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29 octubre 2014

LA ISLA MÍNIMA DE ATÍN AYA

Estos días se celebra en España la Fiesta del Cine con entradas a precios populares.  La Isla Mínima es una de las películas más demandadas por un público que queda maravillado por su exquisita fotografía que se inspira en los trabajos de Atín Aya. En Enseñ-arte nos adentramos en la obra de este fotógrafo sevillano que utilizó las Marismas del Guadalquivir como fondo sobre el que retratar realidades.

Las Marismas del Guadalquivir, como una especie de Venecia sin fin, de edificios invisibles y asfalto ausente, dibujan con sus canales un paisaje laberíntico, húmedo, de fango y juncos, casi asfixiante en el que la presencia humana se intuye presente pero no quiere dejarse ver. Un entorno donde la tierra y el mar se dan la mano para crear un paraje singular con unas posibilidades artísticas impresionantes. Buena cuenta de ello han dado el cineasta Alberto Rodríguez y su director de fotografía Alex Catalán en el magnífico thriller La Isla Mínima. Los planos cenitales con los que se abre la película o las escenas rodadas en interminables caminos flanqueados por un agua casi estancada convierten a las marismas en un personaje más del film. Así como Fargo de los hermanos Cohen no se entiende sin la nieve, la Isla Mínima perdería su genialidad si se alejara de estas tierras inundables. 

Pero antes que Rodríguez y Catalán, Atín Aya ya supo captar con su cámara el alma de este paisaje. Este fotógrafo nacido en Sevilla trabajó durante muchos años como reportero gráfico para diferentes publicaciones e instituciones. Combinó el fotoperiodismo con la fotografía artística en la que irremediablemte acabó metiéndose de lleno. 


A comienzos de la década de los noventa Atín Aya aterrizó en las Marismas del Guadalquivir dispuesto a escribir en negativos la condición humana de este territorio. Y lo consiguió. Con su cámara retrató una realidad carente de artificios, sin maquillajes, un mundo sin caras B. Una dosis de veracidad encerrada en una imagen. Las fachadas se derrumban con los disparos del fotógrafo. Los personajes, que parecen no querer contar demasiado, terminan relatando, casi a modo de confesión, sus historias vitales al objetivo Aya. En los fotogramas se escucha hablar de la dureza del trabajo bajo el sol en la marisma, de siembra y de siega, de deudas, de escuela, de amores... de vida. Una vida de una clase obrera de jornal, de huelga y de verbena de verano que sabe salir adelante sin acaparar miradas poderosas. Parece que Aya quiera rescatarlos de un olvido en el que están acostumbrados a moverse.

Y cuando se trata de fotografiar paisajes la descripción veraz sigue siendo la premisa. Las aguas -que se entienden verdes en el blanco y negro de la imagen- permanecen inmóviles, las hierbas crecen altas y el fango quiere manchar los zapatos del caminante. El lado desértico de una zona bien regada por río y mar también se deja ver por las fotografías. La humedad sofocante, aliada tanto con el calor como con el frío, dirige esta orquesta de la naturaleza que se viste en tonos pardos. Sin duda el paisaje tiene mucho que ver con la idiosincrasia de esta tierra. Y el fotógrafo lo sabe y quiere captarlo. 




Las imágenes de las marismas cautivan. Quizás lo hacen porque cada fotografía es una pieza de un estudio antropológico de una sociedad singular, muy cercana en distancia pero alejada en muchos otros planos. Aya nos propone un tour entre arrozales para conocer a la gente que habita el antiguo estuario del Guadalquivir. El paseo se antoja similar al visionado de un documental sobre otras culturas. Hay algo diferente en esa tierra y nos gusta que alguien nos lo muestre.


Alberto Rodríguez y Alex Catalán se quedaron atrapados en la obra de Aya y supieron adaptarla, con una visión particular, a la gran pantalla. Cada plano parece sacado de los carretes del fotógrafo sevillano. Un trabajo sublime por parte de esta dupla de cineastas. 



La faceta artística de Atín Aya no sólo se circunscribió a las marismas. También retrató su ciudad en dos grandes series fotográficas: “Imágenes de la Maestranza y “Sevillanos”. En “Paisanos” reflejó la realidad rural de Andalucía y con “Habaneros” puso su objetivo en Cuba.  Expuso su obra en Sevilla, Madrid, Barcelona y Nueva York y consiguió el Primer Premio  en el apartado de Cultura y Espectáculos de Fotopress. Falleció en 2007 dejándonos un impresionante legado que hoy podemos conocer a través de la página web que gestionan sus herederos. Para adentrarnos de lleno en su trabajo a orillas del Guadalquivir convine ver este video en la que se recopila su obra en las marismas. Y por supuesto, acudir al cine para disfrutar con La Isla Mínima es, para los amantes de la fotografía, tarea de obligado cumplimiento. 

