15 abril 2010

LOS ALMACENES CARSON DE CHICAGO

EL "ABUELO" DE LOS GRANDES ALMACENES

Regresamos a Chicago, ciudad que podemos considerar uno de los lugares en los que se originó la arquitectura contemporánea; esas formas que hoy nos son tan familiares y nos asaltan (a veces de manera repetitiva o degradada) por todas partes. Volvemos a Chicago para ocuparnos de un edificio ciertamente peculiar: el que construyó Louis Sullivan a partir de 1899 en uno de los lugares más centrales de la ciudad: los archiconocidos Almacenes Carson, Pirie, Scott and Company, que gozan de ese nombre por la empresa que los adquirió en 1904, cuando precisamente finalizaba la segunda parte de su construcción. El conjunto, con unos 56.000 m2 de superficie útil, perdió su uso originario en 2007, pasando a denominarse "Centro Sullivan" y creo que todavía se encuentra en fase de  rehabilitación.

Si contemplamos antiguas imágenes del edificio observaremos que disponía originariamente de una planta levemente rectangular y se organizaba en una esquina a dos calles, aunque en 1906 se le agregó otro módulo más, prolongándolo longitudinalmente. No obstante, la ampliación respetó por completo el diseño original de Sullivan quien, adaptándose al parcelario de la zona, dispuso la fachada a cada calle a diferentes alturas (nueve y doce pisos, respectivamente) y con neto predominio de la línea recta, lo que contrasta enormemente con esa esquina redondeada que sirve de ensamble a los dos sectores de los almacenes y que se trazó así por petición expresa de la propiedad.

Pero lo que interesa de la idea de Sullivan son especialmente dos cuestiones. De una parte, su empleo de una estructura no visible (de acero y hormigón) que sostiene al conjunto y que permite generar interiores diáfanos, sin más distorsiones que los necesarios pilares de apoyo, aquí trasmutados en  columnas de fustes desnudos y con llamativos capiteles. De otra parte, una explícita aplicación del conocido planteamiento del arquitecto: "la forma sigue a la función" que se resuelve tratando de llevar directamente al interior la luz natural del exterior, para lo que ambas fachadas se organizan a un ritmo constante de amplios ventanales apaisados, de líneas rectas y privados de toda decoración, enmarcados por bandas longitudinales, al más puro estilo de la Escuela de Chicago.

Sin embargo, sabemos que Sullivan gustaba de contrastar esta tendencia racionalista con algunos detalles decorativos, para lo que recurría a materiales como el hierro forjado o la terracota. En este caso, empleó el primero para el repertorio que sitúa en el exterior de las dos primeras plantas del edificio, donde abundan los motivos de carácter vegetal y recurrió a la terracota para el remate de la cubierta, donde de nuevo emplea columnas en el exterior, esta vez con función meramente decorativa.

Así que los Almacenes Carson dan un doble lección de arquitectura: la articulación de un interior amplio y la disposición de una fachadas abiertas que contribuyen a hacer ese interior aún más espacioso, aportándole luz natural. Este edificio, que algunos han considerado como un rascacielos apaisado, organiza adecuadamente sus volúmenes y manifiesta como el arquitecto consigue que su idea rectilínea no se vea sustancialmente alterada por la intrusión de esa torre central, que queda convenientemente articulada en el ritmo del conjunto y se adapta a las formas que la abrazan por ambos lados. Estamos pues ante un verdadero antecedente de tantos grandes almacenes actuales, pero quien lo ideó logró mostrar aquí algunos de los preceptos en los que, años después se basaría el racionalismo. Una lección de arquitectura cuando el mundo cambiaba de siglo.

En este resumen sobre la arquitectura del siglo XIX encontraréis algunos datos sobre estos almacenes. Más información en la Wikipedia en inglés.

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