Mostrando entradas con la etiqueta /4) ARTE PRERROMANO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta /4) ARTE PRERROMANO. Mostrar todas las entradas

23 noviembre 2010

LAS ESCULTURAS IBÉRICAS DE PORCUNA

EVOCANDO UN LINAJE ARISTOCRÁTICO

Entre los años 1975 y 1979, a partir de unos primeros hallazgos fortuitos  en el yacimiento de Cerrillo Blanco (Porcuna, Jaén) fue recuperada una amplia serie de esculturas en piedra que puede calificarse, sin lugar a dudas, como el mejor conjunto escultórico de época ibérica hallado en España hasta la actualidad.

Grifomaquia. Primera mitad del siglo V a.C. Porcuna (Jaén).

Las investigaciones realizadas pusieron de relieve que en aquel yacimiento existía ya un importante conjunto funerario de época tartésica (en torno al siglo VII a.C.) y que unas dos centurias después, en la primera mitad del siglo V a.C. se depositó cerca de allí el conjunto escultórico al que nos referimos, formado por un elevado número de obras, la mayoría en bulto redondo (aunque hay también algún altorrelieve) que podría oscilar entre un total de  40 y 60 piezas. Lamentablemente, en torno al año 400 a.C. esas esculturas  fueron traídas a este yacimiento y destruidas de manera  voluntaria, hasta quedar descompuestas en más de 1400 fragmentos, que no ha sido posible ensamblar en todos los casos. No obstante, y por razones que ignoramos, los fragmentos fueron enterrados minuciosamente y quienes lo hicieron se tomaron además la piadosa molestia de cubrir la correspondiente fosa con losas de piedra.

En el conjunto de Porcuna puede diferenciarse una amplia tipología. De un lado hay un importante grupo de piezas que representa a guerreros, ya sea de forma aislada o componiendo alguna escena (caza, lucha, etc.). Por otro lado, encontramos abundantes representaciones de animales (ya sean reales o mitológicos: toros, caballos, leones, grifos, perros, etc.) que, a veces, componen también alguna escena de lucha. Todas las obras están realizadas en el mismo  tipo de piedra (una arenisca característica del lugar) y guardan  una elevada unidad formal.

Izquierda. Figura de guerrero con casco y tres escudos. Derecha: detalle del rostro. Mientras los ojos reflejan cierto arcaismo, el suave modelado de los labios denota ya la entrada en la época clásica. Primera mitad del siglo V a.C (Porcuna, Jaén).

Independientemente de que el conjunto tuviese un sentido funerario o religioso (e, incluso, ambas cosas a la vez) se estima que podría constituir la narración mítica del origen del linaje aristocrático que habría controlado esta zona jiennense donde se localizó antiguamente la población de Ibolca (o Ipolka, la Obulco de época romana), centro principal de los túrdulos, uno de los pueblos que configuran ese amplio entramado al que denominamos cultura ibérica. Precisamente, una de las esculturas (que muestra a un varón masturbándose) se ha interpretado como la representación del creador del linaje. Pero si lo que se hizo en Cerrillo Blanco  fue conmemorar ese linaje, ¿qué podría afirmarse respecto a su destrucción posterior? ¿Se trató tal vez de una revuelta antiaristocrática? Si así fue, ¿por qué se guardaron los fragmentos con tanto cuidado? Por ello se ha apuntado la posibilidad de que la destrucción del conjunto se deba a razones de orden exterior.

Jinete desmontando de su caballo y atravesando con su lanza a un enemigo. Primera mitad del siglo V a.C. (Porcuna, Jaén).

Por otra parte, si ahora fijamos nuestra atención en las propias piezas, apreciaremos en ellas una clara influencia de la escultura griega, justo en el momento de transición entre el periodo arcaico y el clásico. La unidad de estilo de todo el amplio grupo escultórico apunta a la idea de que todo él fue obra de un único taller en el que colaboraron, bajo una misma dirección, varios artistas. No ha faltado quien defienda la idea de que debió ser un escultor venido de la misma Grecia quien dirigió toda la elaboración del grupo. Fuese como fuese, la concepción del conjunto muestra claras coincidencias con la forma de organizar los frontones y mausoleos característicos del aquel mundo griego que se preparaba para entrar en su momento de mayor esplendor. Así pues, hace unos  2500 años en esta zona de  Andalucía eran bien conocidos los patrones culturales del Mediterráneo oriental. Indudablemente, las formas griegas estaban, por aquí, de moda. Y no sólo las formas plásticas. Casi con certeza, las ideas las acompañaban. Aculturación, solemos llamar a ese fenómeno.