10 octubre 2014

WILLIAM EGGLESTON: EL COLOR DE LA FOTOGRAFÍA.

Dar color a un arte en blanco y negro. Esa ha sido la gran labor de William Eggleston, fotógrafo americano que tuvo el valor y la audacia de romper con el dogma de la película monocromática y comenzar a disparar a todo color.

Eggleston nació en Estados Unidos un par de meses antes de que al otro lado del Atlántico el sonido de las bombas y el de los fusiles anunciara con ferocidad el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Creció en el sur del país, en Mississippi, donde las granjas y las pequeñas ciudades están iluminadas por un sol que aviva los colores. Pero su primera cámara, una Kodak Brownie Hawkeye que llegó a sus manos cuando tenía diez años, no conseguía captar la nitidez con la que él veía los paisajes que le rodeaban. Una desilusión. Eggleston y la fotografía no iniciaban su relación con buen pie.

Esta fotografía es considerada por el autor su mejor obra
Durante seis años realizó una travesía por tres universidades diferentes. En ninguna obtuvo un título, pero aprendió mucho de su andadura en los campus. Se acercó a la pintura del pujante expresionismo abstracto y la obra de Kandinsky y de Klee. Y allí también le dio una segunda oportunidad a la fotografía. Comenzó a experimentar con impresiones monocromáticas intentado captar en sus imágenes lo mismo que los pintores atrapan en sus cuadros. Pensaba -y acertaba- que con una cámara fotográfica se podía hacer arte. Quería ir más allá del fotoperiodismo, de la publicidad y de las sesiones con modelos. Quería hacer lo que Henri Cartier-Bresson había hecho con su Leica. El fotógrafo francés parecía ser un buen referente en esto de los negativos y los cuartos oscuros.

La saturación del color es esencial en la obra de Eggleston
Pero Eggleston necesitaba ir más allá. Necesita dar más vida a sus fotografías y parecía que el color tenía la clave. Obviando los convencionalismos se lanzó a retratar lo banal pero siempre con una originalidad marca de la casa. Supo darle alma a escenas de extrema cotidianidad. Supo ponerle voz a ambientes que parecían mudos. Supo recoger la historia oculta de las cosas y demostrar que de cosas triviales está hecha la vida. Y para ello no tuvo que salir del Sur. A fin de cuentas, lo mundano está en todas partes.

A partir de esta primera etapa su producción se volvió imparable. Durante cinco décadas ha sido un constante trabajador de la fotografía. Siempre armado con una cámara ha admitido tomar imágenes a diario.

Algunas fotografías recuerdan al Hiperrealismo de Richard Estes
Sus retratos de la realidad aparentemente vacía recuerdan a trabajos de otros artistas de su época. El Arte Pop o el Hiperrealismo comparten con Eggleston el interés por reflejar la sociedad americana contemporánea. Una sociedad de plástico, de neones y de coches… y de color, de mucho color. Un color que el fotógrafo intensifica de manera exagerada gracias a la técnica de la transferencia de tintes (Dye Transfer) con la que se obtiene una saturación cromática impresionante.

Parece que su fotografía carece de técnica y que sus enfoques no responden más que al apunta y dispara. Pero detrás de la falsa apariencia de casualidad se esconde un complejo trabajo que se revela al analizar con detenimiento sus imágenes.


El MoMA de Nueva York le abrió sus puertas en 1976 y con ello Eggleston alcanzó la fama. Sus magníficos trabajos llevaron a la fotografía a color al campo de las Bellas Artes. Romper moldes y superar tradiciones inamovibles con una maestría única le han hecho ser uno de los fotógrafos más destacados del siglo XX. Pero además William Eggleston ha sido, casi sin quererlo, un excelente cronista de la realidad americana de los últimos cincuenta años a través del retrato de lo ordinario. Y es que a veces, las cosas más triviales se vuelven fundamentales.

Si te interesa saber más sobre William Eggleston no dudes en leer este genial artículo firmado por un profesor de la Universidad Panamericana. También puedes visitar la página web oficial del autor.

