al conjunto muestra algunas inscripciones jeroglíficas. Mide 92 cm de altura.

* MÉTODO: obra realizada mediante talla directa sobre la piedra, con pulimentado posterior.

* DESCRIPCIÓN GENERAL: la obra que nos ocupa muestra al faraón Micerinos entre dos divinidades femeninas. El monarca aparece representado con la corona blanca del Alto Egipto y se viste con un sencillo faldellín plisado que deja al descubierto su torso, brazos y piernas. Lleva también la típica barba postiza característica de la realeza egipcia. Micerinos se encuentra en actitud de avanzar, para lo que adelanta su pierna izquierda, mientras su musculatura queda muy marcada.

Las dos divinidades femeninas que acompañan al faraón muestran entre sí algunos rasgos semejantes: ambas se visten con sencillas túnicas casi transparentes que dejan entrever diversos rasgos anatómicos y poseen melenas que caen por delante del cuello para llegar casi hasta los pechos. A la derecha de Micerinos se halla la diosa Hathor, cuya cabeza se remata con cuernos de vaca, entre los cuales se muestra el disco solar. A la izquierda del rey encontramos a la diosa protectora del nomo de Cinopolis, sobre cuya cabeza se coloca su emblema característico, en el que se distingue un chacal. Existe además otra pequeña diferencia entre las dos diosas: mientras Hathor avanza levemente su pie izquierdo, en actitud de inicio de la marcha, la otra diosa se mantiene por completo estática, con los pies juntos. Sin embargo, las dos divinidades se agarran con una de sus manos al brazo más próximo del faraón.

Las tres figuras muestran evidentes rasgos geométricos y una gran rigidez e hieratismo, a lo que contribuyen la posición de los brazos, pegados al cuerpo, y los puños cerrados. En las tres figuras se ha aplicado el canon escultórico egipcio de los 18 puños y se hace evidente la ley de la frontalidad, que concibe a las esculturas para ser contempladas de frente.

B) Análisis simbólico:

Los elementos simbólicos presentes en este grupo escultórico resultan bastante evidentes. En primer lugar, la posición central del faraón entre dos diosas nos remite a la concepción del monarca egipcio como otra divinidad más. Por otra parte, Hathor, como diosa cósmica, simboliza la protección a los difuntos, a los que ayuda a evitar el sufrimiento de la muerte. Además, la consideración de esta diosa como esposa del dios Horus explica su reiterada aparición en este tipo de estelas, dada la concepción del faraón como personificación en la tierra de dicho dios. Por último, la otra .divinidad femenina que completa el grupo aparece claramente como protectora y patrona del nomo de Cinopolis, ubicado en el Alto Egipto.

Por último, la diferente posición de las piernas en las tres figuras, más o menos adelantadas una respecto a la otra, simboliza también una cierta preeminencia en cuanto a la importancia de su representación.

C) Análisis sociológico:

Micerinos, cuyo reinado se sitúa a mediados del tercer milenio a.C., es el último de los grandes faraones de la IV Dinastía, que supone tanto la consolidación del Imperio Antiguo egipcio como el incremento del poder real en el país, del cual son prueba evidente las colosales pirámides de Giza, de dicha época, que nos muestran a los  monarcas egipcios como criaturas divinas con acceso a tan espectaculares tumbas para disfrutar de la eternidad.

Estela de la tríada de Micerinos entre las diosas Hathor y Bat (Hacia 2530-2500 a.C.). Museo de El Cairo. Egipto.
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3) OTRAS CUESTIONES:

La tríada que comentamos forma parte de un amplio conjunto de obras semejantes en las que el mismo faraón aparece acompañado siempre  de dos divinidades, que varían en los distintos ejemplares, aunque la representación de la diosa Hathor junto al faraón es prácticamente constante.

Por otro lado, este conjunto escultórico puede  considerarse verdaderamente como un grupo, en el sentido de que existe unidad compositiva y evidente relación entre las tres figuras que lo forman. Con ello, la escultura egipcia supera el nivel más primitivo de la mera yuxtaposición de estatuas originariamente elaboradas por separado, para dar unicidad, en caso de ser necesario, a sus producciones escultóricas. 