Superior e inferior (a ambos lados): otras cuatro figuras del conjunto de Porcuna (Jaén). Primera mitad del siglo V a.C.

El lector hallará en Internet abundante información sobre este espectacular conjunto escultórico. Esta Web aporta información básica sobre el tema de los iberos en Porcuna.  Entre ellas recomendamos la descarga del artículo de Antonio Blanco Freijeiro sobre "Las esculturas de Porcuna. I. Estatuas de guerreros", así como el texto redactado por Ricardo Olmos sobre "Los grupos escultóricos del Cerrillo Blanco". En inglés, destaca el artículo de Blázquez y González Navarrete acerca de "The Phokaian sculpture of Obulco...". Por último, más fotos de las piezas en la Web del Museo de Porcuna.


16 octubre 2009

EL TESORO DEL CARAMBOLO

DE AJUAR TARTÉSICO A SÍMBOLO RELIGIOSO FENICIO

Hace ahora cincuenta y un  años se descubría de manera accidental en un cerro situado en las inmediaciones de la ciudad de Sevilla un tesoro compuesto en su totalidad por piezas de oro que, en conjunto, alcanzaban casi los tres kilos de peso. Las excavaciones efectuadas a continuación en el lugar del hallazgo determinaron la existencia de un poblamiento humano en el que se distinguieron diversos niveles de ocupación y que fue asignado a la cultura tartésica, con una cronología imprecisa situada entre mediados del siglo VIII a.C y finales del VI a.C. Aún recuerdo alguna antigua publicacion en la que se afirmaba algo así como que la complejidad de las estructuras excavadas se debía a la existencia de una "planta laberíntica". En todo caso, el "tesoro del Carambolo", como se denominó al conjunto de piezas áureas (por el lugar de su descubrimiento) pasó a convertirse en el mismo símbolo de Tartessos, la fabulosa cultura, preñada de múltiples riquezas, que se estimaba fruto de la influencia de los colonizadores orientales (sobre todo, fenicios) sobre las poblaciones autóctonas del occidente de Andalucía, dando lugar a un periodo de nuestra historia al que se calificó de "orientalizante".

Superior: las 21 piezas del tesoro del Carambolo. Inferior: brazalete (izquierda) y primera recreación del posible uso del tesoro (derecha).


En la interpretación inicial se consideró que el tesoro debía tener como finalidad principal la de mostrar de forma bien patente, en ciertas ceremonias de importancia, la autoridad de un personaje de elevado rango, casi un monarca, lo que en el imaginario colectivo quedó unido al mítico Argantonio, el rey de Tartessos al que aluden algunas fuentes escritas. ¡Tres kilos de oro sobre el cuerpo del personaje!, como ilustra la imagen de aquí al lado. Una hipótesis poco convincente pero que ha sido prácticamente la única durante más de cuarenta años.


Pero a partir del año 2003 se han efectuado nuevas excavaciones en el cerro del Carambolo y los arqueólogos han podido constatar de manera fehaciente que allí no hubo jamás un poblado tartésico, sino un santuario fenicio que atravesó cinco fases constructivas (la más antigua datable, como mínimo, en el siglo IX a.C.) y que en su momento de máximo esplendor reunió numerosas dependencias entre las que se encontraban un amplio patio y dos templos que podrían estar consagrados a las dos principales deidades fenicias, Baal y Astarté (de la que, por cierto, se localizó también en el Carambolo el exvoto de una esculturilla sedente con inscripción en el pedestal) dotados incluso con altares, uno de los cuales evocaba también por su forma la piel de toro de los "pectorales" del tesoro. Todo ello nos remitiría a paralelos de santuarios orientales, sirio-palestinos. Un conjunto monumental que se mantuvo en uso unos trescientos años, hasta el siglo VI a.C.

Superior: Astarté del Carambolo y planta del santuario en su momento de máximo esplendor.

De forma paralela a esos hallazgos otros arqueólogos han venido a replantear la posible finalidad de las joyas del tesoro, proponiendo (aunque esto no pueda ser demostrado empíricamente) que los pectorales y las placas servirían para engalanar, respectivamente, la testuz y los lomos de los toros que iban a ser sacrificados en el santuario en el contexto de ciertas ceremonias, mientras que las otras piezas (el collar y los brazaletes) estarían portados por el oficiante. No todo el mundo está de acuerdo con esta hipótesis y hay quien considera que quizás las joyas decoraban, por así decirlo, una desconocida representación de una de las dos divinidades.


