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21 septiembre 2008

LORENZO MERCADANTE DE BRETAÑA

UN ESCULTOR ENTRE EL GÓTICO Y EL RENACIMIENTO

A finales de 1453 moría en Sevilla el cardenal Juan de Cervantes. Hombre previsor, había dispuesto su sepultura en una de las capillas de la catedral de la ciudad, la de San Hermenegildo. Para su realización se contrató a un artista extranjero recién llegado a la ciudad que diseñó un sepulcro de alabastro con la estatua yacente del famoso cardenal, ataviado con el atuendo de las grandes ocasiones, y diversos relieves en los laterales, que muestran ángeles sosteniendo el escudo heráldico del difunto. El escultor se llamaba Lorenzo Mercadante y sabemos con certeza su autoría porque no dudó en firmar una obra que le haría famoso. Se preocupó además de dejar claro su origen geográfico: "Lorenzo Mercadante de Bretaña entalló este bulto".

Arriba: Lorenzo Mercadante: "Sepulcro del cardenal Cervantes" (1454-1458). Sevilla. (Vista general y detalles).

Debajo: Lorenzo Mercadante: Portadas del Nacimiento y del Bautismo de la catedral de Sevilla (Hacia 1464-1467).

Así pues, estamos aquí ante el caso en el que un artista, aún en los fines de la Edad Media, quiere que el tiempo no borre la autoría de sus obras. No obstante, no son muchos más los datos que tenemos de Mercadante. Debió trabajar en Sevilla entre los años 1454 y 1467 y realizó otras obras diversas a instancias del cabildo de la Catedral de la ciudad. Es conocida su participación en la decoración escultórica de dos de las puertas del templo, las del Nacimiento y el Bautismo, para las que elaboró un total de doce estatuas de bulto redondo. En el primer caso, se trata de los cuatro evangelistas, San Laureano y San Hermenegildo. En el segundo encontramos a los tres santos hermanos y obispos Isidoro, Leandro y Fulgencio, y a las santas Justa, Rufina y Florentina. Además, probablemente, intervino en la realización de los relieves de los tímpanos, tal vez ayudado por alguno de sus colaboradores.

Escultor de gran versatilidad, capaz de pasar sin problemas del alabastro a la terracota o a la madera, el estilo de Mercadante se encuentra en plena transición entre el gótico y el renacimiento. Dado su origen geográfico, probablemente se formó en los ambientes artísticos de Flandes, interesados por llevar a las obras escultóricas el realismo naturalista, pretendiendo mostrar la pesonalidad del retratado. En ese sentido, probablemente empleó para realizar el sepulcro citado una mascarilla del difunto, pero igualmente apreciamos ese interés por el realismo verista en las esculturas de las portadas de la catedral sevillana.

Así pues, Lorenzo Mercadante, no siendo el único artista extranjero aentado en la ciudad en aquellos años de la segunda mitad del siglo XV es en gran medida el responsable de la introducción en Sevilla de las nuevas corrientes escultóricas que ya triunfaban en otras partes de Europa, creando además una escuela escultórica en la que se continuaría la senda que el había iniciado.

Es de lamentar que, por falta o desconocimiento de la documentación, no tengamos la certeza absoluta de la realización por Mercadante de otras obras que tradicionalmente se le atribuyen, pero no obstante alguna vez surge la sorpresa. Recientemente se descubrió en Sanlúcar la Mayor (Sevilla) una escultura de San Miguel en barro cocido cuya factura y calidad han hecho a los especialistas considerar que muy probablemente fue realizada por nuestro escultor. ¡Quién sabe! Tal vez en el futuro tengamos nuevas alegrías.
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Lorenzo Mercadante: "San Miguel". Sanlúcar la Mayor (Sevilla).
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Descargaos en PDF este artículo sobre las dos portadas de la catedral de Sevilla en las que intervino Lorenzo Mercadante. Podéis también ver al detalle esas portadas en esta página sobre la catedral sevillana. Por último, leed la noticia del hallazgo de la última escultura de Mercadante.

02 abril 2008

EL CRISTO DE LA CLEMENCIA

COMENTAR UNA OBRA DE ARTE (12)

Dada la importancia que la imaginería barroca tiene en Andalucía, realizamos en esta ocasión el análisis de una obra que puede considerarse como paradigma de los crucificados de esa época: el Cristo de la Clemencia, de Juan Martínez Montañés.

