21 agosto 2010

MITRA

ICONOGRAFÍA DEL SOL INVICTO

Dedico estos últimos días de agosto a descansar en la playa  mientras aprovecho para repasar la historia y el arte de Roma. Un tema llama ahora mi atención: la difusión de las denominadas religiones orientales en el mundo romano, hasta que una de ellas, el cristianismo, logró imponerse a las demás en pocos siglos y acabó por poseer el monopolio de la fe.
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Tauroctonía: Mitra sacrificando al toro del mitreo de Sidón (Siglo II d.C.). París.
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Además de su origen oriental, esas religiones que proliferaron en el mundo romano a partir del siglo I tenían también otra característica común: su carácter mistérico, ya que únicamente se accedía a ellas de forma  voluntaria tras haber superado una etapa de formación que concluía con un determinado rito iniciático (como el bautismo, en el caso de los cristianos), que suponía el ingreso definitivo en la comunidad de los creyentes. Por lo demás, muchas de estas religiones veneraban a un dios sufriente, a una divinidad que lograba superar una etapa adversa y triunfaba sobre la muerte (el mismo Cristo puede ser considerado desde esta óptica).

Tauroctonía: Mitra sacrificando al toro (Siglo II d.C.). Londres.
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Sin embargo, una de esas religiones mistéricas no compartía esta última característica. Me refiero al mitraísmo, probablemente surgido en la India de los vedas, consolidado en Irán y que llegó a Roma a través del mundo persa. Su dios, Mitra, jamás sufrió martirio alguno, aunque la carencia de fuentes escritas hace casi imposible conocer los mitos en los que se basaba esta antigua religión. Sabemos, eso sí, que Mitra había nacido (como Jesús) un 25 de diciembre (día del solsticio de invierno) y que el hecho más destacado de su existencia lo constituía la persecución y el sacrificio de un toro, cuya carne comparte con el Sol, hasta ascender al cielo y acabar identificado con el mismo astro solar, hasta el punto de que ya en la época romana era conocido frecuentemente con el sobrenombre de Sol Invictus, aunque esta denominación es hasta cierto punto errónea, ya que con ella se hace alusión a otra creencia de la época.



Tauroctonía: Mitra sacrificando al toro del mitreo de Cabra (hacia 150 d.C.). Córdoba.

Lo poco que sabemos de Mitra proviene, precisamente, de los mitreos o santuarios dedicados a esta divinidad, unas pequeñas capillas (habitualmente subterráneas) semejantes al triclinium de una casa romana, en la que se debían llevar a cabo banquetes rituales entre los iniciados. En una de sus paredes solía representarse, mediante pintura o relieve, la tauroctonía o sacrificio del toro. En algunos de tales santuarios la representación se desarrolla mediante una escultura de bulto redondo, pero en todo caso, la iconografía es siempre semejante: Mitra, ataviado con pantalón a la moda persa y tocado con un gorro frigio, aparece en el momento de dar muerte al toro, al que sacrifica con un cuchillo mientras la cola del animal se convierte en espiga de trigo. La escena se completa con otros animales: un perro que lame la sangre del toro y un escorpión que agarra con sus pinzas los testículos de la víctima del sacrificio. A veces, una serpiente y un cuervo aparecen también en la representación.


Relieve con tauroctonía (fines del siglo II d.C.). París.

Esta peculiar iconografía de la plástica escultórica romana de época imperial ha tenido diversas interpretaciones. Según algunos, la presencia de animales como el toro, el perro o el escorpión haría alusión a diversas constelaciones, con lo que nos encontraríamos ante una representación de carácter astral que podría relacionarse, a su vez, con los ciclos agrícolas. Otros creen en cambio que la iconografía del Mitra tauróctono debe corresponderse con  antiguos mitos de la religión mazdeísta, vinculados con la idea del bien y el mal. Hay también quien considera que la escena del sacrificio es una referencia al ciclo de la vida y la muerte y a las fuerzas de la naturaleza.

Ahora, mientras disfruto de las tardes de sol y contemplo precisamente estas imágenes del Sol Invictus, cargadas de fuerza y expresividad, en las que anónimos escultores romanos concretaban creencias muy antiguas, no puedo dejar de pensar en las paradojas que a veces nos ofrece la historia: la religión mitraíca mostraba a un dios no sufriente, heroico, que compartía la eternidad con el mismo Sol, hasta ser identificada con él. Por la misma época, otra religión  basaba su  cuerpo doctrinal en la idea de un hombre sencillo muerto en una cruz. Mientras el mitraísmo daba sus pasos finales, el cristianismo se preparaba para dominar Europa. Eso: sacrificadores y sacrificados. Pura paradoja.

Relieve de Mitra tauróctono (fines del siglo III. d.C.). Roma.

Afortunadamente, hay muy buenas páginas en la red para aproximarse al conocimiento de Mitra y sus misterios. Entre ellas, destaca esta Web, que presenta amplia información en varios idiomas, incluido el español. También en la curiosa Web de "los amigos de Mitra" encontraréis diversa información, al igual que esta otra página italiana.

4 comentarios:

Rafael Seminario dijo...

Todas las artes se relacionan, los procesos varían, pero la necesidad de crear desde cualquier
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Dama A dijo...

Tienes que ser como el dios Mitra, invicto, siempre victorioso. Un abrazo ,y sigue cuidándote.

Juan Diego Caballero dijo...

Dama: sin llegar, ni mucho menos, a ser divino, trataré de salir invicto y victorioso. Ahora, más que nunca, gracias por tus palabras. JDC

jl dijo...

Mitra, madre del sol y del agua y de todas las fuentes de la vida, fue diosa desde que nació. Cuando llegó a la India, desde Babilonia o Persia, la diosa tuvo que hacerse dios.
http://joseluisregojo.blogspot.com/2012/03/hindues-chinas-amazonas-feminizacion-de.html

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