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24 febrero 2009

LA PIEDAD DEL VATICANO

O LA NEGACIÓN DEL ENVEJECIMIENTO Y EL DOLOR
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¿Puede una madre tener la misma edad que un hijo o incluso ser más joven que él? Evidentemente, no... a no ser que estemos refiriéndonos a esta maravilla de la escultura de todos los tiempos, concluida por Miguel Ángel Buonarroti cuando sólo tenía veinticuatro años de edad, lo que demuestra a todas luces la talla de genio de este artista del Cinquecento de quien se cuenta que respondió a dicha pregunta con la afirmación de que "las personas enamoradas de Dios no envejecen nunca".
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Miguel Ángel Buonarroti: "Piedad" (1498-1499). Vaticano, Roma.

Describir esta maravilla resulta, en un principio, bastante sencillo: nos encontramos ante una representación de la Piedad, el momento en que María sostiene sobre sí misma el cadáver de su hijo Jesús, recién bajado de la cruz. Sin embargo, a partir de aquí todo se complica por la alta calidad de la talla escultórica, prácticamente a tamaño natural y concebida para ser contemplada desde una perspectiva frontal, lo que explica el menor detalle de la parte posterior..

Podríamos decir que la obra presenta una clara composición piramidal; que muestra una extrema perfección en el modelado; que el escultor ha pulimentado el conjunto hasta dejar las superficies completamente lisas. Un acabado perfecto que contrasta con el non finito que Miguel Ángel adoptará en otras obras posteriores. Tal vez pudiésemos añadir el contraste que observamos en este grupo entre los pliegues de la vestimenta de María y los del santo sudario con la desnudez casi absoluta del cuerpo de Jesús. A partir de ello podríamos indicar como el trabajo de esos pliegues y el interés por la anatomía humana nos remiten al más puro clasicismo. Y podríamos acabar comentando como toda la escultura está realizada sobre un único bloque de mármol blanco de Carrara.

Es cierto: todo lo anterior corresponde al comentario de esta obra maestra. Pero reparemos en dos detalles esenciales: de un lado, una madre tiene entre sus brazos a su hijo que acaba de morir. Sin embargo, el dolor no acompaña a esa madre y tampoco está presente en los rasgos del rostro de ese hijo que ha muerto víctima de crueles tormentos. No quiere Miguel Ángel que ese tipo de sentimientos venga a descomponer el ambiente clasicista de su Piedad. De forma que encontramos en ambos rostros una cierta idealización, muy al gusto de los ambientes renacentistas interesados en las ideas neoplatónicas. En cualquier caso, si en María existe el dolor, hemos de buscarlo en su corazón, que la fría piedra no nos permite ver. En Cristo, Dios a fin de cuentas, el dolor puede excusarse.

Por otro lado, el pecho de María aparece cruzado en diagonal por una cinta en la que puede leerse con facilidad de abajo hacia arriba esta leyenda: "Miguel Ángel Buonarroti florentino, me hizo". No hay más obras de Miguel Ángel que él haya firmado. Cuando lo contrataron para hacer esta escultura nuestro artista tenía poco más de veintitrés años. Algo más de un año después el joven escultor quizás se sentó un momento para contemplar lo que había realizado. Un muchacho aún que eludió toda referencia al dramatismo innecesario. Creo que debió sentirse en extremo orgulloso de lo que sus manos habían sido capaces de esculpir. Sus manos y su cerebro. Por eso debió firmarla.
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En esta página se nos muestran las excepcionales fotografías de esta obra realizadas por el húngaro Robert Hupka. Visita indispensable. En español hay numerosos textos sobre esta Pietá, como el que figura en este enlace. Pero lo mejor, quizás sea ver con detalle tan magnífica obra, acompañados de la relajante música del canto gregoriano: "Christus factus est". Ved, por tanto esta PPT de ENSEÑ-ARTE.

25 febrero 2008

EL MOISÉS DE MIGUEL ÁNGEL

TERRIBILITÁ: LA EXPRESIÓN DRAMÁTICA
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Hay una bonita anécdota que relata que cuando Miguel Ángel finalizó la estatua de Moisés se colocó delante de esta obra colosal, la golpeó con un martillo en la frente y se dirigió al profeta preguntándole: "¿por qué no hablas?". Otras versiones, quizás teniendo en cuenta el carácter del artista, señalan que éste conminó directamente a su obra, diciéndole "¡habla, perro!". Incluso hay una continuación de la leyenda que afirma que Moisés contestó a su creador indicándole que "creaste a David para hacer feliz el aire de Florencia, y por eso él es música; a mi me has creado para estar sentado sobre la tumba de un Papa, por eso guardo la voz de los muertos".
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Sepulcro del Papa Julio II. (1515-1545). Roma.
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Tan hermosas historias nos ponen delante de una de las obras mas majestuosas de la escultura de todos los tiempos: el Moisés de Miguel Ángel, tallado en un único bloque de mármol de Carrara y que alcanza una altura de 235 cm. La estatua se encuentra hoy, desde hace ya mucho tiempo, en Roma, pero no en el lugar para el que fue concebida originariamente (la basílica de San Pedro) sino en otra iglesia de importancia mucho menor, la de San Pedro in Vincoli. Forma parte del conjunto levantado para dar sepultura al Papa Julio II.