1) DETERMINAR:

a) TIPO DE OBRA: Escultura.

b) TÍTULO: Cristo de la Clemencia.

c) AUTOR: Juan Martínez Montañés (1568-1649).

d) FECHA: 1603-1606.

e) LOCALIZACIÓN: Catedral de Sevilla, España.

f) ESTILO: Imaginería barroca. Escuela andaluza.

2) ANALIZAR:

A) Análisis técnico:

* FORMA: Obra escultórica que representa a Jesús crucificado. La imagen, que mide 1,90 ms. de altura (sin la cruz), fue policromada por el pintor Francisco Pacheco.

MÉTODO: imagen realizada en madera de cedro, mediante talla y con policromía posterior.

DESCRIPCIÓN GENERAL: La imagen del Cristo de la Clemencia nos muestra, en una clara composición trapezoidal, a Jesús clavado en la cruz mediante cuatro clavos (dos en las manos y dos en los pies), aún vivo y con la cabeza inclinada hacia su hombro derecho. En ella presenta una amplia corona de espinas de traza natural, a modo de casquete. Pese a tratarse de un crucificado, los rasgos dramáticos no están exagerados. Sólo apreciamos rastros de sangre en las heridas de las manos y de los pies, así como en la que se derrama por el rostro y el pecho desde la corona. La carne está policromada en color mate y no se ha producido aún la herida en el costado. De todo ello puede deducirse que el momento de la muerte no resulta inmediato.

El cuerpo de la imagen está trazado de manera naturalista y realista, siguiendo un claro canon alargado, herencia de los planetamientos manieristas. El detalle anatómico es perfecto, sin que se aprecien signos evidentes de excesiva tensión muscular, más allá de los que requiere la propia composición. Como única vestimenta el crucificado muestra un paño de pureza que describe un amplio óvalo, se recoge con un gran nudo hacia su lado derecho y se desarrolla mediante numerosos pliegues de tamaño reducido. La pierna derecha se cruza sobre la izquierda, para acabar presentando los pies casi en paralelo, dejando bien visibles ambos clavos.

Por otra parte, Jesús muestra los ojos abiertos y su mirada, que podría calificarse como de serena, dulce y triste al mismo tiempo, se dirige hacia la parte inferior. La boca también se halla entreabierta.

De todo ello podemos deducir que la imagen combina a la perfección dos elementos característicos de la escultura barroca española, cuales son el naturalismo realista y el clasicismo. Muy probablemente para su talla Marínez Montañés debió inspirarse en un crucificado elaborado por Miguel Ángel, que conocería por una copia existente en Sevilla o bien por estampas.

B) Análisis simbólico:

La simbología de un crucificado, dentro de la religión cristiana, es tan evidente que no requiere ser comentada en detalle: la muerte de Jesús en la cruz (que debe entenderse continuada en su posterior resurrección) es la base en la que se fundamenta el cristianismo. Muriendo en el madero, el mismo Dios da cumplida cuenta de su amor a los hombres.

En relación con ello, hay un rasgo en la imagen muy interesante. Se trata de la disposición de la cabeza y, por consiguiente, de la dirección de la mirada de Jesús, hacia abajo. La posición de la cabeza, exigida por el propio contrato en el que se basó la elaboración de la escultura, implica que Cristo mira directamente a quien se sitúa delante de él en un plano inferior y la mirada deviene en símbolo tanto de los propios sufrimientos divinos por la especie humana como en emblema de perdón. Y por extensión el perdón se entiende concedido no sólo a quien contempla directamente a la imagen sino a la humanidad en su conjunto. La mirada del Cristo de la Clemencia es pues símbolo del amor de Dios a los hombres y, según los planteamientos cristianos, de su infinita misericordia.

En otro orden de cosas, esta escultura de cuenta también de un antiguo debate entre los expertos y doctores de la Iglesia acerca de cómo fue crucificado Cristo, con tres clavos o con cuatro. En este caso Montañés, siguiendo los planteamientos del pintor Pacheco, se pronuncia por la segunda opción y muestra en su crucificado un clavo en cada pie, conforme habían defendido algunos doctores de la Iglesia como San Ireneo o San Justino y se recogía en los escritos de la monja visionaria sueca Santa Brígida, cuyo libro de las revelaciones fue editado a fines del siglo XV y alcanzó amplia difusión.

C) Análisis sociológico:

Martínez Montañés talla esta imagen en la Sevilla de los primeros años de siglo XVII, heredera de la de los esplendores del siglo XVI, cuando la ciudad crece espectacularmente a raíz del establecimiento en ella del monopolio del comercio americano, concretado en la Casa de la Contratación. Están cercanos, no obstante, los años de mediados de la centuria, en los que las crisis financieras y las sucesivas epidemias podrán fin a la época de apogeo de la ciudad. En Sevilla se halla ampliamente difundido el espíritu de la Contrarreforma católica, afianzado en la amplia difusión de las órdenes religiosas, de forma que la mentalidad barroca se pone al servicio de esta idea de defensa a ultranza de los principios de la religión. A este efecto, la imaginería es un recurso de primera importancia.