Así que los fenicios levantaron este santuario en un cerro a orillas de lo que entonces era la desembocadura del Guadalquivir y frente a la primitiva Spal que acabaría dando lugar a la ciudad de Sevilla. Y allí quedó sepultado este tesoro del Carambolo, en lo que primeramente se consideró un "fondo de cabaña" y ahora se estima que era más bien un foso ritual, destinado al depósito de ofrendas. De este modo, nuestro tesoro no es tartésico, sino puramente fenicio. Parece pues que, además de las muchas otras cosas que inventaron, fueron los fenicios quienes crearon este sentido de romerías o de fiestas con presencia de toros que tan habitual resulta por estas tierras. Pero ¿por qué ocultarían tres kilos de oro? Sólo quien lo hizo tenía la respuesta, pero ya nunca lo sabremos.

El tesoro que hemos comentado debería alojarse permanentemente en el Museo Arqueológico de Sevilla, cuya escueta página Web le dedica un breve comentario y, además, reproduce la foto de las copias, no de las piezas originales. Sobre Tartesos y las colonizaciones encontraréis aquí bastante información, como en este blog. Sobre el tesoro, hay muchos datos en esta página y en esta otra. Por otra parte, sobre el santuario fenicio, leed este interesante artículo originalmente publicado en el diario ABC. Por último (pero no menos importante) sobre la excavación del santuario fenicio (realizada por Álvaro Fernández y Araceli Rodríguez) podéis descargaros la correspondiente publicación, de la que hemos tomado el plano de más arriba.

30 junio 2009

LOS SARCÓFAGOS DE CÁDIZ

ARTE FENICIO EN EL OCCIDENTE HISPANO

Casi con toda seguridad, esta mujer y este hombre jamás se conocieron. Aunque vivieron en la misma ciudad, lo hicieron en momentos diferentes, separados por más de cincuenta años de distancia temporal. Sin embargo, reposan juntos, uno al lado del otro como si de dos enamorados se tratase, en el mismo museo de la ciudad de Cádiz. Y aunque el tiempo los ha unido, ahí siguen sin trato ni comunicación alguna entre ellos, inertes en la frialdad del mármol con el que fueron transmutados en sarcófagos antropoides, acreditados ambos como las más importantes muestras artísticas de la presencia fenicia en el occidente hispano, en la antigua ciudad de Gadir o Gadeira, a las que algunas fuentes escritas (quizás algo exageradamente) le asignan una fundación hace ya más de tres mil años.

Ambos sarcófagos nos hablan de una moda difundida en algunas ciudades fenicias (sobre todo en Sidón) hace más de dos mil quinientos años: el enterramiento por inhumación en un sarcófago, pétreo por la materia con la que se elaboraba y antropoide por la intención de reflejar de alguna forma rasgos del personaje que acabaría ocupando su interior. Costumbre heredada de la ya existente en el mundo egipcio desde bastante tiempo atrás. Ya se sabe: los fenicios y su eclecticismo cultural. Cuestión curiosa ésta en un pueblo de marinos y comerciantes, poco dados a las esculturas de gran tamaño. Pero la vida eterna, claro está, admite otras consideraciones.

Por otra parte, los dos sarcófagos gaditanos comparten características comunes, como si hubiesen sido realizados por el mismo taller de origen sidonio, de imposible localización, aunque es evidente una cierta influencia de la escultura griega del denominado "estilo severo". Ambos alcanzan más de dos metros de longitud, presentan dos elementos separados, la caja y la tapa (originalmente policromada), y fueron hallados en sepulturas consistentes en cistas realizadas con sillares. Quienes los realizaron pusieron mucha más atención en el relieve del rostro, pese a su evidente hieratismo, que en el de los pies y los brazos. En el caso del ejemplar femenino, los pechos están levemente marcados. Comparten también el evidente eje de simetría longitudinal, la disposición de ambos brazos, flexionando el izquierdo para hacer más natural la sujeción de un objeto en la mano y, algo interesante, la labra casi idéntica del cabello, como si una moda unisex se hubiese apoderado de las creencias funerarias del momento, no sólo en lo que a peluquería se refiere, sino también a la vestimenta, porque las dos figuras lucen una túnica sin decoración alguna, de la que sobresalen los pies.

