30 abril 2009

PAUL GAUGUIN

EN LOS MARES DEL SUR

La relativamente corta vida del pintor parisino Paul Gauguin (1848-1903) puede dividirse en dos grandes etapas, separadas por el año 1891. En efecto, durante el periodo anterior a ese momento Gauguin lleva una azarosa existencia que le hizo pasar de un oficio en la Bolsa, en la que tenía una posición social consolidada, a dedicarse de manera completa a la pintura, lo que introdujo en su vida un elemento de incertidumbre, como demuestran sus frecuentes cambios de residencia (París, Copenhague, Normandía, Panamá, La Martinica, Bretaña), hasta acabar pasando en Arlés un breve perido en 1888, en el que se desarrolla su intensa relación con Van Gogh, que concluye con el famoso incidente de la oreja cortada tras el cual el pintor comienza a madurar su idea de renunciar a las ventajas de la civilización e integrarse en una sociedad más primitiva.

Paul Gauguin: Mata Mua (Érase una vez) 1892. Madrid.

Fue de esta manera como a comienzos de 1891 Gauguin abandona Francia y a su familia y se dirige a los mares del Sur, a la Polinesia francesa, desembarcando en la isla de Tahití, donde se instaló. En ese territorio alejado de todas partes residió hasta 1901, excepción hecha de un único regreso a su país natal entre agosto de 1893 y septiembre de 1895, sin que debamos olvidar que los dos últimos años de su vida los pasó en una de las Islas Marquesas, donde murió, dedicado sobre todo a la realización de esculturas de corte primitivo.

Paul Gauguin: "Parau nate varua ino" (Palabras del diablo), 1892. Washington.

El extenso periodo de Gauguin en Tahití coincide con su plenitud como pintor. El artista se concentra, prácticamente de manera exclusiva, en mostrarnos la vida y las costumbres de los habitantes de la isla, reproduciendo desde su peculiar punto de vista el mito del buen salvaje tan difundido en algunos sectores de la intelectualidad europea de la época. Las tareas de la vida cotidiana, los momentos de ocio, los paisajes de la isla, elementos de la religiosidad popular y, sobre todo, la belleza de las nativas, están bien presentes en sus cuadros.

Cuando contemplamos estas obras excepcionales nos atrae a primera vista la intensidad del color que en ellas se emplea, siempre muy plano y poco matizado. Desde el punto de vista formal es destacable también el poco interés que manifiesta por la perspectiva y el rechazo a las convenciones habituales en la pintura. Ya no se trata, como en los impresionistas, por manifestar un acusado interés por la luz. No, en el caso de Gauguin su original manera de abordar el hecho de pintar deviene de una reflexión personal, podría decirse que de carácter antropológico: todo en el cuadro debe centrarse en captar la intensidad de las relaciones humanas tal cual se desarrollan en una sociedad primitiva, aún no contaminada de manera completa por los males de la civilización. Por ello, con mucha frecuencia recurre a símbolos y a plasmar elementos de la cultura ancestral de los pueblos polinesios.
Superior: Paul Gauguin: "Las bananas" (1891). París.

Podría decirse que el pintor quiere mostrar su personal punto de vista sobre esta situación y es así como en su pintura la expresividad se abre camino progresivamente. Son emociones humanas lo que vemos en los cuadros que Gauguin. Emociones que muchas veces dejan traslucir los rasgos de una personalidad conflictiva, de un verdadero pintor maldito que rechazó desde casi siempre las convenciones sociales. Una especie de romántico fuera de contexto que, en el fondo, tal vez buscaba encontrarse a sí mismo y explicarse a sí mismo, sin llegar nunca a conseguirlo del todo. El artista que decidió vivir como un salvaje en un momento en que eso comenzaba ya a ser imposible. Pero que en una frase dejó bien plasmada sus intenciones pictóricas: "cierro mis ojos para ver".
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Paul Gauguin: "Paisaje tahitiano" (1899). Moscú.
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Leed este interesante artículo sobre "Gauguin en los trópicos" y después dad un vistazo a esta página no oficial que afirma presentar la obra completa del pintor francés. Por otra parte, este texto plantea un tema escabroso: las posibles tendencias pederásticas de Gauguin. Para concluir, en esta presentación os dejo una muestra de las pinturas de Gauguin en Tahití. Suena de fondo el conocido tema "Ukelele lady".

4 comentarios:

  1. Son de una belleza estos colores...
    Gauguin, con todos los problemas, disgustos y sufrimientos que le debió de causar, supo elegir bien como pintor, al dirigirse a Tahití y convivir con aquellas personas tan naturales, tan primitivas. Es un mundo maravilloso de paisajes, de figuras, de color, de ensueño, es una pintura que nos lleva a lo más hondo de nuestro espíritu. Quizás es uno de los pintores que no se ha hablado bien sobre su vida, y sin embargo, lo que nos aporta es grande, es hermoso, de un gran valor y es de ésto de lo que se debería hablar, no de lo que no saben. Gracias, es precioso el post y el sliden. Saludos.

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  2. Hola!
    Hace tiempo me hice seguidora,y nunca dejé comentario.Pero con los pintores que está publicando en estos últimos artículos no puedo dejar pasar. Son mis preferidos...Gauguin, Degás, Goya.
    Hermoso! Gracias!
    Saludos desde Argentina!

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  3. Clariana, coincido plenamente contigo en la enorme belleza de las obras de Gauguin, pero discrepo de que se haya hablado, en general, mal de su vida. Quizás hoy día Gauguin, quien como sabes sentía especial atracción por las jóvenes preaadolescentes, hubiese sido acusado formalmente de pederasta, lo que no resta valor a su obra, desde luego.
    Saludos cordiales,
    JDC

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  4. Silvia, me alegro de que te hayas decidido a comentar y espero más opiniones tuyas. Veo que también te dedicas a la docencia, por lo que eres especialmente bienvenida. Saludos cordiales
    JDC

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