3) OTRAS CUESTIONES:

Se conocen las circunstancias concretas que inspiraron esta obra, dado que se ha conservado el contrato que reguló su ejecución, firmado entre el escultor y el canónigo Mateo Vázquez de Leca, quien deseaba tener en su capilla particular una imagen de un crucificado que debía "de estar vivo... con la cabeza inclinada sobre el pecho, mirando a cualquier persona que estuviese orando al pie del, como que está el mismo Cristo hablándole...". De este modo, la iconografía específica de la imagen quedaba convertida en obligación contractual para el artista.
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Este Cristo en la cruz de Martínez Montañés muestra claras influencias de los que talló su maestro, el granadino Pablo de Rojas, a quien puede considerarse como creador del modelo de crucificado que se difundiría en la época barroca, concebido para ser admirado de cerca y como imagen procesional, aunque no es el caso del que nos ocupa (destinado a una capilla en la Cartuja de Sevilla) y que, a su vez, resultaría ser prototipo de los que elaboraron otros miembros del grupo de imagineros andaluces y, entre ellos, Juan de Mesa. Finalmente, cabe señalar que no fue éste el único crucificado tallado por Montañés: en la ciudad de Lima (Perú) se conserva el Cristo del Auxilio, que el artista concluyó en 1603, año en que contrataba el de la Clemencia.

En un artículo anterior de ENSEÑ-ARTE podéis consultar una síntesis de la vida y la obra del llamado "dios de la madera". En esta página se plantea una comparación entre el Cristo de la Clemencia y otros crucificados famosos en la pintura española. Por otra parte, sobre Montañés, aquí se narra su biografía y se analiza el cruciificado sevillano.

01 abril 2008

JUAN DE MESA

TRESCIENTOS AÑOS DE "INCÓGNITO"

La historia de la que vamos a ocuparnos ahora tiene mucho de intriga y de novela por entregas. Es la de uno de los más importantes imagineros del barroco, uno de los mejores escultores de la España del siglo XVII y del cual no se supo prácticamente nada... durante casi trescientos años. No fue hasta ya avanzado el siglo XX cuando algunos historiadores del arte comenzaron a desvelar los primeros datos sobre sus obras, a localizar algunos contratos firmados por el artista, a mostrarnos, en suma, las realizaciones de un autor de primera importancia.

Juan de Mesa: "Nuestra Señora de las Angustias" (1627). Córdoba.

Esa es la historia de Juan de Mesa (1583-1627), un escultor nacido en Córdoba en el seno de una familia de pintores y que con veintitrés años, algo mayor para la época, logró emplearse como aprendiz en el taller que en Sevilla tenía Juan Martínez Montañés. Allí estuvo aprendiendo el oficio de escultor imaginero, hasta que en torno a 1615 se independiza e instala su propio taller, que mantiene hasta su muerte, víctima de la tuberculosis. Ahora sabemos que durante todos esos años realizó una abundante producción, alcanzando muchas de sus obras elevadas cotas de calidad. Sin embargo, a lo largo de casi tres siglos su rastro se perdió para los historiadores del arte y la obra de este escultor quedó sumida en el incógnito más absoluto. No sólo eso: en todo ese periodo varias de sus imágenes más conocidas, aquellas especialmente destacables y muchas veces objeto de la mayor devoción popular fueron atribuidas a su maestro, Martínez Montañés.

Juan de Mesa: "Cristo de la Buena Muerte" (1620). "Cristo del Amor" (1620). Sevilla.

