14 junio 2009

GEORGES DE LA TOUR

EL TENEBRISMO EN FRANCIA

Es sabido que en ocasiones la realización de un determinado viaje acaba por marcar la trayectoria posterior de un artista. Tal vez esta fuese la experiencia que vivió el pintor barroco francés Georges de La Tour (hacia 1593-1652), aunque no podamos afirmarlo de forma documentada. Sabemos que el artista nació en el seno de una humilde familia de la región de Lorena y es muy probable que su formación inicial como pintor se desarrollase en los ambientes artísticos de su pequeña ciudad natal. Años más tarde, habiendo ya contraido matrimonio, lo encontramos asentado en la capital de su región, gozando de cierta fama y realizando encargos para importantes personajes de la zona, hasta su muerte en la epidemia de peste de 1652.

Georges de La Tour. Izquierda: "Santo Tomás" (1615/20). Tokyo. Derecha: "Músico ciego tocando la zanfonía" (¿1610-1630?). Madrid.

Sin embargo su pintura muestra unas características estilísticas que lo aproximan enormemente al naturalismo de Caravaggio. Por ello, numerosos historiadores del Arte han especulado, sin pruebas concluyentes que lo documenten, con la idea de que el artista debíó realizar hacia 1610/1615 un viaje de aprendizaje a Italia, donde podría haber conocido de forma directa las obras del maestro de tenebrismo. En todo caso, tampoco se descarta que el viaje de La Tour no tuviese como destino Italia, sino Holanda, donde igualmente podría haber recibido influencias del naturalismo, y que se realizase en fechas algo posteriores. E incluso, cabe considerar que La Tour no se moviese de su región y que conociese de manera indirecta las obras con las que podemos asociar su propio estilo.

Georges de La Tour: "La Buenaventura" (1632-1635). Nueva York.

Por otra parte, debemos también tener presente que el descubrimiento de este pintor se ha producido en fecha bastante tardía (muchos de sus cuadros habian sido atribuidos a autores como Zurbarán) y que únicamente unas cincuenta obras pueden considerarse con suficiente certeza como salidas de sus pinceles. Entre aquéllas las hay de temática religiosa, pero algunas otras muestran escenas de la vida cotidiana. En todas ellas destaca el realismo exacerbado con el que el pintor afronta la representación de los personajes. Durante los primeros años de su carrera La Tour abordó la cuestión de la presencia de la luz en el cuadro de forma semejante a la que podemos contemplar en los lienzos de Caravaggio: los focos de iluminación, externos a la escena, provocan los característicos contrastes entre zonas visibles y oscuras.

Georges de La Tour. Superior: "Los comedores de avena" (1622-25). Berlín.
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Georges de la Tour: Izquierda: Jesús en la carpintería" (1642). París. Derecha: "Magdalena" (1640-45). París.
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Sin embargo, algo más adelante, el pintor francés profundiza en sus investigaciones acerca de la luz y alcanza su plena madurez, ofreciéndonos un tratamiento muy peculiar. Ahora sus escenas transcurren de noche o en interiores oscurecidos y la representación se hace visible al espectador gracias a la presencia de un único foco de luz artificial (generalmente, una vela), que ofrece contrastes violentos entre las distintas zonas del cuadro. Así tratada, la luz no pierde su tiempo en mostrarnos muchos detalles; atiende a lo principal de la representación, ya sea el rostro de alguno de los personajes o enseres diversos situados en primer plano. El resto queda envuelto en una oscura tiniebla habitualmente teñida de un tono rojizo.
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Hay dos obras de La Tour que siempre me atraen especialmente. Ambas abordan temas relacionados con la Navidad. En una de ellas asistimos a la adoración de los pastores, con un total de seis personajes. La otra es aún más lacónica: dos mujeres contemplan al recién nacido que porta en sus brazos una de ellas. En ambos casos hallamos un elemento común. En cada cuadro, uno de los personajes lleva una vela en una de sus manos, mientras con la otra hace de pantalla para que la luz se concentre en enfocar una determinada zona, en este caso en el rostro del bebé, que queda fuertemente iluminado. Poco más allá, la pobre luz de la vela se hace más tenue y acaba creando ese ambiente tan característico del pintor francés. Pero La Tour repasó a fondo la composición. Por eso en los dos cuadros el bebé está con los ojos cerrados. Claro, ¿qué recién nacido aguantaría un foco luminoso que se dirige a su rostro? Cuestión de matices. De luz.
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Georges de La Tour. Superior: "Adoración de los pastores" (1644). París. Inferior: "El recién nacido" (Hacia 1640). Rennes, Francia.
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En Artelista hay una breve biografía del pintor francés y se reproducen muchas de sus obras. Por otra parte, en esta página podéis descargaros una amplia PPT sobre Georges de La Tour con fondo musical de Narciso Yepes. Finalmente, leed en inglés este artículo sobre "El realismo de Georges de La Tour.

3 comentarios:

Miski dijo...

Pues no sé qué falta le hacía a esa Magdalena la calavera sobre las piernas...

anarkasis dijo...

eso digo yo,
y además jefe,
la Madalena está en Madrid, y no dentro de una bolsa,
questá en la pared del museo del Prado

Juan Diego Caballero dijo...

Miski: disculpa el retraso en contestar. Ando de últimos días de curso, aunque ya veo que Anarkasis ha dado una de sus inolvidables explicaciones. Veamos: según una tradición, la Magdalena (como sabes una pecadora irredenta, hasta que se encontró con Jesús) se retiró a hacer penitencia tras la muerte de aquél. El que suela acompañarse de la calavera se debe a que ésta se emplea como símbolo de la propia muerte y de la brevedad de la vida. Aunque en este caso, también podría verse en la escena al mismo hecho de que la pecadora asistió, en directo, a la crucifixíón. Saludos cordiales,
JDC

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