28 diciembre 2009

BEATOS

ILUMINANDO EL APOCALIPSIS


A comienzos del último cuarto del siglo VIII existía en la comarca de la Liébana (Cantabria), enclavada en los Picos de Europa, un monasterio (más tarde llamado de Santo Toribio) acogido a la regla benedictina, basada en el principio de ora et labora.  Dándole aplicación, uno de los monjes allí residentes, de nombre Beato, abordó una tarea que, desde el punto de vista de la liturgia cristiana, poseía una gran importancia: la de efectuar unos amplios comentarios al Apocalipsis, el último de los libros del Nuevo Testamento; una obra que incluso para los propios monjes suponía un considerable esfuerzo de entendimiento e interpretación, dada su abundancia en pasajes oscuros o de tipo metafórico.

Izquierda. Magius: "Beato Morgan" (hacia 945): el ángel entrega el libro a San Juan y la iglesia de Esmirna.

Estos Comentarios al Apocalipsis, redactados por Beato de Liébana tuvieron una amplia difusión en la iglesia cristiana hispánica durante los siglos centrales de la Edad Media, ya que ofrecían al oficiante de la misa un abundante material en el que basarse para la predicación acerca de los contenidos del Apocalipsis, uno de los libros de lectura obligatoria en los templos durante un cierto periodo del año litúrgico, el tiempo pascual. En consecuencia, los Comentarios fueron copiados numerosas veces y no debieron ser pocos los monasterios que disponían, al menos, de un ejemplar de la obra.

Magius: "Beato Morgan" (hacia 945). Izquierda: Pantocrator entre nubes. Derecha: adoración del cordero.

Tales copias han pasado a la historia con la denominación genérica de Beatos y, dejando aparte sus valores de índole religiosa o paleográfica, resultan de una enorme relevancia para la Historia del Arte, ya que muchos de ellos fueron ilustrados con exquisitas miniaturas. Hasta el momento se conocen más de dos docenas de estos códices, realizados en distintos monasterios durante un amplio periodo de tiempo que se extiende entre los siglos X y XIII. Obras realizadas por monjes que, en la soledad y aislamiento del scriptorium, se aplicaron no sólo a copiar los comentarios de Beato y el propio Apocalipsis, sino a ilustrar el contenido de esta obra que anunciaba el fin del mundo, a hacer bien visible cómo sucedería la segunda venida de Cristo a la tierra.

Izquierda. Magius: "Beato Morgan" (hacia 945): La bestia y los falsos profetas.

Desde el punto de vista estilístico, y dada el amplio espacio temporal en el que se realizaron estas obras, son diversas las tendencias que podemos observar en sus ilustraciones. Incluso en algunas de ellas puede comprobarse como los mismos miniaturistas efectuaron sus viñetas aplicando modelos estéticos diferentes, resultados de influencias diversas. Así, en los más antiguos, del siglo X, hallamos numerosos ejemplos de lo que se denomina "miniatura mozárabe", que nos presenta figuras silueteadas y muy planas, de escasa expresividad y situadas sobre fondos de colores también planos. Sin embargo, a fines del mismo siglo se aprecian influencias procedentes del arte carolingio, constatables en el intento de poner mayor énfasis en el naturalismo de las figuras y las escenas que componen. Finalmente, y ya entrado el siglo XI, las ilustraciones muestran ya elementos propios de la plástica de la pintura románica: las formas de las figuras están más trabajadas, su movimiento se incrementa y hay algo más de naturalismo en las composiciones. En todo caso, estas diferencias lo son respecto al estilo de las miniaturas, y no en cuanto a su iconografía, que se mantuvo inalterable durante la extensa etapa en que los Beatos fueron copiados. En este hecho se basa la hipótesis de que todas estas obras deben basarse en otra anterior, hoy perdida, quizás de finales de la época visigótica, en la que el Apocalipsis se hubiese copiado ya acompañado de ilustraciones.

Magius: "Beato Morgan" (hacia 945). La bestia encadenada.

Lamentablemente, para poder contemplar uno de los más antiguos de estos códices tendríamos que desplazarnos a la ciudad de Nueva York. Allí, en la Biblioteca Morgan se conserva el Beato de San Miguel, que debió efectuarse hacia el año 945. En este caso, conocemos el nombre del autor de las miniaturas, el monje Magius o Maio, que dejó anotado en el colofón del códice su nombre, indicando también que realizó su trabajo por encargo del abad Víctor, del monasterio dedicado a San Miguel (aunque se supone que pudo trabajar no en ese cenobio, sino en el de San Salvador de Tábara, en León). Su obra muestra las diversas influencias recibidas: la tradición visigoda y mozárabe, el arte islámico o las aportaciones carolingias. Si vemos las miniaturas de Magius, con las que he ilustrado este texto, podremos apreciar inmediatamente como este artista de hace más de mil años desconocía las reglas de la perspectiva, de modo que sus figuras carecen, obviamente de tercera dimensión. Pero no creo que al él estos problemas le importasen en absoluto. A fin de cuentas, lo que trataba de ilustrar no era de este mundo. Probablemente, él creía que a este mundo le quedaba ya poco tiempo. El fin del mundo.


Magius: "Beato Morgan" (hacia 945).  Izquierda: Adoración del cordero por las multitudes. Derecha: Cristo con los resucitados.

Sobre las miniaturas medievales españolas podéis consultar la amplia y bien organizada información de esta Web en español, titulada "descripción de manuscritos perrrománicos". Como ejemplo de análisis de uno de estos beatos, en esta página se ofrece información sobre el de San Millán de la Cogolla. Para concluir, podéis ver todas las ilustraciones del Beato de San Miguel, o Beato Morgan, con comentarios, en la Web de esta biblioteca neoyorquina, escribiendo en su buscador "Maius" y buscando en el apartado "medieval images only".

4 comentarios:

PACO HIDALGO dijo...

Este verano estuve en Asturias y Cantabria y visitamos el Monasterio de Santo Toribio, donde se encuentra una gran colección de beatos. Allí compre algunas reproducciones que tengo colgadas encima de la cama. Realmente son bellísimos, con unos colores intensísimos y más expresivos de lo que quieren contar, no pueden ser. Un abrazo. Paco.

Alma Leal dijo...

Voy a preparar un viaje para ir a conocer estos lugares y apreciar estos tesoros históricos. Me encantaría una vista a la Historia del Monasterio de Guadalupe en Cáceres. Y ver el timón del barco de Mustafá que cuelga de la nave de la Iglesia del Monasterio obtenido de su derrota en la batalla de Lepanto de 1571

Anónimo dijo...

este tipo de lugares son muy interesantes , es una lastima q las personas no aprecien estos tesoros

thành nguyễn dijo...

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bắt đầu mở rộng ra, lại trải qua những kích thích của linh khí tinh hoa
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