Hoy, sin embargo, el panorama es bien diferente y se ha avanzado bastante en la documentación de muchas de sus esculturas, aunque en sí misma la vida de Juan de Mesa sigue siendo escasamente conocida. Apenas quedan noticias de sus contemporáneos, quienes no escribieron de sus obras ni para ensalzarlas ni para criticarlas. Quizás esta situación se debe a la fama que Martínez Montañés llegó a alcanzar en la ciudad de Sevilla: parecía como cosa lógica que toda obra de imaginería que destacase de manera especial por sus cualidades artísticas debía haber salido necesariamente de su gubia. Además, Montañes siguió trabajando veinte años más después de la muerte de su antiguo discípulo.
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Así pues, Mesa se forjó como artista en los cánones del último manierismo, en los patrones clasicistas que defendía su maestro, Montañés. Sin embargo, su evolución personal lo conduce a la introducción del naturalismo barroco en sus obras, aún sin la tendencia a la acusada expresión dramática que por la misma época caracterizaba a los escultores de la llamada escuela castellana. De esta forma, y en los ambientes contrarreformistas de la Sevilla de entonces, el estilo de Mesa resultaba completamente propicio para exaltar la devoción popular hacia las imágenes. De ahí que la mayor parte de sus realizaciones la constituyan aquellas dedicadas a procesionar, fundamentalmente en la Semana Santa, con una clara predilección por el tema del crucificado, lo que le permite demostrar su gran capacidad para captar a la perfección los detalles anatómicos, para lo cual parece que Mesa se dedicó a la observación directa de cadáveres, de donde obtendría el elevado rasgo realista de sus imágenes.

¡Curiosidades de la Historia! Desde hace bastantes años conocemos el contrato por el cual Juan de Mesa se comprometía a tallar el famoso "Cristo de la Buena Muerte" de la Hermandad de los Estudiantes, de Sevilla. En 1983, y con motivo de un traslado de la imagen, fue descubierto en su interior un pequeño pergamino con el siguiente texto: "Ego feci Joannes de Mesa, anno 1620". Dejar un breve documento en la escultura era entonces una costumbre bastante extendida pero, en este caso, parecería como si el propio artista quisiese garantizar de algún modo que su obra no pasaría desapercibida al cabo de los años. Finalmente, así ha sido y hoy quienes disfrutan de la Semana Santa pueden apreciar en la calle la enorme valía de las imágenes que él talló.

Juan de Mesa: "Jesús del Gran Poder" (1620). Sevilla.

Este blog lleva por título el nombre del escultor y en él se analizan algunas de sus obras. Igual temática posee esta otra página. En este artículo se da cuenta de cómo algunas obras de Mesa llegaron hasta Hispanoamérica. Finalmente, podéis leer un buen análisis de la más conocida obra de Juan de Mesa, el Señor del Gran Poder, en la web de la Hermandad sevillana correspondiente.

08 marzo 2008

EL CRISTO DE LA VERA CRUZ DE SEVILLA

LA IMAGEN MÁS ANTIGUA DE LA SEMANA SANTA SEVILLANA

Estamos ya próximos a los días en los que la ciudad de Sevilla se desborda en esa fiesta del arte en la calle que constituye la Semana Santa. Una celebración que alcanzó gran auge desde la época barroca, a la cual pertenece un elevado número de las imágenes que durante esos días procesionan por las calles de la ciudad. Sin embargo, hay una imagen procesional que se remonta a un momento anterior al del esplendor barroco del siglo XVII. Me refiero al Cristo de la Vera+Cruz, la imagen más antigua de la Semana Santa sevillana.

Ya hemos tenido ocasión de estudiar en clase, a través de los frescos de Piero de la Francesca, cómo la devoción por la verdadera cruz de Cristo se remonta a los tiempos de Santa Elena, en época del emperador Constantino (comienzos del siglo IV). Desde entonces ese interés por la reliquia del Santo Madero no hizo sino aumentar y fue difundida co mucho éxito por la Orden Franciscana en los siglos bajomedievales. En esa época se crea en Sevilla una Hermandad que lleva por título el de Vera+Cruz, constituida de manera formal en 1448, alojada en el convento principal de los franciscanos de la ciudad. La Hermandad atravesó diversas vicisitudes a lo largo de su dilatada historia y acabaría extinguiéndose a comienzos del siglo XX, hasta que un grupo de estudiantes sevillanos, de uno de los cuales guardo el mejor de los recuerdos, procedió a refundarla en 1942.

Esta Hermandad de la Vera+Cruz sevillana atesora la imagen del crucificado que le da nombre: una escultura de madera policromada de tamaño algo inferior al natural (el cuerpo alcanza sólo los 135 cm. de altura) y que corresponde formalmente a los inicios de la estética renacentista, aunque son áún visibles claros rasgos del último gótico. Mucho se ha debatido la autoría de la obra, que se ha atribuido a artistas como Roque Balduque, un escultor de origen flamenco asentado en Sevilla, o Antón Vázquez, muy activo en la localidad gaditana de Arcos de la Frontera, sin que exista ninguna confirmación documental al respecto. En cualquier caso, y por sus rasgos estilísticos, podría fecharse la obra en torno al periodo comprendido entre los años 1520 y 1540, siendo la cruz de época muy posterior.

