10 enero 2010

LA CATEDRAL DE LEÓN

PULCHRA LEONINA

Hacia 1230 la vieja ciudad romana de Legio ha perdido parte de su pasado esplendor. Si antes fue el centro pólítico del reino astur-leonés ahora, tras la definitiva unión de la corona de León con la de Castilla durante el reinado de Fernando III, pasará a ocupar un lugar secundario ante la preeminencia de las ciudades de Burgos y Toledo. Existía por entonces en León una catedral románica, sustituta de otra anterior, levantada a su vez sobre unas termas de origen romano. Así que fueron el cabildo catedralicio y el obispo local quienes protagonizaron los esfuerzos por levantar una nueva catedral, más grande que la anterior, que proclamase a la cristiandad la importancia tanto de la propia sede episcopal como de la misma ciudad, enclavada además en una de las rutas de peregrinación más importantes de la época, el camino francés a Santiago de Compostela.

Derecha e inferior: vistas aéreas de la catedral de León. (1254-1285).


Las obras del nuevo templo debieron iniciarse hacia 1254 y en lo sustancial estaban ya concluidas en torno al año 1285, un plazo inusitadamente breve para la construcción de una catedral gótica, que sólo se explica si tenemos presentes los apoyos recibidos por parte de la corona (Alfonso X) y del papado. Los datos sobre los maestros constructores no son lo suficientemente claros, aunque las fuentes citan fundamentalmente a tres de ellos. El primero es el maestro Simón, citado en 1261,originario tal vez de la región de Champaña. Le sigue el  Maestro Enrique, de quien sabemos que intervino también en las obras de la catedral de Burgos y cuyo origen probablemente era también francés. Fue él quien dirigió las obras del templo hasta su muerte en 1277, cuando fue sustituido por el tercer maestro, Juan Pérez. En todo caso, con posterioridad al siglo XIII se realizaron nuevas obras, como el claustro anexo al templo o el remate de las torres de la fachada. Además, en el siglo XIX se llevaron a cabo tareas de restauración de tal magnitud que supusieron despojar al edificio de muchos de los añadidos que había ido recibiendo con el paso de los siglos, tratando de devolver a la catedral una pureza gótica que quizás solo poseyó en sus momentos iniciales.


Sea como fuere, esta pulchra leonina posee una característica que la singulariza entre todas las catedrales del gótico hispánico: su concepción sigue bien de cerca los modelos del gótico francés, de ese estilo radiante que alcanza en la Santa Capilla de París su máxima expresión y cuya mayor obsesión es desmaterializar la propia arquitectura, reduciendo el muro todo lo posible y abriendo amplios vanos que dejen pasar la luz al interior, convenientemente tamizada por emplomadas vidrieras de colores .


Derecha: planta de la catedral. Izquierda: fachada de los pies.

Los paralelos con algunas catedrales francesas son evidentes. La planta de la catedral de León se parece enormemente a la de Reims, aunque su nave principal tiene un menor número de tramos, lo que la acorta frente a la enorme dimensión de su cabecera, propia de las iglesias de peregrinación (con girola y capillas radiales), hasta el punto de que podría decirse que estamos ante una catedral macrocefálica. Igualmente encontraremos similitudes entre la catedral leonesa y la de Chartres. Ambas están flanqueadas por torres cuadradas y muestran una triple portada en su cuerpo principal, aunque en León éste está separado de las torres, que reciben el empuje de los arbotantes.

Pero aún siendo interesante su propia concepción, lo que destaca sobremanera en la catedral de León es la amplitud del espacio ocupado por sus ventanales y ésta es, precisamente, la característica más francesa del edificio. Por encima de las arquerías de la nave principal el muro parece disolverse para dejar paso a las vidrieras, que ocupan una inusitada extensión: más de 1800 metros cuadrados. No se trata únicamente de dejar pasar la luz (recordemos que Dios es luz en la metalidad gótica), sino de aprovechar también las vidrieras para dar a los fieles una lección visual de teología, narrando historias del Viejo y del Nuevo Testamento, hasta llegar a la idea central, la de Jesús como Salvador del mundo, todo ello mostrado en una amplia gama de colores.

Teniendo presente el esplendor de las vidrieras leonesas, no sólo en cantidad, sino también en calidad y antigüedad, no me parece exagerada la frase que hace unos días leí en León, una síntesis de un proyecto global de restauración y, al mismo tiempo, reclamo turístico: el sueño de la luz. ¿Podría existir un sueño sin luz?

Superior: vista de conjunto de las vidrieras de la catedral. Izquierda: detalle de uno de los rosetones.

La catedral de León posee una excelente Web oficial que proporciona numerosas informaciones y enlaza con ese proyecto cultural que hemos mencionado. Más información en esta página del Centro Virtual Cervantes. Por su parte, la Biblioteca Leonesa Digital tiene colgado en la Web el libro "Vidrieras de la catedral de León", que pueden recorrerse a través de un plano clikable.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por el comentario! muy buena tu página, me sirve de gran ayuda

Ricardo dijo...

Se me ha informado, que mi tatarabuelo, Gaspar del Campo, esculpió en la Cätedral; Deseo saber si actualmente hay indicios e informaciónal respecto. ATte: Ricardo Héctor Alcolea. Paraná Entre Ríos, Argentina.

Sandra-mesas de centro dijo...

La he visitado muchas veces pero siempre me sorprende algo nuevo.

txalaparta dijo...

Y que haya gente que se atreva a comparar esta catedral con la de Burgos... la de León está bien, pero es una iglesia comparada con la de Burgos. Por dentro también es mucho más bonita la catedral de Burgos, aunque algunos se empeñen en decir que no. Lo único en lo que la de León supera a la de Burgos es en las vidrieras.

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