06 diciembre 2009

AGUSTÍ CENTELLES

IMÁGENES DE UNA GUERRA


Hace ya muchos años que vi por primera vez la foto que figura aquí al lado. Me conmovió, como imagino que le pasa a todo el mundo que se detiene en esta fotografía, ese gesto de dolor de la mujer ante el cadáver de su marido, víctima de los bombardeos franquistas sobre Lérida en noviembre de 1937. La austera composición de fondo neutro, con el cadáver en primer plano, la mujer de negro riguroso, en plena conmoción, y esa mano anónima que aparece a nuestra izquierda resulta toda una síntesis de ese gran dolor que se abatió sobre España durante los años de la Guerra Civil, continuado luego en la feroz represión que se extendió por todo el país en los primeros años de la postguerra.

Agustí Centelles: la viuda de Gabriel Pernáu ante el cadáver de su marido. Lérida, noviembre de 1937.

El autor de esa imagen emblemática se llamaba Agustí Centelles (1909-1985), un fotógrafo nacido en Valencia pero que desarrolló su trayectoria profesional en Cataluña... hasta que el comienzo de la Guerra Civil lo convirtió en un verdadero peregrino  por los frentes de combate, siempre con el ejército de la República y siempre armado con una Leika, la mítica cámara de fotos que ha servido para documentar las barbaridades del mundo de la primera mitad del sigo XX.


Agustí Centelles: Guardias de asalto parapetados en las calles de Barcelona. Julio de 1936.

Como tantos otros, acabada la guerra, Centelles se exilió de España. Llevaba consigo una maleta con los negativos de su trabajo de los tres años anteriores. Un ingente material que atravesó las mismas vicisitudes que su dueño... y todavía más, porque Centelles regresó a España en 1944, pero las fotografías no volvieron al país hasta después de la muerte del dictador, cuando su autor pudo preocuparse con tranquilidad de su difusión. La calidad del conjunto es tal que los expertos no han dudado en calificar a Centelles como el "Robert Capa español", por la veracidad que emanan sus imágenes, verdaderas instantáneas en blanco y negro de la contienda, todo un ejemplo de periodismo de la imagen centrado en lo narrativo. Quizás su autor no podía imaginar que en estos días se ha generado cierta polémica entre el Ministerio de Cultura, que ha comprado el archivo fotográfico a los herederos, y la Generalitat de Cataluña respecto a la ubicación del conjunto. Creo que a él le interesó más que se conservasen el conjunto que el lugar en sí donde las fotos estuvieran. De hecho, pasaron más de treinta años en Francia, allí custodiadas y a salvo del franquismo.

Agustí Centelles: Niños jugando a los fusilamientos. Barcelona, 1937. 


Hace poco, repasando la obra de Centelles me tropecé con otra de sus impresionantes imágenes. No conocía esa fotografía de unos niños jugando a los fusilamientos. Quizás como me dedico a la enseñanza esa fotografía me ha dejado aún mas impresionado que ninguna otra del conjunto. Me sobrecogen esos niños anónimos que reproducen lo que están viendo a su alrededor de manera cotidiana y que se sitúan ante la cámara en formación semejante a la del cuadro de Goya: quienes fusilan de espaldas, los fusilados, de frente. Viva imagen de la España de la época. Un ejemplo de lo que la educación puede hacer con unas mentes infantiles, que acaban por considerar que quitar la vida a alguien forma parte de lo habitual. Es bueno que se difundan estas fotografías de Centelles. Que las van nuestros alumnos en las escuelas y los institutos. No sólo por lo que muestran, sino por lo que enseñan. Por su enorme valor didáctico.

En la Web de VEGAP podéis visualizar 336 fotografías de Centelles. Un resumen de su biografía está disponible en esta página. Además, este artículo de El País nos narra el tiempo que el fotógrafo pasó en un campo de concentración en Francia.

20 febrero 2009

LA MADRE MIGRANTE

LA GRAN DEPRESIÓN SEGÚN DOROTHEA LANGE

Es un día de finales del mes de febrero de 1936. Han pasado ya más de seis años desde el jueves negro de la Bolsa de Nueva York y el país, el mundo capitalista al completo, se encuentra sumido en una profunda crisis económica: la Gran Depresión. Desde 1933 el nuevo gobierno del presidente Rooselvelt ha puesto en marcha una serie de programas para hacer frente a los problemas, pero las soluciones son difíciles y la recuperación muy lenta. Entre las distintas agencias gubernamentales, algunas están destinadas a promover el desarrollo agrícola. En ellas trabajan también periodistas y fotógrafos que tratan de contar al país cómo van avanzando los esfuerzos del New Deal que ha puesto en marcha la administración demócrata.