30 agosto 2010

NEFERTITI

LA BELLA HA LLEGADO

La sala está en completa penumbra y, aunque hay bastantes visitantes, en su interior reina el silencio más absoluto. Un único haz de luz enfoca una urna de cristal blindado en la cual se encuentra uno de los más famosos bustos de la escultura femenina de todos los tiempos. Tengo ante mis ojos a la reina Nefertiti, gran esposa real del faraón Akhenaton, el hereje, décimo monarca de la Dinastía XVIII y protagonista del conjunto de hechos y realizaciones artísticas que, agrupados bajo el  nombre de periodo o revolución amarniense, tuvieron lugar en Egipto a mediados del siglo XIV a.C.

Pero ahora toda mi atención, más que en la historia, se concentra en admirar esta obra escultórica. En un primer momento no me siento capaz más que de dar vueltas a su alrededor, tratando de captar su tridimensionalidad. Así que contemplo a la reina desde su espalda y por ambos lados, mientra me recreo en los detalles de la pieza. Minutos después me sitúo frente a ella. Me asombra su elevada corona pintada en azul sobre una banda amarilla que simula el oro. En aquélla, otra estrecha banda horizontal policromada recorre toda la superficie, segmentada en colores azul, rojo, verde y amarillo, mientras sobre la frente se traza un prótomos de uraeus, la cobra protectora del faraón y su esposa, con la que únicamente ellos eran retratados. También van policromados los motivos del collar que adorna su pecho, algunos de los cuales esquematizan hojas de sauce.

Pero lo que me deja sin aliento es el propio retrato de la reina; ese rostro y ese cuello tan especiales. Cualquiera coincidiría conmigo en afirmar que esta figura femenina, pese a sus más de 3.300 años de antigüedad, destaca sobre todo por su modernidad. Tras el cristal que la separa de quienes ahora la miramos embelesados puedo apreciar los hermosos rasgos de una mujer retratada en el mismo instante de su plenitud física: un esbeltísimo cuello en el que el autor se ha detenido en trazar con delicadeza los tendones que enmarcan la garganta y un rostro también alargado y cercano a la perfección, con los pómulos y el mentón bien pronunciados.

Nefertiti muestra unos labios carnosos pintados de carmín, que parecen acusar una levísima sonrisa, mientras su mirada se dirige al infinito desde sus ojos almendrados, enmarcados por unas cejas bien definidas y unas largas pestañas. Ni siquiera el hecho de que falte en la escultura (tal vez desde siempre) la pupila del ojo izquierdo consigue restar profundidad a esa mirada que me resulta hiératica y altiva, por una parte, y un tanto melancólica, por otra. Por lo demás, la justa proporción de la nariz termina por dar verosimilitud al retrato, componiendo una obra en la que se aúnan las características más relevantes de la escultura egipcia tradicional con algunas de las novedades del periodo amarniense, más cercanas a un cierto realismo en la representación. No puede dudarse: esta figura transmite de forma inmediata una sensación de profunda belleza.
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Cuando las emociones dejan paso a la razón, es el momento de recordar que esta obra fue hallada in situ en el taller del escultor real Tutmés, en la misma ciudad de Amarna. Al parecer, el hundimiento del edificio ayudó a conservar la pieza (realizada en piedra caliza con un primer rostro sobre le que se superpuso una capa de revestimiento de yeso para darle la apariencia definitiva) sin causarle más daños que leves deterioros en los laterales y facilitando, a su vez, la conservación de su policromía, que no ha experimentado desde entonces restauración alguna. La escultura, prácticamente de tamaño natural, alcanza los 48 cms. de altura y muestra toda su superficie pintada, empleándose un rojo apagado para representar el color de la piel y un tono más oscuro en los labios, buscando proporcionar a la reina una apariencia de naturalidad únicamente rota con el brusco corte de los hombros.

