05 marzo 2010

EL CASTILLO DE BELVÍS DE MONROY

UNA VISITA A LA ESPAÑA EN RUINAS

Llueve de manera inclemente sobre España, hasta convertir casi todo el país en una inmensa laguna que recorro apresuradamente de sur a norte, dirigiéndome hacia el centro peninsular en busca de esas exposiciones que, lamentablemente, nunca llegan hasta los que vivimos en provincias. A unos kilómetros de la carretera por la que viajo alcanzo a ver recortada en el horizonte la silueta del imponente castillo de Belvís de Monroy (Cáceres), enclavado en la comarca del Campo Arañuelo. Me prometo visitarlo a mi regreso, haciendo caso omiso del mal tiempo que no nos abandona.

Así lo hago tres días después: llego a una pequeña población en la que, según el INE, no moran más que 670 habitantes, cuyas viviendas se arraciman a los pies del castillo. Me parece regresar de nuevo a esa España profunda de la que nuestros políticos suelen afirmar interesadamente que ya hemos dejado atrás. Pero no es del todo así y la existencia de una pequeña oficina de turismo no  me convence de lo contrario, pese a que me atienden, me dan un plano, me avisan de los riesgos que puedo correr... si entro en el castillo y me advierten que si deseo yantar en el pueblo... debo avisar previamente al Hogar del Pensionista, pues no hay otro sitio donde poder comer.

Con cierta desazón me dirijo hacia el castillo mientras lo de esa España profunda no se me va de la cabeza. Y no lo digo con desprecio hacia estas gentes que aquí habitan, sino hacia quienes toleran, en la comodidad de sus poltronas y coches oficiales, que una joya como la que parece ser este edificio se encuentre en el lamentable estado que ahora empiezo a contemplar, como me ha pasado en tantos otros lugares del país. Ya en la entrada me aguarda una única información municipal: "castillo en ruinas". Y ruinas son las piedras que tengo a la vista. Y, como  siempre, se provoca en mi un doble sentimiento de nostalgia y de enfado. Sé que este castillo es propiedad particular y comprendo que no puede exigírsele a un Ayuntamiento de tan escasa población que corra a cargo de la recuperación y rehabilitación del edificio. Pero, más arriba, las autoridades autonómicas y estatales algo deberían hacer al respecto.

El castillo de Belvís tiene unas dimensiones considerables y la historia nos cuenta que su construcción se remonta al siglo XIII, continuando luego mediante sucesivas ampliaciones entre los siglos XIV y XVII. hay pues en sus trazas arquitectónicas elementos del arte gótico que conviven con otros más tardíos que nos remiten a ideas renacentistas e incluso barrocas. En todo caso, me cuesta la mayor parte de las veces identificar épocas y estilos, porque prácticamente todo lo que me rodea está presidido por la desolación y el abandono, al tiempo que son evidentes sucesivos expolios de diverso material.

Mientras llueve y sopla con fuerza el viento, recorro en soledad estos muros, trepo por inestables escaleras y alcanzo a auparme hasta la imponente torre del homenaje que remata la silueta del castillo y desde la cual puedo divisar las trazas de una población cuyas gentes ya se disponen a almorzar, refugiados en sus casas a salvo del mal tiempo mientras yo, en cambio, recorro un edificio que en algún momento trató de conjugar las funciones militares que lo originaron con otras más cultas, allá por el Renacimiento, cuando fue tratado más como residencia palaciega que como conjunto defensivo, funcionalidad entonces poco necesaria. 

Mi mirada va de los recios arcos apuntados que los saqueadores no han podido arrancar a los restos de algunos matacanes, de las saeteras dispuestas aquí y allá a la singularidad de una torre almenada de planta triangular; de las atrayentes escaleras que conducen al vacío a los paramentos levantados con sillares. Ahora sale el sol por un momento y puedo recrearme contemplando los escasos motivos decorativos in situ, algún arco en cortina o las fábricas en ladrillo o tapial e imaginar, al mismo tiempo, cómo serían las duras vidas de quienes aquí habitaron.
 
Vuelve a llover sobre el castillo de Belvís de Monroy y pese al crudo invierno que atravesamos, cuando abandono ya estos muros donde una hora se me ha pasado en un suspiro, reparo en un detalle que antes no había contemplado, ansioso como estaba por llegar hasta aquí: al amparo de uno de los lienzos encuentro un hermoso árbol completamente florecido. Como yo deseo que florezca y se recupere esta fortaleza a la que tal vez, un día, regrese.

Esta Web extremeña dedica un apartado específico al interesante y desolado castillo de Belvís, con abundante información y un plano. Más datos en castillos.net en esta otra página, con buenas fotos.

12 comentarios:

Dani Escalza dijo...

¡Qué preciosidad de entrada Juan Diego! Enhorabuena

Manuela dijo...

Una mirada y un texto que describen muy bien lo que te ha hecho sentir esta visita. Es MUY ENRIQUECEDOR para mí.

Juan Diego Caballero dijo...

Ah, Dani: lo hermoso es el castillo. Lo demás es lo de menos. Por cierto, si tienes tiempo, esto te vendrá bien:
http://temario-historia.nireblog.com/
Saludos cordiales, JDC

Juan Diego Caballero dijo...

Pues, nada, Manuela, muchas gracias por esa opinión tan amable. Saludos cordiales, JDC

Dani Escalza dijo...

¡Genial Juan Diego! Muchas gracias, ya va quedando menos...

Anónimo dijo...

Hermosa crónica. Gracias por trasladarnos a esos parajes y a esos tiempos. Y por la genial lección. Siempre.

Un beso.

Marta y Gema (ella cocina pasta carbonara, yo le leo).

Juan Diego Caballero dijo...

Koyosanes y Piturkas: qué mejor recompensa que la de leeros, a ambas a la vez, en el blog. Otro beso para vosotras, con mis saludos más cordiales. JDC

Anónima dama dijo...

Ésto me recuerda a cuando hace tres años visitamos el monasterio de San Pedro de Montes,o mejor dicho, las ruinas del monasterio (en un enclave impactante, muy evocador),pero daba literalmente miedo pisar,y pena.En las inmediaciones había una señora,que en nombre del párroco de la zona, pretendía cobrar ilegalmente la entrada (no existía entrada), a todo visitante.Nos enteramos con posterioridad. Creo que van a iniciar un intento de restauración ,definitivo. Merece mucho la pena, eso sí, El Valle del Silencio.

Juan Diego Caballero dijo...

Ah, el Valle del Silencio y la joya de la herrería medieval de Compludo. Vayas joyas, dama anónima. Saludos cordiales, JDC

Anónimo dijo...

ESTAS RUINAS DEL CASTILLO SE VEN QUE EN SU TIEMPO TUVO QUE SER ALGO MUY BONITO

Anónimo dijo...

Los que vivimos aquí nunca hemos sido conscientes de la historia que hubo en esta villa, fue el tiempo y el empeño de algunos vecinos que investigaron y nos dieron a conocer todo el "apogeo" que hubo por aquellas épocas y que ahora se sepa todo

JUAN ORQUESTA LATIDOS dijo...

ORQUESTA LATIDOS TRIO, DUO Y CHARANGA TLF 615443040 Y 924453315 orquestalatidos.blogspot.com UN CORDIAL SALUDO.

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