La fotógrafa se llama Dorothea Lange (1895-1965) y lleva ya un año trabajando en el estado de California para una de esas agencias del gobierno. Ese día pasa cerca de un campo de trabajadores agrícolas, situado en Nipomo: uno de esos lugares donde se agrupan jornaleros cuyo único capital es su propia fuerza de trabajo y eso únicamente los días en los que hay que realizar alguna tarea agrícola. Gente pobre de origen humilde o campesinos a quienes la crisis ha privado de todo bien.

La fotógrafa se ha alejado ya unas 20 millas de ese campo de jornaleros recogedores de guisantes cuando decide volver sobre sus pasos guiada, según ella misma confiesa más tarde, por su instinto. Llueve cuando llega hasta allí y se apea del coche cargando con su cámara. Ese día los guisantes están congelados y no hay trabajo. A pocos metros del coche encuentra una familia de la que forman parte una madre y siete hijos. No puede decirse que se encuentren en una vivienda; no siquiera en una chabola. Un toldo de tela parece ser su única protección contra los elementos. Conforme va acercándose a la familia su cámara va captando la situación, dispara y toma seis fotos, que serían publicadas unos días después en un periódico de San Francisco.

En 1960, la misma Dorothea Lange nos cuenta la situación: "Ví aquella madre hambrienta y desesperada y me acerqué como atraída por un imán. No recuerdo cómo le expliqué mi presencia o la de mi cámara, pero sí recuerdo que ella no me preguntó nada. Hice cinco tomas, trabajando cada vez mas cerca desde la misma dirección. No le pregunté su nombre ni por su historia. Ella me dijo su edad, treinta y dos años. Dijo que habían estado comiendo verduras heladas de los campos cercanos, y pájaros que cazaban los niños. Había vendido incluso las cubiertas de las ruedas de su coche para comprar comida. Allí estaba, sentada en aquella tienda de campaña con sus hijos acurrucados a su alrededor, y parecía pensar que mis fotos podrían ayudarla, y así ella me ayudaría a mi. Había una cierta equidad en aquello."

Es de esta manera como la fotógrafa capta ese asombroso primer plano de la "madre migrante", ese gesto de múltiples interpretaciones que se ha convertido en el rostro universal de la Gan Depresión, ayudado por el hecho de que la fotografía no permite ver, precisamente, los rostros de los dos pequeños que se refugian en los hombros de su madre, mientras el hijo menor parece ajeno a todo. Un mundo de angustias e incertidumbres en una única fotografía.

Tiempos después se supo que la madre migrante, una mujer de orígenes cherokees, se llamaba Florence Owens Thompson (1903- 1983) y que había ciertas contradicciones en el relato de la fotógrafa, como el número de negativos que realizó. En cualquier caso, la mujer de la imagen de aquí al lado dejó dicho: "Ojalá nunca me hubiese hecho esa foto. No obtuve provecho alguno de ella. Ella ni siquiera me preguntó mi nombre. Me dijo que nunca vendería aquellas fotos y que me enviaría una copia, pero nunca lo hizo."
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Aquí tenéis algunas informaciones en español sobre la fotografía de la madre migrante y sobre Dorothea Lange, su autora. Acerca de la historia del personaje fotografiado hay que reccurrir a la Wikipedia inglesa, con varios enlaces muy interesantes.

14 enero 2009

... Y EN ESO LLEGÓ FIDEL

CINCUENTA ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN CUBANA
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Se conmemora estos días el cincuenta aniversario del triunfo de la revolución cubana, simbolizado en la entrada de Fidel Castro a la ciudad de La Habana el 8 de enero de 1959, poniendo fin de esta manera a tres años de lucha armada y a la dictadura de Fulgencio Batista. Buena coyuntura, por lo tanto, para repasar algunas de las fotografías de aquellos momentos, que fueron recogidos para la historia, entre otros, por los fotógrafos de la revista Life y de manera destacada por Grey Villet y Joseph Scherschel.

Arriba. Grey Villet (para LIFE): "Tropas revolucionarias entrando en La Habana" y "Rebeldes con la bandera cubana" (1959).

