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28 mayo 2009

EL TRÍPTICO MERODE

ROBERT CAMPIN O EL MAESTRO DE FLÉMALLE

Es que no me canso de mirar esta obra. Cuando busco en las presentaciones de mi ordenador y llego a ella no puedo pasar a la siguiente imagen. Este tríptico me atrae por la sutileza de sus detalles, por la originalidad de su composición, por la novedad que presenta en alguna de sus tablas y por la rica simbología que contiene. Pinchad sobre la imagen y vedla a gran tamaño. Luego, si podéis despegaros de ella, volved aquí y seguid leyendo... si os apetece.

Hablamos, claro está de llamado tríptico de Merode o tríptico de la Anunciación, una obra pintada hacia 1425 por el flamenco Robert Campin (1375-1444), uno de los primeros artistas de ese grupo excelso al que denominamos como primitivos flamencos y a quien desde hace ya algún tiempo se identifica también con las obras que efectuó un autor anónimo denominado por los estudiosos como maestro de Flémalle, por unas tablas halladas en esa población belga. Un pintor de vida azarosa pero que muestra en sus obras, no sólo en ésta, una excepcional maestría.

Nuestro tríptico puede leerse, en una primera mirada, con bastante facilidad. La tabla de la izquierda nos muestra a los dos donantes anónimos ubicados de un patio almenado, donde hay un tercer personaje y un paisaje urbano, entrevisto por la puerta que se abre al fondo. Ambos donantes dirigen su vista hacia el interior que se recoge en la tabla central, donde transcurre la escena de la Anunciación, con una ventana que nos deja ver algunas nubes en el cielo. Finalmente, la tabla de la derecha nos presenta a San José, atareado en su trabajo de carpintero. Ahora otra ventana nos presenta un claro paisaje urbano, con una plaza, varias viviendas y edificios religiosos.

Pero, ¿qué Anunciación es ésta en la que los personajes del exterior se percatan de lo ocurrido, mientras la propia Virgen no ha captado aún la presencia del ángel y continúa enfrascada en la lectura? ¿Cómo es eso posible, si un suave vientecillo está moviendo las hojas del libro que hay sobre la mesa? En cualquier caso, la tabla derecha es, a mi juicio, la más sorprendente: no es habitual que hallemos a San José en las representaciones de la Anunciación, justamente porque ese hecho, en sí mismo, niega al pobre carpintero cualquier protagonismo. Sin embargo, José, situado en otra estancia y ajeno por completo en lo que sucede en la de al lado, se afana en su tarea, lo que permite al pintor trazarnos una verdadera naturaleza muerta a base de los instrumentos propios de la carpintería.

En todo ello, Campin se recrea, como es propio de los flamencos, hasta en los más pequeños detalles pero, al mismo tiempo, recurre a diversos elementos simbólicos. Fijaos en los óculos acristalados que aparecen en la tabla central. Por uno de ellos desciende un rayo de la luz divina, que transporta literalmente a un pequeño Niño Jesús portando una diminuta cruz. Los objetos de la mesa están cargados también de significado: las flores blancas aluden a la pureza de María, mientras que la vela recién apagada y aún humeante hace referencia a la propia divinidad que, como podéis ver, ocupa el centro de toda la escena. En la tabla derecha, encontramos más contenidos simbólicos. Los propios instrumentos podrían aludir a la pasión de Cristo, pero es que San José está empleando un berbiquí para taladrar una tabla. Hay quienes considerarn que está fabricando una ratonera (que podría servir para encerrar al diablo, vencido por Jesús), pero otros estudiosos indican que podría tratarse de una tabula spinaria, un posible instrumento de la Pasión.

En todo caso, la composición es absolutamente original y novedosa. Aunque Campin recurre a una perspectiva elevada, con algún error, nos muestra un interior propio de una vivienda burguesa de la época, bien amueblado y equipado y con una armoniosa disposición de los personajes, sobre todo en la tabla central y en la derecha (tal vez los donantes fueron añadidos por una mano menos experta) y con un sutil juego de colores que alcanza su máximo en los ropajes de la Virgen y del Ángel. Si embargo, yo me quedo con ese San José tan ensimismado en sus tareas y a quien el artista ha pintado como un hombre de edad avanzada, en contraste con la juventud de su esposa. No parece enterarse de lo que se le viene encima. Resignación cristiana, dirían algunos. Y además, de una tabla a la otra, un mundo de diferencia; del trabajo manual al placer intelectual de la lectura. Y, de pronto, llega un ángel. ¿Quién lo diría?
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Esta es la ficha de la obra que presenta la Web del Metropolitan Museum de Nueva York, donde se custodia, aunque hay más información en la Wikipedia inglesa. En esta página se presenta un amplio análisis iconográfico. Finalmente, otra lectura en inglés.