Una opinión bastante extendida afirma que el hecho de que esta obra se encontrase en el propio taller del escultor regio no se debe a que se encontrase en proceso de elaboración, sino a que debería servir como modelo para otras esculturas de la real  dama, lo que haría innecesario rematar el trabajo  en el ojo izquierdo. Puede ser, pero a mi me cuesta trabajo creer que una obra de esta categoría fuese concebida para quedar relegada a la única contemplación de unos cuantos aprendices de escultor en un taller del antiguo Egipto. Si así fuese, esos hombres tendrían, a diario, la inmensa fortuna de disfrutar admirándola, como ahora hago yo. Salgo por fin de la sala, pero instantes después regreso de nuevo a ella. Hay un magnetismo evidente en esta obra. Cuando finalmente abandono la estancia, vuelvo a contemplarla desde la lejanía. Quizás la propia Nefertiti vio alguna vez este busto que la retrataba. Acabo por imaginar que creería firmemente que con él se hacía honor sobrado a uno de los nombres de la reina: la bella ha llegado

Hay un buen análisis de este busto en la Wikipedia en inglés. En castellano, está bien planteada la descripción que se hace en este foro sobre Egipto. Finalmente, es muy interesante la lectura en la revista electrónica Radiology de abril de 2009, de los resultados de la última tomografía axial computarizada que se efectuó a la pieza, con sorprendentes fotografías y conclusiones muy interesantes.

06 octubre 2009

EL ESCRIBA SENTADO

COMENTAR UNA OBRA DE ARTE (15)


Este hombre lleva sentado en la misma postura alrededor de 4500 años y, probablemente, son muchos más los que le esperan. Su paciencia infinita le hace merecedor de este análisis, pese a que de él dijo el gran egiptólogo Vandier que bastaba mirarlo para saber que "el modelo era inteligente, voluntarioso y poco propicio a la bondad".

1) DETERMINAR: 

 a) TIPO DE OBRA: escultura.

b) TÍTULO: El escriba sentado.

c) AUTOR: desconocido.

d) FECHA: 2600-2500 a.C. IV Dinastía. (Otras dataciones atribuyen la escultura a la V Dinastía, entre 2480 y 2350 a.C.). Restaurada en 1998.

e) LOCALIZACIÓN: Museo del Louvre, París (Francia). La escultura fue hallada en las excavaciones cercanas al Serapeum de Saqqara (Egipto).

f) ESTILO: escultura egipcia del Imperio Antiguo. IV-V Dinastías.

2) ANALIZAR:

A) Análisis técnico:

* FORMA: escultura en bulto redondo. Mide 53 cm de altura, 44 de anchura y 33 de fondo. La altura de la estatua resulta casi equivalente a un codo egipcio, medida habitual de longitud en la época faraónica.

* MÉTODO: Obra realizada mediante talla sobre piedra caliza, luego policromada. Se ha empleado un tono ocre rojizo para representar las partes desnudas del personaje, color negro para el cabello y las cejas y color blanco para el faldellín. Posteriormente se añadieron a la figura diversas incrustaciones para representar los ojos (cristal de roca) y los pezones (madera).


* DESCRIPCIÓN GENERAL:  la estatua nos representa a un escriba en la típica posición de trabajo: sentado, pero con el torso erguido y con las piernas cruzadas, lo que confiere a la figura una forma aproximadamente triangular. El escriba va vestido únicamente con un faldellín de color blanco que deja ver las rodillas. No lleva calzado. Sobre la falda aparece un rollo de papiro parcialmente desenrollado, sostenido con la mano izquierda. La derecha debía sujetar originariamente un utensilio para escribir (quizás un cálamo), hoy perdido.


El personaje,  de mediana edad, está apoyado sobre una base semicircular del mismo material y muestra una incipiente obesidad, visible en los pliegues del tórax (del que están ligeramente separados ambos brazos), en la anchura de sus caderas y en su escasa musculatura. Son claramente perceptibles las clavículas. El autor ha mostrado gran atención en la talla de las manos, en las que se muestran con detalle hasta las uñas. Por su parte, de los pies sólo resulta visible el derecho, del que únicamente podemos contemplar tres dedos.