El blanco y negro de las fotografías de aquella época no apaga las sensaciones de felicidad, de esperanza y de recuperación de la libertad que podemos apreciar en los rostros de los cubanos de aquella hora. Hasta el clero parece asistir entusiasmado a la cabalgata militar que los jóvenes barbudos han preparado para celebrar su victoria definitiva sobre la dictadura de Batista. Jóvenes y barbudos: ahí van Fidel Castro y su hermano Raúl (éste sin barba), el mismo Che Guevara e, incluso, Camilo Cienfuegos, quien moriría en extrañas circunstancias unos meses después.

Izquierda y derecha: Grey Villet (para LIFE): "Fidel Castro durante su marcha hacia La Habana" (1959).

Y tal vez sea también el momento de repasar la literatura política de aquellos primeros compases triunfantes de la revolución y, sobre todo, el extenso discurso que Fidel pronunció el 1 de enero de 1959 en la ciudad de Santiago de Cuba, en el que introdujo su famosa frase: "el poder no me interesa, ni pienso ocuparlo, velaré solo porque no se frustre el sacrificio de tantos compatriotas, sea cual fuere mi destino posterior...Tengan la seguridad de que no están tratando con un ambicioso ni con un insolente...”.

Izquierda y derecha: Grey Villet (para LIFE): "Fidel Castro aclamado antes de su entrada en La Habana" (1959) y "Llegada a la ciudad".
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Como el tiempo puede con todo, a buen seguro que ya ha acabado con la mayoría de esas caras de ilusión y de esperanza; con una buena parte de quienes extendían ansiosos su brazos a un joven Fidel Castro que ni en un momento así se desprendía de uno de esos puros que luego tantas veces lo han caracterizado. Y es también seguro que las ilusiones acabaron por extinguirse y la dura realidad del día a día terminó por imponerse de una forma brutal, con ese gran vecino norteamericano siempre amenazante y castigador.

Arriba: Joseph Scherschel (para LIFE) "Camilo Cienfuegos y Raúl Castro". (julio de 1959).

Pero es que ya han pasado cincuenta años desde que se captaron aquellas imágenes. Y los dos hermanos Castro (uno, desde un hospital; el otro, desde la presidencia del Estado) continúan dirigiendo el país. Cincuenta años llevan en esa tarea. ¿Seguirá habiendo palomas de libertad en Cuba? Aquí, en España, el más eterno de nuestros dictadores no alcanzó los cuarenta años en el poder. Pues eso, la canción de Carlos Puebla dice: "y en eso llegó Fidel". ¡Todavía no se ha ido!

Francisco Altuna "Fidel y Camilo con las palomas" (enero, 1959).

Ved este montaje de ocho fotografías sobre "Fidel castro: los primeros pasos" y leed más sobre "las palomas de Fidel". Por último, aquí podéis enlazar con todas las fotografías de Grey Villet sobre el triunfo de la revolución cubana.

11 septiembre 2008

SALVADOR ALLENDE O LA DIGNIDAD

SOBRE EL GOLPE DE ESTADO DEL 11/IX/1973

"Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!


Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición."


(Salvador Allende en el Palacio de La Moneda, a las 9, 10 horas del once de septiembre de 1973).
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Treinta y cinco años después, el golpista ya ha muerto y Allende sigue vivo en la memoria de milones de personas. Treinta y cinco años después, ya no debería existir ningún tipo de dictaduras en el planeta.

Leed este artículo de Camilo Taufic sobre "todas las muertes del presidente Allende". Visitad también este especial del diario El Mercurio sobre "mi 11 de septiembre". Más sobre Allende, en la web de la fundación que lleva su nombre. Por último, podéis escuchar aquí (completo) el último discurso del presidente de Chile.


19 junio 2008

EL DIA D, LA HORA H

EL DESEMBARCO EN NORMANDÍA SEGÚN ROBERT CAPA

En las primeras horas del día 6 de junio de 1944 un fotógrafo de origen húngaro toma una decisión arriesgada; va a acompañar a los soldados del 16º regimiento de la primera división de Infantería del ejército norteamericano en su desembarco en la denominada "playa Omaha", con el que comienza la famosa operación militar que marcaría el inicio del fin de la Segunda Guerra Mundial.

