16 agosto 2009

LA BASÍLICA DE SACCARGIA

ARQUITECTURA ROMÁNICA SARDA

En una de mis rutas por los montes del noroeste de la isla de Cerdeña casi me tropiezo con esta basílica, a la que las Historias del Arte que he podido consultar prácticamente no prestan atención. Me sorprende enormemente este conjunto situado en la localidad de Codrongianos, magníficamente conservado, tanto por sus generosas proporciones como por las pinturas de su ábside. Un antiguo libro de la orden camaldulense refiere que el edificio (mandado construir por el juez Constantino I y su esposa Marcusa, en cumplimiento de un voto) fue consagrado en el año 1116 y entregado a la citada orden, que poseía en el lugar una preexistente abadía. En este dominio se mantuvo hasta mediados del siglo XVI, cuando se inicia una época de abandono que se extiende prácticamente hasta los momentos actuales, en los que una restauración (con algunas notas exageradas) ha devuelto el templo casi a su primitivo estado.

El edificio, que sigue los modelos de la arquitectura toscana, es un hermoso ejemplo de iglesia románica, en este caso con la nota distintiva de estar construida a base de dos diferentes tipos de piedra: la caliza clara y el basalto negro. Posee una única nave de considerable altura, cubierta a dos aguas y rematada a los pies por un amplio pórtico y a la cabecera por un crucero triabsidado. En un momento indeterminado de la segunda mitad del siglo XII se amplió la longitud de la nave, se levantó el pórtico actual y se erigió la enorme torre que corona el conjunto, originariamente separada del muro lateral de la iglesia.















Pero lo que más me admira de esta basílica románica sarda es el ciclo pictórico que cubre la totalidad de la bóveda del ábside central. Un amplio fresco considerado como el único conservado íntegramente de la época del románico pleno de Cerdeña, datable también en la segunda mitad del siglo XII. Dividido en tres niveles, el superior nos muestra un Pantocrátor en su mandorla, rodeado por un cortejo de ángeles y arcángeles. En el registro intermedio figuran la Virgen, los doce apóstoles y otro personaje que no logré identificar. Llama la atención cómo, pese a la rigidez propia del románico, el autor trató de dar algún rasgo de naturalidad a este amplio conjunto y dispuso a algunos de los personajes como si estuviesen conversando entre sí. Por fin, en el registro inferior, se sitúan cinco escenas de la vida de Jesús; de izquierda a derecha: la última cena, el beso de Judas, la crucifixión, el entierro de Cristo y el descenso a los infiernos.

A juicio de los restauradores de estas pinturas, puede verse en el conjunto una cierta influencia bizantina, pero en ellas está presente el mismo hálito que inspiró al maestro que tal vez dos docenas de años antes realizó las pinturas del ábside de San Clemente de Tahull, aunque me pareció encontrar una mayor ingenuidad en el caso del pintor de Saccargia, cuyor Pantocrátor muestra un rostro más amable. De cualquier modo los dos respondían a un claro mandato: el de mostrar a los fieles que faltaba una segunda venida de Cristo y que entonces todos serían juzgados. Quizás a ese temor responda el único elemento decorativo que pude encontrar en la desnudez absoluta de los muros de la nave. Una solitaria cabeza masculina en relieve. Su rostro tan expresionista me pareció reflejar un claro temor. El Juicio Final, nada menos.
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En esta Web disponéis de una vista en 360ª de la Basílica de Saccargia y aquí podéis leer otras informaciones, en italiano.

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