Pero, sin duda alguna, destaca sobremanera en esta figura el detalle en el trabajo del rostro, al que contribuyen la policromía y la vivacidad de su mirada, conseguida con fragmentos de cristal de roca muy pulimentados. Unas grandes orejas, labios finos y nariz proporcionada completan el conjunto de este rostro singular que acusa la tensión de quien está atento a escribir al dictado de otra pesona.

Toda la obra manifiesta los rasgos característicos de la escultura egipcia clásica: una frontalidad patente (la parte posterior está mucho menos trabajada), sólo rota por la diferente posición de ambas manos; elevados rasgos de rigidez y acusado hieratismo.

B) ANÁLISIS SIMBOLICO:

No se aprecian en la obra elementos simbólicos de carácter relevante, más allá de los que muestra la propia figura del escriba con las herramientas de su trabajo.

C) ANÁLISIS SOCIOLÓGICO:

No se conoce ningún dato de la figura representada, aunque algunos egiptólogos han especulado con la posibilidad de que pudiera tratarse de un personaje importante de la IV Dinastía e incluso, quizás, de un miembro de la familia real. En todo caso, es evidente la importancia de los escribas en la administración faraónica, lo que justifica (como ocurre en este caso) su representación escultórica.

Derecha: "Escriba sentado". Hacia 2480-2350 a.C. El Cairo.

3) OTRAS CUESTIONES:

Se conocen otras varias esculturas que representan escribas sentados, siendo la más destacada entre éstas la conservada en el Museo de El Cairo, realizada sobre granito y asignada a la época de la V Dinastía.

Podéis consultar más datos sobre esta obra en la Web del Museo que la conserva (en francés e inglés), la cual ha preparado también una interesante "mirada a fondo" sobre el personaje. En español, leed la información que se proporciona en esta página.  Por último, esta Wiki ofrece una lista de los escribas egipcios que se conocen.. Para ponerse de pie.

27 marzo 2008

LA TUMBA DE TUTANKAMON

UN MARAVILLOSO DESCUBRIMIENTO ARQUEOLÓGICO

Probablemente, de niños, todos hemos tenido alguna vez la ilusion de que seríamos arqueólogos y un día encontraríamos un tesoro fabuloso. Pues eso fue lo que le sucedió a Howard Carter cuando en 1922 localizó la tumba del faraón Tutankamon. Tuvo la inmensa fortuna de dar con la única sepultura prácticamente intacta de uno de los antiguos reyes de Egipto, que asombró al mundo con el ajuar que contenía.

Primer sarcófago antropomorfo de Tutankamon.

Tutankamon (1345-¿1327/5 a.C.?) fue un faraón de la XVIII dinastía, que reinó en el país algo menos de diez años, hasta su muerte en condiciones misteriosas cuando probablemente no había alcanzado los veinte de edad. Desconocemos exactamente de quién pudo haber sido hijo, pero sí se sabe que sucedió en el gobierno al faraón Amenofis IV (Akenaton), quien provocó una verdadera revolución en las mentalidades del país al tratar de imponer el culto monoteísta a Atón, eliminando el sistema politeísta hasta entonces imperante. El reinado de Tutankamon se caracteriza, precisamente, por marcar ese regreso a los cultos tradicionales y sobre todo a Amon-Ra. Y esa es su única importancia histórica: su reinado fue corto, él era casi un niño o un adolescente mientras reinó y no se conocen datos relevantes de su periodo de gobierno. Además, debió vivir rodeado de una corte de adultos que probablemente tomaba por él las grandes decisiones.

La antecámara, antes y después de abrir la pared de la cámara sepulcral.

Sin embargo (o quizás por eso mismo) a su muerte Tutankamon fue enterrado como correspondía a un faraón, en una tumba en el Valle de los Reyes en la que se depositaron junto a su momia, todos los objetos que el fallecido rey necesitaría en la vida eterna. Y eso fue lo que Howard Carter encontró en 1922: una sepultura real en la que los saqueadores de tumbas, ya existentes en la misma época faraónica, sólo habían iniciado un trabajo que, por las razones que fueran, no pudieron terminar, afortunadamente.

