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Autorretratos de 1940.
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Quizás, encontrándose ya en la plena madurez, el artista no creyó necesario ahondar más en el análsis de su propia personalidad. Así, en un periodo de mucha mayor extensión temporal, el número de obras de este tipo se reduce a diez, aunque dejamos fuera de la lista a aquéllas que tienen como título el de "el pintor y su modelo", y, en las que en ocasiones podemos vislumbrar tal vez la imagen del propio autor.
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Encontramos una nueva obra a mediados de 1955. En esta ocasión Picasso elige para sí mismo el punto de vista cubista, planteado con gran sencillez y empleando únicamente el color negro sobre fondo blanco,
Autorretratos de 1955 (izquierda) y 1956 (derecha).
Contrasta grandemente ese autorretrato con el realizado un año después, ya que éste es una obra profundamente realista, que nos ofrece la verdadera efigie del artista. Contaba entonces con 75 años de edad y al contemplar este grabado no podemos evitar hallar en él el mismo afán que caracterizaba a las estatuas romanas de época republicana: la veracidad absoluta en la representación.


Autorretratos de 1965 y 1966.
En 1966 el tema del pintor sentado vuelve a repetirse en un dibujo a lápiz marrón sobre papel que nos evoca la época del Guernica. Reparemos en cómo el pecho del artista parece mostrar un rostro y en cómo una de sus manos se dirige a asir un pene bien visible.
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Autorretratos de 1972
En estas tres obras Picasso, que cuenta ya con 91 años, parece querer conjugar los diferentes estilos por los que su pintura ha ido atravesando a lo largo de su vida: la combinación de los distintos cubismos o la simplicidad en busca de una mayor expresividad.
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En los tres cuadros la presencia de la muerte se antoja cercana (Picasso falleció meses después, en abril de 1973). El artista sabe que está llegando a su final, de forma que uno de estos autorretratos es prácticamente la imagen deforme de una calavera. Aunque en todos ellos encontramos, hasta el final, la enorme profundidad de su mirada. Una mirada que supo ver el mundo y las gentes del siglo XX como ningún otro pintor había sabido hacerlo en su época. Y que aún tuvo tiempo para mostrarnos a lo largo de su vida cómo se veía a sí mismo. Con esa mirada tan especial.
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