26 enero 2009

ROGIER VAN DER WEYDEN

VIDA Y OBRAS DE UN GRAN MAESTRO

Da igual que nos refiramos a él como Rogier van der Weyden o (en francés) Rogier de la Pasture. Con ambos nombres se conoce a quien es sin duda de ninguna clase uno de los mejores pintores de todos los tiempos; un gran maestro de ese grupo al que llamamos de los primitivos flamencos, quienes revolucionaron en muchos sentidos el arte de pintar.

Rogier van der Weyden: "El entierro de Cristo" (1450). Florencia.

Aunque no son muchos los datos que tenemos sobre su vida, resultan suficientes para afirmar que Van der Weyden (1399-1464) nacido en la ciudad belga de Tournai, estudió allí pintura durante cuatro años con Robert Campin, de cuyo taller salió convertido en maestro en 1432. Poco tiempo después lo encontramos instalado en la ciudad de Bruselas, en la que alcanzó el título de pintor oficial del municipio y estableció un taller en el que colaboraron numerosos discípulos. Desde allí su prestigio se fue extendiendo progresivamente, de manera que su fama alcanzó a países alejados como España e Italia, país éste al que quizás viajó con motivo del jubileo del año 1450.

Pero, ¿cuáles fueron las razones para que este artista lograse conquistar la admiración de sus contemporáneos? Van der Weyden participó de todas las características que definen al grupo de los primitivos flamencos: el empleo del óleo sobre tabla y el uso de un dibujo de línea muy precisa; el interés por la representación naturalista y minuiciosa y el manejo de un estilo muy expresivo en el que el color adquiere una importancia fundamental. Todo ello cultivando casi exclusivamente dos tipos de temas: las obras de carácter religioso y los retratos, conforme demandaba la burguesía flamenca.

Rogier van der Weyden: "Retrato de un hombre" (hacia 1450). Amberes.

Sin embargo, son varias las cuestiones que hacen tan especiales las obras de van der Weyden. Veamos algunas de ellas. Por una parte, nos llama la atención su enorme capacidad para dramatizar las escenas, analizando con detalle los signos de dolor en los personajes. Por otra parte, es relevante su capacidad para ordenar las composiciones: en aquellas de sus obras en las que aparecen varios personajes, todo parece estar regido por un principio organizativo que los distribuye adecuadamente, buscando con frecuencia ejes de simetría entre los distintos grupos. En tercer lugar, las obras de nuestro artista destacan por el soberbio manejo del color: una paleta riquísima formada con tonalidades vigorosas. Por último, es muy relevante la capacidad del artista flamenco para dar volumen a sus figuras, de manera que podríamos creer que nos encontramos ante verdaderas esculturas pintadas y no ante unos cuadros bidimensionales.
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Rogier van der Weyden: "Virgen con Niño" (Hacia 1450-60. Tabla izquierda del díptico de Jean de Gros). Tournai, Francia.

En fin, tendemos muchas veces a centrar nuestra visión de van der Weyden en su obra más destacable y, hasta cierto punto, más próxima a nosotros por encontrarse en el Museo del Prado: el Descendimiento, pero más abajo os dejo una presentación en la que otras obras de arte nos hablarán de la calidad del trabajo artístico de este pintor flamenco. Sin embargo, debo reconocer una cosa: cuando proyecto a pantalla completa la imagen del rostro de Nicodemo en ese Descendimiento, pienso a veces que sus lágrimas acabarán mojando el teclado de mi ordenador.

"Los rostros del dolor" fue el título que dimos en ENSEÑ-ARTE al análisis de la obra más conocida del maestro flamenco: el Descendimiento. Allí se citan otros enlaces interesantes, que pueden ampliarse con los que ofrece la Artcyclopedia. Por último, en esta web se ofrecen 133 fotografías de óbras del pintor belga y aquí podéis ver el Descendimiento en imagen de alta resolución.

Tags: art

27 julio 2008

EL DESCENDIMIENTO DE VAN DER WEYDEN

LOS ROSTROS DEL DOLOR

Sabemos sobradamente que Roger van der Weyden (1400-1464) es uno de los más grandes maestros de la pintura flamenca de finales del medievo. Conocemos cumplidamente su gran capacidad para representar temas de carácter religioso, así como su proverbial habilidad para el retrato. Nos llama, quizás, la atención que fuese también conocido en su época como Rogier de la Pasture o que, tras alcanzar la maestría, sus obras fuesen copiadas con frecuencia, como muestra del elevado valor estético que se les atribuía. Y nos conmueve la capacidad de este artista para retratar el dolor y el sufrimiento en muchos de sus cuadros; la facilidad con la que instala en ellos una atmósfera de intenso dramatismo.