En si misma, y comparada con otras del Valle de los Reyes, la tumba de Tutankamon es bastante insignificante: consta de una escalera descendente que conduce a un pasillo en rampa al final del cual se disponen cuatro estancias: la antecámara, la propia cámara funeraria, la cámara del tesoro y un anexo. En total, unos 110 metros cuadrados (algo así como la suferficie de un piso medio de la actualidad) y que sólo presenta decoración pictórica en una de las salas, en la que estaba depositado el cadáver del faraón. Casi nada, en realidad, comparado con las grandes dimensiones de otras tumbas reales cercanas. Nada, si pensamos en las colosales pirámides, tumbas al fin y al cabo. Pero sin embargo ésta de Tutankamon ha sido la única tumba real egipcia cuyo ajuar nos ha llegado prácticamente completo, ofreciéndonos un amplísimo muestrario de lo que eran el arte y la artesanía del Egipto antiguo. Desde esculturas hasta carros, desde muebles hasta vasijas; joyas, objetos de uso cotidiano, esculturas, tejidos, armas, capillas funerarias, etc, sin que nos olvidemos de los sarcófagos empleados para el enterramiento del faraón y, claro está, de su propia momia. Todo además con el fulgor del oro abundante. Más de 110 kilos de este metal pesaba el último de los cuatro sarcófagos, adornado también con abundantes piedras semipreciosas. Y hay en la tumba otros muchos objetos de oro. En fin, el sueño de la infancia hecho realidad. Una sola vez.

Vista de la cámara funeraria y detalle del primer sarcófago de Tutankamon.

En esta ocasión he ilustrado el texto con imágenes en blanco y negro tomadas por Harry Burton, el fotógrafo que acompañó a Carter en la excavación de la tumba. Pero para que podáis haceros una idea global os dejo aquí esta presentación que muestra la estructura arquitectónica y los tesoros hallados en ella. La música de fondo es la canción "Broken arm", que está en el disco "Every day is a new life", del armenio Arto Tuncboyaciyan. Pura delicia para unos tesoros deliciosos.



En español, "amigos de la egiptología" ofrece numerosos datos sobre este faraón, con un interesante artículo sobre la excavación de su tumba. El famoso "Tebhan mapping project" ofrece en inglés un análisis exhaustivo de la tumba, KV62, como viene haciendo con todas las del Valle de los Reyes. Buenos datos también en esta página en inglés.En "Egipto eterno" tenéis una descripción de los tesoros de la tumba, en inglés o francés, que puede seguirse con un programa de audición on line. Por último, podéis visitar "Anatomía de una excavación", una web del Instituto Griffith, de Oxford, que recoge los diarios de Carter, el archivo fotográfico y otros muchos materiales.

11 octubre 2007

HATSHEPSUT: LA MUJER "FARAÓN"

SOBRE UN RETRATO DE LA MUJER QUE FUE FARAÓN DE EGIPTO

La faraona Hatshepsut. (hacia 1473-1458 a.C.). Nueva York.

"Tropecé" este verano en el Metropolitan Museum con el retrato de la reina Hatshepsut que aparece aquí al lado. Conocía bien este episodio de la historia egipcia y había visto varias esculturas del mismo personaje. Pero ésta, en concreto, era desconocida para mi. Se trata de una escultura sedente, elaborada sobre granito rojo y que alcanza los 167 cm. de altura. Procede del templo de la reina en Deir el-Bahari. Me llamó profundamente la atención la forma en que se la representaba. Es evidente que la escultura se acoge a los cánones tradicionales, tanto en cuanto se la representa sentada, cubierta con el "nemes" típico de los faraones, pero carece de la barba real y es notoria su condición femenina, perceptible tanto en sus senos como en su rostro, amén de en cierta esbeltez de la escultura.