Proyecto de Miguel Ángel para la tumba de Julio II.

La propia historia del sepulcro parece casi una crónica de sucesos: en 1505, poco después de concluir el David, Miguel Ángel elaboró un ambicioso proyecto de mausoleo pontificio en el que a la estatua de Moisés le correspondería un lugar en el piso intermedio de los tres niveles de los que constaría la obra, que debía tener un total de 47 esculturas. Sin embargo la aprobación de la idea se fue demorando; parece que hubo intrigas palatinas al respecto surgidas de Bramante, quien no quería desviar fondos a la construcción del sepulcro, ya que impedirían financiar las obras de la propia basílica de San Pedro. Así pues, se irían haciendo sucesivos recortes frente a la idea original. Llegados a estas alturas Julio II falleció en 1513 y Miguel Ángel debió acordar las trazas definitivas de la obra con sus herederos, lo que condujo a sucesivas modificaciones. De este modo no se firmó un contrato formal hasta 1532 (17 años después de haber esculpido el Moisés) y el sepulcro no estuvo concluido hasta 1545. Para entonces su ubicación había quedado en la iglesia citada y la tumba se concebía ahora adosada a la pared, mucho menos majestuosa, de menor envergadura y con una sensible reducción del número de esculturas que la componían, hasta tal punto que sólo una de ellas resulta de la mano de Miguel Ángel.

Nada de esto nos importa ahora a quienes gustamos de la escultura. La decepción de un artista que no pudo dar curso a sus geniales ideas no nos priva de la visión de este coloso del Antiguo Testamento, un gigantesco Moisés sentado que porta bajo su brazo derecho las tablas de la ley, mientras con la misma mano se mesa la luenga barba. No mira al frente, sino que gira su cabeza hacia la izquierda, mientras el pie de ese mismo lado inicia un movimiento en leve contrapposto que rompe el equilibrio de la obra y transmite al espectador una clara imagen de energía, de dinamismo que niega el equilibrio habitual de una estatua sentada.

Pero, ¿por qué se mueve Moisés? Es evidente: ha subido al Sinaí y, tras permanecer allí cuarenta días, ha recogido el mensaje divino: los diez mandamientos. Ha estado en contacto con la poderosa presencia del mismo Dios y de su cabeza aún irradian rayos de luz. Vuelve hacia su pueblo confortado con el mensaje de Yavhé y encuentra a israel adorando falsos ídolos, un becerro de oro elaborado con las joyas que se han podido reunir en medio del desierto. Moisés entra en cólera, tensa sus músculos y va a levantarse de su asiento. Y en ese momento lo capta Miguel Ángel: todo energía y decisión, asombro y enfado ante la idolatría de su pueblo. Un minuto después romperá en mil pedazos las tablas de la ley, mientras Israel se apresta a recibir el castigo divino.

Esa tensión dramática, ese interés en reflejar el patetismo de la situación es lo que ha venido a denominarse terribilitá, la característica más definitoria de esta inmensa obra que contrasta frente a los rasgos más dulces de la producción anterior de Miguel Ángel. Vemos aquí el rostro colérico, la mirada penetrante, ese juego de tensiones entre una pierna adelantada y la otra retraída, la extraordinaria longitud de la barba, el movimiento del brazo izquierdo que se apresta a recoger las tablas de la ley, el juego de pliegues de la ropa, la fuerza muscular que irradia toda la escultura. La fuerza del profeta emana claramente de su interior y se nos manifiesta en la cólera que el artista sabe transmitirnos.
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Así que el Moisés es la historia de varias frustraciones: la del Papa que no vio su tumba acabada, la del propio personaje que asistió a los pecados de su pueblo y la del propio artista que lo talló cuando tenía 40 años, en plena madurez, pero que no lo vio colocado en su sitio definitivo hasta que no había alcanzado los 70, muy lejos de su proyecto original.
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Nada de eso importa. Miguel Ángel ha dejado aquí bien claro lo que un genio como él podía hacer con un bloque de mármol. Nos ha mostrado, una vez más su capacidad para transmitir actitudes; terribilitá, en este caso. Lo que nos pasa a todos muchas veces a lo largo de la vida. El artista conocía bien la psicología humana.
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En esta página española disponéis de una biografía de Miguel Ángel y de una amplia galería fotográfica de sus obras. Es muy amena también esta otra web inglesa. En esta web italiana disponéis de una biografía cronológica del artista, contada año a año. Por último, leed en inglés este interesante artículo sobre "los signos de la traición" en el Moisés.

22 febrero 2007

EL DAVID DE MIGUEL ÁNGEL

COMENTAR UNA OBRA DE ARTE (3)

Como siguiente ejemplo de comentario de una obra de arte analizamos ahora una de las más famosas esculturas de todos los tiempos: el David de Miguel Ángel.