Roger van der Weyden: "Descendimiento de Cristo" (1436). Madrid.

Pero todo elogio a van der Weyden se queda corto cuando contemplamos este Descendimiento del Museo del Prado, sin lugar a dudas uno de los mejores cuadros de la historia de la pintura universal. Pintado al óleo sobre tabla hacia 1436 para el gremio de los ballesteros de Lovaina, fue concebido como un tríptico, del que faltan ahora los paneles laterales. Aunque lamentemos esa pérdida, el amplio panel central (de 2,2 metros de ancho y 2,6 de alto) es una de las muestras más sublimes de esas capacidades del artista.
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La composición es bien conocida: se representa aquí un tema clásico en la iconografía cristiana: el Descendimiento de Cristo y la Quinta Angustia de María. Para ello, van der Weyden nos presenta en el centro de la escena una cruz ya vacía, de la que se está bajando el cadáver de Jesús, sostenido por un joven (alzado sobre una escalera, al fondo), Nicodemo y José de Arimatea. A la vez, se inicia el proceso de envolverlo en un blanco sudario, mientras otra figura masculina, a nuestra derecha, muestra un frasco de ungüentos. Este lateral de la tabla se cierra con el llanto desconsolado de María Magdalena.
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En el otro extremo del cuadro, la visión del cuerpo exánime de su hijo provoca el desmayo de María, cuyo cuerpo es sostenido a duras penas por San Juan y una de las santas mujeres, mientras, al fondo, la otra, reproduce los rasgos de sufrimiento de la Magdalena. El pintor nos presenta estas diez figuras colocadas sobre un fondo dorado, rematado con tracerías góticas en los extremos superiores. Sin embargo, la parte inferior de la obra deja ver un atisbo de naturaleza, un suelo real en el que crecen algunas plantas. La ordenada distribución de los personajes nos los muestra formando grupos: tres figuras a cada lado, dos en la parte superior y las dos imágenes centrales de Jesús y María, cuyos dos cuerpos presentan un claro alineamiento, a modo de diagonales curvadas que atraviesan la obra y dan un ritmo específico a la composición.
Podríamos valorar también la excepcional capacidad de van der Weyden para manejar el color, con ese rojo impresionante del vestido de San Juan o ese azul desmayado del ropaje de la Virgen. O podríamos recrearnos en los efectos de la luz o en la profundidad de cada una de las figuras, en el volumen casi escultórico que muestran, o en la minuciosidad en los pequeños detalles (fijaos, por ejemplo, en el cabello de San Juan o en la leyenda que figura en el cinturón de la Magdalena). Pero quedémonos con lo que, a mi juicio, es lo más sutil del cuadro: los propios rostros de los personajes, esos diez rostros que nos enseñan las diversas categorías del dolor humano: la muerte, la angustia, la pena, el llanto, la desesperación, la tristeza, el desasosiego o la incertidumbre. Dolor contenido en unos casos o dolor explícito en otros, manifestado en las lágrimas que brotan de algunos de los asistentes al descendimiento y en los gestos de las dos mujeres de los extremos. Dolor espiritual e incluso dolor físico. Los rostros del dolor, en definitiva.

Dijimos que en el cuadro aparecen diez figuras. Una más, de carácter simbólico, asiste a la escena. Se trata de la calavera que aparece a los pies de San Juan. La muerte, en síntesis. Pero junto a ella, brotan algunas florecillas. Tal vez quede sitio para la esperanza, parece decirnos van der Weiden.

Visitad la página del Museo del Prado y leed la ficha de esta excepcional obra de arte, que podréis descargaros en alta resolución. Leed en esta web distintos análisis sobre el Descendimiento. Consultad este completísimo catálogo de la obra de van der Weyden, que presenta esta institución belga y, finalmente, preparaos para la magna exposición que se dedicará a este pintor en Bégica en 2009.