Pero, ¿quién fue esta mujer para que nos extrañe que se la represente exactamente como una mujer? Debemos situarnos hacia el año 1500 a.C. El faraón Tutmosis I ha muerto sin dejar herederos masculinos. El trono va a pasar entonces a su hija, la princesa Hatshepsut, pero esta idea repugna a la mentalidad egipcia de la época que privilegia la línea masculina a la femenina.

De este modo, la faraona debió sobreponerse a diversas conjuras de altos funcionarios y sacerdotes, mientras soportaba un matrimonio forzado con su hermanastro Tutmés II (que falleció pronto) y ejercía de regente de un hijo de aquél, Tutmés III, habido con otra esposa.
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Sin embargo, la reina dio un paso más: acabó por proclamarse a si misma "faraón" de Egipto, argumentando (entre otras cosas) ser hija directa y verdadera del dios Amón. Nótese la diferencia: no regente o heredera, no gobernadora. Exactamente, faraón. Y así gobernó el país durante unos dieciseis años, hasta que Tutmés III acabó por apartarla del cargo. En el interim, pudo acabar el enorme complejo de Deir el-Bahari.

Hatshepsut presenta ofrendas a Amón. (Izquierda). Escultura de la "faraón" en Deir el-Bahari. (Derecha).

Durante todo el periodo de su reinado, Hatshepsut fue representada como un varón, demostrando así que ejercía el poder como faraón, no como mujer de faraón alguno. Por eso en sus esculturas es habitual la masculinización de los rasgos físicos, la presencia de la barba real, así como la doble corona faraónica. Por esa razón me llamó la atención esa estatua de la reina, que contrasta grandemente con las otras que aparecen aquí. Y, sin embargo, está mujer que fue presa de los convencionalismos de la sociedad egipcia no renunció nunca a su condición. Tal vez ello explique uno de sus títulos reales: el que dice de ella que la faraón era "la primera entre las damas nobles". Contradicciones y grandezas de la Historia y del Arte.
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Esfinge de Hatshepsut. (1479-1458 a.C.). Nueva York.

En este enlace podéis leer la ficha que da pie a este comentario, en la página del Metropolitan de Nueva York. Por otra parte, muy recientemente parece haberse localizado la momia de Hatshepsut; aquí podéis leer (en inglés) las circunstancias del hallazgo, producido en el Museo de El Cairo. En esta página española se ofrece buena información sobre el templo de Deir el-Bahari. Finalmente, podéis descargaros en PDF este interesante artículo sobre la mujer faraón, en español.

PPT DE ARTE EGIPCIO

LA ESCULTURA Y LA PINTURA EGIPCIAS

Concluimos (por ahora) la serie de presentaciones dedicadas al arte egipcio con estas otras dos. En la primera de ellas analizamos la escultura egipcia. Partimos de una trama conceptual y luego pasamos revista a las más conocidas producciones, tanto en bulto redondo como en relieve. En la segunda, damos un somero repaso a algunas de las más destacadas muestras de la pintura egipcia.




09 octubre 2007

LA ESCULTURA EGIPCIA

OBRAS PARA LA VIDA ETERNA

Escriba sentado (hacia 2500). El Cairo. ................................... Retrato del visir Hemium (hacia 2570). Hildesheim (Alemania)

La civilización egipcia se distinguió no solamente por sus asombrosas realizaciones arquitectónicas, sino también por la calidad de sus logros escultóricos, manifestados a través de una producción enormemente abundante: desde esculturas colosales (como la famosa Esfinge de Gizeh o las figuras sedentes de Ramsés II en Abu-Simbel) hasta obras de tamaño natural o figurillas diminutas. Por otra parte, junto a las obras de bulto redondo abundan igualmente los relieves, con los que se decoran los muros de muchos edificios. La razón de esta situación ha de buscarse en el hecho de que la escultura tiene sobre todo una finalidad funeraria, asociada a las prácticas religiosas. Pôdría decirse que estas obras no están pensadas para representar la vida en si misma, sino más bien para servir de soporte del alma en la vida eterna.