Sarcófago antropoide femenino (Primera mitad del siglo V a.C.). Cádiz.
.
El sarcófago femenino es algo más antiguo, quizás realizado hacia el 475 a.C. Representa a una mujer de mediana edad (el cadáver que contenía debía tener entre 35 y 40 años en el momento de la muerte) cuya mano izquierda sostiene un alabastrón, la típica vasija de la antigüedad empleada para contener perfumes y ungüentos valiosos. El peinado está realizado mediante tres tiras de bolas que semejan bucles o rizos. Llama la atención el excepcional estado de conservación de la pieza, de manera que los detalles del rostro pueden apreciarse por completo.
.
Por su parte, el sarcófago masculino, de menor calidad en el acabado, debió realizarse hacia el año 425 a.C. También nos presenta a un individuo de edad madura, dotado de luenga barba y bigote. En su mano izquierda porta una manzana, mientras que junto a la derecha se representó pintada una corona de flores, ya prácticamente perdida. Su peinado es en todo semejante al de su compañera. En este caso, el deterioro del mármol es mayor y los rasgos faciales pueden apreciarse con menor detalle.
.
Sarcófago antropoide masculino (Segunda mitad del siglo V a.C.). Cádiz.
.
Es muy improbable que sepamos alguna vez con absoluta certeza dónde se realizaron estos magníficos ejemplos de escultura funeraria y quiénes fueron los personajes que se sepultaron en su interior. Pero en todo caso ahí quedan, mudos testigos del intercambio de tendencias artísticas en la cuenca del Mediterraneo en la época en que unas naves fenicias, dedicadas a los intercambios comerciales, cruzaban de un lado a otro ese mar. Y más allá. Pasadas las columnas de Hércules.

Más información sobre los dos sarcófagos fenicios en esta página de arqueología. Además, el Museo de Cádiz los recoge también en su Web y aquí pueden leerse otras noticias curiosas sobre el hallazgo del ejemplar masculino.

18 junio 2009

LOS MARFILES DE BENCARRÓN

... Y LOS EXPOLIOS CONSENTIDOS DEL PATRIMONIO

Hace algo más de un siglo, un millonario norteamericano pone sus ojos en España. Quiere reunir obras de arte de nuestro país y organizar con ellas una colección monográfica que acabará cuajando en la creación de la Hispanic Society of América, con sede en Nueva York. Fue así como Archer Huntington llega a la península y comienza a satisfacer su afán coleccionista. Si algo le sobra, es dinero. En la provincia de Sevilla toma contacto con un inglés, George Bonsor, quien lleva ya unos años asentado en Andalucía dedicado a las excavaciones arqueológicas. Además, ha adquirido un castillo en la localidad de Mairena del Alcor y necesita grandes fondos para restaurarlo. De manera que el inglés acaba por vender al norteamericano muchos de los objetos que ha localizado en sus excavaciones, distribuidos en varios lotes. Todo ello, con el trasfondo de una legislación del país, que no prohibía la exportación de obras de arte. Ahora, parte de esos fondos de la Hispanic Society regresan provisionalmente a España, de donde jamás debieron salir, formando parte de una exposición itinerante con el poco afortunado título de "El tesoro arqueológico de la Hispanic Society of America".

Acudo a visitar en Sevilla la exposición y me doy allí de bruces con los famosos marfiles de Bencarrón, que Bonsor encontró en la necrópolis de ese nombre, situada en la comarca de Los Alcores, entre Alcalá de Guadaira y Mairena del Alcor (provincia de Sevilla): un conjunto de veinte estructuras tumulares, en su mayor parte de incineración. En 1895 Bonsor excavó uno de aquellos túmulos y localizó bajo él una fosa escalonada cuya cubierta se cerraba con una losa. En su interior se encontraron seis placas de marfil que originalmente debieron formar una pequeña caja en la que se depositarían las cenizas del cadáver. Se les asigna una cronología de fines del siglo VII a comienzos del VI a.C. Haber visto estas piezas tantas veces en fotografías no resta ni un ápice de emoción a su contemplación en directo.

