LAS NUBES ACÚSTICAS DE CALDER
ARTE, ARQUITECTURA, ACÚSTICA
Recientemente, un lector de ENSEÑ-ARTE me solicita información "sobre la maqueta de las nubes de alexander calder" (sic). Le respondo que aunque conozco algunos trabajos de Calder en los que figura esa denominación de "nubes", no sé de la existencia de ninguna maqueta mediante la que el famoso escultor hubiese planteado previamente su trabajo y le recomiendo ponerse en contacto, al efecto, con la Fundación Calder.
Entre las distintas edificaciones de la CUC, el Aula Magna, inaugurada en 1953, destaca por su extraordinaria capacidad, que permite albergar en su interior a más de 2700 espectadores. Siendo un espacio concebido para usos polivalentes, durante su construcción se analizó cómo podrían resolverse los problemas de acústica que planteaba un edificio de tales dimensiones. Y justo en ese momento es cuando entra en juego la figura de Alexander Calder, a quien se le había solicitado la realización de uno de sus famosos mobiles para decorar la entrada del Aula.
Tras una reunión con Villanueva, Calder (quien no debemos olvidar que además de escultor era ingeniero), planteó que en vez de un mobile en el exterior, su aportación al conjunto podría estar directamente en el interior, mostrando su disposición para ocuparse directamente de los problemas de la acústica del edificio. Aceptada la propuesta (¡quién no la aceptaría!), el artista se puso a la tarea, lo que le supuso tener presentes los requerimientos acústicos que se habían formulado. Creó así las 22 planchas de madera que más que colgar suspendidas del techo o estar adosadas a las paredes laterales parecen flotar en lo alto del Aula, esas "nubes acústicas" de diversas formas curvas y distintos colores y que también conocen en Venezuela como "los platillos voladores del Calder" y que cumplen la función de reberveración del sonido.
Sabemos que Calder tenía, en cierta manera, un alma de niño y cómo muchas de sus esculturas parecen basarse precisamente en esa faceta que aúna lo lúdico y lo artístico. En este caso combinó sus extraordinarias dotes para la creatividad con un concienzudo estudio de la acústica del espacio en el que iba a instalarse su obra, creando un conjunto de extraordinaria belleza visual. No sé si elaboró alguna maqueta para este proyecto, pero sí se conserva un dibujo de su mano en el que aparecen sobre el plano del Aula Magna las veintidós nubes. No sé si es lo que el lector buscaba, pero sólo este dibujo es ya en sí mismo toda una explicación de cómo trabajaba Calder. Y además, con los efectos lumínicos (sobre los que también el escultor aportó sus ideas) las nubes parecen cambiar de color. Como pasa en el cielo, mismamente.





















