09 junio 2008

EL JARDIN DE LAS DELICIAS DEL BOSCO

DEL PARAÍSO AL INFIERNO

Es de sobra conocido el peculiar papel que posee Jeroen van Aken, El Bosco (1453-1516), en la historia de la pintura. En efecto, se trata de un pintor cuyas representaciones (normalmente realizadas al óleo sobre tabla), revelan la acusada personalidad del artista, así como la especialísima visión que poseía de la época que le había tocado vivir. Sus cuadros son frecuentemente verdaderas sátiras de los vicios y males de la sociedad, mezcladas con alegorías, alardes de la imaginación y la fantasía e, incluso, un lenguaje simbólico que muchas veces nos cuesta trabajo comprender.

Ejemplo supremo de esto que decimos es su obra "El jardín de las delicias", un tríptico sobre tabla que se conserva en el Museo del Prado de Madrid. De composición tripartita, la lectura correcta del cuadro ha de hacerse de izquierda a derecha. Así, el panel izquierdo nos lleva al Paraíso, en el momento en que Dios entrega Eva a Adán. Pero con Eva y la dichosa manzana se extendió el pecado por el mundo, de lo que nos da cumplida cuenta la tabla central, que nos presenta los pecados capitales de la humanidad, sobre todo aquéllos asociados a la lujuria y los placeres de la carne y el sexo. Como justa condena a los vicios de los hombres, la tabla derecha nos muestra un infierno con horrores de diverso tipo.

Hasta aquí, una somera descripción de la obra. Pero en el Bosco, nada es tan sencillo, como pudiera parecer. Todo puede disponer de una segunda interpretación. Por ejemplo, en el Paraíso aparece en primer plano una fosa en la que se ha querido ver un preaviso de los poderes del demonio y, en definitiva, de la existencia del mismo infierno. De igual modo en la tabla central, toda ella llena de personajes desnudos, encontramos aves de tamaño desprorporcionado y una exhuberante abundancia de frutos naturales de diverso tipo. Por fin, en el averno, parece que gigantescos instrumentos musicales contribuyen a la eterna tortura de los allí condenados, mientras un rostro (tal vez el del propio artista) nos mira con fijeza.

Frecuentemente se señala el carácter moralizador de ésta y otras obras del Bosco, hecho que estaría en consonancia con su pertenencia a una hermandad religiosa de carácter pietista. Sea como fuere, la minuciosidad de su trabajo, el dominio de las técnicas del óleo y la miniatura y su capacidad para organizar una composición tan compleja hacen de este tríptico un verdadero deleite para la vista. También se dice que el cuadro, una vez comprado por el rey Felipe II, permaneció en el dormitorio real hasta su muerte. Sabiendo cómo era ese monarca, deberíamos preguntarnos si pensaba en los castigos que pudiera acarrear la desobediencia a los mandatos divinos. ¿O tal vez tenía en su personalidad una vertiente lujuriosa que desconocemos? Nunca se sabrá.

Esta web española se detiene en analizar la iconografía del tríptico, con algunas fotos de detalle. Es muy completa también la información que sobre la obra presenta la Wikipedia española. Leed además esta amena información del diario El Mundo. La ficha catalográfica del Museo del Prado incluye una imagen del cuadro en alta resolución. Por mi parte, os dejo esta presentación para que podáis ver a gran tamaño detalles específicos del cuadro.

24 enero 2008

EL POLÍPTICO DE SAN BAVÓN DE GANTE

LA ADORACIÓN DEL CORDERO MÍSTICO

¿Cuál es la obra maestra de Jan van Eyck? Unos dirán que el matrimonio Arnolfini y otros que el políptico de "La adoración del cordero místico", una obra compuesta por 24 tablas de distinto formato, ensambladas entre si, que se conserva en la Catedral de San Bavón de la ciudad de Gante (Bélgica). Una joya de primera magnitud y de enorme tamaño (abierto mide 3,5 ms. x 4,6 ms), de la cual tenemos casi tantas dudas como certezas. Sabemos que fue creado ex profeso para ese templo, donde está desde entonces, y que lo encargaron un tal Joos Vyid y su esposa, Elisabeth Borluut. Conocemos la fecha de finalización de la obra, 1432, y suponemos que debió comenzarse hacia 1426. Se sabe que lo inició Hubert Van Eyck y que lo concluyó su hermano, Jan, pero ¿qué pintó exactamente cada uno? Es casi seguro que la mayor parte del políptico la debió realizar Jan, el más brillante de los pintores flamencos. Y así podríamos seguir despejando dudas y formulando otras.