Y así sucede: las lanchas se acercan a la playa y sus rampas se abren. A la luz de las primeras horas del día los soldados comienzan a saltar al agua y dirigirse hacia la orilla. Con ellos va nuestro fotógrafo, Robert Capa. Han de sortear las defensas colocadas en la playa por el ejército alemán y enfrentarse a su artillería de costa, mientras que soportan la baja temperatura del agua.

El fotógrafo está absolutamente aterrorizado, mientras ve caer los soldados cerca de su posición. Aún así no para de tomar fotografías. Cuando el pánico acaba por apoderarse de él y retrocede a una de las barcas tiene más de cien negativos en sus cámaras. De vuelta a Inglaterra, un error en el taller de revelado hace que sólo once de esas imágenes se salven. Son las "once magníficas" de Robert Capa. Desenfocadas, casi irreales, son el testimonio más próximo de un episodio militar que dejó en pocas horas, sólo en aquella playa, más de cinco mil hombres muertos. Diez de esas fotos fueron publicadas días después en la revista Life y pasaron directamente a la historia de la fotografía.
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Fijaos en la tercera de las imágenes que he colocado aquí. El soldado que retrata fue identificado posteriormente. Según contaba no hace mucho, cuando vio a Capa en el agua, con su chapa de prensa, se preguntó "¿Qué coño está haciendo aquí este tío?". La pregunta era lógica y la respuesta evidente: dejar testimonio de la Historia.
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Más sobre las "once magníficas" en esta página norteamericana. Más fotografías de Capa en este portfolio de la agencia Magnum, para la que trabajó. Por otra parte, leed esta interesante historia del "maletín mexicano", que cuenta el hallazgo de numerosos negativos de Capa sobre la Guerra Civil española.

02 diciembre 2007

HISTORIA DE UN PUEBLO ESPAÑOL: DELEITOSA EN 1950

LAS FOTOS DE WILLIAM EUGENE SMITH

En junio de 1950 un fotógrafo norteamericano se adentra en la "España profunda" de la época. Quiere dejar contada a través de imágenes la historia de la vida de las gentes de una comunidad rural en medio de la barbarie y el atraso socioeconómico de la dictadura de Franco. El fotógrafo se llama William Eugene Smith (1918-1978) y lleva ya una larga carrera a sus espaldas. Durante unos años ha podido fotografiar la crueldad de la Segunda Guerra Mundial, trabajando en el sector del Pacífico y asistiendo a algunas de la más importantes batallas de la zona, como el desembarco norteamericano en Okinawa. Después de la guerra, de regreso a su país, ha fijado su atención en temas de la vida cotidiana, como el reportaje que dedicó a narrar la vida de un médico rural norteamericano.

Pero ahora el fotógrafo quiere contar cómo se vive en el mundo rural de un país que, por aquel entonces es rechazado y bloqueado económicamente por la mayor parte de la comunidad internacional, dado el apoyo de Franco al bando fascista durante la guerra mundial. Asombrosamente, el gobierno español autoriza el reportaje y Smith llega al país dispuesto a "describir la pobreza y el miedo engendrado por el régimen franquista", según sus propias palabras. A tal fin, visitó numerosos lugares de la geografía española y, sin que sepamos exactamente el motivo, finalmente se decidió por fotografiar la vida de las gentes de Deleitosa, una pequeña población de la provincia de Cáceres. Allí permaneció más de un mes, tomando casi 1600 fotografías, de las cuales finalmente se publicaron 17 en la revista Life, en 1951, con el título de "Un pueblo español vive en las antiguas pobreza y fe".

De este modo, 17 fotos contaron al mundo (en 22 millones de ejemplares) cómo se vivía en la España rural de la época: la omnipresencia de la Dictadura, sus símbolos y sus agentes, las actividades económicas cotidianas de la población, la pobreza de muchas de las gentes del pueblo, los ritos y costumbres, la importancia de la Iglesia, entonces fiel aliado de la Dictadura, Han pasado más de 50 años desde que Smith realizó este magnífico ejemplo de fotoperiodismo, pero conviene ver estas fotos, para saber qué era España entonces y valorar lo que hemos dejado atrás: un país de miserias en el que una minoría de la población vivía tan ricamente a costa de las desgracias de la inmensa mayoría. De nuestros padres y nuestros abuelos, en definitiva.

He aquí un contraste entre lo que vio W.E. Smith, tal cual se publicó en Life, y Deleitosa en la actualidad. En esta página tenéis más información sobre el fotógrafo y sus trabajos. Por último, aquí podéis ver 17 fotografías de Smith sobre Deleitosa (no todas fueron publicadas en Life) y obtener más información sobre su autor.