Ahora puedo ver la famosa placa en la que se ha grabado la escena de un guerrero con rodilla en tierra que lucha con un león, mientras tiene tras sí a un grifo que parece protegerlo. Indudablemente, el artista no era de mucho mérito. Probablemente un indígena tartésico que seguía, tal vez sin ser muy consciente de ello, modelos procedentes del Próximo Oriente, traídos hasta aquí por los fenicios. Nuestro guerrero, que vemos de perfil, se viste con una túnica de manga corta, sujeta por un ceñidor en la cintura, y se cubre la cabeza con un casco empenachado. Su armamento se compone de una lanza que apunta al león y un escudo circular. Tanto la túnica como la forma de la barba recuerdan a precedentes sirios. Me admiran el pequeño detalle de la solitaria flor de loto que brota del suelo, en medio del combate, o el giro de la cabeza del león, cuyas fauces abiertas nos permiten ver la lengua. Hay quien opina que en realidad lo que vemos es una alusión simbólica a un proceso de iniciación real mediante el cual un personaje importante acababa convertido en una divinidad dominadora de la naturaleza. Pero yo creo que el artesano eborario que grabó la escena no pensaba en nada de eso. Cumplía con un encargo, si no es que repetía un modelo que ya se sabría casi de memoria.

Es curioso. Hace unos 2600 años una persona de cierta importancia murió en un poblado situado en las inmediaciones de Sevilla. Sus familiares procedieron a su sepelio según la costumbre local. Incineraron el cadáver y depositaron las cenizas en una cajita de marfil, que colocaron al fondo de una fosa sobre la que levantaron un túmulo. Dos mil quinientos años después un inglés localiza los marfiles y los vende a un rico norteamericano, que pagó por las seis placas 2100 pesetas de las de entonces. Me recuerda a las prácticas colonialistas de la época. Sólo que en España había entonces un gobierno que se regía por una constitución. ¿O tal vez éramos una colonia y nuestro patrimonio podía expoliarse legalmente?
.
En la Biblioteca Virtual Cervantes podéis descargaros este amplio artículo sobre "el marfil en la Antigüedad" y este otro sobre "Las necrópolis protohistóricas de Los Alcores", donde se da cuenta de los marfiles de Bencarrón, sobre cuya excavación en 1895 se ofrecen curiosos datos en este blog.

26 octubre 2007

LA ESCULTURA IBÉRICA

GRANDES DAMAS, GUERREROS Y ANIMALES MITOLÓGICOS


Jinete descabalgado del Cerrillo Blanco. Siglo V a.C. Jaén. // Mapa de localización de los pueblos iberos.

A partir del siglo VI a.C. encontramos situados en toda la costa levantina española, así como en casi todo el territorio de la actual Andalucía a una serie de pueblos que las fuentes clásicas agrupan bajo el común denominador de "iberos". Su cultura es fruto de la asimilación de patrones orientales (fenicios y griegos) y de la evolución propia de los pueblos asentados en esas zonas de la península en momentos anteriores, destacando la aportación de elementos procedentes del mundo tartésico. Estos iberos que conocieron la escritura y que levantaron poblados en los que ya es perceptible un incipiente urbanismo destacan, en el campo de la Historia del Arte, por su realizaciones escultóricas, tanto en bulto redondo como en relieves.

Guerrero del Cerrillo Blanco. Siglo V a.C. Jaén. ...... //...... Pareja de oferentes del Cerro de los Santos. Siglo II a.C. Madrid.

La escultura ibera acusa las influencias de la procedente del mundo griego, aunque también presenta algunos rasgos de origen mediterráneo oriental. Esta mezcla origina una estatuaria con acusada personalidad, en la que se aprecian diversas escuelas. En todas ellas parece mostrarse un especial interés en la representación de grandes damas, de guerreros y de animales, ya sean reales o mitológicos, que parecen tener un sentido de protección de las tumbas y otros espacios sagrados. Esta es quizás la característica fundamental de la escultura ibérica: su vinculación con las prácticas y ceremonias religiosas, sean o no de ultratumba. Además. la evidente geometrización y la frontalidad que presentan muchas de las obras son también rasgos definitorios de la escultura ibérica, que mantuvo sus realizaciones incluso hasta un tiempo después de la llegada de los romanos a la península ibérica.
.
En esta página hay más información y numerosas fotos sobre los pueblos iberos y sus manifestaciones artísticas. Podéis ampliar también vuestros conocimientos visitando esta web. Finalmente, esta presentación os acerca algunas de las más conocidas obras de la escultura ibérica.