Da igual. Se mire desde donde se mire, el político es una obra de inaudita belleza que desde siempre ha atraido a los amantes del arte. Quien se pone delante de él (lo sé por experiencia) queda de inmediato atrapado. Tantos son los detalles en los que hay que fijar la atención. Un colosal ciclo que arranca con la creación de Adán y Eva y nos lleva a los Profetas, a la Anunciación, al propio Dios padre, a los santos y a la adoración del Cordero. Pero, ¿qué cordero es éste que adora tanta gente? Vayamos al Apocalipsis, el último libro de la Biblia cristiana. Allí se dice:

"Después de esto miré, y he aquí que vi una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: la salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero...

... porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará y los guiará a fuentes de aguas de vida y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos".

Así pues aquí está el cordero místico, el propio Jesús aclamado por las gentes, la fuente de la que mana la vida, la salvación de la humanidad en la mentalidad cristiana. Ese es el tema, pero de la mano de Van Eyck podemos disfrutar de mucho más: de paisajes increibles, de vistas urbanas, de interiores domésticos, de pinturas a la grisalla, del magistral empleo del color, de la minuciosidad en el trabajo pictórico; de ángeles y caballeros, de judíos y miembros de la Iglesia, de ropajes excelentes, de joyas relucientes, de flores diminutas o de instrumentos de música. Todo eso y mucho más en una de las más geniales obras de arte de todos los tiempos.

Con el políptico triunfa el óleo sobre tabla y la pintura gótica queda desbordada. Su composición, la luz, el manejo de los volúmenes, el color y la perspectiva anuncian ya el Renacimiento, que vemos también señalado en el interés por la representación de la naturaleza, incluso en sus más mínimos detalles.

Aquí está el Cordero místico. Disfrutadlo en esta presentación, al pausado ritmo de Phill Cunningham. Y además, leed el completo artículo al respecto que está en la Wikipedia española. Después, manejad la obra en alta resolucion en esta página. Y si os interesan las aventuras detectivescas, seguid la crónica del robo de una de la piezas del político.

24 diciembre 2007

PETRUS CHRISTUS

A PROPÓSITO DE UNA OBRA GENIAL: SAN ELOY EN SU TALLER

Hay veces que un cuadro queda fijado de manera persistente en la memoria del espectador y que esa obra sirve como imán para tratar de conocer otras del mismo autor. Nos pasa a casi todos alguna vez: la visión de una obra excita nuestra curiosidad, nuestro deseo por conocer más datos sobre el artista y su trabajo. Hace ya mucho tiempo que me sucede esto con Petrus Christus (1415-1472), un pintor flamenco que trabajó, sobre todo, en la ciudad de Brujas y del que se dice que pudo ser discípulo de Jan Van Eyck, aunque ello no esté por el momento demostrado, pese a que se ve con claridad que nos encontramos ante un pintor que sigue los caminos que Van Eyck abrió en el campo de la pintura: el empleo del óleo sobre tabla, el afán por el detalle, el gusto por la perspectiva lineal, el uso de las veladuras, la forma de aplicar el color; incluso en algunos temas podremos hallar paralelismos entre ambos.

Fuese o no discípulo directo de Van Eyck, Christus se afincó en Brujas y alcanzó considerable fama en los años que siguieron a la muerte del maestro. Conocemos diversos datos de su vida, entre ellos su afiliación a una cofradía de la ciudad (para la que pintó la Virgen que se conserva en el Museo Thyssen de Madrid) y su éxito entre los grupos poderosos locales, nobles y comerciantes, que le solicitaron numerosos retratos. Sin embargo, en su producción siguieron abundando los temas de carácter religioso, como es el caso de las dos hermosísimas natividades que de su mano se conocen.

El cuadro que llama poderosamente mi atenciòn se conoce por distintos nombres: "San Eligio en su taller", "San Eloy en su tienda" "El joyero y los prometidos". Pintada en 1449, se recoge en la obra el interior de una tienda o taller, probablemente de la ciudad de Brujas, en el que un órfebre procede a pesar un anillo, bajo la atenta mirada de una pareja de prometidos. El órfebre en cuestión es San Eloy (no el profeta, claro) o San Eligio, quien vivió en el siglo VII y desempeñó realmente esa profesión, aunque acabó sus días como obispo en la Francia de los merovingios. He aquí un tema religioso que se combina con otro profano: una pareja con casamiento a la vista acude al órfebre para comprar un anillo de desposorios y el artesano se dispone a pesarlo para fijar su precio. Los prometidos son de alta condición (su ropas y las joyas que lucen lo reflejan claramente). La luz entra en la estancia por una ventana situada al fondo e ilumina la escena, que se remata en primer plano con una mesa o mostrador de madera en el que aparecen unas monedas (podemos distinguir incluso de dónde proceden: Inglaterra, Borgoña y Mainz, en Alemania) y algunos otros utensilios. En el tablón vertical de esta pieza aparecen la fecha y el nombre del artista, conforme es común en los cuadros de Christus,,, y también en los de Van Eyck.

