13 julio 2009

LA PLAZA MAYOR DE VILLANUEVA DE LOS INFANTES

EN UN LUGAR DE LA MANCHA

Va el viajero de camino hacia Madrid, a ver esa exposición de Matisse, 1917-1941 que tanto promete y tanto acabará por decepcionarle y decide desviarse de su camino. En buena hora. Se acercará hasta Villanueva de los Infantes, un monumental municipio del Campo de Montiel, en la provincia de Ciudad Real, donde el tiempo parece haberse detenido en la época del Imperio español, allá por los siglos XVI y XVII. Un conjunto histórico artístico de primer orden que podría ser, según un estudio de la Universidad Complutense, el lugar de la Mancha al que aludió Cervantes en el Quijote. Ésta fue, al mismo tiempo, la villa que acogió a Quevedo durante sus últimos meses de vida, cuando presintiendo la proximidad de la muerte escribiría:

Ya formidable y espantoso suena
dentro del corazón el postrer día;
y la última hora, negra y fría,
se acerca, de temor y sombras llena. .................... Superior: Celda de Quevedo. Villanueva de los Infantes.

Cae a plomo el sol de julio y es ya la hora del almuerzo. Nadie hay en las calles y por todas partes puede escucharse el silencio; acompañado por él entra el viajero en la Plaza Mayor y busca refugio en la sombra de la única terraza abierta. Aunque en algunas fuentes aparezca catalogada erróneamente como "neoclásica" esta plaza es paradigmática de las realizaciones urbanísticas y arquitectónicas del Barroco español. Dispuesta con planta casi rectangular, sus traza debe remontarse como mínimo a comienzos del siglo XVII reflejando el caserío que asoma a ella las concepciones del purismo clasiscista del barroco de inspiración francesa: volúmenes de gran nitidez, fachadas rectas y parquedad decorativa. Todo ello en una acertada mezcla de elementos constructivos propios de la tradición culta y la popular.

El lado norte de la plaza está ocupado por completo por la iglesia de San Andrés, un airoso buque levantado en varios momentos a partir de fines del siglo XV y que aquí nos muestra, de izquierda a derecha, la torre de planta cuadrada, una magna portada de 1612 con pilastras de orden gigante y una interesante casa parroquial en tres alturas, con frontones triangulares sobre vanos adintelados y un balcón corrido sobre tornapuntas en el primer piso, mientras que una arquería de medios puntos ocupa el segundo.

El sentido rítmico de esa casa rectoral se observa también en el lado oeste de la plaza, asentamiento y símbolo del poder civil municipal. Igualmente dispuesto a tres niveles, el inferior lo ocupan soportales con arcos de medio punto sostenidos en pilares. Sobre ellos se elevan las otras dos plantas con vanos rectangulares. En la primera encontramos tramos rítmicos de frontones triangulares, mientras que la segunda muestra ausencia total de decoración, excepción hecha de las molduras que enmarcan los huecos. En el eje central de este lado de la plaza, la primera planta muestra de nuevo un amplio balcón de autoridades, en este caso del ayuntamiento, con cuantro arcos de medio punto sobre medias columnas.






Pero si en estos dos lados de la plaza mayor es evidente el repertorio formal del barroco clasicista, en el lado sur asistimos al despliegue de los recursos de la arquitectura popular, que ejemplifican a la perfección los inmensos balcones corridos de madera, sostenidos sobre zapatas en el primer y segundo piso, en este caso con pies derechos del mismo material, que reciben el empuje de la cubierta de teja árabe de los aleros.

Con todo ello esta Plaza Mayor castellana configura un verdadero palco cívico, un recinto dispuesto al gusto de la mentalidad barroca para ser receptor de todo tipo de acontecimientos y espectáculos. De ella sale el viajero para recorrer la Calle Mayor, jalonada de casas señoriales, y llegar hasta el antiguo convento dominico, hoy hostería, que contempló los últimos días de Quevedo. Y allí la amabilidad del aposentador le permite recorrer sin prisas, en plena siesta, los espacios conventuales, el claustro de tradición mudéjar y la celda del escritor. Y el viajero piensa que ha hecho bien en salirse de su ruta. Incluso acuerda que deberá regresar a este lugar de La Mancha donde el patrimonio ha sido respetado para disfrute de todos. Afortunadamente.
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En la página Web del Ayuntamiento de Villanueva de los Infantes hay una excelente descripción de los monumentos de la localidad, complementada con algunas fotografías.

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