1) DETERMINAR:


a) TIPO DE OBRA: escultura.


b) TÍTULO: David.

c) LOCALIZACIÓN: Galería de la Academia. Florencia (Italia). Hasta 1947 la escultura estuvo situada en la Plaza de la Señoría de la misma ciudad, donde ahora puede contemplarse una copia.


d) AUTOR: Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564).


e) FECHA: 1501-1504


f) ESTILO: Renacimiento italiano. Cinquecento. Escultura.


2) ANALIZAR:

A) Análisis técnico:


FORMA: Escultura en bulto redondo. 4,34 metros de altura.

MÉTODO: Obra realizada sobre mármol, mediante cincel. Para su realización Miguel Ángel recibió un bloque de mármol, estrecho y muy alto, que llevaba abandonado muchos años en la catedral de Florencia.

DESCRIPCIÓN GENERAL: El David de Miguel Ángel representa a gran tamaño a este rey bíblico, al estilo clásico: completamente desnudo y como atleta, que porta en su mano izquierda una honda (apoyada sobre su hombro) y, en la derecha, una piedra. Son claramente apreciables los rasgos del rostro, el cabello rizado, la musculatura, la diartrosis y el contrapposto de la figura.

B) Análisis simbólico:


Miguel Ángel representa al rey David como atleta, pero no como joven atleta, sino como un hombre en la plenitud de su vida. El artista eligió, como motivo para la obra, el momento previo al enfrentamiento de David con el gigante Goliat (cuya cabeza no aparece derrotada a sus pies, como era usual en otras representaciones). Por ello, el aspecto contenido y expectante que nos muestra la figura, con los rasgos típicos de un luchador que se apresta al combate. Esa expectación se traduce en la mirada, enormemente penetrante, y se expresa también mediante la tensión corporal: la musculatura (e incluso los tendones y las venas) son claramente perceptibles. En definitiva, podemos hablar de un movimiento claramente contenido, que se convierte en pura tensión corporal.
Además, para que la tensión no pueda confundirse con un absoluto equilibrio, Miguel Ángel emplea el contrapposto y aumenta los volúmenes de ciertas partes del cuerpo, que vienen a simbolizar la fortaleza (no sólo ni mayormente física) del rey David. Tales rasgos son claramente perceptibles en el tamaño de la cabeza (cuyo canon corresponde a 1/8 del total del cuerpo) y en la potencia y tamaño de la mano derecha, que sujeta la piedra, arma que el rey empleará para derrotar a Goliat. Todo ello conduce al concepto de terribilitá que caracteriza otras obras del autor.
Todos estos rasgos convierten a la figura escultórica del rey David en un símbolo de la libertad, y representan a la perfección los ideales renacentistas de belleza masculina.

C) Análisis sociológico:

El David fue encargado a Miguel Ángel, originariamente, por los canónigos de la catedral de Florencia (lugar donde se encontraba el bloque de mármol en el que se talló la obra). pero, una vez concluida ésta, y a la vista del resultado, el gremio de mercaderes de lana de la ciudad decidió adquirirla para situarla frente al Palacio de la Señoría, sede del gobierno de la ciudad, en la plaza del mismo nombre, de manera que sirviese como una clara representación de la libertad de la república florentina. En este sentido, la escultura es fiel reflejo de la mentalidad existente en Florencia, ciudad en la que los planteamientos de la burguesía dedicada al comercio y la banca se encontraban ampliamente extendidos.

3) OTRAS CUESTIONES:

Miguel Ángel concluye la elaboración de esta escultura en 1504, cuando contaba 29 años de edad. Unos años antes había ya realizado la Piedad del Vaticano, en la que los rasgos de la terribilitá no son aún perceptibles. En este sentido, el David precede a la realización de las obras de la tumba del Papa Julio II y, de manera especial, a la escultura de Moisés, en la que tales rasgos son aún más destacados.

En este enlace podéis seguir un recorrido visual por la producción escultórica completa de Migel Ángel. Su biografía, según las "Vidas..." de Vasari, está disponible traducida en esta página.Por último, visitad The Digital Michelangelo Project, con fotos, presentaciones y vídeos sobre la escultura (deberéis descargarlos a vuestro ordenador)..

PPT ESCULTURAS DE MIGUEL ÁNGEL BUONARROTI

POWER POINT DEL RENACIMIENTO (V)

Miguel Ángel: "Esclavo despertando". (1519-1536).
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Cuando un historiador del arte se plantea el análisis de la obra de Miguel Ángel Buonarroti se encuentra ante uno de esos grandes genios a los que resulta difícil encasillar en una de las artes plásticas convencionales. Miguel Ángel (1475-1564) trabajó con éxito en las más principales de ellas y aún tuvo tiempo para escribir poemas e incluso filosofar. Pero creo que es razonable afirmar que él mismo se tenía, antes que cualquier otra cosa, como escultor y que, de alguna manera, su producción pictórica refleja bien a las claras esa concepción escultórica del arte que poseía.

En esta presentación en Power Point he tratado de sintetizar las distintas etapas en las que podemos dividir su producción artística y, a continuación se presentan la más importantes obras escultóricas que salieron de su mano.

 

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