27 julio 2008

EL DESCENDIMIENTO DE VAN DER WEYDEN

LOS ROSTROS DEL DOLOR

Sabemos sobradamente que Roger van der Weyden (1400-1464) es uno de los más grandes maestros de la pintura flamenca de finales del medievo. Conocemos cumplidamente su gran capacidad para representar temas de carácter religioso, así como su proverbial habilidad para el retrato. Nos llama, quizás, la atención que fuese también conocido en su época como Rogier de la Pasture o que, tras alcanzar la maestría, sus obras fuesen copiadas con frecuencia, como muestra del elevado valor estético que se les atribuía. Y nos conmueve la capacidad de este artista para retratar el dolor y el sufrimiento en muchos de sus cuadros; la facilidad con la que instala en ellos una atmósfera de intenso dramatismo.

Roger van der Weyden: "Descendimiento de Cristo" (1436). Madrid.

Pero todo elogio a van der Weyden se queda corto cuando contemplamos este Descendimiento del Museo del Prado, sin lugar a dudas uno de los mejores cuadros de la historia de la pintura universal. Pintado al óleo sobre tabla hacia 1436 para el gremio de los ballesteros de Lovaina, fue concebido como un tríptico, del que faltan ahora los paneles laterales. Aunque lamentemos esa pérdida, el amplio panel central (de 2,2 metros de ancho y 2,6 de alto) es una de las muestras más sublimes de esas capacidades del artista.
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La composición es bien conocida: se representa aquí un tema clásico en la iconografía cristiana: el Descendimiento de Cristo y la Quinta Angustia de María. Para ello, van der Weyden nos presenta en el centro de la escena una cruz ya vacía, de la que se está bajando el cadáver de Jesús, sostenido por un joven (alzado sobre una escalera, al fondo), Nicodemo y José de Arimatea. A la vez, se inicia el proceso de envolverlo en un blanco sudario, mientras otra figura masculina, a nuestra derecha, muestra un frasco de ungüentos. Este lateral de la tabla se cierra con el llanto desconsolado de María Magdalena.
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En el otro extremo del cuadro, la visión del cuerpo exánime de su hijo provoca el desmayo de María, cuyo cuerpo es sostenido a duras penas por San Juan y una de las santas mujeres, mientras, al fondo, la otra, reproduce los rasgos de sufrimiento de la Magdalena. El pintor nos presenta estas diez figuras colocadas sobre un fondo dorado, rematado con tracerías góticas en los extremos superiores. Sin embargo, la parte inferior de la obra deja ver un atisbo de naturaleza, un suelo real en el que crecen algunas plantas. La ordenada distribución de los personajes nos los muestra formando grupos: tres figuras a cada lado, dos en la parte superior y las dos imágenes centrales de Jesús y María, cuyos dos cuerpos presentan un claro alineamiento, a modo de diagonales curvadas que atraviesan la obra y dan un ritmo específico a la composición.
Podríamos valorar también la excepcional capacidad de van der Weyden para manejar el color, con ese rojo impresionante del vestido de San Juan o ese azul desmayado del ropaje de la Virgen. O podríamos recrearnos en los efectos de la luz o en la profundidad de cada una de las figuras, en el volumen casi escultórico que muestran, o en la minuciosidad en los pequeños detalles (fijaos, por ejemplo, en el cabello de San Juan o en la leyenda que figura en el cinturón de la Magdalena). Pero quedémonos con lo que, a mi juicio, es lo más sutil del cuadro: los propios rostros de los personajes, esos diez rostros que nos enseñan las diversas categorías del dolor humano: la muerte, la angustia, la pena, el llanto, la desesperación, la tristeza, el desasosiego o la incertidumbre. Dolor contenido en unos casos o dolor explícito en otros, manifestado en las lágrimas que brotan de algunos de los asistentes al descendimiento y en los gestos de las dos mujeres de los extremos. Dolor espiritual e incluso dolor físico. Los rostros del dolor, en definitiva.

Dijimos que en el cuadro aparecen diez figuras. Una más, de carácter simbólico, asiste a la escena. Se trata de la calavera que aparece a los pies de San Juan. La muerte, en síntesis. Pero junto a ella, brotan algunas florecillas. Tal vez quede sitio para la esperanza, parece decirnos van der Weiden.