29 octubre 2006

EL ARTE EN LA ESPAÑA PRERROMANA

LOS FENICIOS Y TARTESOS

"Bronce Carriazo". (Hacia 600 a.C.). Sevilla.
.
Hemos tratado en el post anterior el desarrollo del arte entre los pueblos iberos. Sin embargo, debemos recordar que con anterioridad a la aparición de dicha cultura se había producido la llegada de los fenicios a la península Ibérica, quienes ya habían fundado la ciudad de Gadeira hacia finales del segundo milenio a.C. Esta colonización se desarrolló fundamentalmente por tierras costeras de Andalucía, aunque su influencia se extendió bastante hacia el interior peninsular. De los fenicios nos han quedado muestras artísticas tan soberbias como los sarcófagos antropoides conservados en el museo de Cádiz.

Sarcófago antropoide fenicio. (Siglo V a.C.). Cádiz. // Astarté de Galera. (Siglo Vii a.C.). Granada.
.
En relación con esta colonización fenicia en las tierras andaluzas debemos poner la aparición de la cultura de Tartesos, que se extiende, temporalmente a lo largo de la primera mitad del primer milenio a.C. Según las fuentes, Tartesos poseía reyes, leyes escritas y una importante capital de igual nombre, que sigue siendo hoy uno de los mitos de la arqueología española, ya que no se ha localizado su ubicación.

Aunque la cultura tartésica es parca en manifestaciones artísticas (no se conoce ninguna ciudad, propiamente dicha), poco a poco van localizándose muestras de lo que debió ser un arte muy interesante.

En la mayor parte de los casos, se aprecia en este arte tartésico una clara influencia fenicia que, a su vez, transporta aportaciones culturales de otros pueblos del Próximo Oriente. Una visita a cualquiera de los museos arqueológicos existentes en Andalucía os permitirá conocer, más de cerca, las muestras de este arte tartésico, tan interesante y tan sintetizador de influencias externas, combinadas, eso sí, con las aportaciones de los propios pueblos indígenas peninsulares.
.
Podéis visitar la magnífica reconstrucción virtual de un asentamiento de influencia tartésica, con buena música y excelentes animaciones en la web del yacimiento extremeño de Cancho Roano. Desde una perspectiva más general, disponéis en esta página de una síntesis de la cultura tartésica. Por último, aquí está el enlace al portal por antonomasia sobre los fenicos (en inglés, claro), con todo tipo de contenidos.
.
Pectoral del tesoro del Carambolo. (Hacia 600 a.C.) Sevilla.

26 octubre 2006

LA ESCULTURA IBERA

O CÓMO LA INFLUENCIA GRIEGA LLEGÓ HASTA AQUÍ

Dama de Baza (Fines s. V a.C.) ................................................................................Dama de Elche (Siglo IV a.C.).
.

Ya vimos cómo los griegos extendieron su influencia por amplios sectores del Mediterráneo, dentro de un amplio proceso de colonizaciones que les llevó a crear enclaves comerciales propios en distintas zonas de dicho mar. Aunque no son muy abundantes las colonias griegas en España, no podemos decir lo mismo de su influencia, que se extendió enormemente entre el conjunto de pueblos peninsulares que denominamos iberos.
.
Guerrero de Porcuna (Siglo V a.C.).
.
Con el nombre de iberos conocemos a diversos pueblos asentados en la zona mediterránea de nuestro país, así como en la mayor parte de Andalucía. Aunque no formaron nunca una unidad política, sí compartieron numerosos elementos culturales, como las creencias religiosas, la lengua y muchas de sus costumbres. Del mismo modo, los iberos desarollaron una serie de manifestaciones artísticas también semejantes, entre las que la escultura adquiere gran interés. Son numerosas las representaciones de "damas", las de animales y las de guerreros, así como los exvotos, o figuras de pequeño tamaño que los devotos solían dejar como agradecimiento en los santuarios.
En la mayor parte de los casos podemos apreciar en estas representaciones una clara influencia de la escultura griega, sobre todo de la de época arcaica, visible en la frontalidad o la geometrización que presentan las obras.

Fijaos en la representación de la Dama de Baza: es en realidad una urna para guardar las cenizas de un guerrero; tratad de adivinar qué es lo que sostiene en su mano izquierda. ¡Qué hermoso detalle escultórico!
.
En esta página podéis encontrar una buena síntesis de las culturas iberas. Más en concreto, en esta otra web encontraréis información suficiente sobre la Dama de Baza. Por último, aquí tenéis una excelente página sobre los iberos de la Contestania (zona de la actual provincia de Alicante). Y esta vez todas las páginas en castellano.
.
Exvoto. Jinete ibérico.
 

ENSEÑ-ARTE Copyright © 2011 -- Template created by Enseñ-arte -- Powered by Blogger