14 septiembre 2008

EL CABALLERO DE BAMBERG

ESCULTURA ECUESTRE GÓTICA

¿Quién será este misterioso jinete que se atreve a cabalgar en medio de las naves de una catedral? Como aparece coronado, podría tratarse de un rey. ¡Vaya uno a saber!: quizás Conrado III de Suabia, emperador del Sacro Imperio; tal vez San Esteban de Hungría, santo además de monarca, requisitos que también reúne otro emperador, Enique II, lo cual podría explicar su presencia en un lugar tan sagrado como un templo catedralicio, máxime si se considera que el monarca está allí mismo enterrado con su mujer. Aunque no falta quien considera que se trata de la representación de un rey, pero de uno de los magos de Oriente, e incluso hay quien defiende que el jinete no es otro que el emperador romano Constantino.

Sea quien fuere, todo el mundo lo denomina el "caballero de Bamberg", por ser ésta la ciudad alemana en la que se encuentra la famosa estatua. Su catedral es un edificio de tres naves levantado en un momento de transición entre el románico y el gótico, que recibió su forma definitiva hacia 1237. Quizás de ese mismo momento sea esta estatua, con la que se retoma un tipo escultórico que no se realizaba a tamaño natural desde la época romana: el retrato ecuestre, aunque en este caso carezcamos de la certeza del nombre del caballero.

Da igual. Ahí está ese jinete joven, tallado en piedra arenisca y algo escuálido. De mirada serena, sorprende que un jinete así no porte armas que delaten su poder, siendo como son la esencia de la misma caballería. Parece conformarse con la corona que ciñe sus sienes, el manto que sostiene con su mano derecha y la elaborada silla de montar en la que se apoya. Caballero urbano en todo caso, como parece reflejar el paisaje que se representa en el doselete que lo cobija.

La serenidad del jinete parece transmitirse a la cabalgadura que, por cierto, aparece herrada. En fin, todo el conjunto respira un naturalismo realista que marca el comienzo de una nueva etapa en la escultura: el detallismo en la labra del cabello, lo contenido y al tiempo espóntaneo del gesto del jinete, la disposición del caballo. El gótico se abre paso decididamente en esta obra. Pero hay un detalle en la obra que no debe escapársenos: en la parte inferior derecha de la ménsula que sostiene al caballero y a su montura aparece un enigmático rostro para el que se han considerado diversas interpretaciones. Tal vez el demonio, como símbolo del mal dominado por un caballero cristiano; tal vez un genio de la naturaleza.
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Tampoco eso importa demasiado. Lo curioso es como ese jinete lleva allí casi 800 años, sin apearse de su caballo y sin descomponer el gesto; soportando el frío y la humedad de la catedral en el invierno, las noches y los días, las miradas de gentes como nosotros. Aunque eso debía ser exactamente lo que pretendía el anónimo y experto maestro que talló esta escultura: que pudiese ser contemplada muchos años después de su realización. Es lo que tienen las obras de arte. En el fondo, aspiran a la inmortalidad.

Ved más imágenes del caballero de Bamberg en esta página alemana y en esta otra. En español, podéis leer información completa sobre la ciudad que aloja al misterioso caballero y un breve análisis sobre la escultura gótica en Alemania.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Estupendo artículo.
Sabes si la escultura estuvo policromada.

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