Visitad la página del Museo del Prado y leed la ficha de esta excepcional obra de arte, que podréis descargaros en alta resolución. Leed en esta web distintos análisis sobre el Descendimiento. Consultad este completísimo catálogo de la obra de van der Weyden, que presenta esta institución belga y, finalmente, preparaos para la magna exposición que se dedicará a este pintor en Bégica en 2009.

10 comentarios:

ISOBEL dijo...

es uno de mis cuadros favoritos por composición, por técnica, por color, por lo que me transmite, por...

anarkasis dijo...

hace muy poco me cogió la vigilante descolgándolo, y de nuevo me dijo:
- Que no te lo puedes llevar, ya te lo he dicho lo menos 10 veces, saboría.
A falta de pan... bueno yo lo tengo puesto a tamaño real en el pikadero, cuando llegan los invitados a la orgía se quedan pasmaitos.
Abajo le tengo puesto el escrito:
"ASI OS VOY A DEJAR COMO NO ME TERMINEIS CONTENTA"

Siento decirlo pero no queda bien en ninguna pared, tampoco cuelga PLENO en el museo del prado, su sitio correcto está en la soledad de una capilla en una iglesia donde el dramatismo y la pasión contenidas, queden recogidas en el ánimo del observador que parece participar de la situación. Por que para eso lo hizo.

Juan Diego Caballero dijo...

Anarkasis, tengo esa capilla ideal en mi casa. Si pillas el cuadro, no dejes de enviármelo: lo cuidaré perfectamente.
Saludos cordiales y buen verano.
JDC

JLPA dijo...

Gracias por dedicar un post a este insigen cuadro. Muchas gracias y enhorabuena como siempre por el trabajo y esfuerzo.

Tayete dijo...

Mi cuadro favorito del Prado. Incluso más que Velázquez o Ribera.
Todavía no he conseguido ver ninguna foto que le haga justicia (igual pasa con las Meninas, claro).
Verlo en directo impresiona: todos esos detalles en el ropaje (perlas, bordados de oro) se pierden en las reproducciones.
Otro tanto pasa en los rostros: las lágrimas parecen reales al verlo en vivo. Simplemente, un genio.
En el Escorial hay otras tablas de Van der Weyden, también increíbles.

Mª Carmen Rueda dijo...

Hoy hemos analizado esta obra en clase y ha sido impresionante verlo en fotografia de gran resolución.No solo ya por el detalle de las lágrimas, que realmente parece que las puedes tocar , sino por cada detalle.Increible ver la cara de la virgen con ese gesto pálido y, tanto la lanzada en el pecho como las llagas de las manos son increibles. Realmente, contemplando obras como estas es cuando te das cuenta de que no hace falta siquiera ser muy devoto para emocionarte imaginando ese momento, y, gracias a obras ejemplares como esta,NOS GUSTA MÁS EL ARTE.
PD: eso último va con segundas, profe.
Saludos

Juan Diego Caballero dijo...

Estupendo, Mari Carmen: me gustan los comentarios con segundas y me ha gustado tu opinión. Efectivamente, este cuadro es sencillamente impresionante, una de las mejores obras de la pintura de todos los tiempos. Pero hay muchos otros que merece la pena quie conozcas. ¡Seguro!
Saludos cordiales
JDC

Anónimo dijo...

Este cuando lo estudié en la universidad antes de verlo en el Prado, es sencillamente escalofriante. van der Weyden realmente consigue lo que muy pocos consiguen crear en arte: la ilusión de un cuadro vivo, después de pasar casi media hora admirando el cuadro detalle a detalle, me alejé bastante y al volver la vista al cuadro pensé: sólo les falta que las figuras empiecen a moverse. Entre los miles de detalles me quedo con 2: por un lado los clavos que porta el hombre bajando de la escalera, cuya parte superior está pintada por encima del marco pintado, como si la imagen se quisiera salir del mismo cuadro. Y 2, el hecho de que Weyden convierte a Cristo y a María en 2 gigantescas ballestas, como símbolo de la cofradía que encargó el cuadro. Esto es algo insólito y absolutamente avanzado para aquella época, sólo en el siglo XX vemos cómo las campañas de publicidad integran la "marca" en el mensaje, algo que Weyden hizo casi 5 siglos antes... simplemente uno de los mayores genios de la Historia.

Juan Diego Caballero dijo...

Anónimo visitante: nada que añañdir a tu erudito comentario Tienes toda la razón: una joya. Saludos cordiales
JDC

Anónimo dijo...

hola a todo me gustaría que me dijerais cual es la escuela de este cuadro ya que mi prfesora me esta volviendo loco

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