17 septiembre 2007

FRANK HURLEY Y EL ENDURANCE

SOBRE LA EXPEDICIÓN DE SHACKLETON A LA ANTÁRTIDA
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Hace tres veranos, en Dublín, tuve la oportunidad de contemplar en uno de los museos de la ciudad y casi por casualidad, una exposición sobre una de esas gestas humanas que conmueven a cualquiera: la expedición dirigida por Ernest Sackleton a tierras de la Antártida. Un asunto del cual era casi absoluto desconocedor. En síntesis, se trataba de la denominada "Expedición imperial transantártica", que tenía como objetivos atravesar ese continente y alcanzar el Polo Sur. para ello, se dispuso de un barco, el ya mítico "Endurance" ("Resistencia") que con 28 tripulantes partió de Londres en 1914, justo cuando en Europa se inciaba la Primera Guerra Mundial.

El Endurance atrapado entre los hielos antárticos.

La tripulación abandona el barco.

Pero el Endurance acabó literalmente atrapado y destrozado entre los hielos antárticos y lo que se había planteado como una exploración geográfica, propia del espíritu aventurero de la época, devino en toda una gesta en la que afloraron los mejores valores del ser humano. La tripulación al completo logró sobrevivir cuatro meses en las latitudes australes hasta ser rescatada por marinos chilenos, gracias al épico viaje de más de 1300 km. que hicieron en un pequeño bote Shackleton y otros cinco marinos en busca de ayuda.

Como sobrevivieron todos, hoy podemos disfrutar leyendo el desarrollo de esta aventura ya mítica. Pero en aquella exposición había una amplia serie de fotografías que impactaban por su elevada calidad. Fueron tomadas por Frank Hurley, el fotógrafo "oficial" de la expedición y gracias a ellas tenemos una especie de diario visual de aquellos meses de supervivencia en condiciones extremas. En esas fotografías podemos apreciar no sólo los inmensos paisajes de las latitudes antárticas sino a un grupo de seres humanos que lucha por mantenerse con vida en medio del hielo, del frío y de la soledad. Todas esas fotos son de una enorme belleza, por el contraste de los grandes hielos con la pequeñez de los marineros, por la luz antártica, por los juegos del blanco y negro.
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Sackleton y sus hombres no alcanzaron sus objetivos, pero los casi dos años de aventura antártica y esos meses de aislamiento convirtieron su gesta en un verdadero canto a los mejores valores humanos: la cooperación en grupo, la solidaridad, la capacidad para la lucha contra las condiciones y situaciones adversas, la confianza en el compañero, el respeto a la palabra dada, la abnegación.
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La tripulación despide a Sackleton y sus cinco compañeros.
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Ahora esa exposición recala en Sevilla y, para los que estamos por aquí, es una excelente ocasión de (re)encontrarnos con las fotos de Hurley y su doble valor, artístico y antropológico. Si las vemos sin prisas, esas imágenes van a contarnos muchas cosas pero, además, van a hacernos reflexionar sobre otras más importantes todavía.

Si no podemos ir a la exposición, entonces deberemos conformarnos con esta excelente página en inglés que cuenta de forma muy amena la aventura del Endurance. Y ésta es la página web de la exposición, en castellano, catalán e inglés, muy bien presentada y con muchas de las fotografías de Hurley. Disfrutad.
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Esperando el regreso de Sackleton.

01 septiembre 2007

FRANCO TAMBIÉN TRUCÓ FOTOGRAFÍAS

O CÓMO LAS DICTADURAS SE SIRVEN DE LA IMAGEN

23 de octubre de 1940: el andén de la estación, vacío y con ambos dictadores.

Ya hemos visto en un escrito anterior como un dictador de la talla de Stalin trucó o mandó trucar diversas fotografías, empleando este arte como arma política que le permitiese corregir la Historia, borrando de ella a sus enemigos. En esta ocasión, os presento dos ejemplos más caseros: corresponden a nuestro ínclito caudillo Francisco Franco, gobernador de los españoles durante casi cuarenta años (sin que se le ocurriese jamás preguntarles que pensaban al respecto).

Foto original: Los dictadores pasan revista a las tropas: Franco, "dormido".

