EL GRECO Y LAS CASUALIDADES DE LA VIDA
El Greco: "Vista de Toledo" (1597-1599). Nueva York.
Hace unos días me encontraba delante del cuadro que tenéis aquí al lado, esa impresionante "Vista de Toledo" de El Greco, en la que parece que la furia de la tormenta va a abatirse sobre la ciudad. Explicaba a quienes me acompañaban las características de la obra y su importancia, acrecentada además por la escasez de paisajes que caracteriza a la pintura renacentista española, incluso en época tan tardía como la que corresponde a este cuadro.Un joven se acerca al oir mis palabras y entabla conversación con nosotros, empleando un perfecto castellano, en el que creo ver algún acento hispano. La charla gira en principio sobre el magnetismo que irradia el cuadro que nos congrega, sobre su infinita belleza, acerca de esa maestría de El Greco en el uso del color, de los volúmenes. Muchas cosas.., en pocos minutos.
El joven se presenta, nosotros también. Se llama Eduardo del Río y es artista, ha nacido en Salamanca, pero reside en Estados Unidos (en California, si no recuerdo mal). Está pensando venir a España e instalarse aquí una larga temporada. Le animo a ello, aunque no creo que le haga falta, porque parece tenerlo bastante claro. Por lo demás, la conversación es amena y fluye con naturalidad entre personas que acaban de conocerse. El joven se va pero me deja antes un tarjetón en el que una especie de pequeño monstruo jocoso anuncia su página web.

Así he conocido la obra de Eduardo del Río, un joven artista que parece recibir influencias (lúdicas y desenfadadas, festivas y animosas) de muchas corrientes: en sus pinturas, en sus dibujos, hay claras referencias del pop, del underground, del comic. Y al mismo tiempo hay un no sé qué de ternura y proximidad, que hace que esos monstruos y seres inventados que pueblan sus láminas, siendo irreales nos parezcan amiguetes de toda la vida; que más que miedo nos evoquen sueños de nuestra infancia e, incluso, aquellas pesadillas de las que no queríamos despertar porque en ellas no se estaba del todo mal.

Eduardo del Río: "Buenas noches, Costa Oeste"

Pero Eduardo no sólo se dedica a pintar monstruos y catawampús (que yo no sé qué son). Ilustra también libros, trabaja en publicidad y trata de hacer, cómo no, otra pintura más seria, aunque la vena mordaz y desenfadada le asoma en un detalle cualquiera, como ocurre con su curioso autorretrato o con esa hermosa vista de la catedral Nueva de Salamanca (donde hoy, por cierto, habrá alguna chica que cumpla 25 años. ¡Felicidades!).
No sé si Eduardo acabará o no viviendo en España, pero estoy seguro de que haga lo que haga, le irá bien y será feliz, porque siendo, como es, un claro exponente de joven artista del tiempo en el que estamos, se dejaba seducir en un museo por la llamada de otro artista que trabajó hace ya más de 400 años. Así es siempre el arte: un lenguaje universal que une a los hombres y consigue sacar de ellos, muchas veces lo mejor que llevan dentro.
Acabad visitando la web de Eduardo, muy bien planteada, y dad una vista a la de su madre, de quien el propio artista manifiesta recibir influencias. Faltaría más.