Al lado derecho del cuadro vemos una estantería repleta de objetos; entre ellos algunas vasijas metálicas, pendientes, un trozo de coral y una caja con anillos. El brillo del metal se ve aumentado por la luz que ilumina los objetos desde una perspectiva frontal. Pero, ¿cómo es posible esto, si la ventana se encuentra al fondo y en una posición elevada? Para entenderlo hemos de volver al mostrador: en su extremo derecho se encuentra un espejo convexo que refleja un exterior urbano. El cristal nos devuelve la visión de dos personas que, a su vez, parecen mirar hacia el interior, a lo que de éste puede verse a través de otra ventana o tal vez de un escaparate que no están en el cuadro, pero que intuimos si pensamos en el efecto lumínico. Ambos hombres llevan tocados en la cabeza y uno de ellos tiene un halcón con caperuza sobre su brazo. Al fondo, un paisaje urbano, con las típicas casas flamencas de empinados tejados. Es por ahí por donde se cuela la luz que hace brillar las piezas de orfebrería.

Es de este modo como un pintor flamenco nos presenta a un tiempo un tema múltiple: la evocación del patrón de los órfebres (San Eligio), la presencia de los novios (tal vez donantes del cuadro) y el paisaje de la ciudad donde trabajaba. Esta es la gran lección de Petrus Christus en esta obra, que se combina con el juego que nos propone: colocar un espejo en el interior... para mostrarnos el exterior. Algo semejante había ya hecho Van Eyck en "el matrimonio Arnolfini". pero, en este caso, el espejo trae dentro lo que está fuera. No sólo los dos observadores y la casas de Brujas. También la luz que todo lo baña. Un acierto genial.
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No conozco ninguna web que aborde en profundidad la obra de Petrus Christus, de manera que en esta presentación he procurado reunir algunas de sus cuadros más conocidos. Espero que los disfrutéis.

21 enero 2007

EL MATRIMONIO ARNOLFINI

COMENTAR UNA OBRA DE ARTE (2)
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Analizamos ahora uno de los cuadros más emblemáticos y discutidos de la historia de la pintura, el retrato que de los esposos Arnolfini realizó el pintor flamenco Jan van Eyk.

1) DETERMINAR:

a) TIPO DE OBRA: Pintura.

b) TÍTULO: Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa.

c) AUTOR: Jan van Eyck (1390-1441).

d) FECHA: 1434.
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e) LOCALIZACIÓN: National Gallery. Londres.
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f) ESTILO: Primitivos flamencos.

2) ANALIZAR:

A) Análisis técnico:

* FORMA: Pintura sobre tabla de roble. 82x60 cm.

* MÉTODO: Obra realizada al óleo, mediante pincel.
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* DESCRIPCIÓN GENERAL: El famosos cuadro de los Arnolfini nos presenta a la pareja en el momento de contraer matromonio. Ambos personajes, retratados en primer plano, se sitúan en una estancia con suelo de madera, e iluminada por una ventana que se abre a la izquierda. A los pies de la pareja aparece un perro y, en un segundo plano pueden observarse la esquina de una alfombra y el dosel de una cama. En el centro de la composición figura una lámpara que cuelga del techo y, en la pared del fondo, un espejo en el que se refleja todo el contenido de la habitación. A su izquierda cuelgan unos rosarios y, sobre el marco, encontramos una inscripción en latín, en caracteres góticos, con el siguiente texto: "Johanes de Eyck fuit hic, 1434" (Jan van Eyck estuvo aquí, 1434).

Giovanni Arnolfini aparece retratado en actitud seria, ricamente ataviado en color oscuro, con capa y amplio sombrero. Su mano derecha, levantada, parece jurar o bendecir, mientras la izquierda sostiene la de su esposa Giovanna, también ricamente vestida en color verde vivo, con velo blanco. Su abultado vientre, sobre el que apoya su otra mano, parece manifestar con claridad que se encuentra embarazada.

Una suave luz envuelve la escena, dando de lleno en el rostro femenino, mientras se atenúa en torno al del mercader.