En octubre de 1940 hace ya algo más de un año que ha finalizado la Guerra Civil y Franco ha comenzado a consolidar su dictadura. En el panorama internacional Alemania ha conquistado casi media Europa en el primer año de la Segunda Guerra Mundial y da la impresión de que el poder de Hitler es imparable. Así que el pequeño caudillo español acude a Hendaya, en la frontera francesa, a entrevistarse con el Führer del Tercer Reich. Un encuentro del que existen varias versiones y que durante muchos años fue presentado en la España de Franco como el momento crucial en el que éste logró alejar a nuestro país de la guerra. Hoy sabemos que no fue así y que Hitler no veía en qué podría beneficiarle que un país como España. hundido por completo, participase en la guerra y exigiese, a cambio de casi nada, importantes contraprestaciones.

Foto trucada: Franco, "despierto".

En el caso del encuentro de Hendaya, las falsificaciones fotográficas fueron de dos tipos: en una de ellas se emplea un recurso casi infantil: a la imagen del andén vacío de la estación en la que el encuentro se llevó a cabo se superpone la de ambos dictadores, sonrientes pese al momento histórico en el que se encuentran.

La segunda fotografía trucada es más interesante: en el original, ambos energúmenos pasan revista a las tropas, pero la foto recoge a Franco con los ojos cerrados, casi sonámbulo, mientras Hitler mira fijamente a la cámara. No hay problema, todo tiene arreglo. Y así, en la imagen que se difundió Franco mostraba unos ojos bien abiertos, aunque, si os fijáis bien, parece guiñarnos. Así se escribe la Historia
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Sobre la entrevista de Hendaya hay versiones absolutamente ontrapuestas (pese a que, actualmente ya tenemos una idea bastante clara de lo que sucedió). Pero en esta ocasión, en vez de dejar enlaces (que podréis localizar sin problemas) os dejo este vídeo: las imágenes filmadas del encuentro son, en este caso, bastante expresivas.

15 junio 2007

LA FOTOGRAFÍA COMO ARMA POLÍTICA

CUANDO STALIN "BORRÓ" A TROTSKY DE LA HISTORIA

Hasta ahora, las fotografías que hemos presentado aquí han tenido, aparte de sus valores estéticos, un claro valor histórico, Por su inmediatez, por su relativa facilidad de realización y por su fácil difusión, la fotografía es, ya lo hemos dicho antes, un testigo de la Historia, sin la cual no podrían captarse en toda su magnitud muchos de los principales hechos del siglo XX.

1920: Lenin da un mitin ante el Teatro Bolshoi de Moscú. Foto izquierda: en el lado derecho, al pie de la tribuna, Trotsky. Foto derecha: Trotsky ha desaparecido de la imagen.


Sin embargo, en el caso que ahora traemos hoy aquí, la fotografía es un testigo de cómo los hombres, en ocasiones, manipulan la Historia, poniéndola al servicio de sus propias ideas y ambiciones.

Estamos en la U.R.S.S. posterior a la muerte de Lenin (1924). Stalin se ha hecho con el poder en el seno del Partido Comunista e inicia un largo proceso de eliminación de sus oponentes y enemigos, que incluye a sus antiguos camaradas. En ese proceso, Trotsky, el otro gran lider de la revolución bolchevique, es expulsado del partido, deportado a la zona asiática y, finalmente también expulsado del país en 1929. Moriría en México 11 años después, asesinado por un agente stalinista.

1919. Izquierda: Lenin y Trotsky celebran el 2º aniversario de la Revolución soviética. Derecha: Trotsky ha desaparecido.

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Pero Stalin no se conformó con la derrota de su antiguo camarada. Quiso que un velo de ignorancia cubriese su figura, tratándola hacer desaparecer de la propia historia del país. Pero había multitud de fotografías de Trotsky y, en muchas de ellas, éste aparecía con Lenin, de quien Stalin se proclamaba ahora único sucesor.

No importó: mucho antes de que se inventase el fotoshop, Stalin descubrió que con un poco de maña podía borrarse a un personaje de una imagen fotográfica. Daba igual que el resultado fuese algo burdo: si no se veía a Trotsky, éste acabaría desapareciendo de la memoria de las gentes. Se equivocó Stalin, y hoy tiene Trotsky mucha mejor imagen que él. Aún quedan por ahí pequeños partidos trotskistas, que reivindican la figura del hombre que hizo triunfar la revolución en Petrogrado. Stalin quiso falsear la historia, pero la Historia ha acabado por ponerlo en su sitio. La fotografía nunca miente; mentimos los humanos.
 

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