Canon de los 18 puños. ............................................................. Estatua de Kaaper, "el alcalde" (hacia 2400 a.C.). El Cairo.
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Se caracterizan las esculturas egipcias de casi todos los periodos por la clara presencia de un canon, de una norma compositiva que regula cómo deben ser realizadas las obras. Como ideal de este canon debemos considerar una figura humana puesta en pie, en la cual la longitud total del representado (desde el centro de la frente hasta la planta del pie) guarde una determinada proporción, exactamente la de 18 veces la medida del puño cerrado. Es lo que se denomina "canon de los 18 puños" que sólo en época ya muy tardía, a partir del siglo VII a. C., sería sustituido por otro de 21 puños, que alargaba más las figuras.

Amén del canon, y en lo que al bulto redondo se refiere, otros claros rasgos caracterizan a la escultura egipcia: acusada frontalidad y simetría (de forma que casi siempre podemos dividir a la obra en dos partes muy semejantes), la tendencia a la actitud estática e hierática y el escaso interés por el detalle.

Estatua de Nefert (hacia 2500 a.C.). Barcelona. ........ Barca de río (hacia 1985 a.C.). Nueva York.

Por otra parte, y en lo que al relieve hace referencia, resulta una característica básica lo que se denomina "visión rectilínea" de la figura, en la cual el ojo (sólo uno de ellos) y el torso están representados de frente al espectador, mientras que la cabeza y las cuatro extremidades aparecen de perfil. esta norma es compartida también por las representaciones pictóricas.
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Armada con estos elementos compositivos, la antigua escultura egipcia nos ha dejado un legado abrumador. Dejando a un lado el relieve (muy abundante en los templos), la gran mayoría de las estatuas procede de las tumbas. Con ello podemos concluir que toda esta ingente obra estaba directamente relacionada con la otra vida, en la creencia de que ésta sí tendría un carácter eterno. Por esta razón, los detalles carecían de importancia... sólo lo esencial permanecería.
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Esta página española ofrece una breve síntesis de las características de la escultura egipcia y en este texto tenéis una excelente explicación de en qué consistía el canon escultórico. Por último, en el portal Homines disponéis de un análisis detallado, organizado por periodos.

08 octubre 2006

LA ESCULTURA Y LA PINTURA EGIPCIAS

LA BÚSQUEDA DE LA ETERNIDAD

Interior de la tumba de Nefertari. Dinastía XIX. (Hacia 1265 a.C.)

La arquitectura egipcia no se comprende, en su totalidad, si no se tienen presentes las manifestaciones escultóricas y pictóricas que suelen acompañarlas. En lo que respecta a ambas artes, hay que partir de la idea de que la búsqueda de la belleza fue algo que jamás preocupó a los artistas egipcios, ni a quienes les encargaban sus obras.

Por el contrario, y dada la importancia de las creencias religiosas y funerarias en el país, el objetivo fundamental de la escultura y la pintura egipcias fue captar la esencia del personaje representado: aquello que se mantendría de él tras su muerte.

Esfinge de Gizeh. IV Dinastía. (Hacia 2600 a.C.) // Busto de Nefertiti. XVIII Dinastía. (Hacia 1350 a.C.).
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En definitiva, es como si se quisiera garantizar la inmortalidad a través de la propia representación, buscando obtener la permanencia frente a lo efímero. Todo esto explica rasgos como la frontalidad, la rigidez o el hieratismo que nos transmiten las distintas obras.

En resumen, vencer a la muerte dejando en las tumbas imágenes, pintadas o esculpidas, de la vida: un sueño imposible que, sin embargo, nos permite hoy disfrutar de un ingente número de obras de arte cuya belleza, aunque no fuese el objetivo del autor, nos cautiva. Y antes que nada el arte es disfrute y gozo personal. Que así sea.

Para profundizar en este universo colosal de la escultura y la pintura egipcias es imprescindible una visita a la página del Museo Egipcio de El Cairo, y sobre todo a su sección de masterpieces. En el campo concreto de la pintura, es especialmente destacable el conjunto que se recoge en la tumba de Nefertari, del que podéis tener una rápida visión en esta página.

.El dios Anubis. Pintura de la tumba de Nefertari.
 

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