B) Análisis simbólico:

El cuadro de los Arnolfini ha originado una gran controversia entre los historiadores del arte, por la gran cantidad de elementos simbólicos que incluye y la dificultad de interpretación de algunos de ellos, hasta el punto de que los especialistas debaten si la obra contiene realmente la escena de la celebración de un matrimonio, siendo como una especie de acta del mismo, o una ceremonia de exorcismo de una pareja que trata de alejar de sí el mal de no haber tenido descendencia. Entre los elementos simbólicos, destacan los siguientes:






* Algunos de los objetos que figuran el el cuadro, así como la propia ambientación de la escena, aluden a la riqueza del mercader Arnolfini: la ropa, el mobiliario, la alfombra, la decoración de la estancia o la presencia de naranjas junto a la ventana lo que, dada su procedencia del sur de Europa, puede considerarse un verdadero lujo en la Flandes del siglo XV.

* Los dos pares de zuecos (los de ella, junto a la cama; los de él, en primer plano, a la izquierda) relacionan a los esposos con el hogar y el hecho de que los supongamos descalzos alude a una idea de fertilidad, muy común en la época en la que el cuadro fue pintado.

* Los colores predominantes son también claramente simbólicos: mientras el verde alude a la fertilidad, el rojo lo hace a la pasión.

* El perro es una alusión evidente a la idea de fidelidad dentro del matrimonio.

* La lámpara, en la cual sólo encontramos una vela encendida (cuya luz pasaría desapercibida en pleno día), es una clara referencia a Jesucristo y, al mismo tiempo, viene a representar también la llama del amor, que puede consumirse.

* Los rosarios, situados a la izquierda del espejo, aluden a la necesidad de perseverar en la oración.

* El espejo, de forma circular, y en cuyo marco se nos muestran diez de las catorce estaciones del Víacrucis, muestra la escena de la habitación desde una perspectiva inversa, pudiéndose apreciar la parte trasera de la pareja, así como la presencia de otras dos personas, las cuales podrían asistir como testigos a una ceremonia para la cual, en aquella época, no era necesario un sacerdote. Por tanto, el espejo contendría el elemento esencial para identificar correctamente la escena representada: un enlace matrimonial en presencia de testigos, uno de los cuales podría ser el propio pintor.

* Tanto la borla que cuelga de la cama como el abultado vientre de Giovanna son claras alusiones a la fertilidad. Precisamente, sobre la borla, en el cabecero de la cama, aparece una figura femenina que podría ser Santa Margarita (patrona de los partos) o Santa Marta (patrona del hogar).

* Sobre las manos de la pareja aparece una gárgola en actitud sonriente. Algunos autores consideran que este elemento es básico para comprender el significado del cuadro: un exorcismo mediante el que se pretende alejar el mal que atenaza a la pareja: la falta de descendencia.

C) Análisis sociológico:

Giovanni Arnolfini fue un rico mercader italiano, procedente de Lucca, que se asentó en la ciudad de Brujas (Flandes) atraido por las posibilidades comerciales de la zona, en la que logró una extraordinaria fortuna, de la cual el cuadro que comentamos en buen reflejo. Los objetos representados son, en si mismos, exponentes de las extensas relaciones geográficas de su propietario.
Este es, precisamente, el contexto en el que se desarrolla la pintura de los artistas denominados "primitivos flamencos", de los cuales van Eyck es el máximo exponente: una burguesía consolidada, próspera en los negocios, atraida por la moda de la decoración de interiores mediante tapices y, como en este caso, cuadros, entre los cuales los retratos ocupan un importante papel.
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Jan van Eyck: "Retrato de Giovanni Arnolfini". (1435).

3) OTRAS CUESTIONES:

Para concluir, debe insertarse esta obra dentro de la amplia producción del autor, entre la que destacan especialmente el políptico de la adoración del cordero místico (conservado en la catedral de San Bavón, Gante), la Virgen del canónigo van der Paele, asi como numerosos retratos de personajes de la época, entre los cuales conocemos otro que efectuó a Giovanni Arnolfini.
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Van Eyck es considerado como el mejor representante de esta escuela de primitivos flamencos y, durante mucho tiempo se pensó que había sido él quien inventó la técnica de la pintura al óleo. Hoy se cree más bien que la perfeccionó, de manera que su pincelada, de secado más lento, le permitía representar con mayor exactitud las figuras de sus cuadros. De este modo, esta pequeña obra es una síntesis de todas las características de la escuela: minuciosidad, interés por el color, naturalismo y estudio de la perspectiva.
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Finalmente, la colocación del espejo en el fondo de la escena supone una verdadera innovación en el mundo de la pintura, pensándose que esta obra influyó decisivamente en otros cuadros que emplean el mismo recurso, como ocurre en las Meninas de Velázquez.
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En este enlace podéis seguir (en inglés) un interesante debate sobre el misterio del matrimonio. En esta otra página podéis leer, entre otras cosas, una curiosa interpretación acerca de por qué el mercader está tan serio. Y aquí tenéis el enlace a la página del museo
propietario del cuadro, con una amplio zoom sobre la obra. Por lo demás, las referencias sobre este cuadro en la Web son tan amplias que no tendréis problemas si queréis seguir conociendo algunos otros de sus misterios. Merece la pena.