Formalmente nos hallamos ante la imagen de un crucificado ya muerto, como revelan la posición de la cabeza, inclinada por completo sobre el hombro derecho, la relajación muscular y la flexión de las rodillas. Quien quiera que fuese el autor, procuró remarcar el tono dramático de la escultura, mostrando detalles tales como la herida sangrante del costado, los ojos entornados, la posición de las manos o la forma en la que se talla la cabeza, donde nos sorprende una boca entreabierta que nos muestra la dentadura y el comienzo de la lengua. Otros regueros de sangre son apreciables en el cuello y en la parte superior del torax, como resultado de la presencia de una corona de espinas labrada en el propio soporte de la imagen. Todos estos recursos son bien propios de la escultura del último gótico, pese a la fecha de realización de la obra. En cualquier caso, llama la atención la capacidad del escultor para retratar a este Cristo muerto, que deja plasmada en la elaboración del conjunto de la cabeza, que podemos considerar de una hermosa belleza muy próxima al patetismo.

Por el contrario, la composición del sudario o paño de pureza del Cristo de la Vera+Cruz nos pone ya en la senda de la primera imaginería renacentista. Esta pieza cubre la zona central de la escultura y se anuda sobre su cadera izquierda. El naturalismo de los pliegues es aquí evidente. Además, en una restauración efectuada a la imagen a finales de los años 70 del pasado siglo fue hallada en el sudario una banda de policromía que viene a semejar la existencia de un bordado sobre la propia pieza, elaborado a base de franjas verticales.

En definitiva, vemos en esta antigua obra un interesante cruce de influencias entre dos tradiciones artísticas bien diferenciadas; de un lado las procedentes de los siglos finales de la Edad Media, con esa tendencia al patetismo y a la dramatización de la imagen; de otro, la que va abriéndose paso lentamente y atiende a una representación más naturalista en las obras, con influencias que, en último extremo, están llegando desde Italia. Los nazarenos que hoy acompañan a este crucificado de la Vera+Cruz, con casi 500 años ahí clavado, tienen la suerte de haber recibido un legado histórico-artístico del mayor interés, que sale a la calle cada Lunes Santo. Cosas de Sevilla.
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Más información sobre la historia de esta antigua hermandad sevillana en su página web. Excelentes fotos de sus imágenes procesionales, en este enlace.

18 marzo 2007

JUAN MARTÍNEZ MONTAÑÉS

EL "DIOS DE LA MADERA"
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Diego Velázquez: "Retrato de Juan Martínez Montañés" (1636). Madrid.

Nacido en la Alcalá la Real (Jaén) Juan Martínez Montañés (1.568-1649) es la figura más destacada de la escuela de imagineros andaluces y, quizás, el más importante de los escultores barrocos de nuestro país. Tras un periodo inicial de formación en Granada, Martínez Montañés se instaló en Sevilla hacia 1582, continuando su preparación en el círculo de Jerónimo Hernández, hasta que obtuvo la maestría en 1588, a la edad de veinte años. Desde entonces, y salvo alguna salida ocasional a Madrid, el imaginero no abandonaría nunca la ciudad, en la que se conserva la mayor parte de su producción más destacada.

Juan Martínez Montañés: "Cristo de la Clemencia" (Hacia 1603). Sevilla.

Su obra, muy amplia, es prácticamente toda ella de carácter religioso y, pese a pertenecer en gran parte al siglo XVII, se mantiene dentro de unos cánones clasicistas, que eluden el patetismo y lo vinculan con las tendencias manieristas que imperaban en Castilla a finales del siglo XVI. Entre sus realizaciones más destacadas figuran diversos modelos iconográficos: el crucificado (Cristo de la Clemencia, la inmaculada (la "cieguecita") o el niño Jesús, amén de una innumerable relación de santos. Fue también autor de algunos retablos, sobresaliendo el de San Isidoro del Campo (Santiponce, Sevilla), que incluye unas excelentes figuras orantes de Guzmán el Bueno y doña María Alonso Coronel. Por el contrario, sólo realizó un cristo procesional: el nazareno de la cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Pasión.

Montañés creó escuela en Sevilla, en la que trabajaron algunos de los más conocidos imagineros del XVII, como Juan de Mesa, al que el maestro sobrevivió. Pero sus influencias se extendieron mucho más allá de la ciudad, y pueden seguirse en numerosos imagineros barrocos de toda Andalucía.

Esta breve página esta dedicada a Montañés, del cual podéis ver 16 obras en este catálogo de la Universidad de Sevilla.
 

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