20 enero 2007

LOS PRIMITIVOS FLAMENCOS

EL ARTE DEL ÓLEO SOBRE TABLA

Roger van der Weyden: "El descendimiento de Cristo". (1437).

Jan Van Eyck: "La adoración del cordero místico". (1432).

Flandes, una región de la actual Bélgica en la que las actividades artesanales relacionadas con los textiles de lana alcanzaron, desde el siglo XIII, un notable desarrollo y, con ellas, se produjo un gran incremento del comercio. Fue así como en algunas ciudades de la zona (Brujas, Lovaina, Gante) surgió una poderosa clase burguesa que consigió convertir a todo la región en un área de gran riqueza y que quiso diferenciarse, en sus costumbres cotidianas, de los hábitos de la nobleza. Para ello, sus espaciosas mansiones urbanas alcanzaron un nivel de confort inusual para la época y en ellas surgió una nueva moda: la de decorar las paredes de las estancias principales con cuadros, la mayor parte de pequeño formato y realizados sobre tabla.
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Es este contexto socioeconómico el que explica el surgimiento de la escuela pictórica que llamamos de los "primitivos flamencos", una serie de artistas que atiende los encargos de esa burguesía, sin olvidar los de otras clientelas, como la propia Iglesia o la nobleza. En estas obras, cuya minuciosidad y detalle nos sorprenden, veremos fielmente retratada la sociedad de la época, podremos disfrutar de los paisajes naturales y recrearnos con los colores empleados. Todo ello al servicio de un arte natural, que se aleja de cualquier idealización y busca la representación de las personas y las cosas (incluso las más nimias y pequeñas) tal y como son. Para todo esto, los pintores perfeccionaron una ténica antes poco usada, la de la pintura al óleo, que proporciona a la obra una mayor consistencia, mostrando al mismo tiempo un avance considerable en el terreno de la perspectiva.
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Jan van Eyck: "La adoración del cordero místico" (políptico abierto). (1432).
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La nómina de artistas flamencos es extensa, ya que además los pintores solían organizarse en gremios, como el resto de los oficios burgueses, y en los talleres trabajaban numerosas personas, desde maestros ya consagrados a aprendices. Pero entre ellos destacan especialmente los hermanos Van Eyck (Jan y el misterioso Hubert), Robert Campin, Roger van der Weiden o Hans Menlings, concluyendo, ya en el siglo XVI, con las aportaciones de Pieter Brueghel o el Bosco. Artistas en definitiva que, trabajando en su mayor parte en la Edad Media, configuran lo que podríamos considerar el inicio de un Renacimiento específico en la zona del norte de Europa.

Jan van Eyck; "El hombre del turbante rojo". - Posible autorretrato- (1433).
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Cuando miro el políptico de San Bavon de Gante, o de la adoración del cordero místico y, abierto su contenido, reparo en las tablas inferiores, siempre encuentro algún detalle en el que antes no había reparado. Pero si lo contemplo cerrado y me asomo a esa ventana que separa a los dos personajes de la Anunciación, siempre es una ciudad diferente la que veo. Es esta belleza de la sorpresa permanente la que más me ha atraído de unos pintores con los que el arte de la pintura alcanzó una de las más hermosas y humanas cimas de la Historia.
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Tenéis en esta página una sencilla descripción en castellano de las principales obras de estos artistas. Pero para ver sus obras en detalle sólo tenéis que buscar al artista correspondiente en el índice de la web gallery. Prácticamente el catálogo es completo y las fotos de detalle os permitirán acercaros al trabajo tan minucioso de estos artistas. También la Olgas´s Gallery ofrece numerosas obras de Van Eyck.

19 enero 2007

POWER POINT SOBRE EL TRECENTO ITALIANO

POWER POINT SOBRE LOS PRIMITIVOS FLAMENCOS

Concluyo aquí las PPT incluidas en el tema del arte gótico, con las que corresponden a la pintura; una dedicada a la obra de los pintores italianos del Trecento (Simone Martini y Giotto di Bondone) y otra que analiza la obra de los distintos autores que incluimos dentro del la denominación de los primitivos flamencos, con especial referencia a la producción de Van Eick.



 

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